el (otro) año de Butler   Leave a comment

(publicado el 7 de abril de 2011)

Cuentan que el Flaco Menotti, legendario entrenador argentino (de fútbol, me refiero) solía decir que su trabajo era (entre otras cosas) conseguir que su equipo generara ocasiones de gol; luego ya que las metan o no, ay amigo, eso ya… ¡eso ya no es cosa mía!… Brad Stevens no sabrá quién es Menotti (ni viceversa) pero probablemente podría suscribir (con algún ligero retoque) estas mismas palabras: mi trabajo es hacer que mi equipo mueva bien el balón, proporcionarle sistemas bien trabajados a partir de los cuales se generen opciones claras, tiros abiertos sin apenas oposición… pero claro, luego ya que los enchufen o no ya no es cosa mía, ahí ya no puedo hacer nada

No diré que Butler jugó bien, sería un atrevimiento decir semejante cosa de un equipo que sólo fue capaz de anotar 41 puntos; sí diré que durante muchos minutos de la Final Butler hizo lo correcto, la movió con criterio, buscó y encontró muy buenas posiciones… desde las cuales sus jugadores se mostraron absolutamente incapaces de meterla, así una y otra y otra vez. Connecticut se apuntará el tanto de la defensa, dirán que fue cosa de ellos y probablemente tendrán razón, quién soy yo para discutirlo pero sí al menos para discrepar levemente: no les niego el mérito, líbreme el cielo, pero creo que la principal razón fue el propio encebollamiento de Butler. Que estaban como flanes, que pasar de la cenicientez al favoritismo les resultó un trago muy difícil de superar, que se las apañaron para perder solos.

Y es que a veces nos olvidamos de lo que es Butler, el año pasado aún les tratábamos de cenicienta pero este año con la cosa de haber llegado por segunda vez a la Final ya casi les vemos como si fueran un grande, uno de esos dukes uclas de la vida, demasiado pronto nos olvidamos de que aún siguen siendo una pequeña universidad de apenas cuatromil estudiantes, nos olvidamos de que (como ellos mismos reconocen) ni en el mejor de sus sueños pueden aspirar a reclutar lo más florido y granado de su estado, esas joyitas que normalmente se les van a Indiana, Purdue o Notre Dame mientras ellos (Butler, me refiero) bastante hacen con conformarse con los deshechos de tienta, chavales de escasa aptitud atlética que apenas quiere nadie y que devolverán cuatro años después reconvertidos en verdaderos jugadores de baloncesto; como ésta hay docenas y docenas de universidades en toda la nación, la mayoría de ellas hacen un muy buen trabajo, sólo algunas hacen un trabajo extraordinario pero lo de Butler va aún un paso más allá, podría hasta decirse que Butler es la universidad de la excelencia en materia de baloncesto.

El año pasado fue el año de Butler, lo proclamamos dando por supuesto que algo así sólo sucede una vez de cada cincuenta, como en el bolero pasarán más de mil años, muchos más antes de que semejante cosa pueda volver a repetirse, tanto más habiéndose dejado por el camino a ese maravilloso Gordon Hayward, lo único verdaderamente enebeable conocido por aquellos pagos durante varias décadas… O no porque mira tú por dónde resultó que ellos tenían otros planes, resultó que se las apañaron para hacer a Mack (the Knife) tan enebeable como el otro, resultó que finalmente decidieron que su año no tenía por qué acabarse todavía, al fin y al cabo si al Corte Inglés hay semanas que le duran veinticinco días (por eso son fantásticas) a ver por qué un año en Butler no puede durar quince meses…

Dicho y hecho. Vale sí, la cagaron en la Final pero a ver cuántos (no digo ya cuántos de su clase sino cuántos de cualquier clase) pueden decir lo mismo. Hay trescientos y pico equipos en la primera división universitaria pero a la Final (que yo sepa) sólo llegan dos, y dos finales seguidas tampoco hay muchos que las hayan jugado en la historia. Podemos hablar de fin de ciclo si usted así lo quiere, podemos pensar que su (largo) año acabó este pasado lunes pero no me atrevería yo a tanto: en la medida en que consigan que Brad Stevens continúe, en la medida en que Shelvin Mack aún les aguante allí la temporada que aún le queda no descartaría yo en absoluto que en apenas doce meses vuelvan a hacer la gracia, vuelvan a convertirse en el equipo de América. Como decían en el un, dos, tres (qué viejo soy, madre mía), dentro de un momento volvemos otra vez. Al tiempo.

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Publicado noviembre 1, 2012 por zaid en NCAA, preHistoria

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