Archivo para noviembre 2, 2012

demagogias   Leave a comment

(publicado el 4 de julio de 2011)

 

Supongo que hace falta ser muy buen periodista para empezar un artículo hablando de la situación que atraviesan Panathinaikos y Olympiacos y acabarlo demostrando que la culpa de todo la tienen Portela y/o Bertomeu, que han conducido a este deporte a una crisis de la que ya veremos cómo salimos. Acabáramos. Pensaba yo que no soy periodista (ni bueno ni malo), desde mi evidente ingenuidad, que acaso ambos equipos pudieran ser víctimas de una pésima gestión que les ha hecho vivir muchos años muy por encima de sus posibilidades (y en el caso de Olympiacos llovería sobre mojado, que ya una vez hubo de refundarse cambiando la K por la C); y pensaba yo incluso que ambos equipos pudieran ser víctimas de una cosa llamada crisis económica (no sé si les suena) que nos duele a todos en general pero que duele más a los griegos en particular. Vale que así en principio los hermanos Angelopoulos no creo yo que tengan muchos problemas para llegar a fin de mes, vale que los interminables ajustes les resbalen (o aún peor, les encanten), vale que no me los imagino yo entre los miles de desempleados y quinientoseuristas que andan a palos con la policía en la Plaza de Syntagma, pero con todo y con eso es bien sabido que en cuanto vienen mal dadas todos tendemos a prescindir de lo superfluo, que en su caso debe serlo el baloncesto por muy armadores griegos que sean. Todo esto pensaba yo, desde mis evidentes limitaciones, hasta que esta mente preclara ha acudido a sacarme del error y a explicarme de una vez por todas dónde está la verdadera raíz del problema.

Pues vale, reconozcámoslo, el baloncesto lo han llevado a la ruina y eso que tradicionalmente lo ha tenido todo a favor: contratos televisivos milmillonarios, cobertura mediática desmesurada, repercusión social incomparable, ingentes masas enfervorecidas y enfervorizadas que lo siguen a cada instante sin pensar jamás en otra cosa… No como el pobre fútbol, eternamente dejado de la mano de dios y que sin embargo ahí continúa gozando de excelente salud: total, a día de hoy sólo debe haber dos docenas de equipos balompédicos metidos hasta el tuétano en esa extraña cosa que llaman concurso de acreedores, que les sirve básicamente para escaquearse de que les desciendan por morosos y para de paso quitarse de pagar más/menos la mitad de lo que deben, todo ello con plenas bendiciones legales por supuesto (ahí tengo yo uno justo al ladito de casa, y bien que me duele por cierto). Y claro, yo ahora podría soltar aquí un artículo eximiendo de toda responsabilidad a los dirigentes de dichos clubes por su maravillosa gestión, y echándole todas las culpas al presidente de la LFP o al de la RFEF o a Platini o a Blatter o al padre de Domingo Ortega o al lucero del alba, qué sé yo, podría hacerlo pero no lo haré porque carezco del don de la retórica y probablemente me acusarían con razón de demagogo. Y es que para esto como para tantas otras cosas hay que valer, reconozcámoslo, una buena demagogia no está al alcance de cualquiera.

Así que aquí me tienen, de abogado de causas perdidas como decía mi madre. Si echan la vista atrás en este blog (traumática experiencia que no les recomiendo en absoluto) me encontrarán chiquicientas entradas despotricando de cómo se han gestionado tradicionalmente nuestros baloncestos, así el de aquí en particular como el europeo en general. Pero el que a estos señores (Portela y Bertomeu, me refiero) se les pueda acusar de muchas cosas no significa que se les tenga que acusar necesariamente de todas las cosas. Podemos culparles de la muerte de Manolete pero hasta donde yo sé a Manolete le mató un toro, y puede que ni ellos tuvieran aún uso de razón (sea eso lo que fuere) cuando sucedió semejante cosa. Ahora bien, ponga usted la muerte de Manolete o el hundimiento del Titanic en manos de algún brillante creador de opinión que yo me sé y no le quepa la menor duda de que en pocos instantes tendrá señalado y perfectamente razonado el culpable único e indiscutible con nombre y apellidos. Qué envidia, por favor, yo de (más) mayor quiero ser como él.

Publicado noviembre 2, 2012 por zaid en ACB, Euroliga, preHistoria

tiro al Laso   1 comment

(publicado el 1 de julio de 2011)

Es bien sabido que el entrenador del Madrid, por el mero hecho de serlo, es susceptible de ser linchado en cuanto pierde un partido cualquiera por intrascendente que éste sea; lo que ya no nos constaba es que el entrenador del Madrid, por el mero hecho de serlo, pudiera ser linchado aún sin necesidad de perder, aún sin haber empezado a trabajar, sin haber dirigido ni un partido, ni un solo entrenamiento siquiera. En el entorno de la casa blanca ha quedado inaugurada la temporada de tiro al Laso, que no es disciplina olímpica pero como si lo fuera. Yo entiendo que disparen contra la superioridad, contra la reducción del presupuesto, contra el abandono hacia el que tiende la sección por parte de unos dirigentes que en cambio no parece que acostumbren a reparar en gastos (ni aún en estos tiempos) cuando de reforzar a su equipo de fútbol se trata. Es decir, yo entiendo que disparen contra la causa pero no contra la consecuencia. Laso no es causa sino consecuencia pero tanto da, a la hora de recibir palos le caen lo mismo. Es lo que tiene la desmesura de la institución, que son unos cuantos los que opinan de baloncesto con conocimiento de causa pero son muchos más (demasiados, tal vez) los que opinan de baloncesto sin saber muy bien de qué hablan, sin seguirlo siquiera, sin pararse jamás a ver un partido salvo que sea contra el Barça, eso en el mejor de los casos. No saben que Pablo Laso representó la excelencia en el puesto de base durante los noventa, no recuerdan que hasta llegó a vestir esa misma camiseta, no conocen su trayectoria reciente como técnico del GBC, de hecho no tienen ni la menor idea que exista siquiera un equipo llamado GBC. Pero claro, opinar es libre, sólo faltaría, y así en determinados foros puedes leer cosas como… ¿Pablo Laso? Por dios, qué será lo próximo, ¿Monsalve? ¿Brabender?… Opiniones que si no fuera por el desprecio que encierran hacia determinadas personas casi habría que tomárselas a risa, que no es ya que el sesudo comunicante no conociera a Pablo Laso sino que probablemente le estaría confundiendo con su padre (a quien tampoco habría conocido más allá de su actual faceta de articulista). A éste en su ignorancia le preocuparía la presunta edad (por exceso) pero a la mayoría lo que parece preocuparles es la experiencia (por defecto). Que es también curioso esto de la experiencia: diría yo que Laso tiene bastante más experiencia como entrenador-jefe que la que tenía su antecesor en el cargo Lele Molin (es decir, cero) cuando tomó las riendas; diría yo que tiene bastante más experiencia que la que tenía en su día el superdenostadísimo Joan Plaza (es decir, cero), quien dicho sea de paso les proporcionó sus últimos títulos así nacionales como continentales; es más, diría yo que tiene bastante más experiencia que la que atesoraba en su día el hoy laureado técnico de su eterno rival, Xavi Pascual (es decir, cero), alguien que si aquí se repartieran anillos ya no tendría dedos en las manos donde ponérselos; y como bien ha señalado el propio Laso, por tener tiene hasta más experiencia de la que tenía Zeljko Obradovic (es decir, cero) cuando ganó su primera Euroliga en 1992. Pero total qué más da, si el pueblo llano ha dictado ya sentencia, sentenciado está como igualmente lo estarían si ocuparan su lugar pues qué sé yo, Casimiro, Maldonado, Fisac, Martínez (éste aún más que los demás, tras la crucifixión internáutica a la que se vio sometido el pasado septiembre), hasta el mismísimo Pepu lo estaría como quedó ya bien demostrado en su momento. No sé, a lo mejor es sólo cuestión de nombre, si se llamara Lasovic o al menos Lasotti seguro que todo dios le tendría más respeto y le miraría de otra manera pero se llama Laso, Pablo Laso, y por no tener no va a tener ni tan siquiera el beneficio de la duda. Cada vez que pierda seráculpa de él (y de quien le puso), cada vez que gane será a pesar de él. Francamente no sé si (aún por todo el oro del mundo) sería yo capaz de aguantarlo.

Publicado noviembre 2, 2012 por zaid en ACB, preHistoria

la pachangaza   Leave a comment

(publicado el 27 de junio de 2011)

 

No pretendía yo sacar de nuevo a colación aquellas declaraciones de Salva Guardia en las que minusvaloraba los logros de su (aún entonces) compañero Biyombo en el Nike Hoop Summit, ya saben, todo aquello de la pachanguita, no tenía yo ni la menor intención de volver a meter otra vez el dedo en el ojo con este tema pero es que me lo han puesto a güevo y claro, así no hay manera…

Resulta que el susodicho Bismack Biyombo fue escogido por los Charlotte Bobcats con el número 7 de este pasado draft, qué les voy a contar que ustedes no sepan. Y claro, podríamos seguir haciéndonos los ingenuos y pensar que todo se lo debe a su efímera trayectoria (lo bueno si breve dos veces bueno) en Fuenlabrada y antes en Illescas y aún antes en el África Subsahariana etc etc. Podríamos, pero usted y yo (y hasta Guardia, si se parara a pensarlo) sabemos perfectamente que en realidad todo se gestó en el Rose Garden de Portland, en aquella fría (supongo) noche de comienzos de abril. No nos engañemos, aquel triple doble jamás visto (ni de lejos) en dicha competición (o sea pachanguita) le abrió de par en par las puertas de la gloria. Porque si no fue por lo de antes aún menos será por lo que vino después: después Biyombo ya no volvió a jugar ni un solo encuentro oficial (recordémoslo, si te vas aquí no vuelvas), tan solo se bajó al Eurocamp de Treviso, cuentan los que allí le vieron que la cagó bien cagada si bien luego fue arreglándolo más o menos en entrenamientos privados franquicia por franquicia; en el de Charlotte debió acabar de cautivar al mismísimo Michael Jordan, que se tiró a por él en plancha en cuanto se le presentó la ocasión (o mejor dicho, ni siquiera esperó a que se le presentara la ocasión, que hasta forzó un traspaso para asegurarse de que no se le escapara). Número 7, por delante de Brandon Knight, de (su futuro compañero) Kemba Walker, de Fredette, de Burks, de los gemelos Morris, de otros muchos nombres que tal vez a usted (si no siguió la NCAA) no le dirán absolutamente nada pero que son (o eran, hasta hace apenas unos días) infinitamente más reconocidos y valorados en USA que este chaval (o algo así) de Lubumbashi, República Democrática del Congo. ¿Seguimos engañándonos? ¿Jugamos a pensar qué podría haber pasado si Biyombo hubiera obedecido la prohibición de su club (renunciando a un derecho que tenía reconocido por contrato) y no hubiera acudido a jugar aquel partido? Pues que habría acabado la temporada sin pena ni gloria en Fuenlabrada, que de ninguna manera habría sido drafteado (y a saber si llegaría a serlo algún día), que ahora se dispondría a disputar otra temporada muy similar si bien ya probablemente con un contrato un poco mejor… pero que en nada se parecería, ni de lejos, a esas relucientes siete cifras que en unos meses pondrá la NBA a su entera disposición. Esta vida no acostumbra a ser pródiga en oportunidades, cuando alguna se te cruza en tu camino es muy conveniente no dejarla pasar. Biyombo se agarró con fuerza al Nike Hoop Summit y hoy el rédito de esa supuesta pachanguita se mide en millones de dólares. Como para pararse a mirar atrás.

¿Aún más? Pues me van a permitir que les hable también un poco de Enes Kanter, emergente pívot turco que un día se marchó precipitadamente a hacer las américas. Jugó el Hoop Summit de 2010 y se salió, 34 puntos (superando el record histórico de anotación en dicho encuentro, establecido trece años antes por un tal Dirk Nowitzki) y 13 rebotes en apenas veintipocos minutos sobre la cancha del Rose Garden. Pero claro, aún no estaba entonces en edad de ser drafteado, el sentido común debería haberle hecho volver de inmediato a Turquía pero es bien sabido que el sentido común suele ser el menos común de los sentidos. Prefirió quedarse en USA, ponerse a disposición de Calipari (quién mejor), pasar un año en Kentucky y luego apuntarse de inmediato a la moda del one and done, plan perfecto donde los haya si no fuera por el pequeño detalle de que la NCAA acostumbra a ser muy mirada para sus cosas, en cuanto hueles aún de lejos a profesionalismo ya no te deja jugar en la universidad. Kanter ya había cobrado de Fenerbahçe en sus años mozos luego fue declarado inelegible o lo que es lo mismo, Kanter se ha pasado toda esta temporada 2010/2011 sin jugar ni un solo minuto, algo que en estas edades debería considerarse pecado mortal. Además para acabar de arreglarlo se ve que el chico acostumbra a ir de sobrado por la vida: pasó de hacerworkouts con la mayoría de franquicias en los días previos al draft, y no contento con ello declaró que él erasin ninguna duda el mejor jugador de esta promoción, número 1 indiscutible sería de haber tenido la oportunidad de jugar, ya ven que la humildad no debe ser su fuerte. Y el resultado de todo ello ya lo saben, Kanter fue elegido por los Utah Jazz con el número 3, por delante de otros interesantísimos prospectos(terrible anglicismo, que a mí siempre me recuerda al papel que viene con las medicinas) europeos como Valanciunas (5) o Vesely (6). Es decir, un tío que se ha tirado un año y pico sin dar un palo al agua, elegido muy por delante de dos tíos que han cuajado una excelente temporada en Lietuvos y Partizan respectivamente, con todo el escaparate de la Euroliga puesto a su entera disposición. En resumidas cuentas, que a los americanos (de USA) les vale más lo visto con sus propios ojos en un solo partido que lo que les cuenten (o les llegue por vídeos) de Europa, tanto da que se trate de la competición de más alto nivel fuera de la NBA. Son así, qué le vamos a hacer, y ese ser así es lo que les ha valido a Kanter y a Biyombo, lo que hace años les abrió todas las puertas a Parker o a Nowitzki por encima de cualquier otra consideración. Podemos no compartirlo pero en ningún caso deberíamos despreciarlo, lo podemos calificar de pachanguitapero para ellos es más bien pachangaza, la piedra de toque de la que más se fían cuando se trata de incorporar jugadores desde las colonias de ultramar. Bien haríamos en asumirlo cuanto antes, ya que no lo podemos cambiar…

Publicado noviembre 2, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

deporte nacional   Leave a comment

(publicado el 24 de junio de 2011)

 

Rudy, al campeón de la NBA y apunta a titular, titulaba (valga la repugnancia) en su página web el principal diario deportivo de este país. Claro que sí, Rudy apunta a titular y a máximo anotador y a olestar y hasta aemvipí si me apuran, y por supuesto a jugador franquicia, de hecho a estas horas Nowitzki ya le habrá pedido a Cuban que le traspase, o él o yo, no caben dos gallos en este corral le habrá dicho. Diga usted que sí, Rudy apunta a titular y yo apunto a premio Pulitzer por este blog, no te jode.

Si la generación de expectativas desmesuradas fuera deporte olímpico jamás nos bajaríamos del podio. Mandan a Rudy a Dallas, Donnie Nelson declara que podría ser titular (típica declaración de compromiso, la misma que habría hecho si el recién llegado fuera Chiquito de la Calzada pongamos por caso, si bien esta hipótesis se me antoja sumamente improbable) y a partir de ahí ya nos lanzamos a situarle en el cinco inicial del que a día de hoy resulta ser el mejor equipo sobre la faz de la tierra, que tiemblen Terry, Barea o Stevenson, que tiemble incluso Kidd por lo que le pueda salpicar, que tiemble Butler cuando se recupere, que asuman todos que el día de hoy marcará un antes y un después en la historia de los Mavs. Rudy apunta a titular, lo soltamos y nos quedamos tan anchos, y cuando se lleven tres partidos de temporada regular y aún no lo sea ya tendremos tiempo de crucificar a Carlisle como antes crucificamos a McMillan, otro indocumentado, eso es lo que es. No está mal, Rudy apunta a titular en estos Mavs campeones cuando no lo era siquiera en un equipo que cayó en primera ronda de playoffs, serie que por cierto a Rudy le salió bastante horrible… precisamente contra los Mavs. Rudy apunta a titular, ojalá lo fuera, ojalá que por una vez tuvieran razón, ojalá tuviera yo que tragarme todo esto, pero por qué será que no logro evitar la sensación de que estamos asistiendo a una nueva demostración de nuestro deporte nacional, que en contra de lo que se suele pensar no es el fútbol sino la venta de humo. Definitivamente, no tenemos remedio.

Publicado noviembre 2, 2012 por zaid en medios, NBA, preHistoria

los mundos de Ricky   Leave a comment

(publicado el 21 de junio de 2011)

 

Ustedes me permitirán que comience describiendo una obviedad: no es ya que este año Sada se haya hecho con el puesto de base titular en detrimento de Ricky (que eso a este lado del Atlántico sería lo de menos), no es ya que Sada haya jugado más minutos (y más consistentes) que Ricky, ni siquiera es ya que Sada haya jugado manifiestamente mejor que Ricky; es que incluso el Barça ha sido mucho mejor equipo con Sada que con Ricky. Todo lo cual me llena de orgullo y satisfacción en lo que respecta a Sada, que al fin y al cabo yo era de los que pedían su inclusión en la selección cuando todavía no estaba de moda pedir su inclusión en la selección. Pero es que no era de Sada de quien yo pretendía hablarles hoy…

Ricky Rubio anunció el pasado viernes su marcha a los Wolves, qué les voy a contar que ustedes no sepan, de hecho a estas horas ya ha sido recibido por aquellas tierras en loor (y en olor) de multitud, y lo mismo ustedes esperarán que yo ahora me rasgue las vestiduras y reitere aquel discurso que todos solíamos repetir por activa y por pasiva hace apenas dos veranos, qué horror, dónde va, es demasiado joven, no está preparado, se la va a pegar, que se quede y vaya rodándose otro par de años, total dónde va a estar mejor que aquí, etc etc. Pues no, ni de coña, con una vez ya fue más que suficiente. Es más, es que creo sinceramente que a día de hoy lo mejor que puede hacer Ricky es exactamente lo que ha hecho, es decir, marcharse de una vez por todas a la NBA.

Y es que hace ahora exactamente dos veranos Ricky Rubio, recordémoslo, se encontró sumido en una peculiar encrucijada: quería irse a la NBA pero no podía irse a la NBA; es más, quería irse a la NBA pero no aesa NBA. Quería Ricky una NBA a la carta, que le escogieran en el puesto 2 ó el 3 y no en el 5, que le pusieran vistas al mar y no a la montaña, que tuviera clima mediterráneo y no ese frío polar que acostumbran a gastarse por allí. De un plumazo aprendió Ricky que las cosas son como son y no como nos gustaría que fueran, y semejante aprendizaje le sumió en un estado de estupor en el que ha continuado (casi) hasta el día de hoy. Él que siempre lo había tenido todo tan claro se vio de repente sin saber qué hacer, y teniendo que escuchar además cientos y cientos de opiniones divergentes a su alrededor: que si aquellos no van a poder pagar mi clásula (y además allí hay mucha nieve), que si estos otros sí que pueden pagarla pero para irme ahí pues total casi mejor me quedo aquí… Ricky firmó con el Barça un contrato de cinco años con ventajosísima cláusula de escape a la NBA a los dos años; es decir, Ricky firmó con el Barça un contrato que en sí mismo llevaba implícita su condición de provisionalidad. Lo que ya no imaginábamos es que el propio Ricky se instalara también en esa provisionalidad: su cuerpo vestía de azulgrana y transitaba por el Palau, demasiadas veces su mente parecía estar ya demasiado lejos de allí.

Y el resultado de todo ello ya lo saben, que este no es nuestro Ricky que nos lo han cambiado (o que se habrá cambiado él solo, no sé). Bien podría decirse que hubo un Ricky verdinegre y un Ricky blaugrana, como si cumplir los dieciocho (y pasar por aquel verano de 2009) le hubiese arrebatado para siempre la edad de la inocencia, como si toda aquella frescura y desinhibición de que hizo gala en sus años mozos se hubiese convertido en (exceso de) responsabilidad al alcanzar la mayoría de edad. Como si todo aquel desparrame de energía hubiese devenido en un discurso casi funcionarial, como si hubiese pasado de jugar por placer a jugar por obligación. ¿Dónde quedó aquel Ricard Rubio que un día conocimos con apenas trece años cumplidos, en aquella Minicopa de Sevilla? ¿Dónde aquel Ricky que ganó la Lliga Catalana con la Penya y una semana más tarde debutó en la ACB, cuando aún no había cumplido los quince? ¿Dónde aquel efervescente Ricky que cuando jugaba con los de su edad podía hacer hasta cúadruples dobles, aquel que epató al mundo desde Linares en el Eurobasket cadete de 2006? ¿Dónde aquel Ricky que sembraba el pánico en los rivales, el que acostumbraba a desquiciar al más pintado incluso aunque se tratara de una Final olímpica, incluso aunque el de enfrente se llamara Chris Paul o Jason Kidd? ¿Fue todo un bello espejismo (cuatro años de espejismo) o fue acaso una maravillosa realidad? ¿Estaríamos hablando de todo esto si Ricky hubiera podido continuar en la Penya? ¿Estaríamos hablando de todo esto si Ricky hubiera podido continuar (en donde fuera) a las órdenes de Aíto y/o de Sito? ¿Podemos explicarlo todo en base al sistema del juego del Barça, ese sobrio ataque estático carente de excesos, tal vez escaso de alegrías ofensivas? ¿O podemos pensar legítimamente que hubo algo más?

Qué quieren que les diga, yo creo que Ricky necesita como el comer cambiar de mundo: salir de ese entorno suyo del que nunca jamás ha salido, dejar atrás su Mar Mediterráneo, la casa de sus padres, la mesa camilla de su abuela, a sus colegas de El Masnou; irse poco a poco acostumbrando a esos inviernos de veinte bajo cero, a esa ciudad sin mar (pero con miles de lagos a su alrededor) por la que no puedes pasear porque te hielas, en la que la vida la hacen subterránea cual si de topos se tratara porque resulta absolutamente impensable asomarse al exterior; vivir en una casa (todavía no un hogar) impersonal, ver a su gente sólo por Internet, procurar hacerse amigo de Kevin Love, del macarra Beasley, de Nikola Pekovic o Darko Milicic (dios santo, esto último tiene que ser terrible); acostumbrarse a un idioma que por muy bien que lo sepa no va a dejar de resultarle extraño (sobre todo en estos primeros meses), a unos compañeros que se expresen en el inglés de las calles y no en el de las academias, a un entrenador que no le entienda y a quien muchas veces él tampoco va a entender. Procesar las malas caras de Luke Ridnour o de aquel otro ex prodigio escolar venido a menos llamado Sebastian Telfair (si es que ambos siguen allí, claro), asumir que no serán tanto compañeros como competidores capaces de morder por defender su puesto, nada que ver con lo que haya representado Sada por aquí. Entender de una vez por todas que nada le vendrá dado, que el nombre te vale mientras dure la presentación y poco más, que allí impera la ley de la selva, que nada se consigue sin esfuerzo, que (como decía aquella profesora de aquella legendaria serie televisiva) la fama cuesta, y aquí es donde te la tienes que empezar a ganar. Con sudor.

O dicho de otra manera, que lo que no te mata te hace más fuerte. Tengo para mí (parezco Paniagua) que una de las claves del éxito de nuestras selecciones (de baloncesto y de fútbol, me refiero) en estos últimos años es que nuestro deporte dejó de ser endogámico, que algunos de nuestros mejores jugadores tuvieron que salir a ganarse las lentejas al exterior, a la NBA (o a Italia, en el ya lejano caso de Garbajosa), a la Premier o a donde fuera. A unos les fue bien, a otros regular y a algunos mal pero en todos y cada uno de los casos la experiencia supuso una etapa muy importante en su proceso de maduración, de la que se benefició nuestro deporte en general y cada uno de ellos en particular. Yo no sé si Ricky jugará mucho, poco o nada en Minnesota (con el lockout a la vuelta de la esquina el comienzo no puede ser más desalentador), no sé si dará con un técnico que le entienda y que le exija o con uno que simplemente le exija (no sé si seguirá Rambis ni sé quién podría ocupar su lugar), no sé si el Ricky que nos volvamos a encontrar por aquí a la vuelta de cada verano será mejor jugador (me gustaría pensar que sí) pero de lo que sí estoy completamente seguro es de que será infinitamente más maduro como persona. Ese ya habrá sido el primer paso, tal vez un pequeño paso para Ricky pero un grandísimo paso para nuestro baloncesto (que algo así habría dicho Neil Armstrong, el de la luna, de haberse encontrado en esta misma situación…) Ojalá nos puedan devolver el espejismo.

Publicado noviembre 2, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

será casualidad   Leave a comment

(publicado el 20 de junio de 2011)

 

Lo reconozco, me declaro total y absolutamente incapaz de entender los procesos de pensamiento de Fran Vázquez, supongo que será cosa de la edad (de la mía, me refiero). Hace dos años, o tres, o los que fueran, dijo aquello de los motivos personales y supongo que se coscó de que la cosa no satisfizo mucho al personal. Así que este año, para compensar, en vez de no dar ninguna razón ha decidido dar demasiadas: que sinecesito reposo, que si ando fastidiado de la rodilla, que si me duele esto o aquello, que si se me acaba el contrato, que si me pica el culo, que si… (no, esto último aún no lo ha dicho, pero todo se andará). Excusatio non petita, acusatio manifiesta, solía decirnos (con escaso éxito) un profesor de latín allá por nuestra más tierna infancia (tan tierna era que aún dábamos latín…)

Lo diré una vez más para que quede claro, aún a sabiendas de que el común de los mortales no compartirá mi opinión: yo considero que Fran Vázquez (o quien fuere) tiene perfecto derecho a no acudir a la selección. Esto no es un sacerdocio, o al menos yo no lo entiendo como un sacerdocio. Ahora bien, dicho lo cual también habremos de reconocer que el amigo Fran tiene una forma, digamos, peculiar de bajarse del barco, de esas que siempre dan que pensar. Y puestos a pensar el ser humano es capaz de pensar las cosas más peregrinas que imaginarse puedan, miren sin ir más lejos mi caso: yo hoy me parado a pensar (ya lo sé, no debería) y he pensado que, desde que está en el candelabro (que diría aquella), Fran Vázquez sólo ha acudido dos veces a la selección, a saber, en 2005 y en 2010; y he seguido pensando (que esto es como aquello otro, que una vez que empiezas ya no puedes parar) y he llegado a la conclusión de que en toda esta década prodigiosa de nuestro baloncesto Pau Gasol sólo ha faltado en dos ocasiones a su cita con la selección, casualmente en 2005 y en 2010. Fran ha jugado con todos los miembros de esta maravillosa generación excepto con Pau, Pau ha coincidido cientos de veces con todo dios excepto con Fran. Es decir Pau que va y caerse Fran, es caerse Pau y que a Fran le vuelvan las ganas de ir. Que yo recuerde sólo estuvieron juntos bajo el mismo techo en el inicio de la concentración previa al Mundial de 2006, aquella que Fran abandonó abruptamente pocos días más tarde pretextando una presunta lesión. Y hasta la fecha. Que será casualidad, no digo yo que no, que de casualidades está el mundo lleno, el azar es lo que tiene… pero llegados a este punto no sé yo si esto no empieza a ser ya demasiada casualidad.

Publicado noviembre 2, 2012 por zaid en preHistoria, selecciones

insustancialidad   1 comment

(publicado el 16 de junio de 2011)

Cuentan (yo no lo escuché) que LeBron James, tras la derrota del pasado domingo, dijo que esos aficionados que tanto le critican tienen una vida anodina e insustancial (cielo santo, jamás pensé que pudiera manejar conceptos tan complejos): ellos se levantarán mañana y se darán cuenta de que tienen exactamente la misma vida que ayer, seguirán con sus problemas personales… Al menos en lo que a mí respecta, tiene razón: mi vida es anodina e insustancial. Tengo una familia normal y corriente, me levanto poco antes de las siete cada mañana, viajo hacinado en el transporte público para llegar a un trabajo de cuarenta horas semanales por el que gano al año menos de lo que gana él en un día, hago tareas domésticas varias, ceno (demasiado), duermo (poco), pago resignadamente mis impuestos y dedico mi escaso tiempo libre (entre otras cosas) a verle a él y a otros como él hacer cabriolas en pantalón corto, y no contento con ello a veces hasta me vengo aquí a contarlo por el mero placer de escribir. Sí, una vida completamente anodina e insustancial por la que me doy con un canto en los dientes (flojo, que no están los presupuestos como para dilapidarlos en dentistas), que digo yo que cuántos no habrá por ahí que estarían encantados si pudieran tener una insustancialidad como la mía en estos duros tiempos que nos ha tocado vivir.

Y no, por desgracia a mí de niño no me decían que fuera yo el Rey ni el Elegido ni ninguna de esas zarandajas (supongo que tampoco les di motivos para ello), a mí me decían que bien que se notaba que yo no había pasado una guerra, que algún día tendría que ganarme el pan con el sudor de mi frente, que debería labrarme un porvenir y estudiar para ser un hombre de provecho el día de mañana y demás lindezas varias que solían contarnos a las criaturas de los sesenta y/o setenta y que nosotros generalmente escuchábamos como quien oye llover. No, no me prepararon para ser rey ni elegido sino para ser un pringao (un pringao de provecho, eso sí), razón por la cual tengo la fea costumbre de vivir con los pies pegados al suelo. Por eso, desde mi condición de humilde mortal, me gustaría sugerir a su (presunta) deidad que de vez en cuando nos hiciera la caridad de bajarse un poquito a la Tierra, siquiera fuera para descubrir que hay otros mundos muy terrenales más allá (más acá) de sus mundos de yupi. Que se diera un baño de realidad (aunque le escociera), que intentara tratar a sus (casi) semejantes no como inferiores sino como iguales, que probara a tratar como iguales incluso a sus rivales y a sus compañeros de equipo y entonces, quién sabe, lo mismo sin apenas darse cuenta estaría dando ya el primer paso para llegar a ajustarse algún día ese preciado anillo… Claro que no sé yo si ciertos dioses estarán capacitados para soportar semejante sobredosis de insustancialidad.

Publicado noviembre 2, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

me alegro   1 comment

(publicado el 14 de junio de 2011)

Me alegro por José Juan Barea, puertorriqueño con sangre de León… es decir, de la provincia de León, de la mismísima comarca de Sajambre, al pie del Pontón, en la vertiente leonesa de los Picos de Europa (algún día debería venirse a conocer despacio toda esa zona, iba a alucinar). Un yogurín entre adultos, un pequeño entre grandes, un soplo de aire fresco, el chorro de imprevisibilidad que necesitaba ese equipo para acabar de romperles los esquemas (si los hubiere) a los Heat. Jason Kidd ya tiene sucesor, ya se puede jubilar tranquilo.

Me alegro por Brian Cardinal, ese energético ala-pívot que un día nos encantó en Purdue, que otro día ya lejano pasó sin pena ni gloria por Valencia, ese mismo que se lo llevó muerto en Memphis, ese para quien parecía estar destinado en esta Final un papel no ya secundario sino terciario, básicamente agitar la toalla y llevar el agua hasta el día aquel en que Carlisle le dio bola, un poco por probar, para acabar descubriendo (más vale tarde que nunca) lo mucho y bueno que aún les podía aportar…

Me alegro por Peja Stojakovic, que apenas ha tenido participación en esta Final pero que la tuvo de sobra en las tres rondas anteriores, tanto como para que pueda sentir este anillo tan suyo como el que más. Una carrera como la suya bien merecía una culminación así.

Me alegro por Tyson Chandler, otro de los malditos de aquel draft maldito (excepto por Pau) de 2001, que pareció en Nueva Orleáns que ya sólo sabía hacer una cosa, que pareció en Charlotte que ya no sabía hacer ni esa cosa siquiera, que ahora en Dallas ha desmostrado con creces que en realidad sólo necesitaba un buen equipo que le arropara, algún buen base que se las pusiera, un entrenador que le supiera llevar…

Me alegro por DeShawn Stevensonmachaka de lujo, pero de verdadero lujo, nada que ver con otros machakas pret a porter, precisamente él que llegó a la Liga sin pasar por la Universidad como creída estrellita de instituto, él que se fue llevando golpe tras golpe, que (a la fuerza ahorcan) hubo de reciclarse, el mismo que ahora resulta ser tan imprescindible atrás como imprevisible adelante, ese aceite lubrificante en quien nadie se fija pero cuya mera presencia hace funcionar como la seda todo lo demás…

Me alegro por Shawn Marion, ese que un día fue Matrix y líder estadístico y jugador franquicia y candidato aemeuvepé y toda la pesca, ese que ya no brinca como antes pero aún sigue manteniendo sus inverosímiles tiros umbilicales, ese que parecía perdido para la causa hasta que la lesión de Caron Butler le devolvió un papel preponderante en el equipo, ese sin cuyos rebotes imposibles, sin cuyas canastas improbables ahora tendríamos que estar hablando de otra cosa completamente distinta…

 

Me alegro por Jason TerryJet Terry que le dicen por allá, Terry me va que le decía aquí Montes parafraseando aquel legendario anuncio del caballo blanco. Viéndose con el título debió tal vez de acordarse de aquel otro de hace catorce años, aquella histórica final universitaria de 1997, cuando sus Wildcats de Arizona, a las órdenes de Lute Olson, se cargaron a los no menos Wildcats de Kentucky. Por aquel entonces tenía de compañero a Mike Bibby (de hecho Bibby era la estrella de aquel equipo), y vale que las comparaciones sean odiosas pero hoy resulta estremecedor ver al uno contra el otro, Bibby ya ni una pálida sombra de lo que fue (lleva años así, de hecho), Terry… No es ya que sin Terry no hubieran ganado el anillo, es que sin Terry, sin su puntería prodigiosa (e incluso sus insospechadas asistencias, a veces), ni siquiera se habrían metido en esta Final. Así de sencillo.

Me alegro por Jason Kidd, a quien un día habremos todos de reconocer como uno de los más grandes bases que haya conocido esta Liga en toda su historia. Hace pocos años llegó a los Mavs en un traspaso a cambio de Devin Harris y de inmediato todos procedimos a descojonarnos, ya la ha vuelto a cagar este Cuban como antes con Nash, ya ves tú, mandar a un valor emergente a New Jersey y recibir a cambio al tío éste que está más acabao que yo, por favor… Como solía decir aquel periodista de cuyo nombre no quiero acordarme, el tiempo es ese juez insobornable que da y quita razones y pone a cada uno en su sitio: años después Harris sigue aún buscándose a sí mismo, años después quedó demostrado que aquellos que nos reíamos no teníamos ni idea, años después Kidd ya tiene (por fin) su bien merecido anillo.

Me alegro sobre todo por Dirk Nowitzki, que aún sin acabar de sonar la bocina final enfiló él solo el camino de los vestuarios para festejarlo a su manera en la intimidad, para poder desahogarse a gusto, para pellizcarse convenientemente, para arrancarse de cuajo aquel cartel de perdedor que aquí siempre supimos que era una solemne estupidez (quien lo dude que se repase por ejemplo aquella semifinal del Eurobasket 2005, cuando nos clavó aquella canasta imposible en el último segundo; es sólo un ejemplo, habría cientos) pero que los americanos (de USA) le colocaron impunemente tras perder la Final de 2006 y aún más se lo restregaron tras caer en primera ronda en 2007, y aún tuvo que aguantar las chanzas y las coñas de todo dios cuando se le ocurrió confesar que evocaba una canción del Hasselhoff aquel para concentrarse en los tiros libres, y aún más risas tuvo que aguantar cuando su prometida resultó ser una estafadora de medio pelo con identidad falsa, y hasta hace apenas unos días tuvo que soportar que dos niñatos impresentables se le rieran en la cara por haber jugado un partido con fiebre, probablemente ya no se pueda caer más bajo.Ladran luego cabalgamos, contra tanta tontería él se limitó a a ocultarse en su caparazón y entregarse a su único patrimonio, hacer lo que mejor sabe hacer como mejor sabe hacerlo, jugar (como los ángeles) al baloncesto. Nunca nuestro deporte fue más justo, nunca un anillo pudo estar en mejores manos.

Me alegro por Rick Carlisle, técnico muy poco reconocido por estos pagos pero que ha hecho realidad una vez más aquello de que los equipos suelen ser un fiel reflejo de la personalidad de sus entrenadores: serio, sobrio, se permite pocos lujos, no suele ser la alegría de la huerta pero acostumbra a poner en juego equipos tremendamente trabajados en defensa (hasta con zonas, incluso) y que la mueven con muchísima paciencia (a veces demasiada) en ataque. Equipos que juegan al baloncesto, que parece obvio pero no lo es, si no que se lo digan a los que tenían enfrente. Una vez más, en la Liga de las individualidades y de los egos desmedidos volvió a llevarse el gato al agua un equipo, un verdadero EQUIPO. Otra buena noticia.

Me alegro incluso por Mark Cuban, tantos años ejerciendo de Pepito Grillo de la Liga, tantos años metiendo la pata y rehaciéndose y volviendo a meterla y volviéndose a rehacer, tantos años insistiendo en ese empeño del que tantos otros multimillonarios abdicaron en cuanto vinieron mal dadas, en cuanto empezaron a escapárseles los triunfos o los dólares pero él no, él perseveró, él acabó convirtiendo el American Airlines Center casi en su segunda casa, hasta consiguió que así lo sintieran también todos los que trabajaban en ella… Y cuando finalmente llegó la gloria, precisamente él, el propietario más controvertido de la Liga, el más histriónico, el más chupacámaras de toda la NBA decidió quitarse del medio, no recoger el trofeo él (como allí suele ser habitual) sino cederle tal honor al octogenario o nonagenario señor que un lejano día de hace más de treinta años fundó la franquicia… Sí, que demonios, me alegro también por Cuban, aunque chirríe.

Y habré de confesarles que me alegro también por un sujeto que no suele aparecer en pantalla (salvo en algún plano lejano, muy por detrás del banquillo) pero a quien tuve el inmenso honor de saludar (venciendo mi natural timidez) en septiembre de 2007, en el Telefónica Madrid Arena, durante la segunda fase de aquel Eurobasket; andaba por aquí haciendo labores de scouting, vestido con su polo azul de los Mavs y mostrándose tremendamente afable con aquellos que nos acercábamos a darle puntualmente el coñazo. Es panameño, se llama Rolando Blackman, a los más jóvenes no les dirá nada su nombre pero puedo asegurarles que allá por los ochenta (aquella primera NBA que se apareció ante nuestros ojos) las metía de todos los colores, siempre por supuesto con la camiseta de los Mavs. Sospecho que hoy estará inmensamente feliz, y yo bien que me alegro por ello.

Me alegro por el baloncesto, que nos ha regalado una Final extraordinaria como aquella otra de 2006 (al final sí que fueron finales paralelas… sólo que con ambas líneas trazadas en sentido contrario). Me alegro de que siga siendo justo, de que en nuestro deporte aún sean posibles los finales felices, de que de vez en cuando todavía sigan ganando los buenos.

Y sí, finalmente habré de reconocerlo, también me alegro de que haya perdido LeBron, qué le vamos a hacer. Pero esa es otra historia…

Publicado noviembre 2, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

al pie de la letra   Leave a comment

(publicado el 13 de junio de 2011)

 

Hoy me van a permitir que les comente una chorrada, para variar. Sucedió el pasado sábado, al acabar el Barça-BilbaoBasket. Recordarán que las criaturas se enredaron en el centro de la pista entre corrillo y corrillo, de un lado al parecer Morris y Anderson (para variar), del otro tal vez Banic, Mumbrú, Hervelle (para variar). Luego los otros se metieron para el túnel, los unos salieron tras ellos, los otros se quedaron esperando… la de dios. Viendo la que se liaba el realizador televisivo, con muy buen criterio, cambió a la cámara que tienen estratégicamente situada en el vestíbulo de acceso a los vestuarios, a ver de qué nos podíamos coscar desde allí… y fue justo entonces cuando Arseni Cañada decidió emitir un juicio de valor completamente inocuo, sólo uno, esto ya… Manel, esto ya no queremos verlo, algo así.

Dicho y hecho. El realizador interpretó esa expresión, no queremos verlo, en un sentido literal; de inmediato apagó la toma de vestuarios y la sustituyó por un plano general de todo el Palau desde la cámara máster, una imagen que en ese momento sólo servía para comprobar cómo se iba despoblando el pabellón. Aún habría de pasar más un minuto para que África de Miquel empezara su entrevista a Navarro en el centro de la pista, un minuto que pasamos mirando al vacío y que bien podríamos haber empleado en mirar cómo se resolvía la situación a la salida del túnel. Que ya lo sé, que los árboles no dejaban ver el bosque, que había allí abajo tanta gente que difícilmente podríamos haber visto el lío ni falta que nos hace, pero al menos podríamos haber asistido a su resolución (dado que por allí donde estaba la cámara tarde o temprano tendrían que pasar, sí o sí): cómo volvía cada mochuelo a su olivo, quién encizañaba y quién pacificaba, si hablaban o reñían, si se limaban asperezas, si se miraban mal o se citaban para el martes, cosas así. No queremos verlo

Como opiniones acostumbra a haberlas para todos los gustos, habrá quien piense que lo de Arseni fue una forma de censura, nada menos. Yo no. Yo no conozco a Arseni de nada pero sí creo conocer suficientemente su manera de narrar, y un poco también su manera de ser. Dijo esto ya no queremos verlo como perfectamente podría haber dicho esto ya no nos gusta, esto ya no tendría que pasar, a esto ya no deberíamos llegar. Que tengan toda la bronca que quieran sobre la cancha pero que luego al acabar se den la mano y aquí no ha pasado nada, que no continúen la bronca yendo hacia el vestuario, que no tengamosque ver cosas así… lo cual no significa que si finalmente ocurren no podamos verlas. Sospecho (evidentemente no lo sé con certeza) que al realizador le sobrevino un ataque de exceso de celo, que se tomó esas tres palabras al pie de la letra, si Arseni dice no queremos verlo pues será que no debemos darlo, lo quito y ya está, dejándonos así sin unas imágenes que aunque no fueran nada del otro mundo sí que habrían tenido un evidente valor informativo, ayudándonos así a hacernos una cierta composición de lugar. Nada grave en cualquier caso (ya les advertí al principio que era una chorrada), pero que me llamó poderosamente la atención.

Sólo espero que en el tercer partido (o en cualquier otro) no se vea Arseni en la tesitura de tener que decirapaga y vamonos (o algo así), no vaya a ser que el realizador se lo tome también al pie de la letra y de un plumazo nos deje sin retransmisión…

Publicado noviembre 2, 2012 por zaid en ACB, preHistoria

querido Antonio   Leave a comment

(publicado el 10 de junio de 2011)

Querido Antonio:

Supongo que te resultará raro que me dirija a ti por este medio (es decir, supongo que te resultaría raro en el improbable supuesto de que llegaras a leerlo) pero es que a estas alturas tampoco sabría ya dónde encontrarte. En cualquier caso no te preocupes que aquí estamos en confianza (en familia, incluso), digo yo que a mis exiguos lectores habituales no les extrañará más que nada porque ya les he puesto en demasiadas ocasiones la cabeza mala contigo, primero en los ya lejanos (y añorados) tiempos de SEDENA, luego aquí, alguna vez incluso en los dos sitios a la misma vez, cuántos rollos no les habré soltado acerca de ese tal Antonio Rodríguez del Plus, de tus inmensos conocimientos y tu incomparable pasión por este juego, de tu capacidad para transmitir al espectador esos mismos conocimientos y para contagiarle esa misma pasión. Disfrutabas y hacías disfrutar, cualquier partido que hicieras, el que fuera, se nos convertía de inmediato en una gozada (o como me dijo una vez un lector, si hay un partido y encima lo comenta Antonio Rodríguez, la alegría es doble). Todo esto (y más) les contaba yo a mis lectores aún a riesgo de aburrirles, muy probablemente aburriéndolos porque casi todo esto lo sabrían ya de sobra, porque puede que al principio ni dios supiera quién eras pero en estos últimos tiempos ya te conocía (y te respetaba, y te apreciaba) todo dios (¿por qué lo escribo en pasado?), porque has acabado convirtiéndote en una de las principales voces de referencia del baloncesto en nuestro país.

Ahora bien, lo que ya no sabrían ni tendrían por qué saber mis lectores (más que nada porque nunca se me habría ocurrido contárselo) es que además de ser un magnífico profesional eras (y seguirás siendo) también un tío de puta madre, perdóneseme la grosería pero es que no he encontrado otra forma más gráfica de expresarlo. Yo lo sé desde aquel día, hará ya más o menos once años, en que me dio por mandar un correo a la dirección de Sportmanía. Habíais recuperado para el Plus la Final Four universitaria, después de un año sin darla, y yo escribí para agradecéroslo y para preguntar si íbais a dar también todo el Torneo en diferido durante el verano como teníais por costumbre en años anteriores (cuestión que ahora nos puede parecer más o menos secundaria pero que entonces era imprescindible; téngase en cuenta que aquel Internet apenas se parecía en nada al de ahora, que aún no existía el March Madness On Demand ni nada que se le pareciera, que aquellos diferidos con cuatro o cinco meses de retraso eran impagables, era la única forma que teníamos de ver todo aquello). Y ya puestos me dio por añadir también un parrafito para preguntar si los comentarios (en su caso) los haría también aquel Antonio Rodríguez que los había hecho en 1998, cuyos conocimientos etc, cuya pasión etc etc… Sportmanía nunca me contestó pero cuál no sería mi sorpresa cuando me contestaste tú, tú mismo en persona apenas unas horas después: que te habían pasado mi correo, que muchas gracias, que te había hecho mucha ilusión descubrir que tenías un fan, pues yo era el primero… (recuérdese, estábamos aún en el 2000). A su vez yo también te respondí para agradecerte el agradecimiento y a partir de ahí, de la manera más tonta (que es como suelen empezar estas cosas) se inició un intercambio de correos bastante esporádico (lógicamente) pero que aún se habría de prolongar durante unos cuantos años. De repente un día me daba la vena, me ponía a escribir, como casi siempre demasiado largo (como esto mismo, como casi todo lo que escribo) que digo yo que tú al recibirlo dirías madre mía, ya está otra vez aquí el plasta éste, de hecho lo más lógico sería que lo dijeras pero con todo y con eso me contestabas, te quitabas del tiempo que no tenías para contestarme, te tomabas esa molestia y alguna vez hasta te tomaste alguna molestia aún mayor, me enviaste aquellas cintas de vídeo que aún hoy conservo como oro en paño (aunque ahora ya no tenga reproductor de VHS para poder volver a verlas) y que supusieron mi particular descubrimiento de esa otra NCAA que aquí apenas nos dejan ver, la de las temporadas regulares de cada conferencia, la de los estudiantes de cara pintada en primera fila pegando botes sin parar de cantar, la del Cameron Indoor, el Assembly Hall, el Carrier Dome, el Rupp Arena, el Allen Fieldhouse, el Pauley Pavillion, tantos otros. Intercambiamos impresiones baloncestísticas, intercambiamos impresiones mediáticas, intercambiaste confidencias que me guardé y aún hoy me guardo, que aquí seguirán guardadas pase lo que pase, estés donde estés…

Poco a poco los correos se fueron espaciando más y más. Supongo que empecé yo a espaciarlos, un poco porque cada vez me daba más apuro molestarte, un mucho porque cada vez me costaba más encontrar el momento, porque poco a poco iba escribiendo también en otros sitios, porque mi tiempo libre seguía siendo escaso (cada vez más, de hecho)… Alguna vez me lo volví a plantear y pensé pero vamos a ver, pero dónde voy yo a estas alturas, si hace ya más de un año que no le escribo, tal vez dos, si casi tendría que volverme a presentar… No volví a escribirte pero sí que se me presentó la ocasión de conocerte, de saludarte al menos en persona: fue en aquella Feria del Libro de Madrid, hará como unos dos años, allí estabas junto a Juan Francisco Escudero firmando ejemplares de La Leyenda Verde. Llegué como un lector más, me presenté, me recordabas perfectamente, allí estuvimos charlando un buen rato, no estuvimos más porque a ti te esperaban más lectores y a mí mi señora y mi niño para continuar el recorrido, no nos dimos un abrazo porque había un mostrador por medio pero sí un apretón de manos. Y aún me comentaste lo agradecido que me estabas por todos aquellos correos (como si no tuviera yo mucho más que agradecerte), por cómo te habían ayudado en los malos momentos, en las horas más bajas de aquellos tiempos, y así me lo pusiste en la dedicatoria del libro…

Hace unos días me enteré de que te ibas del Plus, me enteré tarde que es como acostumbro yo a enterarme de estas cosas: entre ver baloncestos y escribir aquí se me va buena parte del tiempo de ocio, aún me las apaño para mirar otras páginas pero se ve que durante unos cuantos días no miré en el sitio adecuado, qué le vamos a hacer. Me enteré y mi primer impulso fue volver a escribirte, aunque haya pasado ya otra vez demasiado tiempo desde aquel último encuentro, aunque otra vez tuviera que presentarme de nuevo… Mi primer pensamiento fue escribirte y mi segundo pensamiento fue ¿a dónde? Yo no tengo (ni tengo por qué tener) otra dirección tuya que la del Plus, ya no estás en el Plus luego ya no tengo tu dirección, creo que andas por el féisbuc pero mi relación con dicha red social no acaba de ser todo lo fluida que a mí me gustaría, supongo que será cuestión de edad… De ahí que me surgiera esta idea, esto que solía llamarse carta abierta, más bien correo abierto en este caso; no sé si tú algún día lo leerás ni si mis lectores algún día me lo perdonarán (probablemente ni lo uno ni lo otro) pero aquí sigo, soltando este pedazo de ladrillo que es casi como un parto, que me está costando más (y más tiempo) que casi cualquier otro, quizá porque me sale de más adentro que cualquier otro…

Te vas del Plus, o de Sogecable, o de como se llame ya a estas alturas todo ese conglomerado mediático. Te vas y a mí se me queda como una sensación agridulce, una extraña mezcla de tristeza y alegría que no sé muy bien cómo expresar. Te vas de un medio que te ha ninguneado hasta la náusea, que te ha mantenido arrinconado años y años en su servicio de documentación sin darte ni la décima parte de bola que verdaderamente merecías. Hubo un tiempo en que hacías ACB los domingos por la mañana (mientras ésta aún estuvo en el Plus), hubo un tiempo en que hacías regularmente NBA en las madrugadas de domingo y lunes con Sixto Miguel Serrano. Pasó todo aquello, perdisteis la ACB, Sixto se pasó al fútbol y a ti poco a poco te fueron segando (aún más) la hierba bajo tus pies, pero al menos nos siguieron quedando aquellas impagables madrugadas de jueves con Guillermo Giménez. Hasta que al cerebrito de turno se le ocurrió meter a Orenga (que tampoco es que tuviera la culpa de nada) por aquello de tener a alguien famoso, y (como la cuerda siempre tiende a romperse por el lado más débil) te tocó a ti la china, vaya por dios, no le pudo tocar al terrible Fernández ni a Loncar ni siquiera a Ajero, no, tenía que ser a ti, precisamente a ti. Te quedaste sin hacer NBA y a esas alturas no es ya que yo no lo entendiera, es que no lo entendía ni dios, bastaba una mínima pasada por cualquier foro, por cualquier blog para comprobar que éramos legión los que nos echábamos las manos a la cabeza, los que no parábamos de echarte de menos. Te quedaste sin hacer NBA ni casi ninguna otra cosa pero al menos te dieron (no sé si a modo de consolación) el tercer cuarto de Generación NBA+, tus diez minutos (o menos) de historia, un buen rinconcito dentro de un magnífico programa para que pudieras contar tus Tony Story, para que pudieras incluso abrir un mínimo ventanuco a la NCAA cuando llegaba marzo… Era algo pero era muy poco, era cada vez menos.

Y la NCAA, por supuesto. Mira que costó que te dieran la Final Four, mira que costó que te reconocieran como autoridad en la materia, al menos eso ya casi nunca te lo quitaron pero eso son tres partidos al año, dos noches maravillosas al año y pare usted de contar. Sogecable siempre mostró por por el baloncesto universitario más o menos la misma sensibilidad que mostró contigo, es decir cero. Jamás se planteó el darnos la temporada regular, jamás se planteó darnos los torneos de conferencia, jamás se planteó darnos en directo el Torneo Final, sólo la Final Four y gracias, y estos últimos años también dos finales de conferencia, sólo dos, no les vamos a dar las cuatro no vaya a ser que se acostumbren, y el resto del torneo ya lo verán en verano con cinco meses de diferido como está mandado… (Que sí, que hoy ya no es tan terrible como antaño, que hoy nos apañamos mal que bien con Internet aunque nos tengamos que conformar con los comentarios de un señor de Toledo, Ohio en vez de los de un señor de Toledo, Castilla-La Mancha). No, ya no nos contarás tú esos refritos veraniegos (salvo que hayas dejado alguno grabado antes de tu marcha), ni nos contarás ya el draft dentro de unos días (y a ver quién demonios nos lo explica ahora, me temo lo peor), ni aún menos te tendremos comentándonos la Final Four de 2012 ni ninguna otra (en el supuesto de que la NCAA continúe en Canal Plus, que esa es otra). De vez en cuando se nos aparecerá tu voz en algún partido histórico y recordaremos lo que fue, y sobre todo recordaremos lo que pudo haber sido y no fue.

A eso me refería yo con lo del sabor agridulce. Esa (la del párrafo anterior) es la parte amarga, la que me hace replantearme una vez más (y ya van unas cuantas en estos últimos tiempos) qué sentido tiene continuar con un abono que llevo pagando religiosamente desde hace dieciocho años (dieciocho años desde que me aboné al Plus, casualmente una semana antes de aquella inolvidable Final Four de 1993, la del tiempo muerto de Webber; y trece ya desde que me aboné al Digital). La parte dulce es que si te vas (que tampoco estoy muy seguro de si te vas o si te echan, o si te vas porque sientes que te echan) quiero pensar que no sólo es porque se te haya rebosado finalmente el vaso de la paciencia tras todos estos años, quiero pensar que además tendrás ya las espaldas medianamente cubiertas, que algo habrá ya seguro a lo que poderte agarrar. Me gustaría pensar que a la vuelta del verano volveremos a escucharte (o al menos a leerte) en cualquier otro medio (más allá de cameos esporádicos), que a pesar del páramo mediático en que habitualmente se mueve nuestro deporte aún habrá de quedar en algún lugar un huequecillo para alguien que ama, siente y conoce este juego como nadie… Me gustaría pensarlo más que nada porque cada vez son menos los periodistas de baloncesto que sean en verdad de baloncesto, y perder a otro más de ellos (al que más, de entre ellos) es un lujo que de ninguna manera nos podemos permitir.

O como solían decir antes los clásicos (televisivos), que ojalá esto no sea un adiós, sino un hasta la vista. Vayas donde vayas que te vaya bonito, Antonio. Un fuerte abrazo,

Jose (zaid)

Publicado noviembre 2, 2012 por zaid en medios, preHistoria

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