Archivo para octubre 31, 2012

a cuadros   Leave a comment

(publicado el 23 de febrero de 2011)

 

Más allá de sus consecuencias meramente deportivas (o circenses, según), el pasado Fin de Semana de las Estrellas nos ha dejado también un efecto colateral de imprevisible alcance y que a mí, a día de hoy, me tiene absolutamente estremecido de pavor: los calcetines de cuadros. Si aún no saben de qué estoy hablando, bien porque no hayan podido o porque no hayan querido seguir el susodicho evento, les bastará con echar un vistazo a esta misma portada de Gigantes o a cualesquiera de las chorrocientasmil fotos que habrá ya pululando por la red. En rojo (mezclados con gris o negro) como estos de Griffin pero también en amarillo (y no precisamente amarillo pollito sino amarillo fosforito, véase por ejemplo a nuestro Ibaka, de dulce estaba la criatura), en verde o en azul, y siempre haciendo juego con las correspondientes zapatillas a cuál más fosforescente. Estas son las típicas cosas que si eres un crío y te los pone tu madre te mueres de vergüenza, que si eres un adolescente y te los compra tu madre se los tiras a la cara (con el consiguiente disgusto materno) pero que si eres ese mismo adolescente y se los ves a tu ídolo moverás cielo y tierra hasta lograr conseguirlos. No sé a qué mente calenturienta se le habrá ocurrido semejante engendro pero puedo imaginármelo, o al menos puedo imaginarme el logo que habrá detrás. O será acaso que el precavido Stern, en previsión de que esta vez los brincos y cabriolas de sus fornidos mocetones no fueran capaces de dejarnos con los ojos a cuadros, haya preferido incorporar los susodichos cuadros directamente al uniforme para que no tengamos escapatoria; pero sea como fuere resulta sorprendente que la NBA, siempre tan mirada con la longitud de los calzones o con que sus chicos vayan de traje cuando no visten de corto, no vaya a ser que alguno se presente en mangas de camisa y le tengamos que expedientar, haga en cambio la vista gorda ante una horterada de semejante calibre. Así las cosas no sería de extrañar que para el próximo All Star Weekend se imponga la falda escocesa, ya estoy viendo a kobes y lebrones con la susodicha prenda tableada y (por supuesto) de cuadros pero esta vez haciendo juego con la camiseta, ya hasta puedo imaginarme los playgrounds de nuestros pueblos y ciudades poblados de briosos mozalbetes con la pollera (nunca mejor dicho) al viento, sabrá dios qué nos quedará aún por ver…

Publicado octubre 31, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

la luz apagada   Leave a comment

(publicado el 22 de febrero de 2011)

¡Él apagará la luz aquí! Así de tajante respondió hace ya unos cuantos años el entonces propietario de los Jazz Larry Miller cuando se le preguntó por la continuidad de su sempiterno técnico Jerry Sloan, por la posibilidad de que éste pudiera haber empezado a estar cuestionado. Él apagará la luz aquí… En su caso tuvo razón, Larry Miller dejó este mundo con la luz encendida, una luz que le sobrevivió y aún siguió luciendo durante un buen tiempo, así hasta que hace unos días finalmente Sloan decidió pulsar el interruptor. Sólo o en compañía de otros que diría un juez, sabemos que junto a Sloan se fue su fiel e inseparable asistente Philmarrones Johnson (aquel que se comía los ídem cada vez que expulsaban a su jefe), lo que no sabemos y probablemente ya nunca sabremos es quién les llevó la mano, quién se la puso en ese interruptor, quién se la apretó para que pulsaran. Durante muchos años creímos firmemente que Utah era una franquicia diferente a todas pero hoy bien sabemos que no, que en el fondo es una de tantas, otra más en la que los pulsos entre el técnico y la estrella siempre acaban cayendo del lado de la estrella, tanto más cuanto mejor pagada esté. Deron Williams podrá acumular fama y prestigio y dinero a espuertas y quién sabe si hasta incluso algún anillo, podrá ser lo que quiera pero nunca será Stockton, nunca tendrá su inteligencia ni su liderazgo ni su saber estar ni aún menos su humildad, el ego de Deron ocupa demasiado como para que le quepa también todo eso. En la tesitura del o él o yo a los actuales rectores de la franquicia (el presidente Greg Miller, el manager general Kevin O’Connor) les faltó el tiempo para quedarse con el yo, en el ingenuo planteamiento de que decapitar al uno podría garantizarles la continuidad del otro. Ya veremos si al final (y qué bien empleado les estaría) no acaban quedándose sin los dos. Sloan apagó esa luz hace ya casi un par de semanas (y desde entonces le debía yo este post, más vale tarde que nunca), acaso pensarán en Salt Lake City que es tan sencillo como reemplazarla por otra pero hay luces y luces, hay apagones que no los arregla ni el mejor generador.

Publicado octubre 31, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

el chou de Griffin   Leave a comment

(publicado el 21 de febrero de 2011)

Miren que se lo avisé, miren que el viernes les expliqué con pelos y señales lo que iba a pasar. O dicho de otra manera: ¿existía alguna posibilidad por pequeña que fuese de que Blake Griffin no se clasificara para la Final? Con el Kía ahí aparcado en la puerta, con el coro de góspel contratado para la ocasión, con el pastizal que habrían soltado los coreanos para que fuera precisamente ese coche y no otro el que pusieran debajo de la canasta, ¿existía alguna posibilidad por pequeña que fuese de decirles, no miren, al final Griffin no se ha clasificado así que el Kía no vamos a poder enseñarlo, qué le vamos a hacer, otra vez será, muchas gracias por venir? Ibaka bien podría haber volado desde la raya del triple o desde la del centro del campo, bien podría haber saltado por encima de una jirafa traída expresamente de su tierra para la ocasión, bien podría haber atrapado al osito no con la boca sino con los huevos que todo habría dado igual, todo habría valido lo mismo, nueve, nueve por cinco cuarenta y cinco. Y quien dice Ibaka dice (quizás aún con más razón) DeRozan. Mientras al hijo de Pam McGee se le ocurrieron dos cosas que parecían imposibles (y así pasó, que luego le costó un huevo conseguirlas) que le valieron para llegar a la Final y para que a partir de ahí se le fundieran los plomos, como si se le hubieran agotado los cartuchos, como si no hubiera previsto clasificarse o como si ya estuviera previsto que su papel fuera sólo el de clasificarse, no sé; todo lo contrario de un Griffin que se clasificó con dos mates que pareció que serían sensacionales pero que acabaron siendo simplemente normales (es decir, lo que en estos niveles entendemos por normalidad), que se reservó su traca final para la Final (valga la repugnancia) porque no cabía en su cabeza ni en la de nadie que no fuera a estar en dicha Final. Los americanos (los de USA, concretamente) manejan estas cosas como si fueran el wrestling o el pressing catch o como demonios se llame, puro espectáculo si acaso envuelto en un ligerísimo barniz de deporte, una capa tan fina que se pueda quitar sin el menor problema en cuanto se precise para la ocasión. Y es que en esto, como en toda gala o ceremonia o festival o chou televisivo que se precie, lo único verdaderamente importante es no apartarse ni tan siquiera un milímetro del guión. Luego no digan que no se lo advertí.

Publicado octubre 31, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

el show de Griffin   Leave a comment

(publicado el 18 de febrero de 2011)

De entrada habré de reconocer (aunque me duela) que este año ando yo como bastante despegado de la Temporada Regular NBA. Hubo un tiempo en que la oferta televisiva baloncestera no alcanzaba a mi demanda pero hoy me sucede justamente al contrario, hoy la oferta supera a mi demanda con creces, tanto más desde que me he procurado la suscripción mensual a la ESPN para la cosa de la NCAA. Mi tiempo es limitado, a algo tengo que renunciar, no desde luego a la ACB, tampoco a la Euroliga (aún menos en esta fase), no digamos ya a la NCAA que es la niña de mis ojos, que me ofrece todo lo que no me da la NBA en estos días, pasión, emoción, interés, baloncesto bueno e intenso (y entendido como deporte colectivo, incluso) en todos y cada uno de sus partidos. La china de la renuncia le ha tocado a la NBA por exclusión, porque no me quedaba otra pero también porque el noventa por ciento de lo que nos ofrece en estos días son partidos de baja intensidad, jugados al trantrán (salvo la mitad de cuarto final, si es que aún se llega igualado a ese momento) por jugadores mayoritariamente reventados por el extenuante calendario. Ya llegará el momento de reconciliarme con ella cuando lleguen los anhelados playoffs, cuando sus partidos vuelvan a parecer de competición y no de mera exhibición; pero hoy por hoy me limito a mirar los resultados y a seguir en la medida de lo posible el magnífico programa semanal plusero, Generación NBA+; a ver partidos enteros (salvo contadas y muy señaladas excepciones) ya no llego, lo siento en el alma, no doy tanto de sí.

Hago esta introducción (que usted dirá que a ver qué demonios le importa) para curarme en salud ante el advenimiento de un nuevo Fin de Semana de las Estrellas, como viene sucediendo más o menos todos los años por estas fechas. Un acontecimiento cuya previa expectación (al menos en mi caso) sólo es comparable a la decepción que me provoca después. Si ya asumimos que la temporada regular es baloncesto de baja intensidad también habremos de asumir que el All Star no es ni tan siquiera eso: un poco de circo, si acaso envuelto en un ligero barniz de deporte no vayan a pensar. un evento lúdico-festivo cuyo principal valor es la promoción que proporciona a la NBA por todo el orbe pero que a aquellos que aún preferimos algo tan clásico como la mera disputa entre dos equipos por llevarse la victoria (por dios qué vulgaridad) nos va dejando más fríos cada año que pasa. Habré de reconocerlo, otros años sí lo recibía yo con expectativas que luego se veían sistemáticamente frustradas; este año en cambio no espero nada, pero lo que se dice nada, nada de nada, por lo que difícilmente podrá decepcionarme: quién sabe, a lo mejor esta negatividad previa es el primer paso para que me empiece a gustar.

Porque puedo prometer y prometo que intentaré verlo, que intentaré hacer un hueco en mi (supuesta) agenda para esas tres citas del fin de semana: para la del domingo por supuesto, con ese Pau que estará ahí por cuarta vez (y ya apenas le damos importancia, ya casi ni reparamos en ello, como si fuera algo de lo más normal, cuando aún deberíamos pellizcarnos cada vez que sucede) y que este año hasta debiera haber sido titular incluso. Pero también para las citas anteriores en las que habrá otro de los nuestros, aún no de derecho pero sí plenamente de hecho: el viernes Serge Ibaka retozará por el parquet del Staples con otros tantos yogurines (más bien yogurones) sedientos de gloria y el sábado se dará por fin el capricho, igual que en su día se dio el gusto de participar y ganar en el concurso de mates de la ACB ahora se dará el gusto de participar en el de la NBA; digo bien, de participar, a secas, porque ganar lo que se dice ganar no lo va a ganar. No es por ser aguafiestas, no es por tocar los cataplines, nada me gustaría más que equivocarme pero mucho me temo que no va a ser así; créanme, no lo va a ganar.

No lo va a ganar porque lo va a ganar Blake Griffin, la bestia parda de piel mestiza y pelo rojo salida de Oklahoma (Universidad de) para epatar al mundo desde la insospechada camiseta de los Clippers. Lo va a ganar Griffin porque probablemente sea el mejor, porque seguramente lo merezca pero también porque todo parece estar preparado y dispuesto para que así sea. De algún modo éste será el show de Griffin, no sólo el concurso de mates sino el fin de semana entero: hará triplete, tendrá tajo (es un decir) las tres noches, así al pronto no recuerdo yo otro caso semejante: con los yogurones el viernes, con los estrellones el domingo y con los volcadores el sábado; lo del viernes y el domingo no sé cómo le irá pero lo del sábado será su reino, el Griffin chou en todo su esplendor, Ibaka, DeRozan y McGee apenas serán (como dicen allí) supporting cast, meros actores secundarios a mayor gloria y prez del actor principal, todo el dispositivo mediático a su entera disposición para disparar (aún más) su fama por todo el orbe planetario. Lo veré, lo intentaré al menos, y si luego no es así aquí estaré para reconocerlo pero vamos, denlo por hecho: salvo que el susodicho Griffin haga una cagada de tal calibre que al jurado se le rompan los esquemas y no sepa para dónde tirar (cosa por otra parte sumamente improbable), mejor será que lo vayamos asumiendo, the winner is Blake Griffin, y el bueno de Ibaka que disfrute todo lo que pueda del momento porque otra cosa me parece que no le va a quedar.

Publicado octubre 31, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

no hay color   Leave a comment

(publicado el 17 de febrero de 2011)

Cuentan que este pasado domingo una manada de animales (disfrazados de aficionados para la ocasión) intentó agredir a Manel Comas cuando éste se dirigía hacia el Palacio para comentar la Final. Cuentan que no lo consiguieron (o no del todo, al menos), que lo único que finalmente lograron estos descerebrados fue deshonrar la camiseta blanca que llevaban puesta. Cuentan que le tachaban (sospecho que entre otras muchas lindezas menos publicables) de antimadridista, nada menos. ¿Antimadridista? A ver, evidentemente Manel Comas no es madridista, no lo es ni tiene por que serlo, sin que ello haya de suponer merma ni quebranto alguno en su integridad física ni psíquica. Ahora bien: ¿el mero hecho de no ser madridista le convierte de inmediato en antimadridista? ¿el mero hecho de no ser de un equipo te convierte de inmediato en anti de ese equipo? ¿si no estás conmigo estás contra mí, sin que quepa un término medio?

Tuve hace años un compañero de trabajo que acudía puntualmente a meterse conmigo cada vez que perdía el Madrid (el de fútbol, me refiero). Y daba igual que yo le explicase puntualmente lunes tras lunes que yo no era del Madrid, que yo era más de baloncesto y que en lo tocante a fútbol mis únicos colores eran los del Rayo, tanto daba, en su composición de lugar yo tenía que ser necesariamente del Madrid por una única razón: que yo no era del Atleti. Esos sois los peores, me decía, los más falsos, los que decís yo no soy de ninguno, total si a mí me da igual, yo voy con el que gane… Él sí era del Atleti claro está, hasta la médula, pero afirmaba que tanto o más que del Atleti era antimadridista porque pedirle a un atlético que no sea antimadridista es como pedirle al Coyote que no sea anticorrecaminos, o a Silvestre que no sea antipiolín… (aquel compañero de trabajo era y sigue siendo un tipo brillante; forofo, sí, pero al menos sabía explicarlo con cierta gracia). Supongo que casi toda la gente funciona más o menos así (aunque la mayoría no sean capaces de explicarlo de esta misma manera) pero a mí no me sale, qué le vamos a hacer, será una carencia como otra cualquiera, igual que hay quien tiene déficit de calcio yo debo tener déficit de forofismo, tendré que hacérmelo mirar. Pasión sí, toda la que quieran, a veces incluso demasiada; pero siempre, creo yo, dentro de un orden: con que gane mi equipo ya es bastante (ya es todo un lujo, incluso), no por ello pretendo que pierdan todos los demás equipos del mundo mundial ni que pierdan específicamente los enemigos eternos que el fanatismo haya sido capaz de fabricar, con que pierda el que juega contra el mío ya me vale.

De todos modos, tampoco sé de qué me sorprendo. En los foros ultramontanos (que no suelo frecuentar, pero que a veces vas a leer una noticia y sin darte ni cuenta acabas también leyendo las opiniones que hay más abajo) se reparten más o menos por igual los que denuestan a los comentaristas de TVE por madridistas y los que lo hacen por todo lo contrario; al menos así era en los tiempos en que a Arseni le acompañaban Creus y Romay. Tanto daba que a Romay se le vieran demasiado los colores (aunque intentara disimularlos) como que a Creus jamás se le viera otro color que no fuera el del gusto por este juego, daba igual, les denostaban por igual los de un lado y los del otro. ¿Hoy? Supongo que seguirá siendo igual (ya digo que procuro dejarme caer por ahí lo menos posible), supongo que abundará el linchamiento masivo a Arseni (al pobre Arseni siempre me le linchan, por lo uno y por lo otro, esté con quien esté), que seguirá el linchamiento masivo a Comas y que ya habrá empezado también el linchamiento masivo a Arlauckas supuestamente por todo lo contrario que a Comas (o por lo mismo, quién sabe, la ceguera es lo que tiene). Allá ellos con su empeño en ver fantasmas para alimentar así su propia paranoia, pero al menos permítanme que les diga que no hay color: por desgracia tengo ya demasiados años, por suerte me ha dado tiempo a ver y oír mucho baloncesto en todos estos años, de partidismos televisivos podría mostrarles un amplio catálogo, desde los legendarios María Antonia Martínez o José Félix Pons (hablo de los ochenta, tal vez de antes incluso) hasta el reciente (y terriblemente patético) Chechu Biriukov, pasando también por puntuales momentos de arrebato del gran Barthe. De todos los colores, de verdad se lo digo, y por eso precisamente les digo que con estos de ahora no hay color. Nunca mejor dicho.

Y ya que siempre nos resulta mucho más fácil quejarnos que elogiar, y ya que en los años que llevo dándole a la tecla he hecho muchas más veces (demasiadas veces) lo primero que lo segundo, creo que es justo (y no sé si necesario) que hoy venga yo aquí a romper una lanza (terrible cursilada) por cómo se están haciendo las cosas esta temporada en general y por cómo se han hecho en esta Copa en particular. Todo es mejorable por supuesto, la Euroliga nos seguirá trayendo a mal traer, que los partidos del Madrid ahora da gusto verlos y escucharlos pero en los demás habría muchísima tela que cortar. Pero qué quieren que les diga, a mí Arlauckas lleva todo el año pareciéndome todo un acierto, no será tan táctico como un entrenador pero nos aporta otra visión más de jugador, menos de cinco contra cinco y más de uno contra uno si así lo quieren, con la cualidad además de que resulta particularmente ameno: evidentemente todos sabemos de qué pies cojea, pero en los partidos domésticos consigue que apenas se le note y en los internacionales consigue que aunque se le note no chirríe. Un soplo de aire fresco al que se suma cada miércoles/jueves Pablo Martínez: el rigor táctico tampoco es que sea su fuerte pero al menos tiene también el don de la amenidad. Ambos dos con Lalo Alzueta componen un trío sumamente agradable, casi imprescindible, que no es que venga hoy muy a cuento pero nunca es tarde para hacerlo constar.

Y precisamente por todo lo anterior me pareció un acierto meter a Arlauckas en el ajo de esta Copa; yo lo veo como el complemento perfecto para Manel Comas, y no lo digo en términos de colores (y dale…) sino en lo tocante al análisis baloncestero propiamente dicho: Comas siempre nos va a dar la visión del técnico, Arlauckas es más de darnos el punto de vista del jugador. Comas además tiene la extraña cualidad de que su nivel sube muchísimo cuando tiene otro comentarista al lado; Romay no aportaba nada pero Comas era infinitamente mejor con Romay que sin Romay, del mismo modo que suele ser mejor los sábados con otro invitado en el plató (siempre y cuando éste dé juego, que esa es otra) que los domingos sin otro compañero que Arseni: esos días por alguna misteriosa razón sus comentarios se hacen más rutinarios, más llenos de lugares comunes, incluso a veces con algún engorroso silencio (¿breves huelgas como aquella del otro día tras el microfonazo de Messina?) No sé cuánto nos va a durar Comas (que siempre anda su nombre por ahí metido en toda clase de rumores), particularmente me gustaría que siguiera y aún mucho más me gustaría que lo hiciera junto a Arlauckas, que éste entrara ya también en la ACB full-time, si no ahora sí al menos para cuando empiecen los playoffs, lo mismo para el año que viene se nos vuelve a USA así que mejor será aprovecharlo todo lo posible mientras aún estemos a tiempo. Eso sí, siempre asumiendo que habrá muchos que ni le escuchen, que sólo logren ver en él las camisetas que en su día llevó puestas, que le conviertan de inmediato en enemigo por haber vestido de otro color, qué le vamos a hacer, allá cada cual con su propia amargura… aunque al menos por esta vez podremos estar bien tranquilos: si los descerebrados de turno se le cruzan cualquier día por la calle, digo yo que en este caso se lo pensarán dos veces (y hasta tres o cuatro incluso) antes de intentar agredirle; por lo que pueda pasar.

Publicado octubre 31, 2012 por zaid en medios, preHistoria

expediente Begic   Leave a comment

(publicado el 16 de febrero de 2011)

Andaba quejoso el otro día Messina acerca de aquellos que desde Internet, amparados en la impunidad del anonimato, se dedican a insultar o a criticar su labor. No, no teman, no voy a cometer la ingenuidad de darme por aludido, bien sé yo que Messina jamás habrá dedicado ni tan siquiera un segundo de su tiempo a dejarse caer por aquí (yo tampoco lo habría hecho, si fuera él) y que de hecho no tendrá ni la menor idea de la existencia de este blog, ni falta que le hace. Y de todos modos, aunque me hubiera leído alguna vez (siquiera fuera por casualidad), yo jamás le he insultado (ni a él ni a nadie, hasta donde alcanzo a recordar) ni tampoco me atrevería a decir que le he criticado, al fin y al cabo quién soy yo para andar criticando a nadie, tanto menos a un técnico de su prestigio. Pero sí me gustaría curarme en salud (no vaya a ser que…) y aclarar que mi anonimato (anonimato relativo por supuesto, de hecho algún lector sí que conoce perfectamente el nombre que hay detrás de mi nick) no obedece a buscar impunidad sino a razones meramente prácticas: yo tengo un trabajo (completamente ajeno al baloncesto, completamente ajeno al periodismo, completamente ajeno a todo esto, qué más quisiera yo) y evidentemente no me apetece que en mi trabajo sepan quién soy, no sea que a alguien le dé por atar cabos y presuponga (no sin razón) que escaqueo horas del curro para escribir todas estas tonterías. Dicho todo lo cual les ruego me permitan, con el debido respeto, expresar algo que no entiendo como crítica (sólo faltaría) sino como una mera manifestación de incomprensión acerca de algún aspecto (mínimo, ínfimo) de la labor de Messina al frente del Real Madrid:

Ya lo siento, de verdad, pero por más que lo intento no entiendo lo de Begic. Será problema mío que es que soy duro de entenderas pero por más vueltas que le doy no logro comprenderlo. Es decir, sí entiendo perfectamente su fichaje, se trata sin duda de uno de los pívots emergentes del baloncesto europeo, cómo dejar pasar una oportunidad así. Lo que no entiendo es que no juegue. ¿Que tiene que ponerse a punto? Pues tal vez, no digo yo que no, pero yo le vi un par de partidos con la camiseta del Zalgiris en la primera fase de la Euroliga (me causó una magnífica impresión, por cierto) y no me pareció que la criatura estuviera fuera de punto, en absoluto. ¿Se le iría el punto en navidades? ¿Se le iría el punto en el vuelo Kaunas-Madrid? Bien sé yo que las comparaciones son odiosas, tanto más entre blancos y blaugranas, pero es que éstos ficharon a Alan Anderson (que andaba casi sin equipo por aquel entonces, si mal no recuerdo) y a los dos días le tenían ya jugando a pleno rendimiento. ¿Será acaso que es más fácil estar a punto en Barcelona por aquello de la altitud, por el evidente privilegio que supone jugar a orillas del Mediterráneo? ¿O más bien será que a los sistemas de Pascual es más fácil cogerles el punto?
 
Pero está bien, presupongamos entonces que Begic está fuera de punto. ¿Está hoy tan fuera de punto como cuando llegó? ¿lo está más? ¿lo está menos? Dado que en aquellos primeros partidos se le dio algún minuto, dado que en cambio en esta Copa no ha tenido minutos ni para llevar el agua, ¿hemos de presuponer que su estado de forma ha ido a menos durante todo este tiempo? ¿No juega porque está fuera de punto, o está fuera de punto porque no juega? ¿Llegó ya fuera de punto y así sigue, o llegó más o menos a punto y ha ido perdiéndolo a causa de la inactividad? ¿O habrá estado acaso lesionado, y no me habré yo enterado? Y en cualquier caso ¿cómo demonios va a encontrar el punto si su labor se limita (supongo) a participar en los entrenamientos y a poner buena cara en los banquillos?
Y ya puestos tampoco alcanzo a entender (dadas mis evidentes limitaciones, por supuesto) qué necesidad había de ir perdiendo el culo a darle ficha (total para que no juegue) quitándosela de paso a Garbajosa. Vale que Garbajosa no sea ya el que fue, lo cual no justifica el proceso de demonización al que se ha visto sometido cotidianamente (éste sí que ha recibido insultos amparados en la impunidad del anonimato, y casi siempre por razones ajenas al juego, por cierto) desde el sector ultramontano de su afición. Vale que el puesto de Garbajosa esté ahora bien cubierto por Felipe y la eclosión de Mirotic (como también lo está el de Begic por cierto, por Fisher y Tomic, siempre y cuando éste sea el de la pasada Final y no el que habitualmente se limita a extender la alfombra). Pero aún valiendo todo ello, ¿qué sentido tiene mantenerle la ficha durante la Copa a un tío que sabes ya de antemano que no te va a jugar (Messina dixit) en detrimento de otro con el que probablemente tampoco cuentes mucho, pero cuya sapiencia y veteranía en momentos de tanta trascendencia te puede sacar de más de un apuro? El refranero castellano diría que para este viaje no hacían falta alforjas, no sé si el refranero italiano tendrá alguna expresión similar.
 
Dicho todo lo cual, insisto una vez más en que esto no deberá interpretarse en ningún caso como crítica, líbreme el cielo, sino como la mera manifestación de mi incomprensión. Que no doy más de sí, vamos, y que aún no dando más de sí (más de mí) soy perfectamente consciente de quelos entrenadores ven cosas que no vemos los demás mortales o como también dicen por ahí, que si los entrenadores hicieran cosas normales cualquiera de nosotros también podría ser entrenador. Está bien, será así, no estará aún Begic a punto, a ver quién soy yo para dudarlo. No nos precipitemos, démosle tiempo, dejemos que las cosas sigan su curso, al fin y al cabo ha firmado contrato hasta junio de 2013, si para mayo de ese año las cosas siguen así entonces sí, entonces quizás habrá llegado ya el momento de que nos empecemos a preocupar.

Publicado octubre 31, 2012 por zaid en ACB, preHistoria

metáfora   Leave a comment

(publicado el 14 de febrero de 2011)

 

En el baloncesto, como en la vida, hay clase alta, clase media-alta, clase media, clase media-baja y clase baja. El baloncesto (como tantas otras cosas) es una metáfora de la vida, le afecta la crisis en la misma medida que a la vida. La crisis no hace desaparecer la separación entre clases, qué más quisiéramos, más bien todo lo contrario, más bien en cierto modo la acrecienta: agrandando el tamaño de algunas clases (tanto más cuanto más bajas) en detrimento de otras, sobre todo agrandando la brecha de separación entre unas clases y otras. La distancia entre la clase alta y las restantes, ya grande en cualquier tiempo, en este tiempo se vuelve casi descomunal. No, a las grandes fortunas no les afecta la crisis o en todo caso les afecta para bien, para enriquecerse aún más a costa del empobrecimiento de los demás. Los ricos también lloran (así se titulaba un culebrón televisivo de hace ya muchos años) pero debe ser de risa, y en todo caso sus lágrimas siempre son de mejor calidad. Así en el baloncesto como en la vida, la clase alta (Barça, Madrid) cada vez es más alta, la clase media-alta (Baskonia, Unicaja, Valencia…) cada vez es más media y menos alta, las demás clases bastante hacen con sobrevivir. La ACB, que durante tantos años evolucionó hacia la igualdad (igualdad en la mediocridad, decían algunos; pero a mí me gustaba), evoluciona ahora hacia un duopolio que es más bien monopolio, que los ricos podrán ser dos pero los triunfos casi siempre se los lleva el mismo. Llega la Copa y a algunos aún nos da por relamernos pensando en lo que fue siempre la Copa, así desde aquella primera edición (en este formato, me refiero) de 1984 en la que aquel CAI de los añorados Najnúdel y McGee se atrevió a desafiar al poder establecido, a subvertir el orden natural de los acontecimientos. La Copa, en formato de cuatro y aún más de ocho, nos mostró durante casi tres décadas que otro baloncesto (otra vida) era posible: conocimos campeones como el propio CAI, la Penya, el Estu, el (entonces) Pamesa o incluso el Manresa, conocimos finalistas como el Cáceres o el (aún entonces) Caja San Fernando, de algunos aún no hace mucho tiempo (ayer, como quien dice) pero hoy ya casi nos parece una eternidad. Hoy ya nadie desafía ningún poder ni subvierte ningún orden, hoy llevamos ya dos ediciones (2010 y 2011), catorce partidos (a razón de siete por año) sin que en ni uno solo de ellos haya ganado aquel a quien a priori no le correspondiera ganar. Aquello de la lucha de clases (en el baloncesto como en la vida) es ya hoy una entelequia, una reliquia, algunos dirán que un concepto obsoleto plenamente superado por el peso de la historia. Durante todos estos años, de alguna manera la Copa nos permitió creernos nuestra propia utopía; hoy en cambio bien sabemos que ya sólo nos queda la cruda realidad. La vida misma.

Publicado octubre 31, 2012 por zaid en ACB, preHistoria

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