gris oscuro   Leave a comment

(publicado el 8 de septiembre de 2011)

 

Tenemos mucha tendencia a ver todas las cosas o blancas o negras, sin matices, sin claroscuros. O eres bueno o malo (nunca regular), o encumbramos o linchamos (a menudo a la misma persona, y de un día para otro), no tenemos término medio. Pero la experiencia (que de eso empiezo ya a tener bastante) nos enseña que la vida no acostumbra ser nunca blanca o negra sino gris. Cada cosa encierra su contraria, todo lo bueno tiene también su lado amargo (y viceversa), cada acierto conlleva una equivocación. Claro que ustedes no me han hecho nada como para que les castigue con semejante disertación de filosofía barata, así que mejor será que pase ya al ejemplo concreto:

Ocho minutos y medio para el final del Alemania-España: Scariolo ordena presión en toda la pista, nada del otro mundo, no tanto para asfixiarlos como para retardar en lo posible la subida del balón. Nadie mejor que Ricky para semejante propósito, claro. Objetivo cumplido, los alemanes tardan mas en llegar a campo contrario pero ya saben, no hay bien que por mal no venga (¿o era al revés?), de nada sirve que tarden más si luego les abrimos la autopista, de nada sirve tanta presión si al final se te va la mano. Ricky es buen defensor pero tal vez alguien debería decirle que no hace falta intentar el robo en cada defensa, que una buena defensa se construye también (y sobre todo) en base al cuerpo a cuerpo, en base al trabajo posicional sin que haya que estar necesariamente metiendo la mano o tirándose en plancha hacia la línea de pase a cada rato. Tanto lo intenta que al final Schaffartzig (o como se escriba) me le acaba tomando la matrícula, tú tírate p’allá que yo me vengo p’acá y anda, mira tú qué bien, otra vez la canasta a mi entera disposición sin que nadie venga en tu ayuda, que bastante tendrán ya tus amigos con estar ahí todos pendientes de Nowitzki. Ricky (por una vez) naufraga en defensa y (para variar) se enreda en ataque, ahí me tienen a mí ante el televisor pidiendo a gritos que vuelva Calde, tanto grité que Itu debió escucharme porque poco tiempo después pidió lo mismo, en cambio Scariolo no debió escucharnos a ninguno de los dos. Calde no vuelve, me dirán que no había estado bien mientras estuvo en cancha y es bien cierto, como no es menos cierto que si aplicáramos ese estricto criterio en todos los casos tampoco habría vuelto Navarro y no digamos ya Pau, basándonos en que Pau no había estado bien en la primera mitad podríamos haberle castigado en la segunda, total sólo nos habríamos perdido una de las mayores exhibiciones (y en ambos lados de la cancha, y con Nowitzki enfrente) que se le recuerdan en la selección. Definitivamente Calde no vuelve, a Sada ya tampoco se le espera (manda webos), Ricky hasta el final para lo bueno y para lo malo, si antes tocó lo malo ahora tocará lo bueno, una recuperación (por fin) por acá, otra que me encuentro por allá, algún rebote imposible por acullá, España acaba ganando y Ricky acaba encumbrado a los altares, quién nos lo habría dicho hace apenas un cuarto de hora. Cada cosa encierra su contraria, encumbrar a Ricky por estos últimos minutos parece que hace desaparecer su descalabro en los penúltimos del mismo modo que lincharle por dicho descalabro nos haría olvidar tal vez su buen trabajo defensivo durante la primera mitad, especialmente aquellas impagables ayudas a Ibaka en su defensa sobre Nowitzki. Nada es blanco ni negro sino gris, Scariolo puede colgarse la medalla de haber mantenido a Ricky si así le place pero ello no debería eximirle (a Scariolo, me refiero) de su elevada cuota de responsabilidad por el ataque entre atropellado y caótico que demasiadas veces practica nuestra selección, ni a su vez ello debería hacernos olvidar aciertos puntuales como la evidente mejora defensiva tras el descanso o como el levantamiento del castigo a SanEme, chorro de minutos incluido para que quedara al fin demostrado lo mucho y bueno que puede aportar a este equipo, para que quedara aún más demostrada (¿o no?) la cagada que supuso mandarle a galeras el día de Turquía tras un mero error circunstancial… Y así hasta el infinito (y más allá), cada cosa encierra su contraria, ya saben.

Pues eso, que nada es blanco ni negro, ni siquiera el juego de nuestra selección. Ni tanto ni tan calvo, ni tan luminoso como en aquella primera mitad ante Lituania ni tan vergonzoso como en aquel último cuarto ante Turquía. Ni blanco ni negro sino gris, gris como ante Gran Bretaña o como ayer ante Alemania, gris tirando a oscuro pero gris al fin y al cabo. Gris e intermitente, ahora bien, ahora mal (o sea, regular), bien atrás y malo adelante o bien adelante y mal atrás, juego a ráfagas como antaño se decía de la selección de fútbol. Gris ligeramente oscuro, como la vida misma, mejor será que vayamos blanqueándolo cuanto antes porque mañana nos espera Serbia que no es precisamente moco de pavo (¿por qué se dirá esto?), Teodosio y sus amigos literalmente al borde del abismo, con la insana intención de ennegrecérnoslo definitivamente. Que el dios del baloncesto (cada uno escoja el que le plazca) nos pille confesados.

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Publicado noviembre 3, 2012 por zaid en preHistoria, selecciones

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