Archivo para noviembre 2012

el síndrome de Stobart   2 comments

Tengo un compañero de trabajo que tiene un amigo que a su vez es amigo de un jugador ACB. Pero no piense en un jugador del Estu, el Madrid o el Fuenla por aquello de que compartan vecindad con el que suscribe, no piense en un jugador destacado ni medianamente importante de la Liga, no, más bien prepárese para viajar a las profundidades abisales (y abismales) de nuestra competición. El jugador al que me refiero no le sonará de nada salvo que su conocimiento de la Liga sea enciclopédico o salvo que viva usted en las Baleares o en Galicia, el jugador al que me refiero juega (es un decir) en el Blu:sens Monbús, Obradoiro para los amigos, y responde al bello nombre de Micky Stobart. Que llamándose así creerá usted acaso que provenga de Alabama o Wisconsin pero no, nada más lejos de la realidad. Micky Stobart se llama en realidad Miguel Ángel García Stobart y nació hace 27 primaveras en Palma de Mallorca. Cuentan las crónicas (su ficha ACB, más bien) que su puesto es el de pívot, que mide 2,05, que se formó en las categorías inferiores del Barça y que en su trayecto se ha recorrido prácticamente todos los niveles de nuestro baloncesto, desde Mollerussa (EBA) a Mallorca (LEB) pasando en su camino por lugares como Igualada, Valls o Alaior. Y que finalmente en esta temporada 2012/2013, como el lógico y merecido premio a su larga y dilatada trayectoria, pareció haberle llegado por fin la gran oportunidad de la ACB… o algo así.

Cada lunes por la mañana mi compañero de trabajo, consciente de mi filiación baloncestera, se acerca a mi mesa y me dice anda, mira a ver lo que ha hecho ayer el amigo de mi amigo. Cada lunes por la mañana entro con él en Internet a ver los números del tal Stobart, empeño vano e infructuoso donde los haya porque su planilla carece casi por completo de números. De las nueve jornadas que se llevan disputadas Stobart ha jugado sólo en dos, a razón de dos minutos y un día y uno el otro lo que hace un total de tres, lo cual a su vez nos da un promedio de minuto y medio por partido (por partido que juega, entiéndase). En esos tres minutos le ha dado tiempo a tirar tres veces a canasta con nulo éxito, y dado que tampoco ha lanzado tiros libres no le resultará difícil colegir que hasta ahora lleva la friolera de cero puntos anotados. Puede al menos presumir de haber atrapado un rebote (ofensivo) y puede también lamentarse de que le hayan puesto un tapón. Y ya está, ni un solo dígito más. Si usted en un arrebato de cariño decidiera fichar a Micky Stobart para el Supermanager, sepa que la criatura le costaría a día de hoy 76.220 presuntos euros (o como llamen al dinero virtual que ahí se utiliza). No hay en todo el juego un solo pívot más barato que Micky Stobart.

Y cada lunes, tras la rutinaria comprobación, viene la no menos rutinaria lamentación: si al final va a ser lo que dice mi amigo, que a éste le han fichado sólo para cubrir cupo… Pues sí, témome que no anda precisamente desencaminado el susodicho amigo, Stobart es un caso más de cubrecupos, si quieren un caso extremo pero no un caso aislado, en absoluto, repasen las plantillas ACB y encontrarán unos cuantos apellidos más o menos ilustres, más o menos anónimos (y en la mayoría de los casos bastante más jóvenes) de jugadores que andan padeciendo (alguno hasta diría disfrutando) en estos días este mismo síndrome de Stobart: sin ir más lejos en el propio Obradoiro encontrarán otro cuyo nombre les resultará mucho más familiar, Jorge Sanz también cayendo peligrosamente en el anonimato, a este paso acabaremos preguntándonos como en aquella serie del Plus qué fue de Jorge Sanz; y no, esta vez no se tratará del actor. Y quien dice Obradoiro dice cualquier otro, quien dice Jorge Sanz dice Samb, Servera, Alvarado, Marín, Calbarro, Olaizola, Domínguez, Motos, Izquierdo, Edu Ruiz, Adrián García… y sí, incluso Abrines. ¡¡¡Abrines!!!

¿A dónde quiero llegar a parar? Llevo años pensando que la ABP, siglas (entiendo que) de la Asociación de Baloncestistas Profesionales, debería en realidad llamarse ABEP, Asociación de Baloncestistas Españoles Profesionales. Llevo años sin entender que una organización gremial que dice representar a todo un colectivo (hace apenas unos días se lo volvíamos a escuchar a José Luis Llorente en Tirando a Fallar) sólo represente en realidad a una parte de ese colectivo. Llevo años y más años comprobando que el principal (por no decir el único) caballo de batalla de esta Asociación es la adopción de medidas proteccionistas para defender al jugador nacional ante la supuesta amenaza fantasma proveniente del exterior. Me he preguntado muchas veces en todos estos años qué habría pasado en este país si a Comisiones o UGT les hubiera dado por pedir algo similar en (por ejemplo) el sector de la construcción, exigir medidas para que se garantizara en cada obra un cupo de obreros españoles en detrimento de los obreros ecuatorianos, rumanos o centroafricanos pongamos por caso, convocar incluso huelgas si no se cumpliera dicha exigencia… Pues habría pasado que se habría liado la de dios es cristo, y evidentemente con toda la razón del mundo. Y sin embargo la ABP lleva años y más años planteando esta misma política y presentando estas mismas exigencias sin que a nadie parezca importarle demasiado, mirando (casi) todos hacia otro lado porque en este caso se trataría de salvaguardar la supervivencia del jugador nacional como si éste fuese una especie a extinguir. Que está muy bien, no digo yo que no, que soy el primero al que le encantaría ver nuestras plantillas repletas de jugadores de la casa (pero no a cualquier precio), pero que si me pongo en el lugar de un jugador ACB nacido en Cincinnati, Pernambuco, Antananarivo o Sebastopol, pues como que en caso de conflicto con mi club no me sentiría yo muy respaldado por un sindicato al que sé que jamás le mereceré la misma consideración que si hubiera nacido en Soria.

La ABP todavía no ha entendido esa famosa frase de que no se le pueden poner puertas al campo, es un tópico pero es bien cierto, el campo es muy grande, por muchas puertas que le pongas siempre encontrarás un resquicio por el que entrar o salir aún por largo que sea el rodeo que tengas que dar para encontrarlo. Los clubes ACB sí que la han entendido, ya lo creo que la han entendido, lo de encontrar resquicios se les da como hongos (por qué se dirá esto), de hecho llevan media vida haciéndolo. El que hace la ley hace la trampa, póngame usted la excepción de los cupos de formación y ya me encargaré yo de llenarla de contenido aunque para ello tenga que fichar a las criaturas cuando aún no se han destetado ni quitado siquiera el chupete. Hoy la mera contemplación de las promociones de júniors, juveniles y hasta cadetes en nuestros equipos más emblemáticos nos muestra un crisol de nacionalidades que para sí lo quisiera la torre aquella de Babel. Si esto era lo que querían evitar estarán de acuerdo conmigo en que les ha salido como el culo, discúlpenme la expresión.

Pero es que además, y como diría un jurista, niego la mayor (que no sé muy bien qué significa, pero queda bien). No es verdad que gracias a este sistema jueguen más españoles en la ACB. Sí es verdad, cómo no habría de serlo, que gracias a este sistema hay más españoles en la ACB, a la fuerza ahorcan; pero que jueguen ya es otro cantar. Jugar, lo que se dice jugar, juegan básicamente los que jugarían aunque no hubiera cupos, salvo alguna excepción puntual que no hace sino confirmar la regla. ¿El resto? Repasen ustedes las plantillas y constatarán el elevado porcentaje de jugadores nacionales en los últimos puestos de la rotación (o fuera de la rotación, directamente). Que me dirán que siempre ha habido titulares y suplentes, que en todo equipo que se precie conviven los importantes, los del montón y los directamente marginales, ya lo sé, siempre ha sido así y así va a seguir siendo, y hasta puedo entender que en esas últimas categorías haya más jugadores de aquí por tratarse de equipos de aquí; pero lo que ya no me encaja es que esto acabe siendo así casi por imperativo legal. Hemos renunciado a un modelo en el que se privilegia jugar (donde sea, en el país que sea, en la competición que sea) para sustituirlo por uno en el que se privilegia estar. Lo cual puede ser hasta un premio (relativamente) para jugadores como Stobart, pero es una putada (aunque ellos no siempre lo vean así) para todos esos chavales que andan padeciendo el síndrome de Stobart. Jóvenes que en lugar de estar partiéndose la cara en LEB o incluso en EBA, o en la liga francesa o en la portuguesa, están pelándose plácidamente el culo en el fondo de un banquillo ACB. Y luego bien que nos echaremos las manos a la cabeza con todas esas promesas que un día fueron y que sin embargo acabaron quedándosenos en el camino porque sus equipos no les dieron minutos, vaya por dios. Créanme, para este viaje no hacían falta alforjas.

Qué quieren que les diga, probablemente les pareceré un ingenuo (y probablemente lo sea) pero yo abogaría por la desregulación total. Primero porque los aficionados de a pie nos volvemos locos (si no lo estamos ya) con todo este maremágnum, porque llegados a este punto ya no sabemos lo que es cupo y lo que dejo de escupir, ahora quíteme allá este Norel, ahora póngame acá este Satoranski, por dios santo, por dios bendito. Y segundo porque si el remedio ha resultado ser peor que la enfermedad pues quizás haya llegado el momento de dejar que la enfermedad se desarrolle sola a ver por dónde respira, a ver si en verdad es tan grave como parece ser. No faltarán los agoreros que pronosticarán el fin del mundo (pero ese también nos lo pronostican ahora, aún con cupos), que entreverán una ACB sin un solo jugador nacional, la muerte definitiva de nuestro baloncesto, el acabose. Pues vale, pero déjenme que les diga que aún hoy, aunque haya una serie de equipos a los que les cuesta cumplir con los cupos, hay también unos cuantos que sobrepasan con creces esos cupos; y qué casualidad, resulta que a estos últimos es casi a los que mejor les va. Liberalicen el mercado, o bien mantengan si lo así lo quieren el límite de dos extracomunitarios (y extracotonús) pero liberalicen por completo todo lo demás, pura normativa europea sin artificios ni componendas ni colorantes ni conservantes; y no les niego que habrá equipos hechos sólo a base de extranjeros (pero en el pecado llevarán la penitencia: en seguimiento, en fidelidad de sus aficionados, en cohesión grupal al ser cada uno de su padre y de su madre), pero también seguirá habiendo equipos hechos mayoritariamente de españoles, que no sé si ganarán más pero sí serán seguro mucho más felices. Y que cada cual juegue (repito, juegue, no esté) donde lo merezca y no donde la normativa le sitúe; y quien pueda abrirse paso en ACB que se lo abra, y quien no pues que asuma que a veces puede ser hasta saludable tener que salir por ahí a buscarse la vida, que un buen paso atrás ahora pueden ser dos adelante después. Que algunos que hoy juegan en NBA en su día se curtieron en LEB y no parece que se les cayeran los anillos por ello, más bien al contrario, más bien pensaron que aquello era mucho mejor para su carrera que limitarse a estar mirando la ACB desde un banquillo. Ojalá todos, jugadores y (sobre todo) no jugadores, lo tuvieran hoy igual de claro.

los Búfalos de Charleston   4 comments

Pues sí, la vida sigue igual aunque el blog sea distinto, sus peores temores se han hecho realidad, aquí también seguiré hablando de baloncesto universitario cada vez que me pete, si prefiere huir no seré yo quien se lo reproche pero quién sabe, si elige quedarse lo mismo encuentra algo que le pueda interesar. Seguiré hablando de baloncesto universitario, lo cual significa que seguiré hablando de grandes universidades que aspiren a todo y de jóvenes jugadores con pinta de ir a comerse el mundo pero también, a veces, de universidades más o menos del montón con jugadores más o menos del montón, pero que alguna vez consiguen cautivarme lo suficiente como para que les dedique unas cuantas líneas. Hoy es una de esas veces.

La Universidad de Colorado, también conocida como los Buffaloes (no creo que haga falta que se lo traduzca) o simplemente los Buffs (esto ya cuando hay confianza), consiguió cautivarme hace casi dos años. No es que aspiraran al título, de hecho ni siquiera consiguieron meterse en el Torneo Final (el Comité de Selección les dejó fuera en el último momento, para mí muy injustamente) pero hicieron una magnífica temporada para lo que cabía esperar de un College que nunca había marcado tendencia en baloncesto y que llevaba ya demasiados años viviendo de las rentas de Chauncy Billups. Era la 2010/2011, era el primer año de un técnico serio y solvente como Tad Boyle y era el último de un jugador que te entraba por los ojos, un maravilloso anotador llamado Alec Burks que a día de hoy ahí sigue intentando abrirse hueco en la espesa rotación de los Jazz. A su alrededor había muy poquito, aunque ya emergía desde el banquillo un freshman de buenísima pinta e impecable trabajo reboteador llamado Andre Roberson, ya se veía que sería el quien habría de recoger el relevo en años posteriores. Pero que aún con él las cosas habrían de ser mucho más difíciles estaba claro. Y sin embargo…

Y sin embargo en la siguiente temporada 2011/2012 sucedió exactamente lo contrario de lo que había sucedido en la anterior. La temporada regular fue floja, tanto más si tenemos en cuenta que los Buffaloes habían cambiado de conferencia pasando de la poderosa Big12 a la venida a menos Pac12. Y sin embargo llegó marzo, llegó el Torneo de su Conferencia y contra todo pronóstico empezaron a ganar: Utah, Oregon, California, Arizona… Fue como si el destino les hubiera querido devolver en 2012 lo que les quitó en 2011, cuando quisieron darse cuenta eran campeones de la Pac12 y tenían lo que jamás habrían imaginado que tendrían, una plaza en el Torneo Final ganada esta vez de manera automática, sin necesidad de invitaciones de ninguna clase. Podrían haberse conformado con eso pero ya que estaban allí decidieron liarla cargándose contra todo pronóstico en segunda ronda a Nevada-Las Vegas. Ya Baylor en tercera ronda fue demasiado, ya fueron palabras mayores pero eso sí, que les quiten lo bailado en el Gran Baile.

Y así llegamos a la temporada 2012/2013. Afortunadamente Andre Roberson desoyó los cantos de sirena procedentes del draft NBA (para el que no creo que estuviera aún preparado, ni de lejos) y se quedó en Boulder. Se quedó bastante solo, suele pasar, pero lo que le trajeron para este año tampoco es que empeore lo que tenía antes, más bien al contrario: empezando por su nuevo socio para el juego interior, Josh Scott, un freshman que ya desde la primera vez que le ves te transmite la sensación de que no será nunca el más grande ni el más fuerte pero que sí tiene sobrada calidad y (sobre todo) actitud para jugar a esto. Pero vamos, que tampoco exageremos poniendo por las nubes al uno o al otro porque Colorado es sobre todo un equipo coral: probablemente sólo tres de sus jugadores logren ganarse holgadamente la vida con este juego, pero todos ellos conocen muy bien su papel y cumplen más que sobradamente con su cometido: por fuera encontraremos a un base como Dinwiddie, más bien tirando a discreto pero que les hace un apaño, y a su lado a un peculiar sujeto llamado Askia Booker, el jugón del equipo, un tirador muy solvente con la agradable cualidad además de que no necesita esperar a que se la pongan sino que sabe ponérsela solo, se fabrica perfectamente sus propios tiros tras dribling. El quinteto titular lo completa el que vendría a ser su especialista defensivo, Sabatino Chen (nada menos), que contra todo pronóstico no es italiano ni aún menos chino sino de ese mismo Estado de Colorado. Añadamos que del banquillo emerge como sexto hombre otro freshman que a mí particularmente me gusta bastante (y que tendrá rango de titular más pronto que tarde), Xavier Johnson; que emerge también el rocoso (y apenas nada más) Shane Harris-Tunks… Y ya casi está, los demás parecen ser poco más que meros actores de reparto para papeles muy muy limitados.

Y con este escaso pero apañado repertorio se nos fueron a estrenarse a una ciudad con nombre de baile (muy apropiado), Charleston, Carolina del Sur, sede de uno de esos múltiples torneos apellidados Tip Off que sirven (como su propio nombre indica) para dar el pistoletazo de salida a la temporada. Se impusieron de entrada a los Flyers de Dayton y justo a continuación descubrieron que el calendario les tenía reservada una sorpresa: Baylor, la imponente Baylor aspirante a casi todo, la mismísima (o casi) Baylor que les había echado del Torneo Final ocho meses antes. Cualquiera en su sano juicio hubiera pronosticado que se repetiría la historia pero hete aquí que los Buffaloes tenían otros planes: Roberson y Scott desbordaron a los imponentes Jefferson y Austin (dos tipos que más pronto que tarde darán mucho que hablar, sobre todo el segundo) mientras que sus exteriores maniataron y dejaron en nada al efervecente base Pierre Jackson, ese mismo que el día anterior se había salido literalmente ante Boston College. Cuando los Bears quisieron darse cuenta ya no sabían cómo salir de aquel enredo, ya no tenían absolutamente nada que hacer. Por esta vez los búfalos se zamparon a los osos, quién habría podido siquiera imaginarlo.

Quedaba aún por escribir la final ante otro equipo insospechado, esa Murray State que el pasado año permaneció invicta hasta más allá de lo imaginable, el sorprendente reino del no menos sorprendente base Isaiah Canaan. Partido competido donde los haya, a ocho minutos para el final aún ganaba Murray St. de cuatro y justo entonces se me murió la descarga, qué le vamos a hacer, gajes del oficio de la clandestinidad internáutica. Pero las crónicas, tan socorridas ellas, nos contarán que finalmente ganó Colorado incluso con cierta holgura, 81-74 con 23 puntazos de Askia Booker, la criatura. Es decir, los Buffs retornaron de Charleston a Boulder con un flamante trofeo en su zurrón y dejándonos por el camino una agradable sensación de equipo serio y sólido. Que no serán favoritos para nada, ni para la Pac12 siquiera, que ese papel se quedará para los flamantes Bruins de Shabazz Muhammad y Kyle Anderson… Pero que yo no les descartaría para nada, tampoco. A ver, no les veo en Final Four ni de lejos, ni en Elite Eight ni en Sweet Sixteen, no nos volvamos locos; pero el camino de noviembre a abril es suficientemente largo como para dar más de un disgusto, o más bien para dar a esas buenas gentes del campus de Boulder unas cuantas alegrías. Al tiempo.

Scalabrine Time   Leave a comment

Probablemente se estarán ustedes preguntando (que son ustedes muy de preguntarse cosas) de dónde habrá salido esa foto que se les aparece ante sus ojos cada vez que cometen la imprudencia de entrar en este blog. O puede que en vez de preguntárselo hayan acercado ustedes sus pupilas a la pantalla (me consta que alguno ya lo ha hecho), hayan guiñado los ojos y hayan comprobado (no sin dificultades) que ahí abajo junto a la línea de fondo pueden leerse dos palabras, Southern California. Efectivamente, premio para el caballero (o para la señora, si la hubiere), se trata del Galen Center, cancha en la que acostumbra a jugar sus partidos (buena parte de ellos, al menos) la susodicha Universidad del Sur de California, USC para los amigos, los Trojans ya para los íntimos.

Ahora bien, como son ustedes muy de preguntarse cosas, es posible que también se estén preguntando por qué demonios habré elegido para ilustrar mi zaid Arena precisamente esa arena y no cualquier otra. Buena pregunta. No les voy a engañar (cómo podría…), elegí esa foto básicamente por motivos técnicos, porque así en un primer vistazo no encontré ninguna otra que se adecuara mejor a mis necesidades, así en cuanto a calidad como a estética o a adaptabilidad respecto al tamaño del marco que estos señores de WordPress tienen a bien poner amablemente a mi disposición (y en cualquier caso no se trata de una elección definitiva porque no habrá elecciones definitivas, porque mi idea es que el look se vaya renovando cada cierto tiempo). Pero tampoco les voy a negar que, más allá de motivos técnicos, esta Universidad de Southern California siempre me cayó bien. Es decir, no diré que es mi equipo porque ese honor (en lo que a baloncesto universitario se refiere) se lo tengo reservado a Syracuse, pero sí vendría a formar parte de un selecto y recogido elenco de universidades que me gustan, que me caen mucho mejor que la media y que querré que ganen siempre salvo cuando les toque jugar contra Syracuse: Temple, Creighton, Missouri, Indiana, Colorado, Oregon… y sí, también USC.

Claro que ahora se estarán ustedes preguntando (hay que ver, no paran) de dónde vienen esas simpatías mías por USC. Pues vienen de hace ya más de una década, de tiempos muy anteriores a O.J. Mayo, de tiempos incluso anteriores a Taj Gibson (que ya me gustaba mucho por aquel entonces) y Nick Young. Vienen de un equipo de Southern California que causó sensación a comienzos del presente milenio, llegando a Final Regional y dejando por el camino una estela de excelente baloncesto. El entrenador de aquel equipo era Henry Bibby, el padre de Mike, a día de hoy asistente de Hollins en los Grizzlies. La estrella de aquel equipo era Sam Clancy, poderoso jugador interior que probablemente habría llegado a la NBA de no haberle faltado algún centímetro y que como no creció lo suficiente se vio abocado a peregrinar por otras tierras, mismamente por ésta (Valladolid, Menorca, sin demasiado éxito en ninguno de los dos casos) pero también por Rusia, Israel o Argentina, sobre todo Argentina. El jugón de aquel equipo era un prodigioso saltimbanqui cuyo arrebatado estilo parecía corresponderse perfectamente con las dos primeras sílabas de su apellido a la francesa, Jeff Trepagnier. El alero era un tipo discreto y buen tirador del que jamás se nos hubiera ocurrido imaginar la gran carrera internacional que acabaría haciendo, David Bluthenthal, entonces aún no era israelí (aunque a la vista de su apellido no era difícil suponer que acabaría siéndolo) ni se había recortado aún el nombre para dejárselo en Blu. El base he tenido que buscarlo porque no recordaba cómo se llamaba, Brandon Granville, el típico director de juego enloquecido y tan sobrado de talento como escaso de criterio, de esos que casi siempre acaban siendo más un problema que una solución. Y por último (pero no por ello menos importante, más bien al contrario), el quinto miembro de aquel quinteto era un presunto (muy presunto) pívot, cuyo nombre ya habrán deducido a poco que recuerden el título de este post…

Los narradores pluseros de aquellos veranos (entonces la NCAA sólo se nos aparecía en verano, aunque se hubiera jugado en realidad cinco meses antes) acostumbraban a pronunciárnoslo a la inglesa, algo así como Escálabrain, aún habría de pasar un tiempo para que Daimiel y Montes nos rompieran los esquemas pronunciándolo a la italiana, Escalabrini. Dos pronunciaciones diferentes y un solo jugador verdadero… que parece como si en realidad hubieran sido dos jugadores, también. O dicho de otra manera, mis lejanos recuerdos de aquel que llamábamos Escálabrain nada tienen que ver con mis cercanos recuerdos de aquel a quien aún hoy llamamos Escalabrini. El Brian Scalabrine que yo conocí en aquellos Trojans era un pedazo de jugador (espere, no me insulte aún, no me ponga esa cara, concédame al menos el beneficio de la duda). Atípico, no se lo voy a negar, pero pedazo de jugador al fin y al cabo. Un cuerpo extraño, desgarbado y pelirrojo, que no se restregaba mucho por dentro pero que (por extraño que hoy les pueda parecer) era quien verdaderamente dirigía al equipo desde fuera (desde fuera de la zona, me refiero). Pensarán que he enloquecido (y tal vez tengan razón) pero puedo asegurarles que Scalabrine era la verdadera cabeza pensante de aquel equipo, la única alternativa verdaderamente válida a la jaula de grillos que tenía por cerebro el tal Granville. La imagen que se me quedó grabada, la que más se me viene a la memoria de aquel Scalabrine original es verle distribuyendo el balón una y otra vez en la cabeza de la bombilla cual si de un Pinone cualquiera (aunque suene a herejía) se tratara, puro poste repetidor organizando el juego desde su atalaya. Recuerdo que pensé entonces que un tipo así tendría muy difícil encaje en la NBA, por una mera cuestión de músculo, pero que podría ganarse muy bien la vida y hasta marcar una época en el baloncesto europeo (otra vez a la manera de Pinone), por una mera cuestión de inteligencia. Hoy sigo pensándolo, aunque todo haya sucedido justo al contrario de lo que pensé.

A veces en la vida tienes que escoger entre ser cabeza de ratón o cola de león, como si dijéramos. Entre ser un jugador importante en una liga menor (para los americanos -de USA- toda liga profesional que no se llame NBA es una liga menor) o ser un mero calientabanquillos en la mejor liga del mundo. No pretendo juzgarle, líbreme el cielo, primero porque no soy quién para juzgar a nadie y segundo porque en realidad no sé qué clase de ofertas tuvo de Europa, si es que las tuvo. Ahora podría venir yo muy digno y decir que cuánto mejor que me pagaran por trabajar en Turquía a que me pagaran por no dar un palo al agua en Massachussets, podría decirlo y sonaría de lo más profesional y me quedaría tan ancho, aunque a decir verdad no sé si estaría siendo muy sincero con semejante afirmación. Muchos norteamericanos se ganan la vida en Europa por no tener ofertas de USA, o porque las ofertas que tienen de Europa superan con creces a las que puedan tener de USA. No parece que ese fuera nunca el caso de Scalabrine, a él nunca le faltaron las ofertas, a las pruebas me remito. Dije en el párrafo anterior (y ustedes me pusieron cara rara, no me lo nieguen) que en sus años mozos era un jugador extremadamente inteligente. Hoy parece evidente que fuera de la cancha lo fue también durante toda su carrera. Pocos jugadores habrán optimizado más sus ingresos, pocos habrán obtenido tanto beneficio por tan poco esfuerzo, muy pocos deportistas profesionales tendrán un ratio dinero ganado/minutos efectivamente disputados superior al suyo, ríase usted de aquel Jim McIlvaine. Que se lo ha llevado muerto, pues sí, qué duda cabe, pero eso en ningún caso será culpa suya, de ser culpa de alguien lo será de quien se lo pagó.

Eso sí, reconoceremos que él aceptó gustoso un papel que a algunos desde la distancia nos produce un poco de vergüenza ajena, el de mascota virtual. Es un papel que suele darse en algunas franquicias NBA, que tienen mascotas reales (todo lo real que pueda ser un muñeco) pero que a veces tienen también mascotas virtuales: dícese de aquellos jugadores generalmente blancos, grandes, poco agraciados físicamente y con pinta de no estar muy dotados para este juego, y que por lo general ocupan el fondo del banquillo y sólo juegan los minutos de la basura en el mejor de los casos. En Europa ese papel suele estar reservado a jóvenes promesas y cubrecupos varios (esa sería otra historia, que deberá ser contada en otra ocasión) pero en USA no necesariamente, en USA puede serlo cualquiera aunque tenga ya treintaitantos años, basta con que cumpla las condiciones anteriormente descritas, recuerden por ejemplo a aquel Pat Burke que tuvo cierto éxito en Baskonia y Madrid, cómo ejerció después de mascota virtual en Phoenix: saltaba a la cancha con el partido resuelto y era como si de repente aquello dejara de ser baloncesto para convertirse en circo, el numerito de la risa, el bombero torero y sus enanitos rejoneadores, algo así: la gente (la poca que aún quedaba) entraba en trance, dásela, dásela, aún no había hecho nada con ella y ya se le descojonaban, tira, tira, si la metía montaban una fiesta, si la fallaba la montaban más todavía, si tenía la mala suerte de que le saliera un airball ya era casi un orgasmo general. Scalabrine tuvo al menos una ventaja sobre Burke y sobre tantos otros como Burke, él casi siempre la metía. Y además supo siempre adaptarse perfectamente a esa situación, asumir con dignidad el papel de White Mamba, no mostrarse jamás incómodo sino integrarse perfectamente como una parte más (la más fundamental, de hecho) del chou. Inteligencia, ya se lo dije.

Hace algunos meses anunció públicamente su retirada y no hará falta que les recuerde que dicha noticia provocó de inmediato toda clase de risas y chanzas en Internet, hay que ver, qué terrible pérdida para la Liga, la NBA ya nunca volverá a ser lo mismo, cosas así; y no digamos ya cuando pocas semanas después anunció (o acaso lo soñé) que declinaba la generosa oferta de los Bulls para entrar a formar parte de su staff técnico porque su verdadera intención era emprender una (esperemos) brillante carrera como analista baloncestero televisivo. Más chanzas y más risas, quizá ignorando que él, precisamente por su bien amueblada cabeza y (sobre todo) por su privilegiada posición en primera fila durante todos estos años, puede que sea de las personas más indicadas para desempeñar esa función. Nadie vio tanto baloncesto tan de cerca, nadie conoce mejor que él la perspectiva desde el banquillo porque nadie chupó más banquillo. Nadie en estos últimos años encarna mejor ese mítico concepto yanqui del agitatoallas que Brian Scalabrine.

Y si no, que se lo pregunten (por ejemplo) a Rasheed Wallace, que hace algunas semanas fue rescatado de su retiro por los Knicks para integrarlo en el geriátrico que han montado en el Madison (y que tan bien les está funcionando, por cierto); y que cuando fue interpelado por los periodistas neoyorquinos sobre cuál habría de ser su papel en la franquicia, dijo abiertamente que él no tendría ningún reparo en asumir el rol de Scalabrine. Es más, añadió con esa impagable lengua que tantos disgustos le ha dado, ¡voy a ser el Scalabrine de los Knicks! (o eso creía él, porque a día de hoy está jugando bastantes más minutos de los que esperaba). Es decir, de alguna manera Scalabrine ha dejado de ser un jugador para convertirse en un símbolo, a este paso llegará el día en que a los minutos de la basura ya no los llamen garbage time sino Scalabrine Time. Reconozcámoslo, Scalabrine pasará a la historia como Escalabrini pero a algunos (muy pocos, lo reconozco) siempre nos quedará Escálabrain. Un poco como el recuerdo de lo que pudo haber sido y no fue, o no quiso (no necesitó) ser.

Kuala Lumpur   1 comment

Pues nada, que andaban últimamente los mandamases y demás prebostes de la FIBA un tanto lánguidos, mohínos, contritos incluso, desmoronados en sus sofás mirando la vida pasar sin que la vida les hiciera el menor caso, que en verano bien que nos acordamos todos de ellos (y de sus familiares, a veces) pero de octubre a junio la FIBA como si no existiera, ni puñetera falta que nos hace. Pues eso, que ahí estaban estas pobres criaturas sumidas en la desidia y el desaliento hasta que uno de ellos, acaso un poco más aburrido que los demás, tuvo de repente una idea luminosa: Reunámonos. ¿Reunirnos?, exclamaron todos los demás al unísono, pero si estamos todo el día aquí metidos mirándonos las caras los unos a los otros, para poder reunirnos tendríamos que desreunirnos primeroNoooo, no se trata de eso, volvió a tomar la palabra el aburrido en cuestión, no se trata de una de nuestras reuniones rutinarias sino de una reunión extraordinaria, salir de una vez por todas de entre estas cuatro paredes para tomarle el pulso a la realidad, para recuperar el contacto con la actualidad que nos circunda, para volver a vivir y sentir el baloncesto al más alto nivel

Y dicho y hecho, y puestos a salir de su sede de Munich bien podrían haberse reunido en Móstoles, Socuéllamos o Navalmoral de la Mata pero ellos prefirieron hacerlo en Kuala Lumpur, la mera enunciación de ese nombre ya conlleva resonancias míticas, Kuala Lumpur, pruebe a decirlo en voz alta, deléitese en su pronunciación y sólo con eso ya le parecerá estar viajando por lugares exóticos, Kuala Lumpur, capital de Malasia, país de honda raigambre baloncestera donde los haya, tan honda es que por mucho que profundices no logras encontrarla pero por ahí debe estar, seguro. Claro está, una vez que estaban en Kuala Lumpur los prebostes y demás mandamases de la FIBA bien pudieran haberse dedicado a recorrer las maravillas arqueológicas y arquitectónicas de aquel lugar ignoto; o bien, si eso no les pone, bien pudieran haberse dedicado a presenciar partidos y más partidos de baloncesto de la incomparable Liga Malaya… Pues ni lo uno ni lo otro: ya que estaban allí, decidieron que el mundo entero debía enterarse de que estaban allí; a ver qué va a ser eso de que ellos se vayan a reunirse al culo del mundo (dicho sea con todos los respetos) y en cambio el planeta entero permanezca sumido en la ignorancia. Y ya puestos, decidieron también recuperar la vieja filosofía que ha presidido el funcionamiento de tan magna Organización desde tiempo inmemorial: el porculismo. Démosles (que hace mucho que no les damos) un cambio normativo, y ya que nos ponemos hagámoslo además con premeditación, alevosía y nocturnidad, sobre todo nocturnidad, aprovechémonos de que estamos en extremo oriente y llevamos la hora cambiada, justo ahora en Occidente estarán durmiendo, con lo felices que se habrán acostado el sábado y verás tú qué cara de gilipollas se les queda cuando se levanten el domingo, hay que ver, qué traviesos somos, como en los buenos tiempos

Les supongo al cabo de la calle de la travesura en cuestión, pero si así no fuera no se preocupen que aquí estoy yo para ponerles sucintamente al corriente (copiopego a tal efecto la nota de agencia que ayer publicó casi todo dios): La FIBA aprobó hoy en Kuala Lumpur una modificación de los calendarios, que entrarán en vigor en 2017, y que tienen como principal novedad la disputa de partidos de clasificación para la Copa del Mundo o los distintos campeonatos continentales en plena temporada. Además, después de la Copa del Mundo de 2014 que se disputará en España, el torneo pasará a disputarse en 2019, en lugar de en 2018, y a partir de ese año cada cuatro, con un total de 32 equipos en competición. La clasificación para la Copa del Mundo se efectuará en el transcurso de los dos años anteriores y constará de seis ventanas que serán en noviembre (2017), febrero, junio, septiembre, noviembre (2018) y febrero (2019). (…) A partir de 2017, los campeonatos continentales se llevarán a cabo cada cuatro años (2017, 2021, 2025) con un sistema similar de clasificación como para la Copa del Mundo. Las fases de clasificación se adaptarán en sus fechas teniendo en cuenta los años olímpicos. La clasificación para los Juegos Olímpicos de 2020 será a través de la Copa Mundial de la FIBA de 2019 y cuatro Torneos Olímpicos que se celebrarán en cuatro zonas. Según la FIBA, la modificación del sistema actual “es esencial para estimular aún más el crecimiento mundial de baloncesto, aumentar su visibilidad en todo el mundo y desarrollar aún más las federaciones nacionales”. Respecto al nuevo formato, la FIBA asegura que los partidos a ida y vuelta “permitirán a los aficionados de los 140 países”, que forman parte de la organización, “ver a sus equipos nacionales”. “El baloncesto tiene que ampliar su alcance y generar un estímulo nuevo y dinámico para su crecimiento. Esto sólo puede suceder si cada país crece y juega regularmente frente a sus propios aficionados”, dijo en Malasia Yvan Mainini, presidente de la FIBA.

Ya dijo Murphy (y si no lo dijo debería haberlo dicho) que cualquier cosa, por muy mal que esté, siempre es susceptible de empeorar. La organización del baloncesto a nivel internacional dista mucho de ser perfecta, qué más quisiéramos, pero al menos mantenía lo que podríamos llamar una imperfección controlada; repite un mismo esquema desde hace años, un esquema que a mí particularmente no me entusiasma, que me parece manifiestamente mejorable pero que a fuerza de repetirlo año tras año ya forma parte de nuestras vidas, ya estamos todos acostumbrados a él: en agosto y/o septiembre selecciones, de octubre a mayo/junio competiciones de clubes (así nacionales como internacionales, solapándose entre sí), en julio vacaciones y competiciones de formación… Podría ser mejor, qué duda cabe, podrían no solaparse unas competiciones con otras, podrían repartirse el calendario de manera mucho más razonable, hasta aquí la liga doméstica y a partir de aquí la continental (o viceversa), sin interrupciones, sin que tuvieran que andar pisándose necesariamente el terreno la una a la otra… Podría ser mejor, pero hoy, gracias a FIBA, sabemos que también podría ser (que va a ser, de hecho) mucho peor.

Lo peor ya no es que se lleven el Mundial del 2018 al 2019 y a partir de ahí de nuevo cada cuatro años (impares preolímpicos), eso creo que podremos superarlo sin demasiado esfuerzo. Ni siquiera es lo peor que el Eurobasket a partir de 2017 vaya a celebrarse también cada cuatro años (impares postolímpicos), si bien reconozco que es ésta una modificación que me toca sobremanera las pelotas porque llevo viéndolos cada dos años toda mi vida (y miren que llevo vida) y me va a costar mucho acostumbrarme. No, lo peor de lo peor, lo que verdaderamente me pone de los hígados (ya lo habrán deducido) es esa luminosa idea de abrir ventanas en el calendario otoñal e invernal para incrustar las competiciones de selección en lo que hasta ahora venía siendo territorio exclusivo de los clubes. Que esto de abrir ventanas suena muy bonito, no digo yo que no, pero deberían abrirlas con sumo cuidado porque este edificio del baloncesto es en realidad mucho más frágil de lo que parece; no vaya a ser que el día menos pensando acaben agujereando el muro de carga y cuando quieran darse cuenta ya sólo les queden los escombros.

Señores de la FIBA, llevan ustedes años queriendo parecerse al fútbol y no parecen darse cuenta de que al lado del fútbol los del baloncesto no tenemos ni media hostia, perdonen que me encienda. El fútbol lo aguanta todo, el fútbol se puede permitir el lujo de interrumpir su calendario ocho o diez veces por temporada para montar fases clasificatorias irracionales y jurásicas, para que hasta las selecciones más potentes tengan que hacer el paripé de pelear su clasificación con Liechtenstein o San Marino, le quitan a la gente su dosis semanal de liga y con todo y con eso se lo tragan sin chistar y esperan pacientemente a que llegue el siguiente finde, el fútbol es lo que tiene, le podrán hacer todos los boquetes que quieran para meterle ventanales o vidrieras que ése no se les va a caer nunca, se lo aseguro. En cambio los del baloncesto bastante tenemos ya con seguir manteniendo este tinglado en pie. De hecho los del baloncesto puestos a conformarnos nos conformamos con muy poco, fíjense que hasta ahora nos quedaba la íntima satisfacción de que al menos en esto no nos parecíamos al fútbol, al menos nuestros calendarios aún seguían manteniendo una mínima continuidad, no tenían que someterse a interrupciones artificiales o absurdas cada cuatro semanas… Fíjense, ya ni siquiera eso nos queda.

Quizá recuerden que esto ya lo intentaron ustedes hace unos años, en Europa al menos. Sería hacia finales del siglo pasado o comienzos de éste, montaron ustedes fases clasificatorias para el Eurobasket, ahí estaban nuestras ligas domésticas empezando a toda prisa, jugando martes, jueves y domingos y parando luego durante tres semanas para dejar hueco a la selección, y luego volviendo a empezar otra vez y empezando también las ligas continentales y teniendo luego otra vez que pararse otras tres semanas y así sucesivamente… Aquello era un sindiós, la mejor manera posible de destrozar las delicadas estructuras de nuestro baloncesto, hasta ustedes mismos a pesar de sus evidentes limitaciones acabaron entendiéndolo y pusieron punto final a aquella locura… o eso creímos. Ahora quieren volver a las andadas, será que ya no se acuerdan de todo aquello, o será que no escarmentaron lo suficiente.

Además en fútbol la FIFA o la UEFA dicen que toca selección y los clubes se les ponen firmes, a ver qué remedio les queda: Madrid, Barça, Bayern, Milan, Chelsea, United, el que usted quiera, todos ceden a sus jugadores cuando toca sin decir oste ni moste, no es que lo hagan por gusto, de hecho bien que les jode porque les rompe su planificación y porque de vez en cuando se los devuelven averiados, todos lo hacen a regañadientes pero callan y aguantan por la cuenta que les tiene. ¿En baloncesto? A ver, no me cabe la menor duda de que Madrid, Barça, CSKA, PAO, Efes y demás familia se abrirán todos de piernas cuando llegue la ocasión, está en nuestra naturaleza pusilánime, ahora bien, ¿qué sucederá al otro lado del charco, allá por la América del Norte? ¿Se imaginan al Presidente de la Federación Alemana llamando a Cuban, oye Mark, que me tienes que dejar unas cuantas semanitas a Nowitzki y ya puestos que se traiga también de la mano a Kaman, no te preocupes que es sólo febrero, en cuanto llegue marzo te los devuelvo, espero que en buen estado…? Las carcajadas del dueño de los Mavs se seguirían oyendo en Alemania hasta después de colgar el teléfono. Y no me vengan ahora diciendo que es tal la superioridad de las principales selecciones que incluso sin sus NBA no tendrán ningún problema para clasificarse, tanto más tratándose de un Mundial con 32 plazas. Dígaselo usted por ejemplo a Alemania, o dígaselo a una hipotética Francia sin Parker, Batum, Noah, Turiaf, Beauvois, De Colo, Seraphin, Mickael Pietrus, o a una supuesta Argentina sin Ginóbili, Scola, Prigioni o Delfino, o a… (sí, a esa otra que está usted pensando, y que no he querido mencionar hasta ahora porque acaso nosotros tengamos todavía un buen fondo de armario; pero que nos dolerían las ausencias, eso seguro). Y, por favor, no me vengan tampoco con que ésta es la realidad de 2012 pero a saber cuál será la situación en 2017: ustedes y yo sabemos que la presencia internacional en la NBA no se va a reducir, más bien al contrario; dentro de cinco años estos nombres ya no serán los mismos, puede que ni siquiera las selecciones más afectadas sean ya las mismas pero el problema no será menor, de eso pueden estar bien seguros.

Cabría preguntarse, dada nuestra natural ingenuidad, qué demonios pretende la FIBA con todo esto. Es decir, qué pretende más allá de lo evidente, descojonarse de todos nosotros con premeditación, alevosía y (sobre todo) nocturnidad. O qué pretende más allá de lo retórico, esa pavada de que las selecciones son la locomotora del baloncesto de cada país y así las buenas gentes de Moldavia o Tailandia serán locomotorizadas por poder ver a su equipo nacional al ladito de casa. Pues miren, más allá de todo esto la FIBA pretende otra cosa que no ha hecho pública (se les caería la cara de vergüenza si lo hicieran) pero que a mí al menos me resulta bastante evidente, razón por la cual voy a compartirla con todos ustedes: la FIBA con todo esto pretende, sobre todo, recaudar. La FIBA se muere de envidia cada vez que ve a la FIFA y a la UEFA llevándose una comisión o un porcentaje de cada partido clasificatorio para sus respectivos mundiales y eurocopas y pretende importar para el baloncesto ese modelo, ni más ni menos. No tiene bastante ya la FIBA con los huevos de oro que le caen cada verano y ha decidido extender su producción al resto del año, sin darse cuenta de que así lo único que van a acabar consiguiendo es matar la gallina. No se engañen, en realidad lo único que pretenden los mandamases y demás prebostes de la FIBA, tomando esta decisión mientras viven a tutiplén y se ponen hasta el culo en Kuala Lumpur, es poder seguir viviendo a tutiplén y poniéndose hasta el culo cada vez que les plazca en Kuala Lumpur (o en las Bahamas, o en las Maldivas, o en las Seychelles, o en…) Acabáramos.

Publicado noviembre 12, 2012 por zaid en selecciones

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PrigioKnicks   2 comments

Cada vez que un jugador de por aquí se va a la NBA… [Acotación al margen, para empezar: entiendan ese concepto, por aquí, en sentido amplio; es decir, por aquí vendría a ser todo aquello que no es por allíPor aquí en este caso englobaría a Europa y América Latina, tanto más cuando se trate de un jugador de América Latina que haya jugado media vida aquí a la vuelta de la esquina, disculpen el ripio] Casi mejor empiezo de nuevo: cada vez que un jugador de por aquí se va a la NBA surge de inmediato un coro de agoreros para asegurar que el susodicho se va a pegar la gran hostia en aquella Liga, ustedes disculpen la vulgaridad. Hagan memoria, piensen en el jugador que ustedes quieran, tanto más fácil les resultará cuanto de más cerca sea, miren que lo habremos escuchado/leído cienes y cienes de veces en los meses previos a la marcha de Pau, Raül, Calde, Navarro, Sergio, Marc, Rudy, Ricky, Nocioni, Oberto, Scola, Splitter, Ibaka, Biyombo, tantos y tantos otros que supuestamente no se iban a comer ni media rosca en USA, vaya por dios. A veces acertaron, por supuesto (y no tardaron ni un segundo en ponerse la medalla correspondiente, lo ves, si ya te lo decía yo…), otras en cambio se equivocaron de medio a medio, repasen la lista precedente si les queda alguna duda. Tiene mucho peligro ese coro de agoreros, tiene casi tanto peligro como ese otro coro de patrioteros que tiende a pensar que cualquier jugador ejpañol (o asimilado) por el mero hecho de serlo va a poner a USA entera bajo sus pies en cuanto pise aquellas tierras, y que si luego se la pega no dudará en echarle la culpa al entrenador, a los compañeros, al empedrao, a los aros, al parquet, a la alimentación, a la altitud, a la humedad o a la madre que les parió, ya saben que todo vale a la hora de no reconocer la puñetera realidad. Pero esa es otra historia…

Así que volvamos a la nuestra. Habré de reconocer aunque me pese (el que esté libre de pecado que tire la primera piedra), que yo también he formado parte alguna vez de ese mismo coro de agoreros. Este pasado verano, sin ir más lejos. Confié (no sé si demasiado) en Teletovic o De Colo, pero no dudé en sentenciar a otros dos jugadores emblemáticos (aún más si cabe) de nuestra ACB: uno de ellos fue el ínclito Víctor Claver, Claverito para los amigos, y por ahora los acontecimientos parecen estar dándome la razón (claro que para saber ciertas cosas tampoco es que haga falta ir a Salamanca). El otro al que sentencié (probablemente ya habrán caído a estas alturas) fue Pablo Prigioni.

A ver si me explico: en el caso de Prigioni no tenía duda alguna acerca de su capacidad, en absoluto, de pocas capacidades estoy yo más convencido. En el caso de Prigioni dudé más bien de la capacidad de la NBA para acoger en su seno a un base así. O dicho de otra manera: sabía (cómo no habría de saberlo) que Prigioni iba a estar a la altura de la NBA, lo que ya no tenía tan claro es que la NBA pudiera estar a la altura de Prigioni. Que ese juego suyo, de natural solidario y ajeno a lucimientos individuales, pudiera tener encaje en una Liga que demasiadas veces acostumbra a ser la feria de las vanidades y los egos desmedidos. O que pudiera tener encaje al menos en estos Knicks, unos Knicks que para más inri habían dejado marchar a Lin pero a cambio se habían hecho con dos bases de tronío y postín como son Raymond Felton y Jason Kidd. La cosa no tenía buena pinta, todos los pronósticos apuntaban unánimemente a Felton como indiscutible titular, al incombustible Kidd como suplente de lujo a sus 38 primaveras y a Prigioni condenado al papel de tercer base con derecho a minutos basura de los que sólo se escaparía si se lesionaba alguno de los otros dos. Lo más fácil era ser agorero, quién iba a imaginar que una vez más nuestro negativismo acabaría dándose de bruces con la realidad. Afortunadamente.

La realidad (o buena parte de ella) se llama Mike Woodson. No les diré que sea el sueño de mi vida como entrenador, tampoco se trata de eso, pero sí que le tengo en una consideración bastante más alta que la que le profeso a muchos de sus colegas de aquella Liga. Pasó su viacrucis en Atlanta, se dejó el alma y hasta las cejas en el empeño, soportó la espada de damocles sobre su cabeza hasta que ya no pudo esquivarla y finalmente reapareció hace unos meses en Nueva York, de temporero puro y duro tras la defenestración de Mike D’Antoni. ¿Temporero, dije? Unos pocos meses le bastaron para ganarse la confianza de las autoridades, de la exigente crítica y del no menos exigente público neoyorquino, y miren que así de entrada no lo tenía nada fácil en aquella jaula de grillos. Hoy tiene un contrato de los de verdad y no no parece que tenga que preocuparse por ninguna espada sobre su cuello todavía. Visto así de lejos podría parecer un técnico de perfil bajo, muy lejos del afán de protagonismo de Isiah o del populismo de D’Antoni pongamos por caso, pero es que a veces aparecen en aquella Liga algunos técnicos de perfil bajo que luego resultan ser verdaderas joyas, véase por ejemplo ese Hollins de los Grizzlies. Bendito perfil bajo.

Woodson lo tenía bien fácil para el puesto de base, así se las ponían a Fernando VII y/o Felipe II, cuántos no se habrían limitado a seguir el guión expuesto hace dos párrafos sin complicarse más la vida, Felton de titular, Kidd de suplente y Prigioni a desollarse el orto en el banquillo a la manera de tantos otros antecesores suyos igualmente legendarios, presuntos ruquis de (casi) mediana edad y su misma posición como (pongamos) Djordjevic o Rigaudeau. Woodson lo tenía bien fácil pero prefirió saltarse el guión: no sé el grado de conocimiento que pudiera tener de la trayectoria anterior de Prigioni (me temo lo peor), sí sé que lo que no hubiera visto antes lo ha acabado viendo ahora, probablemente lo descubrió ya en pretemporada, entonces debió ya darse cuenta de la locura que sería prescindir de un director de juego así. Y dicho y hecho: contra todo pronóstico Felton y Kidd comparten quinteto titular, sabia decisión tratándose como se trata de dos bases antagónicos y por eso mismo complementarios: Kidd en su papel de comandante en jefe de toda la vida aunque sus piernas no sean ya las mismas, Felton en su papel más creativo, a veces un tanto anárquico… (aunque también habré de reconocer que esta criatura me ha ido gustando más con el paso del tiempo, en sus comienzos creaba más problemas de los que resolvía pero con los años fue ganando peso específico -y del otro, también- en su juego). Ergo si Felton y Kidd van juntos en la primera unidad, no resulta difícil deducir quién asume el papel de jefe absoluto con mando en plaza de la segunda unidad, pongamos al menos quince o veinte minutos por partido, que pueden parecer pocos para lo que acostumbrábamos a verle por aquí pero que son muchos, muchísimos, para lo que pensábamos (los agoreros de turno) que le veríamos por allí.

La otra noche le vi en cancha de los Sixers. Vale que los de Philadelphia no sean precisamente el mejor rival para calibrar nada, vale que andan las pobres criaturas viviendo en un sinvivir alrededor de las frágiles rodillas de Bynum, vale que su técnico está unos cuantos escalones por debajo de Woodson en lo que a mi consideración se refiere (anda que no lleva años el amigo Collins… pero qué quieren, nunca me gustó), vale todo lo que ustedes quieran pero aún valiendo todo eso la noche mereció la pena sólo por el mero placer de ver a Prigioni. Un Prigioni más delgado, como más afilado, será que come peor en Nueva York que en Vitoria (no sería de extrañar) o será más bien que haya trabajado durante el verano para llegar más definido muscularmente, más adaptado a las exigencias físicas de aquella Liga. Un Prigioni que manda y dirige a sus compañeros como si llevara jugando allí toda la vida, un Prigioni (por emplear un concepto muy de su tierra) canchero, dominando por completo la situación, más parece que no se hubiera adaptado él a la Liga sino que fuera la Liga la que se ha adaptado a él. Y asistiendo pero también tirando (y metiendo) cuando la ocasión lo requiere, siquiera fuera recordarnos que nunca fue un base tirador pero que pocos bases hay que tiren mejor. Y defendiendo, cómo no, defendiendo que te cagas para acabar de una vez por todas con el tópico de que los de fuera de USA no defienden, defensa de piernas pero también (y cómo no) de manos, de hago como que me voy pero no me voy, ahora me ves ahora no me ves y antes de que te des cuenta ya te la he quitado, su verdadera imagen de marca, la baba se le debe caer a Woodson viéndole defender.

Y recuerden, todo ello con treintaicinco castañas, 35, que le llaman novato como si en verdad lo fuera (que lo será a efectos USA, no digo yo que no, pero que nunca ese concepto resultó ser más contradictorio), que si sigue así no descarten que en febrero nos lo pongan a jugar contra los sophomores, que se vea allí rodeado de yogurines como Unicej Davis o Kidd-Gilchrist que hilando muy fino hasta podrían ser su hijos (hijos muy prematuros serían, pero hijos al fin y al cabo). Nos está bien empleado a todos aquellos, panda de agoreros, que pensamos que este viaje de Prigioni iba a ser poco más que un retiro dorado, un magnífico epílogo a una maravillosa carrera, la oportunidad de poder contarle algún día a sus hijos y nietos que él también jugó en la NBA, nada más que eso iba a ser… o no. Prigioni no está por estar, no es su estilo, Prigioni es un competidor nato así en el ámbito individual como en el colectivo, sólo necesita que le den la oportunidad de demostrarlo. Y además juega con ventaja: otros saltan cada noche al parquet como si se acabara el mundo, como si de esos pocos minutos que les dan dependiera todo su futuro en aquella Liga, agarrotados ante tamaña responsabilidad. Él no, él de alguna manera ya está de vuelta, ya no tiene que demostrar nada a nadie (ni a sí mismo, siquiera), nada tiene que perder porque ya ganó casi todo lo que tenía que ganar, todo lo que venga vendrá ya por añadidura. Los neoyorquinos creerán que lo han visto todo pero todavía no han visto nada, si esto ya les parece bastante que esperen a que lleguen los playoffs. La aventura no ha hecho sino comenzar.

Publicado noviembre 9, 2012 por zaid en NBA

en tránsito   8 comments

La cosa, como tantas otras cosas, empezó de la manera más tonta. La cosa empezó con una queja en tuiter, este pasado verano: un presunto lector me comentaba que por más que lo intentaba no conseguía leer mi blog, que no podía aguantar ni ese fondo negro ni tanta sobreabundancia de texto sin ni una sola fotografía siquiera. La verdad es que no le di la menor importancia, siempre he sabido que es imposible gustar a todo el mundo, está claro, hay gente pa to. Hice mal. Hace pocas semanas se me quejó (también en tuiter) otro lector, éste ya de una manera mucho más constructiva: ¿Hay modo de ver tu blog con letra negra sobre fondo blanco? Los artículos me gustan mucho pero leerlos me da dolor de cabeza. Me empecé a inquietar: ¿le estaría ocurriendo eso mismo a más gente? ¿Habría otros lectores más o menos habituales a quienes les pasara lo mismo, y que por mera prudencia nunca me lo hubieran comentado? ¿Habría incluso ex lectores que hubieran huido de mi blog como de la peste, no porque no les gustara el contenido (que sería perfectamente razonable) sino porque no soportaran el continente, porque esas letras claras y ese fondo negro les hicieran daño a la vista?

Reconozco que cuando parí el blog no pensé en la legibilidad, sino únicamente en la estética. Aunque a decir verdad tampoco es que tuviera muchas más opciones: en aquel entonces (agosto de 2007) la recién nacida Comunidad de El País daba a escoger entre cinco o seis diseños, no más, de los cuales todos eran blancos (con ligerísimas variaciones entre sí) excepto éste. Qué quieren que le haga, no me gusta el blanco, no me busquen connotaciones deportivas relacionadas con la indumentaria de ningún equipo porque no van por ahí los tiros, es simplemente que me parece muy soso un fondo en blanco (por más que luego se pueda tunear), es un poco lo de siempre, lo de todos. El negro me pareció mucho más estético, mucho más elegante, lo escogí y no volví a plantearme nada más… hasta ahora. 

Por supuesto que atendiendo a los deseos de ese último lector le di unas cuantas vueltas al blog para ver si pudiera existir alguna posibilidad de ponerlo en negativo (como si dijéramos). Ni de coña. Es negro y es negro, si se pueden poner los colores del revés yo desde luego no he encontrado la manera (más allá de lo obvio, es decir, hacer un copiapega y llevarse el texto a otro lugar para toquetearlo… lo cual supondría una molestia por la que no creo que ningún lector en su sano juicio estuviera dispuesto a pasar). Por supuesto que me planteé la posibilidad de cambiar el formato, que anduve mirando a ver si La Comunidad había progresado y tenía ya más diseños para escoger… Algo ha progresado en estos años, no digo yo que no, ahora en vez de cinco o seis ofrece once diseños… de los que todos siguen siendo blancos excepto uno, el mío, casualmente. Que sí, que ya lo sé, que muy probablemente esos diseños blancos se puedan pintar de colores, no digo yo que no, pero que todo esto de alguna manera me hizo empezar a sentir que mi relación con esta Comunidad estaba llegando un punto de no retorno. Era sólo un factor, pero un factor que se sumaba a otro, y a otro…

Se sumaba al hecho (que ya les he contado demasiadas veces) de los problemas técnicos que me suele dar esta Comunidad cada vez que quiero postear una entrada, cada vez que hago un copiapega de un texto escrito en otro sitio y en cuanto me descuido se me van todos los formatos, o me desaparecen y/o se me recuadran en blanco los párrafos, o se me quitan los puntos y aparte o se me ponen varios tipos y tamaños de letra diferentes; o cada vez que quiero editar un texto ya publicado para corregir alguna mínima errata y al hacerlo me desaparece el post entero (alguna vez me ha pasado, se lo aseguro) y al final me lo tengo que volver a teclear… De verdad, no se pueden hacer ustedes ni idea de los dolores de cabeza que me ha proporcionado y las horas de ocio (y hasta de sueño) que me ha robado toda esta historia, de las veces que he tenido que dejarme algo a medias en casa y acabarlo al día siguiente en el trabajo (o viceversa), de la desesperación que todo ello supone a la hora de hacer algo que no haces por obligación sino por devoción, por el mero placer de hacerlo. Si son blogueros probablemente me dirán (o no) que en todas partes cuecen habas, que no hay plataforma perfecta, que estos mismos problemas u otros parecidos los tendré también en cualquier sitio al que vaya. Puede ser, no digo yo que no. Pero necesito comprobarlo.

Y no les voy a engañar, hay un tercer factor que sumar a los dos anteriores, un factor (llamémoslo así) ideológico. A ver cómo lo explico: El País siempre había sido mi periódico, llevaba ya 35 años siéndolo así fuera en versión papel o en versión digital. Siguió siéndolo incluso en aquellos años difíciles del preaznarismo o el postfelipismo, cuando había compañeros de trabajo que me miraban mal por el mero hecho de llevarlo, que me preguntaban dónde vas con la bayeta o que me definían como un chico muy majo pero que sólo tiene un defecto, lee El País. Incluso entonces, aún no estando de acuerdo con muchas cosas, me seguí identificando con su calidad, con su manera de hacer periodismo, con su capacidad de poner cada día en mis manos un producto muy bien hecho y muy bien escrito. De ahí que a mediados de 2007, cuando andaba yo a vueltas con la idea de crear un blog y justo entonces nació esta Comunidad, no tuviera yo ninguna duda. Y lo crean o no para mí ha sido un orgullo llevar en mi blog el apellido de El País durante estos cinco años y pico. Hoy ya no. Y no es una cuestión de línea editorial, de la que podría discrepar en muchas cosas pero que esas discrepancias siempre serían infinitamente menores a las que tendría con otros medios que se consideran el ombligo del Mundo o creen estar en posesión de la Razón. No es eso, sino más bien la sensación de que éste ya no es mi País, de que ya no me puedo identificar con un medio cuya única filosofía ya no es periodística ni tan siquiera ideológica sino exclusivamente mercantil. No me he caído de un guindo (que ya no estoy en edad de caerme de casi ningún sitio), sé bien que esto es una empresa pero hasta ahora había creído que detrás de esa cabecera había algo más, no sólo el balance económico del ejercicio sino también una determinada manera de entender la vida. Hoy ya sé que no, lo supe hace algunas semanas cuando decidieron poner en la calle a un tercio de su plantilla, un ERE masivo que se explicaría en términos de crisis (la económica y la de la prensa en papel, ambas) si no fuera porque no parece que su cuenta de resultados se resienta demasiado a tenor de esa docena y pico de millones de euros que se lleva muertos cada año su Consejero-Delegado. Un Consejero-Delegado que dijo además en aquellos días una frase que me hirió especialmente (me hirieron varias, pero una especialmente), aquella de que los mayores de cincuenta años no pueden tener el perfil profesional adecuado para escribir en este periódico. No argumentaré en contrario porque ya lo hicieron otros (mucho mejor de lo que podría hacerlo yo) y porque tampoco lo considero necesario, una estupidez así se contesta por sí sola. Pero creo que sí procede decir que tengo 52 años. Ojalá tuviera 26, qué más quisiera yo, pero tengo 52. Y aunque mi perfil no sea profesional sino meramente amateur, entiendo que debo darme por aludido. Afortunadamente no soy de plantilla, lo mío es gratis, a mí no necesitan echarme ni aún menos indemnizarme, sé irme solo. He entendido el mensaje, aquí estoy de más.

Sumados pues todos estos factores (problemas de legibilidad, problemas tecnológicos, problemas de conciencia), tomé finalmente una decisión que apenas unos días antes jamás habría pensado que tomaría, que aún menos lo habría pensado hace apenas dos meses cuando celebraba el quinto aniversario de este blog: cambiar de casa, llevarme mi blog a otro lugar. Dicho así parece sencillo, hay webs que no se recatan en cambiarse de traje cada tres meses y así les va (o así les fue), pero a mí como que me cuesta: soy más de mantener una imagen, de no tocar lo que (creo que) funciona, de intentar fidelizar al lector. Y además, no les voy a engañar, que me daba una pereza tremenda meterme otra vez en mudanzas a estas alturas de mi vida. Pero la decisión estaba tomada, y una vez que tomo una decisión no acostumbro a echarme atrás.

Ya, pero, ¿a dónde? Dos referencias básicas, Blogger y WordPress. Anduve curioseando, comparando, mirando a ver qué me ofrecía la una y la otra, y me decanté finalmente por WordPress: muchos más formatos (temas, lo llaman ellos) para escoger, muchas más posibilidades, mucho más tuneable (o customizable, que supongo que es un término más adecuado) y sobre todo esa última cualidad que acabó por convencerme (ingenuo de mí), la posibilidad de migrar mi blog entero a través de una aplicación diseñada a tal efecto. O eso creía yo: cuando fui a hacerlo resultó que no había manera, que se ve que la herramienta vale para muchos tipos de blogs pero no para éste de La Comunidad, vaya por dios. Sí vale para Blogger, sí podría haber servido para llevarme lo que publiqué en aquel originario Blog de Zaid en SEDENA… pero tampoco, porque me pedía mi usuario de Gúguel y mi actual usuario nada tiene que ver con el que utilizaba en su día (han pasado ya más de tres años) para publicar en aquel blog, que ni lo creé yo ni recuerdo ya cuál era… Total, que me lo he tenido que importar todo a manubrio, lo de este Correcalles y lo de aquel Blog de Zaid, incluyendo (ya puestos) escritos que ya no estaban en Internet pero que al menos tuve la precaución de recopilar en su día. Un agotador proceso que ha estado a punto de acabar con mi resistencia física y no digamos ya con mi resistencia psicológica, pero que al menos me permitirá mantener casi todo lo escrito (el casi es porque he prescindido de unos cuantos posts meramente coyunturales, o bien sencillamente infumables) en un mismo lugar… o eso espero.

Aún me esperaba otro contratiempo: cuando fui a llamar al blog por su nombre, es decir Correcalles, descubrí con profunda sorpresa que no me dejaba, que contra todo pronóstico ese nombre ya estaba ocupado en WordPress (y no por mí, evidentemente). Sí, resulta que hay por el mundo otro blog (al menos) llamado Correcalles, que casualmente también trata de baloncesto y que está escrito por un tal Pablo Girón. Blog mucho más reciente y mucho menos prolífico que el mío, en cualquier caso: nació en junio de 2011 y desde diciembre de 2011 parece estar abandonado. Poco es, pero lo suficiente para no poder seguir llamándome como me venía llamando hasta ahora. Probé también en blogger y me sucedió tres cuartos de lo mismo, también estaba ya pillado el nombre… aunque pinchando en él me aparecía un blog en blanco, con apariencia de no haber sido ni estrenado siquiera. Fuera donde fuera, estaba claro que ya no iba a poder seguir llamándome como me llamaba…

Mi primera idea fue, digamos, continuista: trucar de alguna manera la dirección, añadirle alguna otra erre o ele (¿corrrrrecallllles?) o añadirle un artículo (¿elcorrecalles?), aunque en pantalla el nombre se siguiera viendo del mismo modo… No me gustó. Al fin y al cabo ya había (al menos) otro Correcalles por el mundo, no me apetecía seguir llamándome igual que otro blog ni aunque yo hubiera llegado primero (a la blogosfera, no a WordPress). Ergo ya sólo me quedaba otra opción, optar por la ruptura, ponerle otro nombre radicalmente distinto. Ya, ¿pero cuál, si casi todos los términos de baloncesto están pillados ya para nombres de blogs a estas alturas? Se me ocurrió que la única manera de ponerle un nombre que aún no estuviese ocupado (y de que no me lo fueran a ocupar después) era incluir mi nick en la denominación del blog. Pensé en llamarlo simplemente el Blog de Zaid (como aquel de SEDENA) pero lo descarté de inmediato por insustancial, porque nada había en ese título que lo identificara con el baloncesto. Pensé luego en llamarlo la Zona de Zaíd o simplemente Zona Zaíd, pero se me ocurrió guglearlo y cuál no sería mi sorpresa cuando me encontré con unos cuantos anuncios de venta de pisos, espectacular apartamento de dos dormitorios, reformado, soleado, zona del Zaíd, quién me iba a decir a mí que hubiera un barrio en Granada con ese nombre. Así que seguí dándole vueltas, pero muchas vueltas (ni se imaginan las vueltas que puedo llegar a darle a las cosas cuando me pongo a darle vueltas a las cosas) y finalmente encontré una combinación que me sonaba bien y que me parecía muy representativa de la filosofía de este blog: que es mi espacio de baloncesto, sí, pero también (y por supuesto) el suyo, el de todos aquellos que tengan a bien pasarse un rato (o muchos) por aquí. Señoras, señores, sean todos bienvenidos a zaid Arena. [Acotación al margen: reconozco que la tragedia del pasado jueves en el Madrid Arena me hizo replanteármelo, por lo inapropiado que pudiera resultar haber elegido precisamente este nombre en un momento así. Pero el nombre lleva puesto en realidad desde mediados de octubre (más o menos desde entonces llevo trasteando en el blog), como para pararme justo ahora a pensar en otro (con lo que me cuesta) sólo por un hecho meramente puntual… aún por muy desgraciado que éste fuera]

Así que esta es (o debería ser) mi penúltima entrada en Correcalles, aún dejaré una más (muchísimo más breve) en los próximos días simplemente a título informativo, para que todo aquel que se pase por allí sepa de inmediato a dónde tiene que ir para seguir leyendo el blog. Particularmente no me gustaría nada que este Correcalles muriera, me gustaría que siguiera existiendo aunque fuera en estado de hibernación; que aunque ya no vaya a escribir nunca más allí (o sí, quién sabe, vaya usted a saber las vueltas que puede dar la vida) permaneciera en el ciberespacio para poder volver de vez en cuando, para recuperar alguna cosa que se me hubiera olvidado rescatar, y sobre todo para que no se perdieran los comentarios (no podía llevármelo todo) o para que ustedes también pudieran pasarse si alguna vez les apeteciera recordar los viejos tiempos. Y en cualquier caso no me gustaría dejarlo sin expresar mi más sincero agradecimiento a toda la gente que haya trabajado en La Comunidad de El País durante todos estos años (y que espero que aún puedan seguir haciéndolo). Gracias a todos y muy especialmente a quien tomara la decisión de recuadrar mi blog (junto a otros) en la página de inicio de La Comunidad, supongo que porque les pareció que era digno de ser destacado. A pesar de todos los pesares, fue un placer.

Y esta es mi primera entrada verdaderamente nueva en zaid Arena, aunque por ahí abajo encontrarán también las seiscientas y pico anteriores como fruto de esa recopilación enfermiza que antes les conté. Verán que he optado por un diseño tirando a sobrio, sencillo o como dicen los de WordPress,minimalista (vamos, que tiene la mínima lista de cosas que puede tener un blog); pero al mismo tiempo he hecho todo lo posible para que resulte acogedor (todo lo acogedor que puede resultar un blog, entiéndase), para que todo aquel que venga a parar aquí se encuentre a gusto leyéndolo. Si hasta he ilustrado con fotografías y demás imágenes buena parte de las entradas anteriores (como igualmente procuraré seguir haciéndolo en las siguientes), vaya usted a saber si el día menos pensado no me atreveré incluso con algún vídeo… pero todo a su tiempo, no adelantemos acontecimientos todavía. Por ahora lo único que pretendo es que resulte más visual, que los textos no estén tan abigarrados, que la lectura de mis tochos (porque seguiré soltando tochos, de eso no les quepa la menor duda) les resulte menos cansina. Nada es definitivo en cualquier caso, no lo es ni lo será nunca, procuraré ir introduciendo periódicamente pequeños cambios para que sea un diseño vivo, no una única imagen de una vez y para siempre como sucedía en el anterior. Nada es definitivo porque además aún está en un estado un poco embrionario (llamémoslo así), verán que aún faltan cosas, que aún faltan por ejemplo los enlaces a otros blogs… pero en todo caso ahí/aquí tienen ya el resultado a su entera disposición, para lo que gusten mandar. Están ustedes en su casa.

Les espero a todos, por supuesto, que lo único que no me perdonaría jamás en todo este tránsito es que se me quedaran algunos de mis lectores habituales por el camino. Y mientras tanto gracias, muchísimas gracias: por su fidelidad, por su infinita paciencia (sobre todo si han aguantado leyendo hasta aquí) y por su atención, una vez más. Nos vemos en zaid Arena.

Publicado noviembre 5, 2012 por zaid en varios

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(publicado el 29 de octubre de 2012)

 

Miren que hace ya unos cuantos años, pero recuerdo como si fuera ayer (o aún mejor incluso) aquella entrevista que le hicieron a un preboste malagueño en el descanso de sepa dios qué partido de Unicaja. La entrevista en realidad no trató de baloncesto sino de fútbol, de un partido amistoso que iba a disputar allí el Real Madrid y que había despertado una inusitada expectación en dicha ciudad, hasta el punto de que unos cuantos días antes de dicho evento estaban ya todas las localidades vendidas. Que hoy nos puede sorprender si tenemos en cuenta que el Madrid acostumbra a visitar Málaga al menos una vez al año como cualquier otro campo de Primera División, pero que entonces era todo un acontecimiento porque el equipo de fútbol malagueño andaba particularmente hundido en aquellos tiempos, puede que ni siquiera en Segunda sino en Segunda B, de hecho por conocer hasta había conocido los sinsabores de una desaparición y posterior refundación aunque me suena que eso había sucedido bastantes años antes. Así que allí estaba elpreboste en cuestión (supongo que sería el Concejal de Deportes o algo similar) dando pelos y señales de dicho evento, así hasta que el entrevistador (Nacho Calvo, creo recordar) decidió cerrar con una nota baloncestera, quizá para congraciarse con los telespectadores: ¿Pero Málaga sigue siendo una ciudad de baloncesto, verdad?, algo así le preguntó lleno de buena voluntad como en él solía ser costumbre (siempre tuvo más voluntad que acierto la criatura) pero la respuesta que se llevó fue de esas que hoy llamaríamoszas en toda la boca. Algo más o menos como esto: No, no se equivoque mi querido amigo, Málaga es futbolera, de eso no le quepa a usted la menor duda, es un sentimiento que hoy está un poco dormido porque el equipo está como está, pero que en el momento en que el Málaga vuelva a la máxima categoría ya verá usted como la ciudad entera vuelve a vibrar… Algo así.

A ver, entendámonos: Málaga es futbolera… pero es baloncestera, también; es una ciudad suficientemente grande como para que quepan en ella ambos sentimientos. Créanme (si son tan jóvenes como para no recordarlo) que hubo un tiempo en el que no es que hubiera uno sino que había dos equipos ACB en Málaga: hacia mediados/finales de los ochenta, pongamos incluso comienzos de los noventa, Caja de Ronda y Mayoral Maristas convivían apaciblemente en aquella ciudad y hasta gozaban de (aparente) buena salud, al menos en lo que a asistencia de público se refiere. Resultaba asombroso en una ciudad que no es pequeña, más bien todo lo contrario, pero que tampoco es que sea una megalópolis desmesurada precisamente. Que no es Madrid ni Barcelona, que Madrid y Barcelona aguantan perfectamente con dos equipos en la máxima categoría (ya sé que Badalona no es Barcelona pero no deja de ser su área metropolitana, por lo que para el caso que nos ocupa viene a ser lo mismo) y hasta tres o cuatro si fuera menester, pero que de ahí para abajo los mercados menguan, viene a ser como en USA (salvando las distancias), a nadie le chirría que haya dos franquicias en Nueva York o Los Ángeles pero difícilmente podríamos imaginar que las hubiera en Denver o Milwaukee pongamos por caso. Y sin embargo en Málaga las hubo hasta que (supongo) cuestiones de viabilidad o de sentido común o de mera supervivencia aconsejaron su fusión, una fusión que como en tantos otros casos fue más bien absorción, el resultado dio un Caja de Ronda que de inmediato se convirtió en Unicaja y el resto de la historia ya más o menos se la saben, lleno tras lleno en Ciudad Jardín hasta el punto de que se les quedó pequeño y hubieron de construir el Carpena, lleno tras lleno en el Carpena hasta el punto de que se les quedó pequeño y hubieron de ampliarlo… y justo entonces se les rompió el amor, no sé si de tanto usarlo. Hoy les sobra Carpena por todos lados.

¿Qué ha pasado? La tentación en estos casos suele ser buscar una única causa como si ésa ya por sí sola pudiera explicarlo todo, pero por desgracia la vida no suele ser tan fácil. Es decir, podríamos recurrir a esa socorrida frase tan habitual en los medios, la afición le ha dado la espalda al equipo por sus malos resultados de estas últimas temporadas; dicho así queda muy bien y además es cierto, no digo yo que no: algunos, quizá demasiado acostumbrados a lo bueno, empezaron a huir en cuanto vinieron mal dadas; dos temporadas de goteo constante de espectadores, un goteo que curiosamente parece continuar este año aunque por ahora el equipo no les está dando motivos ni parece que vaya a dárselos, más bien al contrario, el proyecto Repesa está un poco a medio construir pero tiene una pinta excelente. Es decir, que Unicaja ya no sea lo que era (aunque pueda volver a serlo) podría explicar algo, pero tampoco lo explica todo. Quizá deberíamos mirar un poco más allá.

Quizá deberíamos volver al primer párrafo: Málaga es futbolera, dijo aquel señor, y aunque me duela no me queda otra que darle la razón. Tampoco es que sea nada excepcional, Málaga es futbolera como lo es Murcia, Cuenca, Lanzarote o Madrigal de las Altas Torres, Málaga es futbolera porque el país entero es futbolero, sólo necesita que le den la oportunidad de demostrarlo. Ese futbolerismo malagueño, tanto tiempo latente, rebrotó en todo su esplendor con el retorno a Primera y no digamos ya cuando tras años de penurias pasó de clase baja a clase media-alta, jeque mediante. Y no descarten que el día menos pensado ese mismo jeque se les vaya y les deje un pufo de mil demonios (de hecho creo recordar que ya hizo un amague este pasado verano), ojalá no suceda porque no les deseo ningún mal (más bien al contrario) pero es que suele ser algo consustancial a los jeques y demás magnates de Oriente (de todos los Orientes), pregunten en Santander si les queda alguna duda. Ojalá no suceda pero mientras tanto que les quiten lo bailao, que en la vida se han visto en otra, que están en Champions y además van como un tiro, ahí les tienen, procurando no pellizcarse no vaya a ser que se despierten. Málaga es futbolera por definición y porque en circunstancias como éstas se hace futbolero cualquiera, hasta Badalona, Kaunas o Bahía Blanca se harían futboleras de la muerte si les pusieran en bandeja una situación así.

Esta entrada que tienen ante sus ojos empezó a cocerse hace algunas semanas, justo el día aquel que Unicaja debutó en Euroliga ante el Maccabi (nada menos) con el Carpena medio vacío (o medio lleno, todo depende de cómo queramos ver el vaso). Y acabó de cuajar este pasado viernes tras un Unicaja-MontePaschi con el Carpena aún más medio vacío (o aún menos medio lleno) si cabe (claro que en el pecado llevaron la penitencia los que no fueron, menudo partidazo que se perdieron). Pero en todo ese proceso de cocción sucedió algo que alteró por completo el resultado del guiso, como fue toparme el pasado miércoles con la imagen de La Rosaleda a reventar, llena hasta la bandera para recibir al Milan en Champions. Que no era para menos, ya lo sé, que la ocasión bien lo merecía, pero que tampoco era para menos la visita euroliguera del Maccabi y no fue a verles ni el tato, será que a éstos los tienen más vistos.Málaga es futbolera, cómo no, y me parece perfecto que lo sea. Lo que ya no me parece tan perfecto es que esté dejando de ser baloncestera por el camino.

Me dirán que Málaga es lo suficientemente grande como para poder mantener un equipo de fútbol y otro de baloncesto al más alto nivel. Y es bien cierto, lo que ya no sé es si el bolsillo de una amplia mayoría de malagueños está suficientemente lleno como para poder permitirse ambos espectáculos. En otro tiempo tal vez sí pero no en éste, hoy al que no mandan al paro le bajan el sueldo o le quitan una paga o le va mal el negocio, qué le voy a contar que usted no sepa. En otro tiempo podíamos estar al plato y a las tajadas, en estos tiempos no nos queda más remedio que escoger (y eso quien pueda escoger). Y mucho me temo que la tentación de un Málaga en Champions resulta demasiado fuerte como para que un Unicaja en Euroliga (que llevan viéndolo en Euroliga media vida) pueda competir con ella. No estoy diciendo que todos los que huyeron del Carpena se hayan sacado abono para La Rosaleda, no lo digo porque no creo que sea así, ya dije más arriba que hay otras causas. Pero que hay un trasvase baloncesto-fútbol parece evidente. E insisto, me cae francamente bien el Málaga, me encantaría que en Liga ganase todos sus partidos excepto el próximo (contra el Rayo) y que llegase en Champions lo más arriba posible, de verdad se lo digo. Pero aún más encantaría que el baloncesto no tuviera que pagar un precio a cambio, que el crecimiento del fútbol no supusiera descapitalizar (de capital humano, por ahora) a la institución deportiva más laureada y emblemática de esa ciudad. Contra el fútbol hace ya muchos años que perdimos la guerra, todas las guerras, pero al menos aún podíamos refugiarnos en algún pequeño territorio todavía por conquistar. Quisimos creer que Málaga era uno de ellos, lo creímos firmemente aún a pesar de aquellas lejanas palabras del preboste aquel. Hoy ya no, hoy más bien empezamos a intuir que también hemos perdido esta batalla. Otra más.

Publicado noviembre 5, 2012 por zaid en ACB, preHistoria

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