demagogias   Leave a comment

(publicado el 4 de julio de 2011)

 

Supongo que hace falta ser muy buen periodista para empezar un artículo hablando de la situación que atraviesan Panathinaikos y Olympiacos y acabarlo demostrando que la culpa de todo la tienen Portela y/o Bertomeu, que han conducido a este deporte a una crisis de la que ya veremos cómo salimos. Acabáramos. Pensaba yo que no soy periodista (ni bueno ni malo), desde mi evidente ingenuidad, que acaso ambos equipos pudieran ser víctimas de una pésima gestión que les ha hecho vivir muchos años muy por encima de sus posibilidades (y en el caso de Olympiacos llovería sobre mojado, que ya una vez hubo de refundarse cambiando la K por la C); y pensaba yo incluso que ambos equipos pudieran ser víctimas de una cosa llamada crisis económica (no sé si les suena) que nos duele a todos en general pero que duele más a los griegos en particular. Vale que así en principio los hermanos Angelopoulos no creo yo que tengan muchos problemas para llegar a fin de mes, vale que los interminables ajustes les resbalen (o aún peor, les encanten), vale que no me los imagino yo entre los miles de desempleados y quinientoseuristas que andan a palos con la policía en la Plaza de Syntagma, pero con todo y con eso es bien sabido que en cuanto vienen mal dadas todos tendemos a prescindir de lo superfluo, que en su caso debe serlo el baloncesto por muy armadores griegos que sean. Todo esto pensaba yo, desde mis evidentes limitaciones, hasta que esta mente preclara ha acudido a sacarme del error y a explicarme de una vez por todas dónde está la verdadera raíz del problema.

Pues vale, reconozcámoslo, el baloncesto lo han llevado a la ruina y eso que tradicionalmente lo ha tenido todo a favor: contratos televisivos milmillonarios, cobertura mediática desmesurada, repercusión social incomparable, ingentes masas enfervorecidas y enfervorizadas que lo siguen a cada instante sin pensar jamás en otra cosa… No como el pobre fútbol, eternamente dejado de la mano de dios y que sin embargo ahí continúa gozando de excelente salud: total, a día de hoy sólo debe haber dos docenas de equipos balompédicos metidos hasta el tuétano en esa extraña cosa que llaman concurso de acreedores, que les sirve básicamente para escaquearse de que les desciendan por morosos y para de paso quitarse de pagar más/menos la mitad de lo que deben, todo ello con plenas bendiciones legales por supuesto (ahí tengo yo uno justo al ladito de casa, y bien que me duele por cierto). Y claro, yo ahora podría soltar aquí un artículo eximiendo de toda responsabilidad a los dirigentes de dichos clubes por su maravillosa gestión, y echándole todas las culpas al presidente de la LFP o al de la RFEF o a Platini o a Blatter o al padre de Domingo Ortega o al lucero del alba, qué sé yo, podría hacerlo pero no lo haré porque carezco del don de la retórica y probablemente me acusarían con razón de demagogo. Y es que para esto como para tantas otras cosas hay que valer, reconozcámoslo, una buena demagogia no está al alcance de cualquiera.

Así que aquí me tienen, de abogado de causas perdidas como decía mi madre. Si echan la vista atrás en este blog (traumática experiencia que no les recomiendo en absoluto) me encontrarán chiquicientas entradas despotricando de cómo se han gestionado tradicionalmente nuestros baloncestos, así el de aquí en particular como el europeo en general. Pero el que a estos señores (Portela y Bertomeu, me refiero) se les pueda acusar de muchas cosas no significa que se les tenga que acusar necesariamente de todas las cosas. Podemos culparles de la muerte de Manolete pero hasta donde yo sé a Manolete le mató un toro, y puede que ni ellos tuvieran aún uso de razón (sea eso lo que fuere) cuando sucedió semejante cosa. Ahora bien, ponga usted la muerte de Manolete o el hundimiento del Titanic en manos de algún brillante creador de opinión que yo me sé y no le quepa la menor duda de que en pocos instantes tendrá señalado y perfectamente razonado el culpable único e indiscutible con nombre y apellidos. Qué envidia, por favor, yo de (más) mayor quiero ser como él.

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Publicado noviembre 2, 2012 por zaid en ACB, Euroliga, preHistoria

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