el show de Griffin   Leave a comment

(publicado el 18 de febrero de 2011)

De entrada habré de reconocer (aunque me duela) que este año ando yo como bastante despegado de la Temporada Regular NBA. Hubo un tiempo en que la oferta televisiva baloncestera no alcanzaba a mi demanda pero hoy me sucede justamente al contrario, hoy la oferta supera a mi demanda con creces, tanto más desde que me he procurado la suscripción mensual a la ESPN para la cosa de la NCAA. Mi tiempo es limitado, a algo tengo que renunciar, no desde luego a la ACB, tampoco a la Euroliga (aún menos en esta fase), no digamos ya a la NCAA que es la niña de mis ojos, que me ofrece todo lo que no me da la NBA en estos días, pasión, emoción, interés, baloncesto bueno e intenso (y entendido como deporte colectivo, incluso) en todos y cada uno de sus partidos. La china de la renuncia le ha tocado a la NBA por exclusión, porque no me quedaba otra pero también porque el noventa por ciento de lo que nos ofrece en estos días son partidos de baja intensidad, jugados al trantrán (salvo la mitad de cuarto final, si es que aún se llega igualado a ese momento) por jugadores mayoritariamente reventados por el extenuante calendario. Ya llegará el momento de reconciliarme con ella cuando lleguen los anhelados playoffs, cuando sus partidos vuelvan a parecer de competición y no de mera exhibición; pero hoy por hoy me limito a mirar los resultados y a seguir en la medida de lo posible el magnífico programa semanal plusero, Generación NBA+; a ver partidos enteros (salvo contadas y muy señaladas excepciones) ya no llego, lo siento en el alma, no doy tanto de sí.

Hago esta introducción (que usted dirá que a ver qué demonios le importa) para curarme en salud ante el advenimiento de un nuevo Fin de Semana de las Estrellas, como viene sucediendo más o menos todos los años por estas fechas. Un acontecimiento cuya previa expectación (al menos en mi caso) sólo es comparable a la decepción que me provoca después. Si ya asumimos que la temporada regular es baloncesto de baja intensidad también habremos de asumir que el All Star no es ni tan siquiera eso: un poco de circo, si acaso envuelto en un ligero barniz de deporte no vayan a pensar. un evento lúdico-festivo cuyo principal valor es la promoción que proporciona a la NBA por todo el orbe pero que a aquellos que aún preferimos algo tan clásico como la mera disputa entre dos equipos por llevarse la victoria (por dios qué vulgaridad) nos va dejando más fríos cada año que pasa. Habré de reconocerlo, otros años sí lo recibía yo con expectativas que luego se veían sistemáticamente frustradas; este año en cambio no espero nada, pero lo que se dice nada, nada de nada, por lo que difícilmente podrá decepcionarme: quién sabe, a lo mejor esta negatividad previa es el primer paso para que me empiece a gustar.

Porque puedo prometer y prometo que intentaré verlo, que intentaré hacer un hueco en mi (supuesta) agenda para esas tres citas del fin de semana: para la del domingo por supuesto, con ese Pau que estará ahí por cuarta vez (y ya apenas le damos importancia, ya casi ni reparamos en ello, como si fuera algo de lo más normal, cuando aún deberíamos pellizcarnos cada vez que sucede) y que este año hasta debiera haber sido titular incluso. Pero también para las citas anteriores en las que habrá otro de los nuestros, aún no de derecho pero sí plenamente de hecho: el viernes Serge Ibaka retozará por el parquet del Staples con otros tantos yogurines (más bien yogurones) sedientos de gloria y el sábado se dará por fin el capricho, igual que en su día se dio el gusto de participar y ganar en el concurso de mates de la ACB ahora se dará el gusto de participar en el de la NBA; digo bien, de participar, a secas, porque ganar lo que se dice ganar no lo va a ganar. No es por ser aguafiestas, no es por tocar los cataplines, nada me gustaría más que equivocarme pero mucho me temo que no va a ser así; créanme, no lo va a ganar.

No lo va a ganar porque lo va a ganar Blake Griffin, la bestia parda de piel mestiza y pelo rojo salida de Oklahoma (Universidad de) para epatar al mundo desde la insospechada camiseta de los Clippers. Lo va a ganar Griffin porque probablemente sea el mejor, porque seguramente lo merezca pero también porque todo parece estar preparado y dispuesto para que así sea. De algún modo éste será el show de Griffin, no sólo el concurso de mates sino el fin de semana entero: hará triplete, tendrá tajo (es un decir) las tres noches, así al pronto no recuerdo yo otro caso semejante: con los yogurones el viernes, con los estrellones el domingo y con los volcadores el sábado; lo del viernes y el domingo no sé cómo le irá pero lo del sábado será su reino, el Griffin chou en todo su esplendor, Ibaka, DeRozan y McGee apenas serán (como dicen allí) supporting cast, meros actores secundarios a mayor gloria y prez del actor principal, todo el dispositivo mediático a su entera disposición para disparar (aún más) su fama por todo el orbe planetario. Lo veré, lo intentaré al menos, y si luego no es así aquí estaré para reconocerlo pero vamos, denlo por hecho: salvo que el susodicho Griffin haga una cagada de tal calibre que al jurado se le rompan los esquemas y no sepa para dónde tirar (cosa por otra parte sumamente improbable), mejor será que lo vayamos asumiendo, the winner is Blake Griffin, y el bueno de Ibaka que disfrute todo lo que pueda del momento porque otra cosa me parece que no le va a quedar.

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Publicado octubre 31, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

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