Kemba & friends   Leave a comment

(publicado el 1 de abril de 2011)

Allá por noviembre, hacia comienzos de temporada, ni dios daba un duro por Connecticut. Ni dios ni ninguno de los prestigiosos analistas que en esa época se dedican a hacer predicciones elaborando sesudos rankings, numerados generalmente del 1 al 25, con la relación de universidades que presuntamente habrán de dominar el panorama baloncestero de la nación. No, Connecticut (en adelante UConn, que resulta más cómodo) no tenía nada que llamase su atención. Es decir, sí tenía una estrella, un tal Kemba Walker, un chico que había generado enormes expectativas saliendo del banquillo en su primer año y que las había defraudado ligeramente siendo ya titular en el segundo, por lo que su rendimiento en el tercero era poco menos que una incógnita. Y a su alrededor tres o cuatro mozalbetes muy discretos y una amplia camada de novatos que tampoco presentaban ninguna referencia en especial, por lo que éste habría de ser, en el mejor de los casos, otro año de transición para los Huskies… Pero los Huskies se presentaron en Hawaii a jugar esa cosa tan exótica del Maui Invitational Tournement (o algo así) y contra todo pronóstico se lo llevaron de calle, Kemba mediante, dejando por el camino cadáveres tan presuntamente saludables como los mismísimos Spartans de Michigan State. Habemus Huskies (o más bien habemus Kemba), se dijeron todos a coro, UConn empezó a entrar en los rankings (y bien arriba), siguió ganando partidos, coronó el periodo de non-conference con una difícil victoria en casa de Texas, empezó la Big East y ahí mismo empezó a flaquear, Kemba seguía siendo el amo pero eso ya no era suficiente. Llegó marzo, llegó el Torneo de Conferencia, UConn hubo de jugar una primera ronda previa (puestos del 9 al 16), ganó lo que le dio derecho a jugar otra segunda ronda previa (contra los puestos del 5 al 8), volvió a ganar, de ahí a cuartos de final contra Pittsburgh, volvió a ganar con canasta sobre la bocina de Kemba para que quedara más bonito, de ahí a semis contra Syracuse, volvió a ganar con prórroga para que quedara más bonito, de ahí a la final contra Louisville, huelga decir que volvió a ganar, cinco victorias como cinco soles en cinco días consecutivos, no consta que haya en la historia muchos precedentes de semejante hazaña, y ahí justo fue cuando muchos nos lanzamos al barro con nuestro atrevimiento (inconsciencia, más bien) habitual, semejante sobreesfuerzo no les saldrá gratis, por narices tendrá que pasarles factura en el Torneo, difícilmente podrán pasar de segunda ronda… Dicho y hecho, la clavé como de costumbre, dos semanas después ahí estan, concretamente en Final Four.

En Final Four están Kemba y sus amigos, Kemba & friends (o algo así), esa panda de chavales voluntariosos a quienes en cualquier caso convendría empezar a dar algo más de crédito, más que nada porque con un solo tío por muy bueno que éste sea no se llega tan arriba, ni de coña. Reconozcamos pues como se merece al buen ala-pívot Oriakhi, mencionemos muy ligeramente al pívot Okwandu, a Coombs-McDaniel, al alemán Giffey y hagamos sobre todo especial hincapié en los freshmen, parte esencial hasta el punto de que en muchos partidos tres de ellos emergen ya desde el quinteto titular: Roscoe Smith y Olander me dejan más frío (por ahora) pero Shabazz Napier va a ser un gran base (el puesto será suyo en cuanto Kemba se vaya -o sea ya-, aunque le convendrá ir controlando su ligera tendencia al anarquismo) y me dejo para el final al mejor de todos (o al menos al que a mí más me gusta), Jeremy Lamb, Jeremías Cordero como si dijéramos, puro talento, si no pega la espantada antes de tiempo será cosa de tenerle muy en cuenta para los próximos años. Todo lo cual no quita para que éste aún siga siendo el equipo de Kemba, aún menos quita para que éste siga siendo (sobre todo) el equipo de Calhoun, veterano de guerra ya curtido en mil batallas, en mil alegrías, en mil disgustos y hasta en mil enfermedades (muy jodidas algunas de ellas), pero que supo ya lo que es ser campeón en 1999 (Rip Hamilton, Khalid El-Amin) y en 2004 (Ben Gordon, Emeka Okafor, Charlie Villanueva) por lo que no parece en absoluto descabellado que pueda volver a cantar victoria (a mayor gloria de Kemba) en este 2011. Llegan desde un número 3, lo que en otra Final Four no sería gran cosa pero en ésta les convierte inesperadamente en favoritos ya que los demás son un 4, un 8 y 11. Favoritos numéricos, punto, porque si algo ha quedado ya meridianamente claro es que hablar de favoritos en este Torneo viene a ser como hablar de favoritos para el próximo sorteo de Navidad. Vamos, que yo no apostaría por ellos pero aún menos apostaría en contra de ellos (y menos estando Kemba por medio), no sé si me entiende…

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Publicado noviembre 1, 2012 por zaid en NCAA, preHistoria

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