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(publicado el 18 de enero de 2011)

Hace mucho tiempo que le debo un post a don Porfirio Fisac. Se lo debo al menos desde hace quince meses, desde los albores de la temporada 2009/2010, cuando me tiré al barro y escribí, con el atrevimiento que sólo da la ignorancia, que aquel Blancos de Rueda me parecía con mucho el equipo más débil de la competición, que habría de ser carne de cañón sí o sí sin que nada ni nadie pudiera remediarlo… No hará falta que les recuerde que aquel Blancos de Rueda no sólo se salvó sino que ni siquiera pasó apuros, aún menos falta hará que les cuente que este año, con apenas algún retoque respecto al del pasado, no es ya que tampoco vaya a pasar apuros, no es ya que navegue en aguas tranquilas, no es ya que se haya metido brillantemente en la Copa sino que incluso se ha metido como cabeza de serie, habrase visto tamaño atrevimiento, un modesto entre los modestos osando invadir el coto cerrado tradicionalmente reservado a la creme de la creme. Vale, está bien, habré de reconocerlo, acaso la plantilla no fuera tan floja como yo pensaba en un principio, pero con todo y con eso a ver cuántos con tan pocos mimbres podrían hacer tan buen cesto. Que no le nombraran entrenador del año la temporada pasada ya fue una desagradable sorpresa, que no lo fuera este año (pase lo que pase de ahora en adelante) sería ya un verdadero escándalo.

Vemos al Blancos de Rueda Valladolid menos de lo que deberíamos, lo vemos mucho menos de lo que nos gustaría pero aún así resulta suficiente para encontrarnos a un equipo al que da gusto ver defender y sobre todo al que da gloria ver atacar, uno de esos raros conjuntos en los que todo parece tener sentido, en los que se aprecia de lejos la mano de un entrenador detrás. Un equipo de autor, como si dijéramos. Sí, nuestra percepción puede ser sesgada, no digo yo que no, pero a veces hay detalles que… ¿se han fijado ustedes, por un casual, en los tiempos muertos de este tío? Valgan sólo tres ejemplos, el primero de la temporada pasada, no recuerdo ya contra quién, la típica situación en la que ganas de uno o de dos a pocos segundos del final, el balón en manos del contrario, la típica duda de si la defiendes o si haces falta (en bonus) para asegurarte tener tú la última posesión… Tiempo muerto, y Fisac hizo algo que no creo haber visto hacer jamás a nadie, al menos en similares circunstancias: consultó con sus jugadores la decisión a tomar. ¿Qué os parece, chavales? La defendemos, ¿no?, yo creo que la defendemos, sí, vamos a defenderla… Está bien, consulta dirigida si así lo quieren, tampoco era el momento de que aquello se convirtiera en una asamblea; pero consulta al fin y al cabo. No les salió bien, al menos a corto plazo porque luego lo arreglaron en la prórroga, pero ahí quedó el detalle.

Todavía un tercer ejemplo, en el partido que jugaron (y ganaron) hace apenas una semana en Fuenlabrada. Hacia finales del segundo cuarto sus jugadores hicieron un parcial horrible, dilapidaron en un momento casi toda la ventaja que llevaban; a falta de apenas unos segundos Fisac pidió tiempo y lo primero que les dijo fue:no importa nada de lo ocurrido hasta ahora, importan sólo los veinte segundos que quedan por jugar; y seguidamente les diseñó la jugada a realizar en esos veinte segundos, sin más, sin pegar ni un solo grito, sin echar ni una sola bronca, sin cagarse en nadie, sin estampar la pizarra contra el parquet. A cuántos en similiares circunstancias no les vemos medio minuto con los ojos fuera de las órbitas, desencajados o cuando menos hirientes, poniendo el énfasis en lo que se ha hecho mal sin apenas tiempo para explicar lo que se debería hacer bien. Fisac, no me cabe la menor duda, luego en el vestuario les diría lo que les tuviera que decir, no necesariamente con bronca pero quizá sí con dureza, con convencimiento. Pero cada cosa tiene su momento y él entendió que aquel tiempo muerto no era ya momento de remover el pasado sino de centrarse exclusivamente en lo que quedaba por pasar.

Aspectos psicológicos si así lo quieren, que por sí solos no explican el buen juego ni los magníficos resultados de este Blancos de Rueda pero que ayudan a entender todo lo que hay detrás: un equipo compacto, trabajado, sin fisuras, el reflejo perfecto de la personalidad de su entrenador. Un tipo con apellido de arquitecto y nombre de líder (mexicano y de hace un siglo, pero líder al fin y al cabo) que acostumbramos a acortar, a suavizar en un apodo que más bien parece la voz de un niño pidiéndonos un favor, Porfi… Hay en él un poco o un mucho de todo ello, su parte de arquitecto y su parte de líder pero de líder que no ejerce desde la imposición sino desde el convencimiento, que no ordena y manda sino que pide, acaso precisamente por ello mucho más respetado, acaso tal vez por ello mucho más líder. Créanme, en esta ACB un tanto adocenada que nos ha tocado vivir, este Blancos de Rueda y este Porfi Fisac son de lo mejor que le ha pasado a nuestra competición en estos últimos tiempos; de esas pequeñas cosas que hacen que nuestro baloncesto todavía valga la pena. Que dure.

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Publicado octubre 31, 2012 por zaid en ACB, preHistoria

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