lloviendo piedras   Leave a comment

(publicado el 18 de noviembre de 2010)

 

¿Es usted presidente, propietario, directivo, entrenador, etc, etc, de un equipo en crisis? ¿Tiene aún su casillero de victorias a cero a estas alturas de la temporada? ¿Su equipo no le gana ni al de la guardería de enfrente, ni al del asilo de ancianos que hay más allá? Pues relájese porque por fin está en sus manos la solución a todos sus problemas, la forma de acabar de un plumazo con todas sus preocupaciones: ponga un Real Madrid en su vida, el bálsamo reparador que todo lo cura, el remedio de todos sus males, y que además podrá utilizarlo sin contraindicación alguna en Acebé, en Euroliga, en Supercopa, en la feria de su pueblo si fuera menester, y todo ello por mucho menos de lo que usted piensa. No lo dude más, contrátelo por el increíble precio que aparece en pantalla, llame ahora y de regalo recibirá además un DVD con las mejores broncas sarcásticas de Messina y un estupendo lote de protectores faciales para que sus espectadores de las primeras filas no corran riesgos innecesarios ante el sinnúmero de pases fallidos propiciados por el susodicho equipo rival. Recuerde ese nombre, Real Madrid sección de baloncesto, rechace imitaciones, no deje pasar esta magnífica oportunidad…

Así lo hizo el Espirú Charleruá éste, un puñado de selectos deshechos de tienta (Gomis, Mallet, Justin Hamilton, hasta al inefable Santiago podríamos incluirlo en ese lote) más otro buen puñado de meritorios santimbanquis, componiendo todos ellos juntos un buen equipo, simplemente un buen equipo, tan efervescente en lo físico como limitado en lo baloncestístico. Probablemente jamás (ni en sus mejores sueños) el campeón belga imaginó llegar tan alto, en la misma medida en que jamás (ni en sus peores pesadillas) el Madrid imaginó caer tan bajo. Ahora que eso sí, en el pecado llevaron la penitencia estas buenas gentes de la ciudad del Rey Carlos (Charle-roi): los aros llenos de abolladuras, los tableros plagados de desconchones ante el inmisericorde castigo al que ayer les sometió la batería de tiradores blancos, como si de repente hubieran confundido este juego con una de aquellas legendarias maquinitas de pinball con las que jugábamos antaño (aquellos que sean demasiado jóvenes como para saber de qué estoy hablando pueden preguntarle a sus progenitores, lo que contribuirá a estrechar los siempre frágiles lazos paterno-filiales), como si el verdadero objetivo fuera golpear los soportes, cuantas más veces mejor, poniendo siempre un especial cuidado en que la bola no se cuele para abajo. Objetivo cumplido pues, aunque dicen que quien rompe paga y no sería de extrañar que el día menos pensado los del Spiroudome éste le pasen a las huestes florentinas la factura en concepto de reparación de sus maltrechas instalaciones. No sé si la Euroliga tendrá algo legislado a este respecto…

(Acotación al margen: si los partidos de baloncesto se vieran mejor cuanto más alto, los pabellones instalarían localidades colgando del techo. Pero no parece que sea el caso, y los humildes mortales generalmente nos resignamos a verlos desde los laterales -o si no hay más remedio, desde los fondos- como hemos hecho toda la vida de dios, así en persona como en televisión. No así la televisión belga, que ha debido comprarse una monísima cámara cenital de última generación y se ve que se ha propuesto amortizar cuanto antes el gasto, quizá sin entender que un plano cenital está muy bien como recurso puntual o para mostrarnos un determinado detalle táctico, pero que tragarte medio partido desde ahí arriba produce a la larga una sensación a la que los telespectadores belgas -seres superiores, sin duda- tal vez estarán acostumbrados, no digo yo que no, pero que a los mediocres españoles nos dejó como un mareo que a punto estuvo de provocarnos incontables efectos secundarios -no entremos en detalles-. Claro que algún madridista dirá que al fin y al cabo, para lo que había que ver, pues casi mejor así…)

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Publicado octubre 30, 2012 por zaid en Euroliga, preHistoria

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