desagravio   Leave a comment

(publicado el 29 de julio de 2011)

 

Nunca está de más desagraviar al agraviado, aunque el susodicho no tenga ni puñetera idea de que una vez se le agravió. No una vez sino dos eché yo pestes del desempeño profesional de Orenga, así en sus tiempos de comentarista televisivo telematritense como en sus tiempos de entrenador estudiantil. Con la cosa de la televisión ya me la envainé sobradamente hace dos años y medio, aquella temporada en la que ejerció brillantemente de analista NBA en el Plus. Y con su ejecutoria como técnico ya me la traía medio envainada gracias a los buenos resultados de su sub20 pero este pasado Europeo de Bilbao me ha supuesto elenvainamiento definitivo, arrinconando por fin aquellos aciagos (y ya lejanos) meses de entrenador-jefe en el Ramiro. Y no me llame usted resultadista (bueno, un poco sí), no es el título lo que me empuja a dar este paso sino el verle en acción noche tras noche, día tras día: pura pedagogía, conceptos claros, concisos y bien explicados, sabiendo muy bien qué quería transmitir y sabiendo aún mejor cómo quería transmitirlo, sin montar pollos innecesarios aún por mal dadas que vinieran, transmitiendo firmeza y carácter sin perder jamás la compostura, dirigiendo desde la serenidad. Una actitud y un tono y unos conocimientos adecuados para cualquier edad, pero mucho más imprescindibles en esta edad. Y (sí, también) ganando, que es gerundio, que por mucho Mirotic que tengas a mano no deja de ser gerundio.

Nunca lo ha tenido nada fácil el Orenga ex jugador, en contra de lo que pudiera parecer. Me recuerda a ese personaje que a veces aparece en las películas del oeste, ese hijo de padre blanco y madre india al que no aceptan ni los blancos ni los indios porque le miran más la sangre enemiga que la suya propia. Orenga se formó en la cantera del Madrid, triunfó como jugador profesional en Estudiantes, en la plenitud de su éxito fichó por el Madrid y finalmente empezó su carrera de entrenador en Estudiantes; razón por la cual unos y otros (los más furibundos de entre los unos y los otros, para ser más exactos) tienden a verle como un traidor a la causa por haber cometido el nefando crimen de militar en algún momento de su carrera en las filas del eterno rival. Un desclasado en suma, no para la mayoría (casi) silenciosa de aficionados (casi) normales que (casi) siempre le hemos considerado un gran profesional, pero sí para ese pequeño sector de envenenadores de opinión especializados en encabronar la atmósfera desde los foros ultramontanos. Le sacas a relucir el pasado, le tachas de judas, le tiras por tierra el presente (por bueno que éste sea) y ya le queda la etiqueta colgada para todo el futuro… No, nunca se lo hemos puesto fácil al Orenga ex jugador, reconozcámoslo.

Pero es que además es víctima Orenga de otro extraño prejuicio, del que reniego abiertamente pero en el que yo mismo (y acaso usted también, y tantos otros) acabo por caer en cuanto me descuido: asumimos que alguien que ha triunfado como base puede o debe ser un gran entrenador, aceptaríamos incluso que un alero fuese un buen entrenador pero nos cuesta mucho, muchísimo, imaginar a un pívot ejerciendo de entrenador. Nos parece de lo más normal que se hagan técnicos, qué sé yo, Pablo Laso, Chus Lázaro, Doc Rivers, Scott Skiles, ahora bien, ¿Orenga? ¿Vecina? Esos no, qué van a saber esos de baloncesto, de baloncesto saben los pequeños que son los que se las ponen pero ellos no, ellos con tener un buen culo para ganar la posición tienen ya más que suficiente… Prejuicio infame contra el que yo mismo suelo argumentarme una larga lista de nombres de aquí y de allá (menos de aquí que de allá), Moncho Monsalve, Clifford Luyk, Phil Jackson, Paul Silas, John Thompson, tantos otros. Tipos que se fajaron en medio de la zona en sus años mozos y que alcanzaron grandísima categoría (y hasta extraordinaria, en algún caso) en los banquillos en sus años menos mozos, sin que su pasado les supusiera merma alguna sino más bien todo lo contrario. Una larga lista (no tan larga como la de ex bases, pero larga al fin y al cabo) en la que ya podemos añadir con todos los honores a don Juan Antonio Orenga, quien probablemente a estas alturas ya no tenía nada que demostrar pero que en cualquier caso ha hecho muy bien en demostrárnoslo, una vez más: los aficionados (y especialmente los más descreídos de entre nosotros, los más dados a caer en prejuicios tan absurdos como injustificados) nunca se lo agradeceremos lo bastante.

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Publicado noviembre 3, 2012 por zaid en preHistoria, selecciones

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