insustancialidad   1 comment

(publicado el 16 de junio de 2011)

Cuentan (yo no lo escuché) que LeBron James, tras la derrota del pasado domingo, dijo que esos aficionados que tanto le critican tienen una vida anodina e insustancial (cielo santo, jamás pensé que pudiera manejar conceptos tan complejos): ellos se levantarán mañana y se darán cuenta de que tienen exactamente la misma vida que ayer, seguirán con sus problemas personales… Al menos en lo que a mí respecta, tiene razón: mi vida es anodina e insustancial. Tengo una familia normal y corriente, me levanto poco antes de las siete cada mañana, viajo hacinado en el transporte público para llegar a un trabajo de cuarenta horas semanales por el que gano al año menos de lo que gana él en un día, hago tareas domésticas varias, ceno (demasiado), duermo (poco), pago resignadamente mis impuestos y dedico mi escaso tiempo libre (entre otras cosas) a verle a él y a otros como él hacer cabriolas en pantalón corto, y no contento con ello a veces hasta me vengo aquí a contarlo por el mero placer de escribir. Sí, una vida completamente anodina e insustancial por la que me doy con un canto en los dientes (flojo, que no están los presupuestos como para dilapidarlos en dentistas), que digo yo que cuántos no habrá por ahí que estarían encantados si pudieran tener una insustancialidad como la mía en estos duros tiempos que nos ha tocado vivir.

Y no, por desgracia a mí de niño no me decían que fuera yo el Rey ni el Elegido ni ninguna de esas zarandajas (supongo que tampoco les di motivos para ello), a mí me decían que bien que se notaba que yo no había pasado una guerra, que algún día tendría que ganarme el pan con el sudor de mi frente, que debería labrarme un porvenir y estudiar para ser un hombre de provecho el día de mañana y demás lindezas varias que solían contarnos a las criaturas de los sesenta y/o setenta y que nosotros generalmente escuchábamos como quien oye llover. No, no me prepararon para ser rey ni elegido sino para ser un pringao (un pringao de provecho, eso sí), razón por la cual tengo la fea costumbre de vivir con los pies pegados al suelo. Por eso, desde mi condición de humilde mortal, me gustaría sugerir a su (presunta) deidad que de vez en cuando nos hiciera la caridad de bajarse un poquito a la Tierra, siquiera fuera para descubrir que hay otros mundos muy terrenales más allá (más acá) de sus mundos de yupi. Que se diera un baño de realidad (aunque le escociera), que intentara tratar a sus (casi) semejantes no como inferiores sino como iguales, que probara a tratar como iguales incluso a sus rivales y a sus compañeros de equipo y entonces, quién sabe, lo mismo sin apenas darse cuenta estaría dando ya el primer paso para llegar a ajustarse algún día ese preciado anillo… Claro que no sé yo si ciertos dioses estarán capacitados para soportar semejante sobredosis de insustancialidad.

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Publicado noviembre 2, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

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