el más grande   Leave a comment

(publicado el 28 de septiembre de 2011)

Muy pocos jugadores habrá a los que yo haya admirado más que a Arvydas Sabonis. Y si lo restrinjo a su posición aún diría más, no habrá ni un solo cénter al que haya yo admirado más. Igual tal vez, igual puede que haya admirado a Hakeem Olajuwon y su prodigioso juego de pies, acaso a Pau por una mera cuestión de paisanaje… Igual tal vez pero más es imposible. Las nuevas generaciones, quienes jamás le conocieron o sólo le conocieron en su ocaso probablemente pensarán que exagero, supongo que por más que lo intentara difícilmente podría yo explicarles lo grande que fue este tío (más allá de la mera evidencia física), todo lo que en su día representó y aún hoy pueda representar para nuestro deporte. No sé, tal vez tendría yo que utilizar una fórmula como aquella que empleó Dino Radja cuando él llevaba ya años en Boston y Sabonis acababa de llegar a Portland, créanme, ustedes alucinan con lo que es pero no tienen ni la menor idea de lo que fue, si lo que ven ya les parece asombroso no podrían ni tan siquiera imaginarse lo que se perdieron. No, nunca sabrán lo que supuso aquella aparición a comienzos de los ochenta, un tipo del tamaño de Tkatchenko pero perfectamente coordinado, puro base en un cuerpo inmenso de pívot, tan dominador absoluto hacia dentro como de dentro hacia fuera, amo y señor de todo partido que jugara, así viniera de rojo URSS o de verde Kaunas tanto daba, daba gloria verle, bien supimos entonces que él sería el primero en romper el irrompible telón de acero, bien que lo habría hecho añicos si no se hubiera roto él antes. Del todo a la nada, de ser el zar a parecer casi acabado cuando aún era poco más que un crío, llegamos a pensar que ya no volveríamos a verle y casi no dimos crédito cuando renació de sus cenizas en Seúl 88, nunca antes ni después un oro olímpico dependió tan claramente de un solo nombre, de un solo apellido. Vuelta a romperse, vuelta a la convalecencia, vuelta a irse al garete todos aquellos planes de futuro, un día el Fórum Valladolid le rescató cuando ya nadie daba un duro por él y aquello fue como empezar una nueva vida, un nuevo Sabonis casi sin piernas pero con la misma o tal vez más inteligencia, con muchísima más madurez. Llevó a los pucelanos a cotas jamás imaginadas, llevó a los lituanos a aquella primera medalla olímpica que prefirió celebrar antes incluso de que se la pusieran, llevó al Madrid a soñar y por fin ganar la Euroliga y finalmente descubrió que aquella lejana puerta de la NBA que parecía estar cerrada en realidad no lo estaba, sólo estaba entornada, el pestillo no lo habían echado todavía. Miren que de entrada le metieron entre algodones pero a la larga dio igual, allá en Oregon no salían de su asombro, aquellos Jail Blazers parecían casi dos equipos diferentes en función de que él estuviera o no en cancha, le fueron rodeando de compañeros tan exuberantes como descerebrados pero tanto dio, él siguió empeñado en sentar cátedra año tras año, mes tras mes, noche tras noche. Créanme, en USA saben lo que vieron pero jamás sabrán lo que se perdieron, saben lo que fue pero jamás sabrán lo que pudo haber sido y no fue. Las nuevas generaciones tampoco, le verían hace unos días como le vimos todos, repartiendo premios, entregando a Nesterovic el testigo del Eurobasket, saben bien que fue grande pero nunca llegarán a saber cuán grande fue. Tenía buen aspecto, quién nos lo iba a decir entonces que en apenas nueve días su corazón se le iba a parar, tras cuarentaiséis años bombeando ininterrumpidamente sangre a un cuerpo tan enorme se ve que necesitaba tomarse un descanso. Sólo eso, un pequeño descanso, que como broma digo yo que ya está bien: que aún le queda mucho por disfrutar de su Zalgiris, que aún le habrán de quedar muchas piezas por cazar, muchas pachangas baloncesteras por jugar, muchos paseos por su playa de Torremolinos, mucho orgullo que sentir viendo jugar a sus hijos. Que aún le habrá de quedar mucha, muchísima vida por vivir. Fuerza, Sabas.

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Publicado noviembre 3, 2012 por zaid en Euroliga, NBA, preHistoria, selecciones

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