cosecha 2011   Leave a comment

(publicado el 1 de agosto de 2011)

Dicho y hecho. Aún no hemos acabado de procesar la alegría sub20 y ya tenemos aquí esta otra alegría sub18, no me dirán que no se lo advertí. Acerté el oro de los chavales y acerté también desgraciadamente el ninguneo informativo, de la Quinta de Mirotic se hizo eco todo dios (porque fue en casa, que si no ya habríamos visto), de la Quinta de Abrines (por ejemplo) casi no se ha acordado ni dios. Incluso alguna web especializada que acostumbra a hacerte sentir como en casa cada vez que llegas a ella se olvidó el sábado de reflejar la semifinal y se volvió a olvidar ayer domingo (y aún hoy lunes) de reflejar el resultado de la final, y ya mejor no hablar de otros medios infinitamente más masivos que hubieron de pasar horas y más horas para que se enteraran de lo uno y de lo otro. Será el cruce entre julio y agosto, que el cambio de guardia entre los que se van y los que vuelven crea un vacío que deja desiertas durante unas horas las redacciones, qué sé yo. Hoy sí, hoy al menos alguna mención esporádica en el lote de generaciones emergentes, algo es algo, tocaba lanzar las campanas al vuelo por los sub19 y sub21 de fútbol y no les ha quedado más remedio que hacerlo también por los sub20 y los sub18 (y las sub20 y las sub19) de baloncesto. Todavía existimos, al parecer.

Claro que la alegría no nos la van a quitar, ni de coña. Oro sub20 y oro sub18, dos motivos más que suficientes para olvidarnos ya de una vez por todas del mal sabor de boca que nos dejó la ausencia sub19. Todos aquellos que vienen pregonando el buen trabajo de la FEB con las categorías inferiores definitivamente van a tener razón (de algún modo yo ya lo sospechaba), no me estará de más reconocerlo, al césar lo que es del césar. Si me revienta el personalismo del césar Sáez, si no le aguanto esa manera digamos cortijera (es que escribir caciquil se me hacía un poco fuerte) de dirigir la Federación (o que así lo parece vista desde fuera), si me he quejado ya de sus decisiones unas cuantas veces (y aún más que me quejaré en apenas unos días, cuando empiece la eñésima gira de la pasióñ o como demoñios la llameñ esteveraño), si me molesta sobremanera esa dichosa costumbre suya de meterse en las fotos y colgarse las medallas bien estará reconocer que si lo hace es porque puede (que deba o no ya es otra cuestión), porque dichas medallas existen como fruto (entre otras cosas) de un buen programa de detección y planificación. Reconocido queda (y así de paso me habré ganado la coartada para la próxima vez que me toque ponerle a parir…)

Ahora bien, mientras otros éxitos representan el final de un proceso estos son (o deberían ser) sólo el principio. Aquel oro de Lisboa 1999 supuso el comienzo de la década prodigiosa, fue así por sus propios méritos pero también porque se creó una especie de corriente de opinión de que aquellos chicos tenían que jugar, sí o sí, porque a su corta edad tenían ya de sobra la calidad y el carácter para ello. Recuerdo bien que muchos medios de entonces (y hasta el programa aquél de Generación Plus) hacían un seguimiento semanal de los minutos que iban teniendo en sus equipos, como si de repente todo dios hubiera tomado conciencia de que aquella generación era lo mejor que le había pasado a nuestro deporte en mucho tiempo y que de ninguna manera podíamos dejarlo escapar. En cambio me temo que esta otra cosecha 2011 lo puede tener bastante más difícil entre otras cosas por una mera cuestión de demanda social, porque ya no partimos de cero como hace doce años, porque tal vez hayamos ganado ya más que suficiente como para creernos que los títulos vienen solos…

No deberíamos. Más bien al contrario, más bien deberíamos extremar la vigilancia, reivindicar hasta la extenuación (dentro de nuestras exiguas posibilidades, claro) que a estos chavales se les dé bola, que vale, que sí, que ya suponemos que Mirotic y Franch van a tener minutos al más alto nivel, que nos gustaría suponer que acaso también los tengan Sastre o Simeón o Llovet pero que también debería tenerlos el resto, deberían tenerlos más arriba de EBA o de esa extraña tierra de nadie llamada LEB Plata. Y no digamos ya los del dieciocho, que mi Jaime tendrá (espero) hueco de calidad en el Estu pero los Díez, Abrines, Sanz and company aún parece que tendrán que picar piedra antes de llegar a ver la luz del sol. Lo dicho, tenemos ahí delante una impagable cosecha (a dos niveles, además), relevo perfecto para aquellos que se irán en breve plazo, preludio perfecto para tantos otros que vendrán… Reivindiquemos su presencia, no permitamos que se nos pierdan, sentemos ya las bases de otra década prodigiosa, que dentro de unos años no tengamos que preguntarnos por dónde los dejamos escapar.

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Publicado noviembre 3, 2012 por zaid en preHistoria, selecciones

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