metáfora   Leave a comment

(publicado el 14 de febrero de 2011)

 

En el baloncesto, como en la vida, hay clase alta, clase media-alta, clase media, clase media-baja y clase baja. El baloncesto (como tantas otras cosas) es una metáfora de la vida, le afecta la crisis en la misma medida que a la vida. La crisis no hace desaparecer la separación entre clases, qué más quisiéramos, más bien todo lo contrario, más bien en cierto modo la acrecienta: agrandando el tamaño de algunas clases (tanto más cuanto más bajas) en detrimento de otras, sobre todo agrandando la brecha de separación entre unas clases y otras. La distancia entre la clase alta y las restantes, ya grande en cualquier tiempo, en este tiempo se vuelve casi descomunal. No, a las grandes fortunas no les afecta la crisis o en todo caso les afecta para bien, para enriquecerse aún más a costa del empobrecimiento de los demás. Los ricos también lloran (así se titulaba un culebrón televisivo de hace ya muchos años) pero debe ser de risa, y en todo caso sus lágrimas siempre son de mejor calidad. Así en el baloncesto como en la vida, la clase alta (Barça, Madrid) cada vez es más alta, la clase media-alta (Baskonia, Unicaja, Valencia…) cada vez es más media y menos alta, las demás clases bastante hacen con sobrevivir. La ACB, que durante tantos años evolucionó hacia la igualdad (igualdad en la mediocridad, decían algunos; pero a mí me gustaba), evoluciona ahora hacia un duopolio que es más bien monopolio, que los ricos podrán ser dos pero los triunfos casi siempre se los lleva el mismo. Llega la Copa y a algunos aún nos da por relamernos pensando en lo que fue siempre la Copa, así desde aquella primera edición (en este formato, me refiero) de 1984 en la que aquel CAI de los añorados Najnúdel y McGee se atrevió a desafiar al poder establecido, a subvertir el orden natural de los acontecimientos. La Copa, en formato de cuatro y aún más de ocho, nos mostró durante casi tres décadas que otro baloncesto (otra vida) era posible: conocimos campeones como el propio CAI, la Penya, el Estu, el (entonces) Pamesa o incluso el Manresa, conocimos finalistas como el Cáceres o el (aún entonces) Caja San Fernando, de algunos aún no hace mucho tiempo (ayer, como quien dice) pero hoy ya casi nos parece una eternidad. Hoy ya nadie desafía ningún poder ni subvierte ningún orden, hoy llevamos ya dos ediciones (2010 y 2011), catorce partidos (a razón de siete por año) sin que en ni uno solo de ellos haya ganado aquel a quien a priori no le correspondiera ganar. Aquello de la lucha de clases (en el baloncesto como en la vida) es ya hoy una entelequia, una reliquia, algunos dirán que un concepto obsoleto plenamente superado por el peso de la historia. Durante todos estos años, de alguna manera la Copa nos permitió creernos nuestra propia utopía; hoy en cambio bien sabemos que ya sólo nos queda la cruda realidad. La vida misma.

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Publicado octubre 31, 2012 por zaid en ACB, preHistoria

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