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(publicado el 15 de abril de 2011)

Parece que fue ayer pero han pasado ya casi trece años… Sexto partido de la Final, queda menos de un minuto, ganan de tres los Jazz y tienen la posesión, la bola es para Malone pero antes de que se dé cuenta aparece Jordan de sabe dios dónde y se la quita literalmente de las manos, viaje hacia el aro rival, bandeja fácil, los Bulls a uno, los Jazz que vuelven a fallar, rebote casualmente para Jordan, apenas quedan ya unos pocos segundos, sabemos todos de sobra que ya no la va a soltar, que se la va a jugar, que la va a meter, aún Russell le encara pero se desmigaja de inmediato, bola que vuela, que va para dentro, seis, cinco, cuatro, tres, no hay ni un solo ser humano en el Delta Center ni en toda la faz de la Tierra que no sepa cuál será el desenlace, desde Stockton hasta el último indígena con televisor de Papúa Nueva Guinea todos saben perfectamente que el final está escrito, que siempre lo estuvo, que acaso estuvo escrito incluso desde antes de empezar…

Parece que fue ayer pero han pasado ya casi trece años… Poco tiempo después Jordan se retiró por segunda vez (aún habría una tercera), empujado un poco por sus ganas de vivir la vida y un mucho por un orondo sujeto llamado Jerry Krause que decidió que había llegado el momento de reconstruir, como si aquel no fuera un equipo aún en plenitud sino un equipo en liquidación por derribo poco más o menos. Krause puso en marcha el ventilador, de inmediato salió despedido Phil Jackson, poco después le llegó el turno a Pippen y finalmente a Jordan, no sin antes haber ocultado éste celosamente su decisión como si no fuera ya un secreto a voces. A los Bulls que volvieron a escena siete meses después (sí, siete, por la cosa del lockout) no los reconocía ni la madre que los parió: un entrenador sin pasado NBA y con escaso pasado NCAA cuyo mayor mérito era el haber sido compañero de facultad del susodicho Krause, y una panda de jugadores sin apenas pedigrí, con escaso presente y aún menos futuro, que prometían sólo trabajo, lucha, entrega y derrotas a espuertas, y que ciertamente cumplieron con creces todas esas expectativas. A esto Krause lo llamó reconstrucción,rebuilding como dicen por allí; otros en cambio, menos entendidos sin duda, prefirieron denominarlo travesía del desierto.
 
Han pasado casi trece años (esto lo mismo se lo había dicho ya), trece años de desierto que por fin parecen haber llegado a su fin, valga la refindancia. Como en todo desierto que se precie también hubo algún oasis, recordemos sin ir más lejos aquel de 2009, aquella inolvidable serie de primera ronda ante los Celtics, probablemente uno de los mejores pleitos de la historia, con certeza el pleito con más prórrogas de la historia. Aquel equipo estaba liderado por un imponente base rookie adicto a las chuches y con fobia a las agujas, una criatura recién sacada del horno de Calipari tras un solo añito de cocción no se nos vaya a quemar, aún inmaduro tal vez, aún con muchas carencias sin duda pero ya mostrándonos bien a las claras (y a los Celtics) todo el baloncesto que llevaba en su interior. Derrick Rose parecía tener la clave para encontrar la salida pero su coach Del Negro se empeñó en demostrar que rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras, el haber sido un buen base no garantiza en absoluto que vayas a ser también un buen entrenador, tanto menos si es la primera vez que te sientas en un banquillo. Por mucho que sepas que ya está la playa cerca los últimos kilómetros siempre son los más duros…
Para recorrerlos dieron mando en plaza a un eterno segundo, Tom Thibodeau, uno de los secretos mejor guardados de los Celtics de estos últimos años. Claro que a muchos les entró el cague abrumados tal vez por el síndrome de Iavaroni, mira que si el tío sólo vale para asistente, mira que si para ejercer de jefe no da el nivel… No es ya que se equivocaran, es que hoy bien podemos decir que Tibodó es ese pedazo de entrenador que muchos sospechábamos que sería. A su alrededor Derrick Rose ha pasado de promesa a realidad, luego a estrella y finalmente a (virtual) emvipí, todo ese trayecto en apenas una sola temporada, la que por edad aún podría ser su temporada sénior universitaria; a su alrededor ya nadie cuestiona el fichaje (tan discutido en su día) de Boozer, ya nadie cuestiona la elección (tan discutida en su día) de Joakim Noah; a su alrededor florece de nuevo el pegamento Luol Deng, florece hasta el guaperas Korver, florece (el incomprensiblemente infravalorado durante su etapa universitaria) Taj Gibson… Hoy bien podemos decir que ese eterno proceso de reconstrucción (en su caso más bien refundación) ha terminado, de aquella travesía del desierto apenas queda ya algún grano de arena en los zapatos. Primeros no ya del Este (ríase usted de los galácticos lebrones de Florida, por ejemplo) sino de toda la Liga (ríase usted también si lo desea de esos otros galácticos californianos, ya puestos), no sé si la ganarán ya este año (por qué no) pero si así no fuera no les quepa la menor duda de que tendrá que caer en los siguientes (siempre y cuando no cometan tonterías, claro). Han vuelto, los Toros están de nuevo entre nosotros, ahí los tenemos en lo alto del ruedo, a ver quién les aguanta ahora la embestida.
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Publicado noviembre 1, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

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