ver más allá   Leave a comment

(publicado el 7 de marzo de 2011)

 

Me he pasado todo el fin de semana dándole vueltas (bueno, tampoco exageremos, también he hecho otras cosas) al extraño asunto de la dimisión de Messina, y créanme que por más vueltas que le doy sigue aún sin caberme en la cabeza (y no será por falta de espacio). Diría yo que el Real Madrid se encuentra hoy en su mejor situación deportiva de los últimos quince años, al menos en lo que a la competición internacional se refiere: a un paso de la gloria, con ventaja de campo en el playoff, sin más obstáculo que un rival de toda confianza (lo que no significa que vaya a serle fácil, más bien todo lo contrario) de por medio. Con la Final Four y puede que hasta la Final Two relativamente a tiro no me negarán que parece descabellado rasgarse las vestiduras por un solo resultado, por escandaloso que éste fuera: en el plano ético una cagada como un piano, en el plano estrictamente deportivo una derrota sin la menor trascendencia. Que sí, que fue una vergüenza, ante la cual sólo cabía reaccionar como se supone que debería hacerlo cualquier deportista profesional en similares circunstancias: pidiendo disculpas, como así lo hizo el propio Messina nada más acabar en rueda de prensa, como así lo hizo Llull varias horas después. Pides disculpas, te encuentras el ambiente enrarecido, te comes al siguiente rival y ya está, y a otra cosa mariposa que decía mi abuela. ¿Dimitir? Odiosa comparación al canto: ayer me dio por echar un vistazo al San Antonio-Lakers, los intratables Spurs de este 2011 recibiendo a los vigentes campeones, presunto partidazo… que al acabar el primer cuarto iba ya 13-34, al descanso 37-65 (o algo así), así sucesivamente hasta el final sin que me conste que a estas horas Popovich haya presentado aún la dimisión, vamos que ni presentar sus disculpas siquiera, ni falta que le hace por supuesto. Sí, ya lo sé, son realidades completamente diferentes, sólo pretendo subrayar la desproporción que a mi juicio existe entre la causa (derrota, tan vergonzosa como intrascendente) y la consecuencia (dimisión). Una desproporción tan evidente que de alguna manera te obliga a intentar ver más allá, a elucubrar qué otras explicaciones puede haber más allá de la consabida explicación oficial…

Veamos más allá: se ha escrito mucho en estos días acerca del evidente desencuentro entre el técnico y sus jugadores, pero no se ha escrito apenas (o yo no lo he leído) acerca del no menos evidente desencuentro entre el técnico y sus superiores o más concretamente su Superior, su Ser Superior. Retrotraigámonos a la escena aquella de la entrega de trofeos tras la ya lejana Final de Copa: Messina fue saludado y reconfortado efusivamente por Su Majestad, por el President del Barça, por la infinidad de autoridades allí presentes, por los voluntarios, por el acomodador de la fila de abajo, por la señora de los lavabos que pasaba por allí… Pero de su Jefe apenas recibió lo que sólo con mucha generosidad podría ser considerado como un apretón de manos, más bien fue un mero roce epidérmico durante el cual el señor Pérez puso extremo cuidado en evitar todo contacto visual. Que ni le miró, vamos. Uno en su evidente ingenuidad habría esperado siquiera unas palmaditas en la espalda acompañadas tal vez de unas tenues palabras de ánimo y consuelo, buen trabajo Ettore, ha sido una lástima pero la próxima vez seguro que ya les ganamos, algo así, nada de especial, la fórmula de compromiso de un Jefe evidentemente decepcionado pero que aún mantuviera la confianza en su subordinado. Pero Pérez, por otro nombre don Florentino, le fustigó con el látigo de su indiferencia, le dispensó el mismo trato que dispensaría a un perro que osara lamerle sus carísimos zapatos, ese profundo desprecio que sólo los muy jefes son capaces de mostrar cuando un subordinado les decepciona. De alguna manera me recordó a esa situación típica de los regímenes absolutistas (por no decir dictatoriales, que suena más feo), cuando un día de repente el tirano te retira el saludo sin saber ni cómo ni por qué y de inmediato tú sabes que has caído en desgracia, sin remisión, sin remedio posible, caído en desgracia para siempre jamás. Vamos, que a Pérez sólo le faltó llamar a su hombre de confianza y decirle que parezca un accidente, afortunadamente hoy las cosas ya no se hacen así, los tiempos han cambiado, hoy se llama al hombre de confianza y se le dice que parezca una dimisión. No, no digo yo que nadie haya forzado la dimisión de Messina de manera directa, líbreme el cielo, pero de manera indirecta él se sabía sentenciado desde aquella noche del 13 de febrero en el Palacio de los Deportes; tanto daba que aún tuviera la confianza de Herreros, de Sánchez, de Valdano y hasta de la madre que los parió, tanto daba porque él se sabía sentenciado por el único que en el fondo podía sentenciarle, ante lo cual optó por esa elegante salida que otros ya formularon en su día, irse cinco minutos antes de que le echen. Claro está, entiéndase en sentido figurado, aquí no habrían sido cinco minutos sino cinco semanas o más bien cinco meses pero para el caso viene a ser lo mismo.

Veamos aún un poco más allá, o intentémoslo al menos: hace ya algunas semanas, no sé si antes, durante o después de la Copa, saltó la noticia de de Giorgio Armani le habría ofrecido a Messina el oro y el moro por hacerse cargo de su proyecto milanista, ese que un día fue Olimpia Milán y que hoy (y desde hace ya unos cuantos años) lleva su nombre, o más bien su apellido. Saben que no soy yo muy dado a hacer caso a esta especie de cotilleos de portera (mis disculpas al susodicho gremio por si alguien se sintiera ofendido/a), esa ristra de presuntos rumores que los periódicos deportivos tienden a inocular para que, con que luego se cumpla uno solo de los trescientos rumores inoculados, poder decir aquello de lo adelantó Marca (por ejemplo). No soy yo muy dado pero éste no me pareció descabellado, en absoluto, y aunque entonces lo olvidé de inmediato ahora ha reaparecido de nuevo en mi memoria, esto de ver más allá es lo que tiene: tiene sentido que Armani (ya que se deja una pasta) quiera que su proyecto por fin tenga éxito, tiene sentido que quiera construirlo alrededor del mejor entrenador italiano que encontrarse pueda en el mercado, tiene sentido que haya decidido tirar la casa por la ventana de una vez por todas; como tiene sentido que a Messina, una vez cerradas sus etapas moscovita y madrileña, le haga ilusión volver a casa de la mano de un proyecto ilusionante (y muy bien pagado, obviamente), pelear para que la Lega no sea ya cosa de uno, poner su grano de arena para que el pallacanestro recupere buena parte de su antiguo esplendor; como tiene sentido que tras la infamante derrota del jueves Messina pudo ver el cielo abierto, el pretexto perfecto para presentar su dimisión, para poder decir adiós muy buenas sin despertar la menor sospecha. Todo tiene sentido, lo cual no significa que sea necesariamente así, sino que tendría todo el sentido si así fuera. ¿Absurdo? ¿Descabellado? Pues tal vez, pero esto es lo que tiene intentar ver más allá, que uno se arriesga a no ver más allá de sus narices. La solución en unos pocos meses, permanezcan atentos a sus pantallas…

Anuncios

Publicado noviembre 1, 2012 por zaid en Euroliga, preHistoria

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: