el chou de Griffin   Leave a comment

(publicado el 21 de febrero de 2011)

Miren que se lo avisé, miren que el viernes les expliqué con pelos y señales lo que iba a pasar. O dicho de otra manera: ¿existía alguna posibilidad por pequeña que fuese de que Blake Griffin no se clasificara para la Final? Con el Kía ahí aparcado en la puerta, con el coro de góspel contratado para la ocasión, con el pastizal que habrían soltado los coreanos para que fuera precisamente ese coche y no otro el que pusieran debajo de la canasta, ¿existía alguna posibilidad por pequeña que fuese de decirles, no miren, al final Griffin no se ha clasificado así que el Kía no vamos a poder enseñarlo, qué le vamos a hacer, otra vez será, muchas gracias por venir? Ibaka bien podría haber volado desde la raya del triple o desde la del centro del campo, bien podría haber saltado por encima de una jirafa traída expresamente de su tierra para la ocasión, bien podría haber atrapado al osito no con la boca sino con los huevos que todo habría dado igual, todo habría valido lo mismo, nueve, nueve por cinco cuarenta y cinco. Y quien dice Ibaka dice (quizás aún con más razón) DeRozan. Mientras al hijo de Pam McGee se le ocurrieron dos cosas que parecían imposibles (y así pasó, que luego le costó un huevo conseguirlas) que le valieron para llegar a la Final y para que a partir de ahí se le fundieran los plomos, como si se le hubieran agotado los cartuchos, como si no hubiera previsto clasificarse o como si ya estuviera previsto que su papel fuera sólo el de clasificarse, no sé; todo lo contrario de un Griffin que se clasificó con dos mates que pareció que serían sensacionales pero que acabaron siendo simplemente normales (es decir, lo que en estos niveles entendemos por normalidad), que se reservó su traca final para la Final (valga la repugnancia) porque no cabía en su cabeza ni en la de nadie que no fuera a estar en dicha Final. Los americanos (los de USA, concretamente) manejan estas cosas como si fueran el wrestling o el pressing catch o como demonios se llame, puro espectáculo si acaso envuelto en un ligerísimo barniz de deporte, una capa tan fina que se pueda quitar sin el menor problema en cuanto se precise para la ocasión. Y es que en esto, como en toda gala o ceremonia o festival o chou televisivo que se precie, lo único verdaderamente importante es no apartarse ni tan siquiera un milímetro del guión. Luego no digan que no se lo advertí.

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Publicado octubre 31, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

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