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(publicado el 7 de noviembre de 2010)

No sé quién dijo aquello de que en tiempos de crisis no hacer mudanza, frase que tendrá sentido en otros sitios pero que en esta Villa y Corte, por otro nombre Madrid, parece haberse quedado totalmente desfasada en lo que al baloncesto se refiere. Aquí cuanta más crisis más nos mudamos, pa chulos nosotros. Sea usted aficionado alicantino, valenciano, vitoriano, sevillano, zaragozano, grancanario o menorquí pongamos por caso y sabrá exactamente dónde ir a ver a su equipo sin posibilidad alguna de error, pura rutina, por dios qué vulgaridad. Sea usted aficionado madrileño y tendrá el paquete completo, dos emociones por el precio de una, a la emoción inherente al juego mismo añadirá la emoción previa de no saber a dónde ir, qué partido se va a encontrar ni si se va a encontrar partido siquiera, y todo ello por el mismo precio. ¿Se puede pedir más?

Me permitirán que les cuente un par de historias, la una en azul, la otra en blanco, dos historias que probablemente ya sabrán pero que aún así me tomaré la libertad de refrescarles la memoria por aquello de que el saber no ocupa lugar. La peregrinación azul empezó una mañana de comienzos del verano de 2001 cuando al viejo Palacio de Deportes le dio por arder (bueno, en realidad había empezado mucho tiempo antes, cuando las huestes estudiantiles salieron de Magariños, pero esa es otra historia); qué hacer, se preguntaron entonces sus rectores, y tras barajar diversas posibilidades a cual más rocambolesca (ampliar el Magariños, habilitar una cancha en los recintos feriales de IFEMA) finalmente repararon en aquella legendaria Plaza de Toros de los Carabancheles, también llamada Vistalegre por el populacho, recientemente restaurada, primorosamente cubierta y con el valor añadido además de haberle sido adosado un pequeño centro comercial en consonancia con los tiempos. Dicho y hecho, y al reclamo de este año nuestras gradas arderán… de pasión, p’allá que se fueron las huestes azules, y fueron felices y comieron perdices y hasta llegaron a jugar (y casi ganar, incluso) una Final ACB tres años más tarde, y aquel viejo cántico del que salgan los toreros, uououó, jamás cobró más sentido que en aquel coso taurino carabanchelero. Si funciona no lo toques dicen los yanquis pero aquí preferimos el si funciona tócalo hasta que se joda, tanta felicidad desde luego que no podía ser buena, adiós a Vistalegre con su coso y sus casas y sus bares y sus raciones y vámonos al viejo rockódromo de la Casa de Campo, rebautizado como Madrid Arena y reconvertido en funcional pabellón multiusos, a la fuerza ahorcan, en la otra esquina de Madrid si lo miras desde el Ramiro y sin un solo bar en varios kilómetros a la redonda, al menos por ahí no nos habría de descuadrar el presupuesto, necesitarás cinco años para acostumbrarte pero cuando ya te hayas acostumbrado múdate otra vez que a ese mismo Ayuntamiento que te llevó allí resulta que ahora ya no le interesas, manda huevos, retorno al Palacio por fin, ya otra historia será cuándo puedas utilizarlo…

La peregrinación blanca resulta ser más rocambolesca aún si cabe. Aquel Madrid que en los lejanos ochenta había cambiado la Ciudad Deportiva por el Palacio porque los espectadores no le cabían ni en un estadio, optó a finales de siglo por volver a su viejo pabellón (ahora convenientemente rebautizado como Raimundo Saporta) porque ahora los espectadores le cabían casi en un ascensor. Pero cuando aún apenas habían acabado de desembalar las cajas se pusieron a hacer planes para el futuro, planes que consistían en vender aquel terrenito para construirse unos cuantos rascacielos adosados que habrían de reportarles un puñado de eurillos a sus maltrechas arcas, la pobreza es lo que tiene. El equipo blanco por antonomasia aguantó allí mientras pudo, aguantó con las obras a su alrededor hasta que las excavadoras ya asomaron por su puerta, momento en que recogió el petate y se dispuso a una nueva mudanza hacia… Vaya, es verdad, eso no lo habíamos previsto, al equipo de baloncesto tendremos que meterlo en algún lado, y así tras un breve periodo de carencia en el pabellón del Centro Comercial Parque Corredor de Torrejón de Ardoz (nada menos) el Madrid aterrizó en la otra punta de Madrid, al sur del sur, en el mismo coso taurino carabanchelero que acababa de dejar libre el Estudiantes. Pero al igual que le había sucedido años atrás a esas mismas huestes azules aquel problema llevaba implícita su solución, que ya dice el viejo refrán que no hay mal que por bien no venga: el madridismo sureño, acostumbrado por lo general a tener al equipo de sus amores a tomar viento, de repente se lo encontró (versión baloncesto, al menos) al ladito de su casa; de repente el Madrid dejó de ser el equipo ACB que menos gente llevaba a su pabellón (asombrosa paradoja, siendo el equipo que mayores audiencias televisivas genera), de repente triplicó o cuadriplicó su promedio de asistencia, la sección volvió a ser un éxito (en este aspecto, al menos) y todos fueron felices y comieron perdices… hasta que, fieles una vez más a ese viejo principio ibérico (si funciona tócalo hasta que se joda, recuerden) cogieron sus bártulos y se marcharon este mismo verano a unas magníficas instalaciones perfectamente diseñadas para la práctica del tenis (pura lógica), por otro nombre Caja Mágica, que por cierto hace honor a su nombre porque tiene el prodigioso don de hacer desaparecer a los espectadores como por arte de magia, alehop, los oyes pero no los ves, ver lo que se dice ver sólo ves unos refulgentes palcos completamente vacíos, sospechamos que arriba en lo oscuro debe estar la gente pero no nos consta, no sabemos si es un truco, lo mismo ponen un disco de aplausos a la manera de esas risas enlatadas de las telecomedias para así hacernos creer que allí hay público… (un compañero de trabajo me decía el otro día que es como si jugaran en La Almudena, que no sé si se refería a la catedral o al cementerio pero para el caso viene a ser lo mismo).

Pues vale, hasta ahí todo normal, cada mochuelo a su olivo, este año Estudiantes ha vuelto al Palacio y el Madrid se ha ido a la Caja Mágica, ya está, qué fácil, ¿no? Ojalá todo fuera tan fácil: este domingo (como tantos otros) el Estu tendrá que dejar libre el Palacio por compromisos previos (¿?) adquiridos por la Comunidad de Madrid, así que se verá obligado a recibir al Granca en Vistalegre, precisamente en Vistalegre. Y este mismo domingo el Madrid tendrá también que ceder su Caja Mágica para la ceremonia de entrega de los Premios Emtiví, acontecimiento de suprema trascendencia planetaria para los espectadores de la Emtiví(supongo) y que se ve que tiene que hacerse ahí sí o sí, la magia es lo que tiene, no debe haber en todo Madrid ni en toda España ni en toda Europa ni en todo el mundo mundial ningún otro local capaz de albergar semejante evento, vaya por dios, también es casualidad, así que el Madrid habrá de hacer lo propio e irse a recibir al GBC al único pabellón decente que quedaba libre a estas alturas, es decir… efectivamente, el Madrid Arena, ese mismo del que hace unos pocos meses tuvo que salir por pies el Estudiantes. O dicho de otra manera: Madrid y Estu jugarán mañana sus respectivos partidos precisamente en la cancha que hasta hace unos meses venía utilizando el otro, el Madrid en el Arena, el Estu en Vistalegre, vamos que ni hecho aposta, como despropósito no está nada mal, a este paso cualquier día llegará algún aficionado a su pabellón y se lo encontrará vacío o aún peor, se lo encontrará ocupado por el eterno rival… Que vayan aprendiendo esos mediocres de la NBA que un día se les cae un poquito de amianto en el Madison y tienen que suspender el partido, que digo yo si no tendrán en todo Nueva York otro sitio donde jugar, pues aquí tenemos cuatro, mire usted, cuatro y porque no nos ponemos que si nos pusiéramos seguro que aún encontrábamos alguno más. Somos así, hemos inventado la emoción definitiva, la única que trasciende las cuatro paredes de un estadio, la única que empieza ya desde el mismo momento en que uno sale de casa, tal vez desde antes incluso, iré bien o me estaré equivocando, tocará hoy aquí o allá o acullá… El espectáculo total.

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Publicado octubre 30, 2012 por zaid en ACB, preHistoria

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