recién salidos del horno   Leave a comment

(publicado el 20 de octubre de 2010)

 

Alguna vez hemos comentado esa extraña tendencia a la endogamia que suele afectar a nuestros equipos ACB a la hora de fichar americanos (de USA, más concretamente), su propensión a adquirir sólo aquello que esté ya sobradamente probado en otras plazas nacionales y/o europeas descartando de inmediato los productos recién salidos del horno (entiéndase como horno en este caso la NCAA). Hay excepciones, claro está, siempre nos quedarán los Manresa, Granada o Granca de toda la vida (entre otros), que se lo curran, que se arriesgan porque tampoco les queda otra, porque sus ajustados presupuestos les obligan a hacer malabarismos las más de las veces, a atreverse a no mirar sólo lo malo (o no tan malo) conocido sino también lo bueno (o no tan bueno) por conocer. Esa endogamia suele ser mayor cuanto más grandes sean los equipos de que se trate, si bien habremos de reconocer que no se trata de un fenómeno exclusivo de la ACB sino que viene afectando casi por igual a casi todas las más importantes instituciones del continente (y aledaños). Por todo lo cual, en estos días me han llamado tremendamente la atención un par de fichajes que no parecen corresponderse a esa costumbre sino más bien todo lo contrario, dos yogurines (o yogurones, más bien) recién sacados del cascarón universitario, recién licenciados como quien dice pero que, sin previa experiencia profesional alguna, llegan ya a engrosar las plantillas de dos de los más floridos y granados entes baloncesteros europeos. Y como a ambos les conozco, les vi jugar en marzo (Internet mediante) y les repasé sus cualidades en julio y agosto (Plus mediante), y como ambos me entusiasmaron en su momento (uno más que otro, eso sí), pues aquí vengo yo a darles la murga con ellos más que nada para que luego, cuando las criaturas progresen adecuadamente, poder colgarme la medalla y decir (a la manera del Marca) aquello tan socorrido del lo adelantó CORRECALLES, yo ya les ví, ya les hablé de ellos, se los puse por las nubes, luego no me digan que no les avisé

Del primero de ellos ya les conté el pasado marzo, al hilo de las hazañas de la modesta universidad californiana de Saint Mary’s. Sólo los muy fieles a este blog (o los muy masoquistas, que en este caso vendría a ser lo mismo) recordarán que ya por aquel entonces les hablaba de un tal Omar Samhantodo un fornido mocetón de casi doscientos diez centímetros que así de lejos podría parecer una especie de armario ropero pero las apariencias engañan, afortunadamente, porque estamos ante un pedazo de pívot al que da gloria ver cómo se desenvuelve sobre una cancha, y que en condiciones normales (es bien sabido que los designios del draft son inescrutables) habrá de tener una larga y fructífera carrera en NBA… Está bien, me equivoqué (para variar), finalmente no fue elegido en ninguna de las sesenta elecciones del inescrutabledraft, el tiempo dirá si me columpié yo o si se columpiaron todos ellos (y ya sé que esto último suena un poco pretencioso, pero es que tampoco sería la primera vez). En cualquier caso no retiro ni una coma de aquella descripción, y además me permitirán que añada que Samhan mueve sus pies de una forma fascinante (tanto más si tenemos en cuenta el pedazo de tronco que soportan), que usa su cuerpo (todo su cuerpo) como nadie, que no pasa nada mal y que (para acabar de completar el lote) resulta ser también un competidor nato, en el mejor sentido… y también en el peor: un broncas que al parecer maneja el trash talk como nadie, perfectamente capaz de mandar callar a toda una afición rival o de picarse con el entrenador del equipo contrario. ¿Defectos? A ver, es más corpulento que gordo, de hecho no parece sobrarle apenas grasa (o al menos no parecía sobrarle en marzo, que fue cuando le conocí) pero cuentan que no siempre fue así, cuentan que cuando ingresó en la universidad pesaba treinta kilos más que ahora; el resultado es un pívot de imponente presencia pero escasamente musculado, más bien poco atlético, probablemente incapaz de saltar poco más que el canto de una guía telefónica… pese a lo cual se las apañaba perfectamente para coger un montón de rebotes y poner algún que otro tapón en NCAA, la NBA ya debe ser otra historia a la vista de cómo las treinta franquicias han pasado olímpicamente de él. Así que la criatura se ha tenido que conformar (¿?) con aceptar la suculenta (supongo) oferta del Zalgiris, nada menos. A poco bien que este estadounidense con raíces egipcias se adapte a la vida en Kaunas (es la única duda que me queda) créanme que podremos estar ante el jugador revelación de la temporada en Europa, ése por quien (si antes no le reclaman de USA, claro) todos los grandes equipos del continente se pegarán en el plazo de uno o dos años… otra vez haciendo buena aquella teoría de la endogamia que les enunciaba en el párrafo anterior.

Y de una especie de armario ropero de tres cuerpos pasemos a otro center que apenas se le parece en nada (salvo en el color de piel y en el puesto que ocupa), todo un siete pies de brazos interminables, desgalichado tirando casi a escuálido, levemente estrecho de hombros pero que con todo y con eso lleva muchísimo baloncesto en su interior. Se llama Jeff Foote y durante el pasado marzo le conocimos con la camiseta roja de la Universidad de Cornell, uno de esos centros de la Ivy League en los que lo académico suele primar siempre sobre lo deportivo pero que en este caso bien que se las apañaron para epatar a toda la nación. Visto así de lejos parece una especie de cruce entre Nate Huffmann y Fran Vázquez; está muy lejos en términos baloncestísticos (y también geográficos, claro) del gallego, pero no descarten que acabe pareciéndose a aquel peculiar ex del Fuenla: tiene un estupendo juego de pies (haciendo casi honor a su apellido), entiende el juego, toma decisiones con criterio y pasa francamente bien, mucho mejor que el promedio de jugadores de esta misma envergadura. En Cornell era relativamente corriente verle plantificado en el poste alto a modo de eje de cada ataque, distribuyendo balones y proponiendo bloqueos a los cuatro pequeños que rotaban a su alrededor para luego completarlos con continuaciones o puertas atrás según requiriera la ocasión, todo ello realizado con muchísimo sentido. Eso sí, habré de confesarles (puestos a comparar con el anterior) que no me transmite la misma sensación de plenitud que Samhan, Foote me parece como si estuviera un poquito más a medio hacer; a éste jamás me lo imaginé en el draft, a éste en el mejor de los casos me lo imaginaba empezando su carrera profesional en cualquier equipo europeo de nivel medio… y por eso me quedé de piedra (complacido, pero de piedra) cuando reparó en él nada menos que el mismísimo Maccabi de Tel Aviv (donde también jugó Huffmann, por cierto). Qué duda cabe, este año al juego interior macabeo no lo va a reconocer ni la madre que lo parió, no resulta difícil imaginar una pareja interior Hendrix-Schortsanitis, cabe suponer que el papel de Foote se limitará precisamente a dar minutos de descanso al susodicho ex Baby Shaq ahora autoreconvertido en Big Sofo, todo ello a las estupendas órdenes de un pedazo de crack como David Blatt… En apenas unas horas se estrenarán en el Buesa Arena, magnífica oportunidad para empezar a comprobar cómo se adapta nuestro Foote a ese difícil papel. Permanezcamos atentos a nuestras pantallas.

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Publicado octubre 30, 2012 por zaid en NCAA, preHistoria

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