de repente un partido   Leave a comment

(publicado el 30 de mayo de 2011)

 

Andaba yo ayer a mediodía ligeramente contrito, estos no son mis playoffs que me los han cambiadopensaba yo a medio camino entre el desasosiego y la desazón. Siete presuntos partidos, siete de hasta cuatro eliminatorias diferentes llevaba yo vistos hasta ese instante, a saber, los dos Barça-Unicaja, los dos Madrid-Fuenla, los dos Barça-Baskonia y el primer Madrid-Bilbao, sin que en ni uno solo de ellos hubiéramos apreciado ni tan siquiera un mínimo asomo de atisbo de indicio de esbozo de algo someramente parecido a la emoción. Siete muy presuntos enfrentamientos al mejor de los cuales le sobró el último cuarto, todo un consuelo porque otros hubo en los que sobró toda la segunda mitad, no faltó incluso alguno que con los diez primeros minutos tuvo ya más que suficiente. No sé, tal vez si hubiera asistido a aquella eliminatoria Valencia-Bilbao o incluso a aquella otra Baskonia-Granca, probablemente entonces lo vería todo de forma muy diferente, pero no fue el caso y así andaba yo ayer sumido en la desesperación, pensando incluso si no habría que acabar revisando aquella legendaria (a la par que terrible) frase atribuida al ínclito Juan Mora, del baloncesto sólo interesan los tres últimos minutos, si no llegará el momento en que nos digan del baloncesto interesa cualquier cosa menos los tres últimos minutos, total si para entonces ya acostumbra a estar todo el pescado vendido, a quién le iban a importar… En estas cavilaciones andaba yo cuando me senté ante el televisor a ver el segundo Madrid-BBB, ya casi perdida toda esperanza, mentalizado para presenciar otro no-partido, uno más…

Apenas un par de horas después aún no podía yo dar crédito, aún andaba yo pellizcándome por todas las partes de mi cuerpo (las más blandas inclusive) para cerciorarme de que aquello no había sido un sueño sino la más pura realidad. Que a ver, entendámonos, que tampoco es que fuera aquello el mayor espectáculo del mundo, que tampoco es que fuera la madre de todos los partidos sino que fue simplemente eso, un partido, un partido de los de verdad, de esos que digo yo que los llamarán partidos por tener dos partes en disputa, dos equipos capaces de pelear legítimamente por la victoria, dos equipos incapaces de bajar los brazos en cuanto atisban la mera posibilidad de la derrota. Un partido de los de antes, con su planteamiento, su nudo y su desenlace, con su fase negra, su fase blanca y su extraordinaria fase gris (gris por la mera fusión del negro y del blanco, no me malinterpreten), con su pez chico comiéndose al grande y su pez grande resistiéndose a las voraces fauces del chico aún a pesar de tenerle éste ya bien agarrado por los huevos (huevos de los de desovar, entiéndase, que se trata de peces). Un partido que nos abre además el camino hacia otros dos o tres posibles (e incluso muy probables) partidos, auténticos partidos, no sucedáneos ni descafeinados ni light ni nada de eso sino partidos enteros (por contradictorio que resulte), con toda su sustancia, con toda su consistencia, con toda su maravillosa intensidad. Más vale tarde que nunca, para algunos los playoffs empezaron hace semana y media pero para mí (en mi condición de limitado telespectador) empezaron ayer por la tarde, a eso de las veinte treinta poco más o menos. Ojalá sea sólo el principio.

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Publicado noviembre 2, 2012 por zaid en ACB, preHistoria

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