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(publicado el 10 de junio de 2011)

Querido Antonio:

Supongo que te resultará raro que me dirija a ti por este medio (es decir, supongo que te resultaría raro en el improbable supuesto de que llegaras a leerlo) pero es que a estas alturas tampoco sabría ya dónde encontrarte. En cualquier caso no te preocupes que aquí estamos en confianza (en familia, incluso), digo yo que a mis exiguos lectores habituales no les extrañará más que nada porque ya les he puesto en demasiadas ocasiones la cabeza mala contigo, primero en los ya lejanos (y añorados) tiempos de SEDENA, luego aquí, alguna vez incluso en los dos sitios a la misma vez, cuántos rollos no les habré soltado acerca de ese tal Antonio Rodríguez del Plus, de tus inmensos conocimientos y tu incomparable pasión por este juego, de tu capacidad para transmitir al espectador esos mismos conocimientos y para contagiarle esa misma pasión. Disfrutabas y hacías disfrutar, cualquier partido que hicieras, el que fuera, se nos convertía de inmediato en una gozada (o como me dijo una vez un lector, si hay un partido y encima lo comenta Antonio Rodríguez, la alegría es doble). Todo esto (y más) les contaba yo a mis lectores aún a riesgo de aburrirles, muy probablemente aburriéndolos porque casi todo esto lo sabrían ya de sobra, porque puede que al principio ni dios supiera quién eras pero en estos últimos tiempos ya te conocía (y te respetaba, y te apreciaba) todo dios (¿por qué lo escribo en pasado?), porque has acabado convirtiéndote en una de las principales voces de referencia del baloncesto en nuestro país.

Ahora bien, lo que ya no sabrían ni tendrían por qué saber mis lectores (más que nada porque nunca se me habría ocurrido contárselo) es que además de ser un magnífico profesional eras (y seguirás siendo) también un tío de puta madre, perdóneseme la grosería pero es que no he encontrado otra forma más gráfica de expresarlo. Yo lo sé desde aquel día, hará ya más o menos once años, en que me dio por mandar un correo a la dirección de Sportmanía. Habíais recuperado para el Plus la Final Four universitaria, después de un año sin darla, y yo escribí para agradecéroslo y para preguntar si íbais a dar también todo el Torneo en diferido durante el verano como teníais por costumbre en años anteriores (cuestión que ahora nos puede parecer más o menos secundaria pero que entonces era imprescindible; téngase en cuenta que aquel Internet apenas se parecía en nada al de ahora, que aún no existía el March Madness On Demand ni nada que se le pareciera, que aquellos diferidos con cuatro o cinco meses de retraso eran impagables, era la única forma que teníamos de ver todo aquello). Y ya puestos me dio por añadir también un parrafito para preguntar si los comentarios (en su caso) los haría también aquel Antonio Rodríguez que los había hecho en 1998, cuyos conocimientos etc, cuya pasión etc etc… Sportmanía nunca me contestó pero cuál no sería mi sorpresa cuando me contestaste tú, tú mismo en persona apenas unas horas después: que te habían pasado mi correo, que muchas gracias, que te había hecho mucha ilusión descubrir que tenías un fan, pues yo era el primero… (recuérdese, estábamos aún en el 2000). A su vez yo también te respondí para agradecerte el agradecimiento y a partir de ahí, de la manera más tonta (que es como suelen empezar estas cosas) se inició un intercambio de correos bastante esporádico (lógicamente) pero que aún se habría de prolongar durante unos cuantos años. De repente un día me daba la vena, me ponía a escribir, como casi siempre demasiado largo (como esto mismo, como casi todo lo que escribo) que digo yo que tú al recibirlo dirías madre mía, ya está otra vez aquí el plasta éste, de hecho lo más lógico sería que lo dijeras pero con todo y con eso me contestabas, te quitabas del tiempo que no tenías para contestarme, te tomabas esa molestia y alguna vez hasta te tomaste alguna molestia aún mayor, me enviaste aquellas cintas de vídeo que aún hoy conservo como oro en paño (aunque ahora ya no tenga reproductor de VHS para poder volver a verlas) y que supusieron mi particular descubrimiento de esa otra NCAA que aquí apenas nos dejan ver, la de las temporadas regulares de cada conferencia, la de los estudiantes de cara pintada en primera fila pegando botes sin parar de cantar, la del Cameron Indoor, el Assembly Hall, el Carrier Dome, el Rupp Arena, el Allen Fieldhouse, el Pauley Pavillion, tantos otros. Intercambiamos impresiones baloncestísticas, intercambiamos impresiones mediáticas, intercambiaste confidencias que me guardé y aún hoy me guardo, que aquí seguirán guardadas pase lo que pase, estés donde estés…

Poco a poco los correos se fueron espaciando más y más. Supongo que empecé yo a espaciarlos, un poco porque cada vez me daba más apuro molestarte, un mucho porque cada vez me costaba más encontrar el momento, porque poco a poco iba escribiendo también en otros sitios, porque mi tiempo libre seguía siendo escaso (cada vez más, de hecho)… Alguna vez me lo volví a plantear y pensé pero vamos a ver, pero dónde voy yo a estas alturas, si hace ya más de un año que no le escribo, tal vez dos, si casi tendría que volverme a presentar… No volví a escribirte pero sí que se me presentó la ocasión de conocerte, de saludarte al menos en persona: fue en aquella Feria del Libro de Madrid, hará como unos dos años, allí estabas junto a Juan Francisco Escudero firmando ejemplares de La Leyenda Verde. Llegué como un lector más, me presenté, me recordabas perfectamente, allí estuvimos charlando un buen rato, no estuvimos más porque a ti te esperaban más lectores y a mí mi señora y mi niño para continuar el recorrido, no nos dimos un abrazo porque había un mostrador por medio pero sí un apretón de manos. Y aún me comentaste lo agradecido que me estabas por todos aquellos correos (como si no tuviera yo mucho más que agradecerte), por cómo te habían ayudado en los malos momentos, en las horas más bajas de aquellos tiempos, y así me lo pusiste en la dedicatoria del libro…

Hace unos días me enteré de que te ibas del Plus, me enteré tarde que es como acostumbro yo a enterarme de estas cosas: entre ver baloncestos y escribir aquí se me va buena parte del tiempo de ocio, aún me las apaño para mirar otras páginas pero se ve que durante unos cuantos días no miré en el sitio adecuado, qué le vamos a hacer. Me enteré y mi primer impulso fue volver a escribirte, aunque haya pasado ya otra vez demasiado tiempo desde aquel último encuentro, aunque otra vez tuviera que presentarme de nuevo… Mi primer pensamiento fue escribirte y mi segundo pensamiento fue ¿a dónde? Yo no tengo (ni tengo por qué tener) otra dirección tuya que la del Plus, ya no estás en el Plus luego ya no tengo tu dirección, creo que andas por el féisbuc pero mi relación con dicha red social no acaba de ser todo lo fluida que a mí me gustaría, supongo que será cuestión de edad… De ahí que me surgiera esta idea, esto que solía llamarse carta abierta, más bien correo abierto en este caso; no sé si tú algún día lo leerás ni si mis lectores algún día me lo perdonarán (probablemente ni lo uno ni lo otro) pero aquí sigo, soltando este pedazo de ladrillo que es casi como un parto, que me está costando más (y más tiempo) que casi cualquier otro, quizá porque me sale de más adentro que cualquier otro…

Te vas del Plus, o de Sogecable, o de como se llame ya a estas alturas todo ese conglomerado mediático. Te vas y a mí se me queda como una sensación agridulce, una extraña mezcla de tristeza y alegría que no sé muy bien cómo expresar. Te vas de un medio que te ha ninguneado hasta la náusea, que te ha mantenido arrinconado años y años en su servicio de documentación sin darte ni la décima parte de bola que verdaderamente merecías. Hubo un tiempo en que hacías ACB los domingos por la mañana (mientras ésta aún estuvo en el Plus), hubo un tiempo en que hacías regularmente NBA en las madrugadas de domingo y lunes con Sixto Miguel Serrano. Pasó todo aquello, perdisteis la ACB, Sixto se pasó al fútbol y a ti poco a poco te fueron segando (aún más) la hierba bajo tus pies, pero al menos nos siguieron quedando aquellas impagables madrugadas de jueves con Guillermo Giménez. Hasta que al cerebrito de turno se le ocurrió meter a Orenga (que tampoco es que tuviera la culpa de nada) por aquello de tener a alguien famoso, y (como la cuerda siempre tiende a romperse por el lado más débil) te tocó a ti la china, vaya por dios, no le pudo tocar al terrible Fernández ni a Loncar ni siquiera a Ajero, no, tenía que ser a ti, precisamente a ti. Te quedaste sin hacer NBA y a esas alturas no es ya que yo no lo entendiera, es que no lo entendía ni dios, bastaba una mínima pasada por cualquier foro, por cualquier blog para comprobar que éramos legión los que nos echábamos las manos a la cabeza, los que no parábamos de echarte de menos. Te quedaste sin hacer NBA ni casi ninguna otra cosa pero al menos te dieron (no sé si a modo de consolación) el tercer cuarto de Generación NBA+, tus diez minutos (o menos) de historia, un buen rinconcito dentro de un magnífico programa para que pudieras contar tus Tony Story, para que pudieras incluso abrir un mínimo ventanuco a la NCAA cuando llegaba marzo… Era algo pero era muy poco, era cada vez menos.

Y la NCAA, por supuesto. Mira que costó que te dieran la Final Four, mira que costó que te reconocieran como autoridad en la materia, al menos eso ya casi nunca te lo quitaron pero eso son tres partidos al año, dos noches maravillosas al año y pare usted de contar. Sogecable siempre mostró por por el baloncesto universitario más o menos la misma sensibilidad que mostró contigo, es decir cero. Jamás se planteó el darnos la temporada regular, jamás se planteó darnos los torneos de conferencia, jamás se planteó darnos en directo el Torneo Final, sólo la Final Four y gracias, y estos últimos años también dos finales de conferencia, sólo dos, no les vamos a dar las cuatro no vaya a ser que se acostumbren, y el resto del torneo ya lo verán en verano con cinco meses de diferido como está mandado… (Que sí, que hoy ya no es tan terrible como antaño, que hoy nos apañamos mal que bien con Internet aunque nos tengamos que conformar con los comentarios de un señor de Toledo, Ohio en vez de los de un señor de Toledo, Castilla-La Mancha). No, ya no nos contarás tú esos refritos veraniegos (salvo que hayas dejado alguno grabado antes de tu marcha), ni nos contarás ya el draft dentro de unos días (y a ver quién demonios nos lo explica ahora, me temo lo peor), ni aún menos te tendremos comentándonos la Final Four de 2012 ni ninguna otra (en el supuesto de que la NCAA continúe en Canal Plus, que esa es otra). De vez en cuando se nos aparecerá tu voz en algún partido histórico y recordaremos lo que fue, y sobre todo recordaremos lo que pudo haber sido y no fue.

A eso me refería yo con lo del sabor agridulce. Esa (la del párrafo anterior) es la parte amarga, la que me hace replantearme una vez más (y ya van unas cuantas en estos últimos tiempos) qué sentido tiene continuar con un abono que llevo pagando religiosamente desde hace dieciocho años (dieciocho años desde que me aboné al Plus, casualmente una semana antes de aquella inolvidable Final Four de 1993, la del tiempo muerto de Webber; y trece ya desde que me aboné al Digital). La parte dulce es que si te vas (que tampoco estoy muy seguro de si te vas o si te echan, o si te vas porque sientes que te echan) quiero pensar que no sólo es porque se te haya rebosado finalmente el vaso de la paciencia tras todos estos años, quiero pensar que además tendrás ya las espaldas medianamente cubiertas, que algo habrá ya seguro a lo que poderte agarrar. Me gustaría pensar que a la vuelta del verano volveremos a escucharte (o al menos a leerte) en cualquier otro medio (más allá de cameos esporádicos), que a pesar del páramo mediático en que habitualmente se mueve nuestro deporte aún habrá de quedar en algún lugar un huequecillo para alguien que ama, siente y conoce este juego como nadie… Me gustaría pensarlo más que nada porque cada vez son menos los periodistas de baloncesto que sean en verdad de baloncesto, y perder a otro más de ellos (al que más, de entre ellos) es un lujo que de ninguna manera nos podemos permitir.

O como solían decir antes los clásicos (televisivos), que ojalá esto no sea un adiós, sino un hasta la vista. Vayas donde vayas que te vaya bonito, Antonio. Un fuerte abrazo,

Jose (zaid)

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Publicado noviembre 2, 2012 por zaid en medios, preHistoria

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