los higos con las brevas   Leave a comment

(publicado el 14 de octubre de 2010)

Durante estos últimos días le he dado unas pocas vueltas a aquel extraño debate que se montaron Kobe Bryant y Phil Jackson con ocasión de su reciente visita al Palau Sant Jordi. Recapitulemos: antes del encuentro Kobe echó flores al Barça diciendo que podría jugar en la NBA perfectamente, pero nada más acabar acabar el mismo (es decir, nada más perder los Lakers) le fueron con el cuento a Jackson y éste dijo que no hombre no, que de ningún modo, vamos que ni por asomo tienen los blaugranas el nivel físico necesario como para sobrevivir en aquella Liga; claro está, de inmediato le fueron también con el cuento a Kobe, que se echó teatralmente las manos a la cabeza mientras contestaba ¡¡¡dios mío, yo no sé por qué dice esas cosas!!!, más o menos algo así. Dicho todo lo cual, no seré yo ahora quien me ponga a devanarme los sesos (ni los sexos) para afirmar quién de ellos tiene la razón, entre otras cosas porque en estas discusiones bizantinas no suele tenerla ninguno y a la vez la tienen todos, por definición. Pero eso sí, no me aguantaré las ganas de (tal vez ya se lo estuvieran ustedes temiendo) hacer al respecto una serie de consideraciones:

Lo primero de todo, agradecer al señor Jackson su sinceridad: cuando un equipo presuntamente superior pierde contra otro presuntamente inferior, lo habitual es que el técnico del bando derrotado se deshaga en elogios hacia el ganador, qué barbaridad, son un equipazo, han hecho un partidazo, no esperábamos tamaña resistencia, han rebasado con creces todas nuestras expectativas, qué sé yo, cosas así. Ese no acostumbra a ser el caso de Jackson: puede ser irónico, mordaz, cáustico o simplemente realista, en toda su crudeza si ello fuera menester; lo que no suele ser, en jamás de los jamases, es diplomático. Ni falta que le hace.

Ahora bien, aún agreciéndole su sinceridad, quizá tampoco estaría de más valorar si en el fondo no se le habrá ido un poco la mano, si no habrá sido incluso excesivamente sincero, digámoslo así. A ver, es usted entrenador del mejor equipo de la NBA, repito, no de uno cualquiera (que no hay uno ni dos, sino treinta) sino del mejor de todos ellos, ¿y aún así sostiene usted que el equipo que le ha ganado no tiene nivel suficiente como para jugar en aquella Liga? Hombre, si le hubiera pasado, pues qué sé yo, a los Raptors, entonces tal vez lo entendería, al fin y al cabo a éstos puede ganarles (casi) cualquiera, pero… ¿un equipo de fuera de la NBA le gana al mismísimo campeón en ejercicio de la NBA, y sin embargo ese equipo (al cual tampoco vimos en su mejor versión, dicho sea de paso) no da la talla para la NBA? ¿Qué cabría decir entonces de las veintinueve franquicias restantes, o al menos de buena parte de ellas? ¿No resulta contradictorio que en la mismísima NBA haya unos cuantos equipos que no aparenten tener nivel NBA?

Claro está, los Lakers tenían coartada, apenas una semana de entrenamiento me llevaban las criaturas (tampoco es que los del Barça llevaran mucho más, viniendo del Mundial buena parte de ellos). Démosles por buena esa coartada pero ninguna otra, es decir, que no nos vengan a contar ahora que esto para ellos tan sólo es pretemporada (aunque lo sea) y que no se tomaron el evento demasiado en serio. Cualquiera que tuviera estómago para tragarse el ¿partido? que tres días antes ¿jugaron? en Londres ante los Wolves y que luego los viera ante el Barça me reconocerá que cualquier parecido entre ambas versiones de los Lakers resultó ser mera coincidencia. En la pachanga londinense Kobe apareció simbólicamente los primeros minutos para ya nunca más volver, Pau apenas asomó, allí jugó (o hizo como que jugaba) hasta el apuntador, hasta el que lleva los bocadillos, hasta meritorios de medio pelo que en lo más profundo de su ser sabrían ya entonces perfectamente que sus posibilidades de quedarse en los Lakers eran poco menos que cero. Nada que ver con lo que hicieron en Barcelona, sería todo lo pretemporada que ustedes quieran pero se lo tomaron cual si de un partido de temporada regular se tratara, nada de sospechosos pelirrojos deambulando cual ánima en pena por la pista sino más bien sobredosis de Kobe (que aún no esté en forma ya es otro cantar), Pau, Odom, Fisher, no digamos ya Artest (véase el siguiente párrafo). Esta vez no les valía cualquier resultado, esta vez sólo les valía ganar, en el fondo eran plenamente conscientes de que allí había algo más en juego, perder les jodió sobremanera por más que intentaran disimularlo.

Díganselo a Artest, si no. Dijo antes del partido que esto para él sería como sus juegos olímpicos y como tal se lo tomó, supongo que porque nadie intentó explicarle la diferencia. De hecho a punto estuvo de batir su propio récord mundial de expulsión temprana (fue hace ya unos cuantos años, en un Pacers-Celtics: tras el salto inicial el balón salió despedido hacia Paul Pierce, que se disponía a machacar sin oposición la que habría de ser la primera canasta del partido cuando por detrás llegó Artest y le sacudió tal zurriagazo que dejó al de los Celtics allí desparramado sobre el parquet; total, flagrante en grado sumo y Ron Ron a la calle cuando aún no se habrían disputado ni cinco segundos del choque), esta vez fue contra Pete Mickeal (otro al que le va la marcha) cuando aún nadie había tirado a canasta, aún no habrían dado ni un pase siquiera… Fiel reflejo de lo que habría de suceder después: el propio Kobe enredándose con el susodicho Mickeal cada dos por tres, cero concesiones, dureza cuando fuera menester, intensidad a tutiplén. Miren que se lo había dicho yo apenas unas horas antes, aquello habría de ser algo así como la Copa Intercontinental, y ello aunque casi ninguno de los allí presentes tuviera ni la menor idea de qué demonios pudiera ser eso.

Y después de tanto rollo la pregunta sigue aún en el aire (miren que ya les advertí al principio que me sentía incapaz de contestarla): ¿podría este Barça jugar en la NBA? Pues ni sí ni no sino todo lo contrario, o dicho de otra manera, que por un lado no lo sé y por el otro qué quiere usted que le diga. Pero vamos, que así de entrada quizá no estaría mal que empezáramos planteándonos qué significa jugar en la NBAJugar en la NBA no tiene por qué significar aspirar al anillo, que a eso al fin y al cabo aspiran cuatro de los treinta que allí hay; jugar en la NBA ni siquiera tiene por qué significar jugar playoffs, que sólo los juegan dieciséis mientras los otros catorce se van de vacaciones; jugar en la NBA significa exactamente eso, jugar en la NBA, dar la cara cada noche, ganar unos pocos partidos, perder otros tantos (o tal vez muchos más), ser al menos medianamente competitivos en aquella Liga. ¿De verdad que no podría este Barça hacer un papel, si no bueno, sí al menos medianamente decente en la NBA? Ya sé que las comparaciones son odiosas pero aún así tengan la bondad de echar un vistazo a la plantilla de los Raptors (y dale con los Raptors… pero es que así al pronto me resultan de lo más flojo que yo haya visto últimamente en plantillas NBA, y que Calde me perdone), o a la de los Nets, o a la de los Wolves pre-Ricky o a la de los mismísimos Cavs post-LeBron, ya puestos: hombre por hombre, calidad por calidad, ¿de verdad pensamos que este Barça tiene mucho que envidiarles a día de hoy?

Otra cosa es que ya hablemos en términos exclusivamente físicos (que al fin y al cabo fue lo único de lo que habló Phil Jackson, así que tampoco le flagelemos en exceso), que ahí a mí también me entran serias dudas: no en términos de centímetros (que ahí el Barça se sale), tal vez sí en términos de musculatura (pero no necesariamente), desde luego que sí en términos de resistencia. Vale que el Barça (como tantos otros) viene a jugar a lo largo de una temporada cualquiera casi tantos partidos como los ochenta y dos que juega cualquier equipo NBA pero eso sí, un tanto menos apretados en el calendario, de finales de septiembre a mediados de junio, generalmente con una frecuencia de dos por semana, si acaso tres en momentos puntuales, Copa y playoffs. En cambio en la NBA meten esos ochenta y dos partidos entre finales de octubre y mediados de abril a razón de quince al mes o lo que viene siendo lo mismo, un partido cada dos días (y si luego juegan playoffs ya ni les cuento). ¿Aguantaría este Barça semejante tralla? Buena pregunta. Supongo que tendría de cambiar su preparación física pero aún así me temo lo aguantaría a duras penas, siendo apenas competitivo algunas noches a costa de no serlo en otras, no digamos ya cuando tocaran partidos en noches consecutivas… es decir, lo aguantaría más o menos igual de mal que lo aguantan casi todos los equipos NBA.

En resumidas cuentas, que no sé qué hago aquí debatiendo conmigo mismo sobre el sexo de los ángeles (y no Lakers precisamente), dándole vueltas a una cuestión que no puede tener solución posible. Es como aquello que nos decían de pequeños, qué tendrá que ver la velocidad con el tocino o aún mejor, qué tendrán que ver los higos con las brevas. Higos y brevas son frutos, Lakers y Barça son equipos de baloncesto, y punto, y justo ahí se acaban las semejanzas. Líneas paralelas que (casi) nunca se encuentran, mundos opuestos que tan sólo durante unos pocos días al año se hacen permeables el uno para el otro, y es justo entonces cuando solemos hacernos toda esta sarta de inútiles preguntas sin respuesta, como si en verdad existiera la más remota posibilidad de que (más queun club deportivo llamado F.C. Barcelona (o cualquier otro en el que puedan ustedes estar pensando, que para el caso viene a ser lo mismo) ingresara en un negocio privado poblado de franquicias llamado NBA, con todo su draft y su límite salarial, con sus trueques de jugadores, su no pagar traspasos y demás parafernalia que allí se gastan. Pura hipótesis, casi tan imposible de imaginar como la contraria, la cual dicho sea de paso tampoco nos la hemos preguntado nunca, miren ustedes por dónde: vale que no sepamos si el Barça podría jugar en la NBA, pero, ¿podrían los Lakers jugar en la ACB (y/o en Euroliga)? ¿Cómo se adaptarían los Lakers (o cualesquiera otros, que para el caso viene a ser lo mismo) al ritmo del baloncesto europeo, a la manera de fichar de Europa, incluso a esa extraña costumbre de pasar el balón (y hasta de pitar pasos, a veces) que nos gastamos por aquí? Vale que ellos sean la metrópoli y nosotros las colonias, pero digo yo que por una vez tampoco estaría de más que invirtiéramos nuestro proceso de pensamiento, aunque fuera sólo para variar…

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Publicado octubre 30, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

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