qué Miribilla   Leave a comment

(publicado el 3 de junio de 2011)

 

Decía yo ayer que a menudo los periodistas deportivos de este país tienden a explicar las victorias de los pequeños sobre los grandes no en base a los méritos de los pequeños sino en base a los deméritos de los grandes. Añadía yo ayer que temía estar cayendo en ese mismo error… Hoy no. Hoy que los marcas y losases se dediquen si así les place a su innoble labor de linchamiento mediático, que a mí lo que verdaderamente me pide el cuerpo es mirar de una vez por todas hacia Bilbao, por fin dejarme de molines yprigionis y hablar por ejemplo de ese Alex Mumbrú que es alma, corazón y vida en ese equipo, un Mumbrú que sale además reforzadísimo de este lance, miren que llevo yo años cargándomelo de la selección y al final siempre tengo que acabar dando mi brazo a torcer, tanto más cuanto que en estas dos rondas ha salido triunfante (así en términos colectivos como individuales) precisamente ante aquellos que presuntamente habrían de sustituirle. O hablar de ese Aaron Jackson que es uno de los mayores soplos de aire fresco que han llegado a nuestra Liga en los últimos tiempos, o de ese Hervelle cuyo solo recuerdo tendrá hoy a medio madridismo dudando entre cortarse las venas o dejárselas largas (ay, perdón, que dije que no iba a hablar de…), o de ese Vasileiadis que a estas alturas todavía provocará en Málaga muy parecidas sensaciones, o de ese Mavroeidis tan difícil de escribir como de reconocer pero que es muchísimo más importante de lo que parece, o de ese Blums finalmente liberado como base, felizmente reconvertido en incordio tirador; o incluso de ese socorrido Josh Fisher de quien nunca pensamos que ni en el mejor de sus sueños fuera capaz de rendir a este nivel, o cómo no, de esa joyita llamada Marko Banic, ya un bilbaíno más a estas alturas, tan honesto y sobrio como eficaz a más no poder. Y por supuesto, hablar y no parar de Fotis Katsikaris, de cómo convertir una plantilla sencillamente buena (sólo eso, sin más) en un equipo sencillamente extraordinario, de cómo ser capaz de extraer el doscientos por ciento de todos y cada uno de sus jugadores, de cómo hacerles que jueguen de maravilla (de Miribilla) incluso en situaciones de extrema presión como las que vivieron ayer. De cómo cargarse de un plumazo (de dos, más bien) al equipo que le echó y al que ahora daría medio presupuesto por tenerle (ay, no, que dije que no iba a hablar de…). En resumidas cuentas, hablar y no parar de este Bilbao Basket que aún hoy anda de fiesta, tal vez sin querer darse cuenta todavía de que la fiesta no tiene por qué acabárseles aquí. Ese Bilbao Basket que ha convertido (los que parecían iban a ser) los playoffs más lánguidos de todos los tiempos en los playoffs más apasionantes e insospechados de estos últimos tiempos. De verdad, qué maravilla o aún mejor, qué Miribilla.

Publicado noviembre 2, 2012 por zaid en ACB, preHistoria

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