macedoniazos, checoslovaquiazos   Leave a comment

(publicado el 14 de septiembre de 2011)

 

Antes de entregarnos a la orgía y el desenfreno por habernos librado de los anfitriones lituanos, antes incluso de proceder a descojonarnos cumplidamente de los franceses yo les pediría que echemos por un momento la vista atrás. Exactamente veintiséis años atrás, tal vez usted aún no hubiera nacido o tal vez sí pero sólo un poco, yo en cambio ya contaba con mi buen cuarto de siglo por aquel entonces. Eurobasket de Stuttgart 1985, me temo que aún lo conservo bien fresco en mi memoria pero por si acaso, para no patinar, he recurrido al asesoramiento del reciente libro de Itu, Antes de que se me olvide, que recrea aquel pasaje (y tantos otros) con suma precisión. La cosa fue que pasamos de cuartos cargándonos a los alemanes, que todos dimos/dieron por supuesto que en semifinales nos tocaría la temible Yugoslavia de aquel Drazen Petrovic al que ya por aquel entonces empezaba a considerársele como el enemigo público número uno… y que luego a la noche, en el hotel, nuestros jugadores no salían de su asombro cuando apareció Díaz-Miguel sumamente excitado contándoles que Yugoslavia había caído, que la semifinal nos la íbamos a jugar contra los checos. Las horas que siguieron hasta aquel partido debieron convertirse en todo un cúmulo de despropósitos, entre otras cosas gracias a un exceso de confianza que el seleccionador intentó cortar a lo bestia, ponderando desmesuradamente las supuestas virtudes checas con un que viene el lobo que no se creyó nadie, por supuesto. Añádase que Díaz-Miguel (merecidamente encumbrado apenas un año antes por aquella inolvidable plata olímpica) realizó la peor dirección de un partido que se le recuerda, y el resultado de todo ello fue que ante Checoslovaquia perdimos la que Iturriaga define como la medalla de plata más accesible de la historia del baloncesto español. Y no contentos con ello, aún no repuestos del mazazo, al día siguiente perdimos también el bronce frente a Italia.
Sospecho que ya imaginarán por qué les cuento esto. Ya sé que son épocas distintas, circunstancias distintas, jugadores y seleccionadores distintos, hasta países distintos, tan distintos que en aquel entonces aún no existía Macedonia (como estado independiente, me refiero) al igual que a día de hoy tampoco existe ya Checoslovaquia. No pretendo establecer paralelismos pero sí me gustaría que valorásemos a Macedonia en su justa medida: siendo muy conscientes de que tenemos más baloncesto que ellos pero siendo no menos conscientes de que muy probablemente también Lituania tenga más baloncesto que ellos y miren ustedes dónde está ahora; y casi tres cuartos de lo mismo podría decirse de esa Rusia que se habría visto abocada a un recorrido muy distinto de no haber sido por el ladrillazo aquel de Monya que incomprensiblemente acabó en el aro. Sí, Macedonia, más allá del impasible Ilievski, del omnipresente Pero Antic y de ese mágico McCalebb que consigue entusiasmarme cada vez que le veo (y ya van unas cuantas veces) probablemente tenga menos baloncesto que muchos de esos equipos a los que ha ido ganando sistemáticamente en todo este Torneo. Lo que nos lleva a la conclusión de que a estas alturas de competición tener más o menos baloncesto (lo que comunmente entendemos por baloncesto) no sirve ya absolutamente para nada.
Macedonia tiene poco pero hace mucho, Macedonia optimiza como nadie sus escasos recursos. Macedonia te saca cinco tíos (dos de ellos puros bases) y te los mueve de tal manera que casi siempre están todos en la parte de fuera, si no te amenaza éste te la clava este otro, ahí te las apañes tú para defenderlos. Macedonia pelea por cada balón como si le fuera la vida en ello, tírales la bola a un pozo y ahí que se tirarán sus cinco jugadores (y hasta los del banquillo) para intentar rescatarla. A Macedonia siempre la estás ganando pero nunca acabas de ganarla, es como decía aquel corrido mexicano (¿o sería ranchera?), porque estás que te vas, y te vas, y te vas, y te vas… y no te has ido, Macedonia hace como que se va pero nunca acaba de irse, Macedonia ejemplifica a la perfección aquello que Manel Comas enunció como la táctica del conejo. Macedonia está donde ya no estarán Lituania, Eslovenia, Turquía, Alemania, no digamos ya Croacia, donde tampoco estarán o franceses o griegos, o rusos o serbios; Macedonia se ha ganado ya con todo merecimiento el derecho a pelear por una plaza olímpica el verano que viene, eso de momento, esperemos que no pase de ahí. Vale, no serán como para tenerles miedo, en absoluto, pero se merecen un respeto. Se lo han ganado a pulso ese respeto. Si vamos en plan de que así se las ponían a Fernando VII (¿o era a Felipe II?) nos la van a liar, si nos da por hacer chistes con trocitos de fruta en almíbar también nos la van a liar, si nos ven acojonados aún más nos la van a liar, si jugamos como sólo nosotros sabemos jugar (y desde el primer cuarto, a ser posible) evidentemente no deberíamos tener ningún problema. Pero qué quieren que les diga, creo yo que tampoco estaría de más que tuviéramos siempre bien presente aquella batallita que acabo de contarles, aquella triste historia que sucedió hace ya la friolera de veintiséis años, hay que joderse, cómo pasa el tiempo. Por lo que pueda pasar.
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Publicado noviembre 3, 2012 por zaid en preHistoria, selecciones

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