Archivo para noviembre 4, 2012

el psicópata   Leave a comment

(publicado el 26 de abril de 2012)

 

Les interesará saber (por aquello de que el saber no ocupa lugar y además, en este caso concreto, es gratis) que el diccionario de nuestra Real Academia Española de la Lengua define psicópata como persona que padece psicopatía (no, ahí no se esforzaron mucho), y define psicopatía como anomalía psíquica por obra de la cual, a pesar de la integridad de las funciones perceptivas y mentales, se halla patológicamente alterada la conducta social del individuo que la padece. No es que yo se lo cuente para que se vayan esta noche a la cama sabiendo una cosa más (aunque si así fuera lo doy por bien empleado) sino porque me resulta imprescindible para ilustrar lo que viene a continuación. Es decir, ya que voy a llamar a alguien psicópata(tampoco es que sea la primera vez que se lo llamo) no estará de más que previamente lo justifique para que no se entienda como un insulto sino como un hecho objetivo, dado que se trata de alguien que mantiene la integridad de sus funciones perceptivas y mentales (si así no fuera difícilmente podría desempeñar su actividad profesional) pero que tiene patológicamente alterada su conducta social. Que le cuesta discernir entre lo que está bien y lo que está mal, entre lo correcto y lo incorrecto, entre lo que la sociedad permite y lo que no consiente de ninguna manera. La mayoría de nosotros vamos por la vida sabiendo (o creyendo saber) que existe una (más o menos delgada) línea roja que no debemos traspasar, no tanto porque la ley lo prohiba como porque nos lo prohibe nuestra conciencia, nuestro sentido común (o lo que quede de él). En cambio otros seres (presuntamente) humanos no acaban de tener del todo clara esa separación.

Acaso ya habrán imaginado que me estoy refiriendo (una vez más) a El Jugador Antes Conocido Como Ron ArtestEJACCRA si lo pusiéramos en siglas. No, no teman, no les voy a poner la cabeza mala con todas aquellas barrabasadas de sus años de Indiana, aquellos tiempos en los que nos sentábamos a ver los partidos de los Pacers esperando a ver la que lía hoy este tío. Vale, sí, todos recordamos la más gorda, aquella monstruosa bronca de Detroit, aquel subirse fuera de sí a las gradas a aporrear a cuantos aficionados le fueron saliendo por el camino (mal estuvo que uno de ellos le tirara antes un vaso… lo cual muy probablemente tampoco habría sucedido de no haberse acostado él previamente sobre la mesa de anotadores tras su roce con Ben Wallace), pero hubo muchas más, sin ir más lejos yo recuerdo especialmente una de tantas, aquel Pacers-Celtics en el que logró convertirse en el expulsado más precoz de la historia: salto inicial, balón para los Celtics, la bola llegó a Pierce, éste se dispuso a dejar una sencilla bandeja que bien habría podido taponarse o impedirse acaso con una simple falta y en éstas que el amigo Artest, renunciando por completo al balón, le soltó un impresionante hachazo al cuello que por poco le mata. No fue una acción defensiva sino una salvaje agresión en toda regla, que le supuso su descalificación inmediata cuando apenas se llevaban diez o quince segundos de partido. Pudimos pensar entonces que acaso tuviera cuentas pendientes con Paul Pierce; hoy más bien creo que no, que se lo soltó como se lo podría haber soltado a cualquier otro simplemente porque pasaba por allí, porque era quien iba a meter la canasta. Fue la acción típica de un sujeto incapaz de medir las consecuencias de sus actos, incapaz de apreciar la diferencia entre una falta normal y un linchamiento, incapaz de distinguir un comportamiento aceptado socialmente de otro que no lo sea en absoluto.

Fue una de tantas, el pan de cada día en aquellos tiempos hasta el punto de que Antoni Daimiel fundó el club anti-Artest, club meramente virtual al que nos apuntamos muchos, igualmente de manera virtual. Y sin embargo el sujeto en cuestión tenía sus adeptos, muchos más de los que por aquí hubiéramos podido imaginar. Había sido ídolo en St. John’s, la universidad neoyorquina por antonomasia (en unos años particularmente oscuros de los Red Storm), lo cual le granjeó una simpatía y admiración sin límites por parte de la prensa de aquella ciudad y, por extensión, de un amplio sector de la afición susceptible de verse influenciado por dicha prensa. En aquellos tiempos (por ejemplo) era casi imposible encontrar un número de Slam en el que no le dedicaran un artículo, un breve, un suelto, lo que fuera, a menudo preguntándose por qué no le habrían escogido los Knicks en lugar de a (por ejemplo) Frederic Weis (que vale, tampoco es que fuera una elección muy afortunada que digamos). Artest se estaba ganando ya en la Liga una desmedida fama de extraordinario defensor, cosa más que discutible porque a mí particularmente su defensa siempre me pareció mucho más efectista que efectiva. Pero ellos ponderaban sus virtudes y minimizaban sus defectos, sus evidentes carencias de fundamentos que se apreciaban (aún hoy se aprecian) simplemente viéndole botar el balón, o su tiro sospechoso que se sumaba además a una ausencia total de criterio a la hora de decidir cuándo y cómo tirar, pudiendo apedrear el aro (o el tablero, o el rostro de un espectador de la tercera fila) hasta quince o veinte veces con total impunidad sin que le importara lo más mínimo que su técnico o sus compañeros le pusieran mala cara, tanto le daba, él seguía tirando. A veces las metía, claro, a veces pillaba rachas tan asombrosas como incomprensibles, y fueron esas rachas esporádicas, junto con su fama de (presunto) buen defensor y su aureola de rebeldía (que no era tal, sino meros problemas conductuales), las que le convirtieron en referencia para un sector muy concreto que jamás paró de lamentarse por no tenerle en su equipo y por que no se le otorgara la consideración de estrella que (según ellos) merecía.

La bronca del Palace de Auburn Hills evidentemente marcó un antes y un después. Dentro de lo deplorable que fue todo aquello aún hubo unos cuantos que, si no respaldaron, sí comprendieron y hasta justificaron su comportamiento, y denostaron a la NBA por la enorme sanción impuesta, y hasta montaron campañas e imprimieron camisetas con el lema liberad a Artest. De algo sirvió, sin embargo. El Artest que volvió de la sanción no diré que era un hombre nuevo pero sí que parecía algo más equilibrado, algo más reinsertado en la sociedad. Luego fichó por los Lakers y nos calló la boca a todos aquellos que pensamos que sería contraproducente, que sería como meter una caja de bombas en ese vestuario. Aportó (a su peculiar e inimitable manera, pero aportó), ganó un anillo, se lo dedicó a sus psicólogos, parecía haber vencido por fin a su enemigo interior. Uno en su fuero interno (sí, creo que tengo de eso) siempre creyó que además de sus psicólogos (que sospecho que se llevarían una pasta, dado que el caso lo merecía) algo tendría que ver también un afamado domador de fieras llamado Phil Jackson, ese mismo que década y pico antes había conseguido sacar de un espíritu libre y salvaje como Dennis Rodman mucho más rendimiento del que cualquiera hubiera podido imaginar. No es que Rodman y Artest se parezcan en nada, se trata de caracteres e inteligencias muy diferentes pero de alguna manera ambos son chicos malos, chicos a los que hay que saber llevar. Jackson, maestro del palo y zanahoria (y de otras muchas cosas), consiguió exprimir su talento mucho más de lo que otro cualquiera hubiera podido lograr.

Pero llegó el verano de 2011 y empezaron a pasar cosas, qué les voy a contar que ustedes no sepan ya. Phil Jackson se retiró a su rancho de Montana (supongo) y en su lugar llegó todo lo contrario, es decir Mike Brown; que probablemente sea un gran entrenador y un tipo de personalidad arrolladora y arrebatadora, no digo yo que no, pero que así de lejos transmite la sensación de tener menos sustancia que mi cuñado el pescadero (que ya es decir, se lo aseguro). ¿Será casualidad que bajo sus (presuntas) órdenes el amigo Artest haya vuelto a las andadas? Claro que el amigo Artest ya no se llama Artest (aunque se parezca bastante al que así se llamaba), se llama Metta World Peace (no será nunca MVP pero al menos es MWP), algo que en su momento nos pudo parecer (aparte de otra excentricidad más del colega) quizá la consecuencia de haber alcanzado por fin la paz interior y querer transmitir esa paz al resto del planeta; algo que hoy nos parece una broma pesada, y de muy mal gusto además. No hará falta que se lo cuente, los juegos de palabras con el dichoso nombrecito están a la orden del día, de Metta World War a Metta War Please por citar sólo los dos primeros que se me vienen a la cabeza, los hay a cientos. Lo de la paz en el mundo es bastante discutible pero eso sí, lo de Metta lo lleva a rajatabla, véase la que le mette el pasado domingo a Harden para más información.

La que le mete a Harden no es ya ni la primera ni la segunda que hace este año, sí la peor, por supuesto. Dijo que fue sin querer y yo le creo, fue sin querer matarle, le bastaba con herirle de gravedad. Una vez más la manifiesta irresponsabilidad, una vez más la manifiesta incapacidad de distinguir entre lo socialmente aceptado y lo que no. Clava un mate y le sobreviene tal subidón de adrenalina que tiene que soltarlo de manera indiscriminada, llevarse por delante todo lo que pille así esto sea una canasta, una farola, un perro o un ser humano, tanto da. Con el puño derecho se golpea el pecho con todas sus fuerzas, con el codo izquierdo casi revienta con todas sus fuerzas el tímpano de Harden. Con todas sus fuerzas, tanta fuerza le quiere dar que el movimiento de partida es llevarse el codo izquierdo todo lo posible hacia su costado derecho para que el recorrido sea más largo, para tomar impulso desde más lejos, para que el impacto sea aún mayor. Y porque sí, porque el otro simplemente pasaba por allí, una vez más, porque para él ambas acciones son lo mismo, los golpes de pecho con la derecha, el zurriagazo a Harden con la izquierda, todo lo mismo, todo una mera válvula de escape para esa sobreexcitación que le ha sobrevenido y que de algún modo se la tiene que sacar…

Claro, sí, luego al día siguiente pidió perdón, lo siento mucho, me he equivocado y no volverá a ocurrir (¿o ése fue otro?), lo cual no le ha evitado que le cascaran siete partidos de suspensión (que hasta me parecen pocos) que le harán perderse casi toda la primera ronda de playoffs. Y estará por ver que haya una segunda, y si la hay (como parece probable) estará por ver cómo se comporta de ahora en adelante este sujeto. La intensidad que se gastan en los playoffs NBA es como diez veces superior a la de la temporada regular (aunque precisamente ese Lakers-Thunder resultó bastante intenso), miedo me da este tío con su adrenalina desbocada en situaciones de exigencia extrema, de máxima tensión. Creímos que había madurado, pensamos que era otro hombre, supusimos que toda aquella psicopatía había quedado definitivamente atrás pero hoy sabemos que no, hoy sabemos que bajo ese monísimo envoltorio llamado Metta World Peace se escondía aún el único, el incomparable, el (afortunadamente) inimitable Ron Artest. Que no nos pase nada.

Publicado noviembre 4, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

chocotajas   2 comments

(publicado el 19 de abril de 2012)

 

Aunque me dé vergüenza, habré de empezar reconociéndoles mi absoluta ignorancia. Ya sé que no está de moda reconocer ignorancias, que lo suyo es aparentar que se sabe de todo aunque no se sepa casi de nada pero qué quieren, lo mío es la vulgaridad. Lo confieso, después de tantos años todavía no he conseguido entender cómo demonios se reparten las plazas ACB en la Euroliga, será que soy corto de entendederas. Es decir, sé que hay una serie de equipos que llevan ya de serie su participación año tras año por los derechos adquiridos desde tiempo inmemorial, hasta ahí llego, al igual que sé que hay otros que se lo tienen que intentar ganar temporada tras temporada y ni aún así lo tienen seguro. Ahora bien, cuáles son los criterios, cómo se puntúan, cuánto duran, desde cuándo se arrastran esos derechos de los equipos que llamamos decategoría A, todo eso lamentablemente se me escapa, será que soy de letras o que soy torpe, sin más. Sé muy bien que si usted hiciera una encuesta en cualquier pabellón acebé el noventa y nueve coma nueve por ciento de los mortales allí ubicados le respondería con pelos y señales, cójase el número total de victorias de los equis últimos años y añádase el coeficiente de participaciones en la Euroliga sumado a la raíz cuadrada del coseno de alfa multiplicado por pi y elevado al cubo, no me cabe la menor duda. Pero a mí no me sale, será que no doy más de sí.

Claro que en estas circunstancias también reconforta saber (mal de muchos…) que ni siquiera los propios protagonistas de la historia acaban de tenerlo del todo claro. Hace unos días el jefe supremo de la competición, don Jordi Bertomeu, afirmó que si Unicaja quedara por detrás del noveno puesto perdería de inmediato sus derechos adquiridos en la Euroliga y dejaría de ser equipo A (qué bonito, equipo A), a lo que Unicaja raudo y veloz contestó que no, que de eso nada, que se lo mire bien, que la parte contratante de la primera parte no afecta a la segunda parte contratante de la primera parte contratante, la cual a su vez dejaría sin efecto la tercera parte contratante de la segunda parte… O algo así. No sé cómo quedará Unicaja (buena pinta no tiene) pero a día de hoy está undécimo, nada menos; como acabe así (o mismamente décimo, ya puestos) témome que tendremos lío. Al tiempo.

Y justo en éstas estábamos cuando don Fotis Katsikaris, ingenuo como es de natural, tuvo la insospechada ocurrencia de decir lo que pensaba, ya ve usted, como si aún se pudiera decir lo que se piensa en estos tiempos que corren. Pues que si los del Valencia Basket ganan la Eurocup (¿se seguirá llamando así?) los del Bilbao Basket ya podemos dar por acabada nuestra temporada, más o menos. Parecía fácil de entender para cualquiera que quisiera entenderlo, pues que si Valencia entra en la Euroliga por esa vía ya no quedarán más vías para que entre otro, vamos que es que ni aún ganando la ACB siquiera, esa podría haber sido la traducción en el supuesto de que sus palabras hubieran necesitado traducción. Pero es bien sabido que las sensibilidades están a flor de piel, a algunos valencianos ese socorrido gen de la susceptibilidad se les activó de inmediato, hay que ver, nosotros que le acogimos en nuestro seno, nosotros que le quisimos como a un hijo (y luego le repudiamos como a un mal hijo, también) y ahora quiere que perdamos, ¡¡¡que perdamos!!! cómo es posible tanta maldad, en qué cabeza cabe tamaña aberración… Valencia perdió, no porque quisiera Fotis sino porque no les quedó más remedio, deberían ya volver las aguas a su cauce (tanto más tras haberlo explicado el susodicho por activa y por pasiva, una y otra vez) pero hete aquí que el calendario es caprichoso (o tocapelotas, según) y este domingo se enfrentarán Valencia y Bilbao en la Fonteta, también es casualidad, no descarten que aún quede por allí algún ultramontano pensando en tirar a Katsikaris al pilón o en su defecto al Turia o al Mediterráneo o a l’Oceanografic, lo primero que pillen. Todo lo cual nos lo podríamos haber ahorrado muy fácilmente si las cosas fueran de cualquier otra manera.

Qué quieren que les diga, yo creo que la Euroliga debería decidir si quiere ser carne o pescado (por ejemplo). Es decir, u optas de una vez por todas por una liga a la americana, cerrada, los dieciséis (o los que fueran) equipos más potentes del continente cogidos de la manita, jugando consigo mismos un año sí y otro también (y el resto que se busquen la vida como buenamente puedan para participar en las restantes competiciones continentales, llámense éstas como se llamen); u optas por volver a una liga a la europea, abierta, en la que el único criterio para participar en las competiciones internacionales fuera el de los méritos contraídos el año anterior en las competiciones nacionales, como sucedía antaño en todas las copas de Europa de toda la vida de dios. O una cosa o la otra pero no este querer ser una cosa sin dejar de ser la otra. Tú lo quieres eschocotajas, me decía mi padre siendo niño (siendo niño yo, no mi padre) cuando me daba a escoger entre dos cosas y yo me empeñaba en que quería las dos. Chocotajas, en su particular idioma, debía de ser lo que toda la vida se ha dicho estar al plato y a las tajadas, que es como parece estar la Euroliga desde hace ya unos cuantos años con esta especie de híbrido que no acaba de ser ni chicha ni limoná (discúlpeseme el arrebato folclórico) y que queriendo contentar a todos acaba por no contentar absolutamente a nadie. O cierras o abres, pero esto de casi cerrar sin acabar de cerrar dejando la puerta entornada, si acaso con una pequeña rendija por la que tal vez pueda caber alguno más (pero sólo uno, dos ya no que dos son multitud, tanto da que ambos dos se lo merezcan por igual) pues como que no acaba de tener sentido. O acaso sí lo tenga pero lamentablemente yo no se lo encuentro, qué le vamos a hacer.

Publicado noviembre 4, 2012 por zaid en Euroliga, preHistoria

orgullo y satisfacción   Leave a comment

(publicado el 17 de abril de 2012)

 

Reconozcámoslo, resulta difícil no caer en la tentación, resulta difícil no establecer (odiosas) comparaciones entre este Torneo de Mannheim y aquel otro de catorce años atrás, aquella otra selección que no contenta con ganar allí ganó también pocos meses más tarde el Europeo de la categoría en Varna, que aún no contenta tampoco con ganar allí ganó también al año siguiente aquel histórico Mundial Júnior de Lisboa. Cómo no recordar cómo vivimos aquella semifinal y aquella final, en mi caso muy malamente en aquel apartamento playero, aquel minúsculo e infame televisor casi en el techo, rebosante de interferencias y hasta en blanco y negro todavía, casi tan malamente como he visto esta otra semifinal y esta otra final gracias a uno de esos inventos del demonio, esa extraña cosa llamada estrimin (o sea, streaming) que consiste en que vas a parar a una web en la que crees que te ponen el partido cuando en realidad te ponen de los nervios, la imagen oscilando y vibrando así el viernes como el sábado cual si el operador de cámara padeciera un parkinson en fase terminal, o al menos así era en mi ordenador, no me pregunten ustedes por qué. Me dejé los ojos hace trece años mirando hacia Lisboa, me los volví a dejar hace tres días mirando hacia Mannheim, entonces y ahora lo di por muy bien empleado (mi oftalmólogo no sería de la misma opinión), entonces y ahora tuve la maravillosa sensación de estar asistiendo a algo muy especial, casi mágico, irrepetible por más que podamos tener la sensación de que se haya repetido apenas trece años después…

Sí, resulta muy difícil no caer en la tentación, no caer en los evidentes pararelismos entre aquella generación de Lisboa y esta otra de Mannheim, sólo de Mannheim por ahora, también tendrán su Europeo en pocos meses (si es que la FEB encuentra quien les entrene), su Mundial en año y pico, que los ganen o no ya será otro cantar. Generaciones paralelas si así lo quieren, pero dos líneas paralelas no tienen por qué tener la misma longitud. Lo peor que les puede pasar es que les midamos por el rasero de aquellos otros como si ya estuvieran obligados (condenados, más bien) a repetir su historia. No, estos chavales tendrán que tener su propia historia, de hecho algunos ya empezaron a escribirla hace un verano, ya tuvieron su oro europeo nueve meses antes de este otro oro de Mannheim, quizá no les recuerden, eran los compañeros más o menos anónimos de Alex Abrines, Jaime Fernández, Dani Díez o Jorge Sanz, aunque no lo parezca por allí andaban también los Willy Hernangómez o Josep Pérez, los aún sub17 de aquella selección sub18. Hernangómez que es talento en estado puro por dentro, Pérez que es talento en estado puro por fuera, se nos cae la baba viéndolos como se nos cae con el derroche de clase de Albert Homs (qué tercer cuarto se marcó en la Final la criatura), con las infinitas posibilidades que te proporciona Javi Marín (todo un descubrimiento), con el inmenso despliegue físico y técnico de Juan Sebas Saiz, con el derroche de facultades de Edgar Vicedo (cuántas veces vi jugar a su padre en aquella ya lejana selección de voleibol), con el insospechado saber estar de Alberto Díaz o (cómo no) con ese pedazo de diamante aún sin pulir, ese árbol tierno de interminables ramas llamado Ilimane Diop. Se nos cae la baba o bien, si prefieren que lo exprese un poco más elegantemente (a la manera de aquél que se complace en matar elefantes con cargo al erario público), casi mejor les diré que nos llenan de orgullo y satisfacción: orgullo por lo que son, satisfacción por lo que son y por lo que (pensamos que) serán. Éstos, los que ya pasaron del 93, los que aún nos quedan del 95, tres quintas portentosas, toda una impagable generación. Saboreémosla, disfrutémosla con calma, no les pidamos aún la luna sobre todo si queremos que algún día nos la traigan. No estemos cada lunes y cada martes llamándoles los nuevos júniors de oro, no les metamos más presión de la que necesitan (la necesitarán en todo caso sus clubes o sus técnicos pero no ellos, no todavía), no nos pasemos con las eternas comparaciones con gasoles navarros no vaya a ser que al final la acabemos de cagar. Dejémosles que crezcan, nada más (y nada menos) que eso, todo lo demás vendrá ya por añadidura.

Publicado noviembre 4, 2012 por zaid en preHistoria, selecciones

chocolate & churros   Leave a comment

(publicado el 13 de abril de 2012)

 

No les descubro nada nuevo si les cuento que los jugadores americanos (los de USA, me refiero) por lo general se dividen en dos grupos, los que se integran y los que no, siendo éstos últimos la inmensa mayoría por desgracia. No es que sea tampoco una cosa exclusiva del personal yanqui, no nos engañemos, por aquí también hemos tenido a algún virtuoso futbolista que se marchó a Londres cobrando un pastizal y apenas un par de semanas después ya estaba pidiendo a grito pelado volverse a su Sevilla del alma. Pero sí es bien cierto que en los norteamericanos se acentúa más esa tendencia, como si para ellos el mundo se restringiera a su territorio y al otro lado de sus fronteras ya empezara el tercer mundo (o aún peor, el fin del mundo, como dijo aquél refiriéndose a Huesca). Llegan, se encierran en su burbuja, sólo salen para ir a jugar o entrenar (y porque no les queda más remedio) y sólo se relacionan con sus allegados (si los hubiere) y sus pantallas de videoconsola y/o ordenador. Hay excepciones claro está, los Arlauckas, Pinone, Middleton, tantos otros que están en la mente de todos pero reconozcamos que no suelen ser moneda frecuente, razón por la cual cuando de repente descubrimos a un americano (de USA) plenamente integrado en nuestras costumbres tras apenas unos meses por aquí, pues como que se nos empañan las lágrimas de la misma emoción…

Viene todo este rollo a cuento de algo que ayer mismo tuiteó (escalofriante verbo) Kyle Singler2 of my new favorite things, chocolate & churros! Y para que no quedaran dudas adjuntaba la típica foto, tipo chocolatería Valor o similar, mesitas de mármol, un par de tazones bien espesos, churros alargados, azucarero, servilletero y otra cámara para inmortalizar el momento (sí, despertó mis jugos gástricos y aún ahora lo sigue haciendo, a qué negarlo). Vale, pensarán que todo esto no pasa de ser una mera anécdota episódica, como esos otros tuits anteriores en los que comentaba lo que había disfrutado viendo ganar a su Madrid contra el Atleti o ponderaba las virtudes futbolísticas de Cristiano Ronaldo por encima incluso de las de Messi (cuestión de gustos, me temo); detalles sin importancia si así lo quieren, pero que no solemos encontrarlos en tantos otros paisanos suyos que simplemente pasan por aquí. Él no sólo pasa por aquí, él está aquívive aquí, se esfuerza por adaptarse a las costumbres de aquí (y en algún caso hasta las disfruta, véase la muestra). Nada que no supusiéramos conociendo su pasado, nada que no imagináramos viniendo de Duke. Pero pequeños detalles como éstos no hacen sino confirmárnoslo, y está muy bien que así sea.

Anda raro el madridismo con Singler, como no acabando de saber si es lo que necesitan o no, si quieren que se quede o no. Digamos que por un lado está el sector que considera que un americano por el mero hecho de serlo tiene que meter veintitantos puntos y clavar seis o siete triples por partido, otra cosa sería tirar el dinero; y por otro lado está otro sector, más iniciado como si dijéramos, que es capaz de valorar a un jugador sin atender necesariamente a su partida de nacimiento ni a su estadística de anotación. Se ve que algunos pensaron que como Singler era poco menos que el go to guy en Alicante (o en Duke) pues igualmente habría de serlo en el Madrid, sin reparar en el pequeño detalle de que son niveles distintos, plantillas distintas, realidades completamente distintas; la misma disyuntiva entre el Singler solista y el Singler corista que tan magníficamente explicaban el otro día en la web de Piratas del Basket. No es fácil encontrar un jugador que pueda adaptarse igualmente bien a ambos papeles, no es fácil que un jugador acostumbrado a ser coristapueda ejercer de solista si no tiene la calidad para ello, pero no menos difícil es que un jugador acostumbrado a ser solista logre aparcar su ego y aceptar el papel de corista sin que su vanidad se resienta. Singler lo ha hecho sin despeinarse: ha asumido su pérdida de minutos, ha asumido su merma de protagonismo, no han disminuido un ápice sus aportaciones y su calidad, se ha convertido de la noche a la mañana en un jugador de equipo (que en realidad siempre lo fue, aunque fuera también el jugador alrededor del cual giraba el equipo; ahora ya no). Un jugador de equipo, nada más y nada menos, todo un lujo en estos tiempos que corren, tanto da que haya nacido en Cuenca o en Oregon. Y plenamente integrado en la vida madrileña, además. El Madrid sabrá lo que hace pero vamos, que yo que ellos me abalanzaría a hacerle una oferta de renovación no vaya a ser que el día menos pensado llame otra vez el tío Dumars desde Detroit y se queden a verlas venir. Por lo que pueda pasar.

Publicado noviembre 4, 2012 por zaid en ACB, preHistoria

posterizaciones   Leave a comment

(publicado el 5 de abril de 2012)

Lo que me asombra no es el hecho de que Blake Griffin haya machacado (posterizado, decimos ahora) dos veces sobre Pau, llevamos ya demasiado tiempo conociendo a Griffin y (sobre todo) a Pau como para que eso me pueda asombrar a estas alturas. Lo que me asombra tampoco es que con estos mates hayan vuelto (si es que alguna vez se fueron) todas esas cantinelas sobre su (supuesta) blandura: que si Griffin le destruyó por completo, que si Gasoft (y vuelta la burra al trigo), que si Pau es más blando que un cesto de muñecas pintadas con carmín… por citar sólo algunas lindezas al respecto. Lo que me asombra ni siquiera es que ambos mates (posterizaciones) vinieran precedidos de sendas faltas en ataque (descomunal la primera, acaso discutible la segunda), que a ver si me voy a enterar yo ahora a estas alturas de que en la NBA la aplicación del reglamento está directamente supeditada al espectáculo, que en habiendo highlights no existen pasos ni cargas ni dobles ni goaltendings, existen sólo tragadas de pito no vayamos a estropear el vídeo, faltaría más…

No, lo que verdaderamente me asombra es que aunque usted no lo crea, aunque le parezca absolutamente inverosímil tras haber oído y leído todo lo dicho y escrito a lo largo del día de hoy, los Lakers ganaron el partido. Sí, de verdad, 113-108, lo cual al parecer carece por completo de importancia. Qué quieren que les diga, si mi Estu palma ante el Madrid (cosa frecuente) a mí se me da una higa que Germán Gabriel (cosa improbable) machaque dos veces sobre Tomic (cosa probable). O poco me consolaría de la reciente derrota de Syracuse en su final regional el que Kris Joseph hubiera machacado dos veces sobre Sullinger, un suponer. En mi cultura deportiva una victoria es una victoria, punto. Y una derrota es una derrota, punto. En cambio en USA (versión NBA) manejan una cultura deportiva 2.0, al parecer: no cuentan las victorias ni aún menos las derrotas, cuentan las humillaciones, las posterizaciones. Y así hoy los aficionados de los Clippers (que perdieron) sacan pecho ante sus vecinos por esos dos mates; y así hoy los aficionados (tanto más cuanto más ultramontanos) de los Lakers (que ganaron) darían cualquier cosa por poder linchar al segundo mejor jugador de su equipo en la plaza del pueblo (si la hubiere). ¿El resultado final? Pero vamos a ver, si la temporada regular tiene 66 partidos (y eso ésta, que lo normal son 82), ¿a quién demonios le va a importar a estas alturas el resultado final? No sé, será que el gripazo que arrastro durante toda esta semana no me permite ya pensar con claridad; o será acaso lo de tantas otras veces, que me estaré haciendo (demasiado) mayor.

Publicado noviembre 4, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

LO MÍO CON CALIPARI   1 comment

(publicado el 2 de abril de 2012)

Habré de confesárselo, lo mío con Calipari viene de antiguo, viene casi de mediados de los noventa, tiempos aquellos en los que el susodicho dirigía (y muy bien por cierto) a una Universidad de Massachusetts iluminada por sujetos tan incomparables como Marcus Camby y Lou Roe o como aquella peculiar pareja de puertorriqueños exteriores, Edgar Padilla y Carmelo Travieso. En aquel entonces era relativamente frecuente que cada verano aterrizase por estos pagos alguna selección hecha literalmente de retales universitarios: jugadores que descollaban pero aún no eran (o nunca serían) grandes estrellas, jugadores que habían acabado su carrera pero no habían sido escogidos en el draft y buscaban lucirse en Europa a ver si alguien se apiadaba de ellos y les ofrecía un contrato… Aquellas selecciones por lo general se ponían de apellido All Stars que siempre fue muy socorrido, se ponían de nombre a alguna afamada multinacional tabaquera (sí, entonces se podía), se reunían en torno a algún afamado entrenador y hale, a tirar, a hacer bolos veraniegos contra equipos nuestros en pretemporada o aún mejor, contra nuestra mismísima selección en plena fase de preparación. Así sucedió con éste que nos ocupa: no recuerdo exactamente qué año era, no recuerdo en qué ciudad se disputó, sólo recuerdo que aquella aciaga tarde de verano nuestra selección, en plena preparación para a saber qué Eurobasket o Mundobasket, se fue a enfrentar con uno de estos Malporro (o lo que fuera)All Stars. Y que obviamente John Calipari era su entrenador.

No, para semejantes eventos la Federación no solía complicarse mucho la vida: escogía a una pareja de árbitros de la localidad en la que se disputaba el partido, y de (en el mejor de los casos) la segunda categoría del baloncesto nacional (probablemente EBA, la LEB no se habría inventado todavía), y les decía hala chicos, a pitar, como si aquello fuera un premio cuando en realidad era todo un castigo, para ellos y para todos los demás. Nerviosos, perdidos cual alambre del pan de molde, desbordados cual caracol en gasolinera, desconcertados ante un atleticismo y una calidad a las que no estaban en absoluto acostumbrados, absolutamente superados por la situación. Aquello muy pronto degeneró en un puro caos, aceptado con resignación por Lolo Sainz, no así por un Calipari que pasó del estupor a la irritación, de la irritación al cabreo, del cabreo a la ira y de la ira directamente a la paranoia. En un momento dado, más o menos hacia comienzos de la segunda mitad, Calipari llamó a sus jugadores y les dijo que se iban. Tal cual. Ni que decir tiene que se lió la mundial: discusiones, manotazos, dirigentes federativos bajando al centro de la pista para convencer al coach, conversaciones al más alto nivel. Supongo que al final le hicieron ver que no podía marcharse, que estaría incumpliendo un compromiso establecido de antemano por contrato, que menudo bochorno dejar así un partido ante la selección del país anfitrión, televisado para toda la nación además…

Finalmente el encuentro se reanudó tras quince o veinte minutos pero ya nada fue igual (si es que alguna vez lo había sido): ya sólo cabía esperar que aquello acabara como fuera, cuanto antes, ya los americanos (de USA) sólo se comportaron como si fueran uno de esos comandos de sus películas, como si estuvieran absolutamente rodeados por fuego enemigo, como si aquello fuera el Vietcong. No recuerdo apenas qué jugadores integraban aquel equipo pero sí recuerdo puntualmente a uno al que le dio un espectacular ataque de nervios arremetiendo de improviso contra todo y contra todos, si le hubieran puesto en la mano una ametralladora no sé yo si alguien habría salido vivo de allí. Aquel sujeto se llamaba (se seguirá llamando) Lawrence Funderburke y más tarde hizo (más o menos) carrera como suplente de Webber en unos inimitables Kings de Sacramento. No recuerdo a los demás, sí recuerdo muy bien (demasiado bien) a Calipari: esos modales fascistoides, esa insultante prepotencia, esa insoportable actitud de aquí yo soy el puto amo y ustedes están a mi servicio se me quedó grabada ya para toda la vida.

El resto más o menos se lo saben: Calipari se fue a la NBA, pasó con más pena que gloria por Nets (como entrenador-jefe) y Sixers (como asistente de Larry Brown), volvió finalmente a la NCAA para hacerse cargo de la Universidad de Memphis… pero de alguna manera se llevó la NBA con él. Aquellos Tigers de Memphis o estos Wildcats de Kentucky parecen enteramente equipos de NBA infiltrados en NCAA, parecen casi siempre hombres contra niños… dándose además la paradoja de que aquellos que parecen hombres son en realidad más niños que aquellos que parecen niños. Claro que nunca sabremos qué fue antes, si el huevo o la gallina: si son los jugadores los que pierden el culo por pasar un año con Calipari porque es el que mejor les prepara para la NBA, o si es Calipari el que centra su método en preparar (sobre todo) para la NBA porque así se asegura el llevarse a los más fuertes, siquiera sea por un año. Sea por lo que fuere, en apenas unas horas (si no lo han hecho ya) Davis, Kidd-Gilchrist, Teague y Terrence Jones anunciarán que se apuntan al draft y que contratan agente para evitarse así la tentación de arrepentirse; y en apenas ocho días dos de las más rutilantes (e indecisas) criaturas salidas este año del High School, Shabazz Muhammad y Nerlens Noel, anunciarán en programa televisado a toda la nación (The Decision, another time) que el próximo curso se llevarán todo su talento a… saberlo a ciencia cierta sólo lo saben ellos pero sí, tiene toda la pinta de que será a Kentucky, precisamente a Kentucky; y por supuesto, en apenas unos meses compareceré una vez más ante ustedes, como en 2010 ó en 2011 o en esta misma temporada, para repetirles una vez más la tradicional retahila de que el equipo se refunda año tras año, de que no me gusta el modelo, de que no hay compromiso…

Vale, sí, esta vez habré de reconocerlo, éstos de ahora han demostrado con creces que ellos sí tenían compromiso, infinitamente más compromiso que (por ejemplo) aquellos Wall o Cousins de la vida. Por eso tienen su título, por eso Calipari tiene ya también su título (algunos dicen por ahí que ya tiene su anillo; suena bien, lo reconozco, pero no me consta que se repartan anillos en NCAA). Lo tiene aunque a mí no me guste, aunque en mi fuero interno hubiera preferido que lo ganara cualquier otro; lo tiene aunque no sea bueno para el baloncesto, o al menos para este baloncesto, o al menos para lo que yo entiendo por baloncesto. Cosas mías, ya lo sé, cosas de mi amor imposible por John Calipari, que parece no tener fin…

Publicado noviembre 4, 2012 por zaid en NCAA, preHistoria

Calipari vs Self   Leave a comment

(publicado el 1 de abril de 2012)

 

Hace cuatro años (éramos más jóvenes), más o menos tal semana como ésta pero del año 2008, John Calipari y Bill Self se enfrentaron en la final de la NCAA. Calipari, al mando de aquellos Tigers de Memphis capitaneados por un imberbe freshman adicto a las chuches llamado Derrick Rose, era el indiscutible favorito. Self en cambio bastante tenía con haber llegado hasta allí: cuestionado hasta la náusea, muy probablemente habría rodado su cabeza de haber caído una semana antes (como de hecho estuvo a punto de suceder) ante aquella Davidson de Stephen Curry. No fue así, Kansas gano, Self resopló como diciendo ufff de la que me he librado, sus Jayhawks aterrizaron en aquella insólita Final Four como los menos favoritos de entre los cuatro números 1 que la componían, de alguna manera sus Jayhawks aterrizaron también libres de toda presión. El resto es historia: aquellos Mario Chalmers, Darrell Arthur o Brandon Rush, sutilmente ayudados por el siberiano del CSKA Sasha Kaun y el ex base verdinegro Russell Robinson, acabaron con la tiranía física de unos Tigers que (para variar, estando Calipari por medio) casi más parecían de NBA que de NCAA. Necesitaron un triple casi milagroso de Chalmers, necesitaron una prórroga, necesitaron que Memphis se tropezara una y otra vez contra la línea de tiros libres, necesitaron todo lo que usted quiera pero ganaron, vaya si ganaron: Self ganó a Calipari, el baloncesto ganó al músculo, siquiera fuera por una vez en la vida.

Han pasado cuatro años (obviamente), han pasado algunas cosas en estos cuatro años. Calipari viajó de Memphis a Lexington, trasladó a Kentucky su afamado modelo, venid a mí, pasad conmigo seis meses y seréis de lotería en el draft. Compromiso cero, talento según y como, atleticismo todo el que usted quiera. El primer año (ya saben, John Wall, aquel insoportable Cousins) rascó poca bola, el segundo fue Final Four, el tercero ya está en la Final. Entretanto Bill Self continuó en Lawrence con su particular travesía del desierto: aquel imponente equipo de 2010 (Sherron Collins, Cole Aldrich, los Morris) se estampó de bruces contra un tipo apellidado Farokhmanesh y una universidad llamada Northern Iowa, sumamente conocida al norte del estado de Iowa. En 2011 tres cuartos de lo mismo pese a estar ya los Morris en todo su esplendor, tras de lo cual el cese de Self empezó a entrar en todas las quinielas cual si aquel título de 2008 no hubiese servido absolutamente para nada. No fue así, probablemente porque alguien se tomó la molestia de ver al buen entrenador que hay en Self más allá de algún resultado puntual. Este equipo de 2012 no parece comparable ni de lejos (al menos en cuanto a nombres) con aquel de 2010, no digamos ya con aquel otro de 2008, todo lo que usted quiera pero ahí los tiene, para lo que guste mandar.

Dentro de apenas unas horas Bill Self y John Calipari volverán a encontrarse en una final de la NCAA. No diré que será otra vez baloncesto contra músculo porque sería un tanto injusto: Thomas Robinson no es precisamente un tirillas, Kidd-Gilchrist y Unicej Davis no andan precisamente faltos de clase. Sólo diré que esta final, pese a todo, volverá a enfrentar a un estupendo equipo de baloncesto contra un grupo de extraordinarios atletas que gracias a ello consiguen parecer también un estupendo equipo de baloncesto. No nos engañemos, esta vez Calipari es mucho más favorito (y Self mucho menos, obviamente) aún que hace cuatro años; pero algunos ingenuos todavía nos sentaremos a verlo con la (acaso vana) ilusión de que, siquiera por otra vez en la vida, el baloncesto (aún con músculo) vuelva a ganar al músculo (aún con baloncesto). Ojalá.

Publicado noviembre 4, 2012 por zaid en NCAA, preHistoria

Sullinger vs Robinson   Leave a comment

(publicado el 28 de marzo de 2012)

 

En USA, qué les voy a contar que ustedes no sepan, tienen mucha costumbre de tomar la parte por el todo (o el todo por la parte, no sé), de vender un partido no tanto en base a los equipos que lo juegan como al duelo entre las respectivas estrellas de esos mismos equipos. No me gusta ese planteamiento, en absoluto, pero reconozco que a veces resulta tentador: explicar por ejemplo la segunda semifinal de la próxima Final Four universitaria, Ohio State-Kansas, no en base a sus respectivas colectividades sino en base al apetecible enfrentamiento entre sus dos colosos en la pintura, don Jared Sullinger y don Thomas Robinson respectivamente, dos tipos que salvo insospechado cataclismo entrarán ambos en el Top5 del próximo draft.

Juguemos a ello, pues (con el atrevimiento que me caracteriza, es decir, les ruego que me disculpen si suelto alguna barbaridad). Ambos dos son muy buenos, ambos dos son también muy diferentes entre sí; en lo físico, para empezar: Robinson es un mazas espectacular, una especie de Karl Malone en potencia, todavía a medio hacer pero que si sigue criando cachas a este ritmo llegará el día en que nada tendrá que envidiar a aquella legendaria musculatura (a saber cómo estará ahora) del Cartero. Sullinger no; su look es (digámoslo así) más redondeado, mucho menos definido muscularmente. Corpulento, perfectamente proporcionado, no está gordo (ni aún menos delgado, claro) pero es de esos tíos que transmiten la impresión de que podrían empezar a engordar en cuanto se descuidaran un poquito. Por ahora no parece que le guste mucho la sala de pesas (ni los complejos vitamínicos, ni cualesquiera otros productos que su malévola fantasía pueda llegar a imaginar), mucho menos desde luego que a su kansero rival. Pero repito, por ahora: en la NBA (a la fuerza ahorcan) las pesas le van a tener que gustar.

Punto para Robinson en lo físico… y punto para Sullinger en lo técnico. También aquí hay que hilar muy fino, pero a mí particularmente el de Ohio me resulta más completo, más de movimientos de espaldas al aro de esos que ya casi no se estilan, más de toque suave de muñeca. Robinson también los tiene pero son (cómo diría) más previsibles, más amparados sobre todo en su (otra vez) imponente fortaleza física. Sullinger (siendo también fuerte, aunque de otra manera) es más de clase, más sutil como si dijéramos. Me gusta más, al menos en este aspecto.

¿Qué más? En intensidad, carácter, actitud y demás factores anímico-subjetivos no me atrevería a decretar un ganador. Es decir, si esto lo hubiera escrito hace quince días muy probablemente me habría decantado claramente por Robinson, cuya presencia en los partidos acostumbra a ser sencillamente apabullante. Sullinger también se hace presente pero no alcanza a resultar (digámoslo así) tan abrasivo como su interlocutor de Kansas… aunque esto también tiene truco, porque quizá la diferencia estribe no tanto en ellos mismos como en lo que tienen alrededor; es decir, a mí me da la sensación de que Kansas descansa más sobre los hombros de Robinson que Ohio State sobre los de Sullinger. Dicho lo cual, también les diré que Thomas Robinson ha emitido alguna señal ligeramente preocupante durante este Torneo Final, al menos en lo que he podido ver de Kansas (demasiado poco, gracias a los extraños designios de esa cosa llamada ESPNplayer): como si estuviera algo cansado, o acaso ligeramente desbordado por la situación. Nada grave en cualquier caso, si hubiera sido grave evidentemente los Jayhawks no estarían donde están. ¿Sullinger? Pudo tener también algún partido más flojo que de costumbre (y de hecho lo tuvo) pero emergió imponente en la segunda mitad de su Final Regional ante Syracuse para hacerse el amo de las zonas (amparado en la ausencia de Fab Melo, también) y acabar de meter a sus Buckeyes en Final Four. Empate técnico, dejémoslo así.

También es verdad que a Sullinger le esperábamos mientras que Robinson nos pilló ligeramente por sorpresa. Robinson tenía buena pinta ya el pasado año pero andaba un tanto oculto a la sombra de los gemelos Morris, y el repentino fallecimiento de su madre acabó de ponerle muy cuesta arriba la parte final de la temporada. Sullinger en cambio era ya por aquel entonces la principal estrella de Ohio State, usted y yo sabemos que se habría tirado en plancha al draft de no haber sido por la amenaza (finalmente cumplida) del lockout. No se fue y muy bien que hizo, que para mí resulta manifiestamente evidente que hoy es muchísimo más completo que hace doce meses. Pero claro, ese mejora no puede compararse, en lo que a impacto popular y mediático se refiere, con la tremenda eclosión del de Kansas. Robinson es (para mí y para mucha más gente) el jugador del año, Sullinger es simplemente uno de los mejores jugadores del año, entiéndase la sutil diferencia.

Ahora bien, tanta comparación por aquí y por allá y sin embargo habrá muchos ratos en los que no se enfrenten, en los que ni se rocen siquiera. A ver, ambos dos son (para mi gusto) cuatros, o cuatroymedios si así lo prefieren, pero hay una diferencia fundamental que viene marcada por el sujeto que tienen a su lado. Sullinger tiene a DeShawn Thomas, prototipo de cuatro abierto, que pelea por los rebotes, sí, no digo yo que no, pero que le gusta tirarse triples más que comer con los dedos (y que los mete, además). Robinson tiene a Withey, puro cinco de manual, otro que el pasado año casi ni sabíamos que existía y que esta temporada mejora por momentos, cada partido es más consistente que el anterior. Así las cosas Robinson acaba saliéndose a menudo al cuatro para no entorpecer el espacio de Withey, así las cosas Sullinger acaba a menudo jugando de espaldas al aro y reprimiendo su natural tendencia a salirse a tirar de fuera él también. Thomas y Sullinger vs Robinson y Withey, ese vendrá a ser el verdadero duelo (más o menos) interior, más allá de personalismos.

Pero es que sucede que además hay vida (y mucha vida) más allá del juego interior: a mí, puestos a gustarme, el base de Ohio State, ese Aaron Craft de mejillas coloradas que defiende que te cagas y reparte luego juego tras dividir la zona rival cual cuchillo en mantequilla (y que a veces tiene insospechados problemas con los tiros libres, también), me gusta bastante más (aunque habré de reconocer que mi gusto no es precisamente el mayoritario) que el base de Kansas, ese Tyshawn Taylor siempre a medio camino entre la creatividad y el descontrol (pero que está haciendo un grandísimo Torneo y fue fundamental en la victoria ante North Carolina, todo hay que decirlo); como me gusta más la pareja Buford-Smith que la pareja Releford-Johnson (pero ojo con este último, el freshman Elijah Johnson, mejor jugador cada día que pasa); como también me gusta más y me parece que tiene muchos más recursos el banquillo de Ohio State que el de Kansas… En resumidas cuentas, que yo particularmente puestos a escoger me quedaría antes con la propuesta de Ohio State que con la de Kansas, lo cual no creo que tenga ni la menor importancia pero ahí lo dejo caer.

Y un detalle más: ambos equipos ya han jugado este año, el uno contra el otro quiero decir. Sucedió en diciembre y acabó con victoria de Kansas (de hecho supuso la primera derrota en la temporada de Ohio St.), lo cual a efectos prácticos tampoco nos sirve para nada: porque cada partido es una historia (tanto más si comparamos un partido de temporada regular con uno de Final Four), porque no se disputó en cancha neutral sino en la fantástica atmósfera del Allen Fieldhouse y sobre todo porque Ohio State se presentó en el campo de Lawrence sin Jared Sullinger que andaba un tanto achacoso por aquellos días, por lo que acabó siendo presa relativamente fácil para los Jayhawks. Pero vamos, que ni los unos ni los otros se acordarán ya de aquello a estas alturas…

En resumidas cuentas: si me preguntaran quién ganará el duelo individual, Sullinger vs Robinson, yo apostaría (por ligerísima diferencia) por el de Kansas; pero si me preguntaran quién ganará el duelo colectivo entonces yo apostaría (también por ligerísima diferencia) por Ohio St. Y en cualquier caso ese presunto duelo individual no habría de ser más que el paso previo para otro duelo no menos presunto, el que cualquiera de ellos podría sostener en la madrugada del lunes al martes contra los interminables brazos del hombre de la ceja, Anthony Davis… lo cual está por ver, no demos nada por hecho, no adelantemos acontecimientos; disfrutémoslo, sin más.

Publicado noviembre 4, 2012 por zaid en NCAA, preHistoria

el Derby de Kentucky   1 comment

(publicado el 26 de marzo de 2012)

Si usted guglea la expresión Derby de Kentucky, la güiquipedia, que es muy amable, le dirá que se trata deuna famosa carrera de caballos estadounidense, para ejemplares purasangre de tres años de edad, efectuada anualmente en Louisville, Kentucky, el primer sábado de mayo, durante el Festival del Derby de Kentucky de dos semanas de duración. La carrera se realiza sobre una pista de una milla y cuarto (2 km) en el hipódromo de Churchill Downs. Es conocida en Estados Unidos como “Los Dos Minutos Más Excitantes en los Deportes” (The Most Exciting Two Minutes in Sports) por su duración aproximada, y también es llamada “La Carrera por las Rosas” (The Run for the Roses) por la guirnalda de rosas que se coloca al ganador… Todo eso y mucho más que no les cuento (no vaya a ser que me manden a la mierda) dice la güiqui pero no teman, éste aunque no lo parezca aún sigue siendo un blog de baloncesto, todavía no me ha dado por pasarme al noble arte de cabalgar a lomos de un brioso corcel. Pero es que en baloncesto, aunque en Estados Unidos no lo sepan (que ellos no dan al concepto derby el significado que solemos darle aquí), también existe un derby de Kentucky. Vean, vean…

Ese al que yo llamo derby de Kentucky es el enfrentamiento (en el sentido más amplio del término) que acostumbran a disputar todos los años, más o menos hacia finales de diciembre o primeros de enero, las dos universidades de más solera, raigambre y tronío de dicho Estado, a saber, la Universidad de Kentucky, sita en Lexington, Kentucky, y la Universidad de Louisville, sita obviamente en Louisville, Kentucky. La sede se alterna, es decir, si una temporada toca en el Rupp Arena a la otra tocará en cancha de Louisville, hasta hace poco el legendario Freedom Hall, hoy ya el más aséptico (y de nombre mucho más prosaico) KFC Center. Por si se lo estuvieran preguntando, el de esta temporada se disputó el 31 de diciembre (San Silvestre Kentuckiana, también podríamos llamarlo) en Lexington, y por supuesto lo ganó Kentucky (como casi todo este año), 69-62, con 24 puntos y 19 rebotes de Kidd-Gilchrist para los Wildcats y 30 puntos (es decir, casi la mitad de los de su equipo) del jugón Russ Smith para los Cardinals. Eso cuentan las crónicas a las que he tenido que recurrir para ilustrar el evento ya que por desgracia no pude verlo; llevo ya unos pocos años siguiendo con ansia y fruición la temporada regular NCAA pero por alguna misteriosa razón que no alcanzo a comprender todavía no ha caído en mis manos un derby de Kentucky. Miren que este año me habré visto hasta el de Philadelphia o el de Cincinnati (ése que acabó como el rosario de la aurora) pero el de Kentucky no, vaya por dios…

Y sin embargo uno de estos partidos se me quedó grabado en la memoria, no porque lo viera (qué más hubiera querido yo) sino porque me impresionó la crónica que al respecto publicó Gigantes en aquellos días. Me estoy refiriendo al que se disputó en la temporada 2001/2002, es decir, el que supuso la vuelta de Pitino al feudo de Kentucky… dirigiendo a Louisville. Les pongo ligeramente en antecedentes, les recuerdo que Rick Pitino (procedente de los Knicks) tomó los mandos de una deprimidísima Universidad de Kentucky a finales de los ochenta, que bajo su mando se metieron en varias Final Four, que fueron campeones en 1996 (Antoine Walker, Walter McCarthy, Tony Delk, Derek Anderson, Ron Mercer), que fueron subcampeones al año siguiente (cayendo sólo tras prórroga ante aquellos otros Wildcats de Arizona, Mike Bibby, Miles Simon, Jason Terry…) En aquel verano de 1997 la NBA volvió a llamar a su puerta, los Celtics le presentaron una oferta de esas que ningún ser humano en su sano juicio podría rechazar, Pitino hizo raudo y veloz las maletas, dejó Lexington y se presentó en Boston para intentar reflotar la franquicia más legendaria que jamás haya conocido la humanidad… Seguro que aún lo recuerdan, el batacazo fue de consideración. Aquel matrimonio duró mucho más de lo que habría sido razonable pero cuando finalmente acabaron tirándose los trastos a la cabeza Pitino plegó velas, miró de nuevo hacia la NCAA que se le da mejor y finalmente aceptó la oferta de Louisville, precisamente la de Louisville, vaya por dios. Si Pitino hubiese vuelto al Rupp Arena sentado en cualquier otro banquillo probablemente no habría pasado nada (y puede que hasta le hubieran aplaudido) pero volvió con Louisville y aquello fue como si Mourinho volviera al Bernabeu en el banquillo del Barça o Guardiola al Camp Nou en el banquillo del Madrid (que ya lo sé, que son realidades deportivas muy diferentes; pero ustedes cogen la idea). Probablemente aquello no fuera nada del otro mundo si lo comparáramos con las que acostumbramos a gastarnos en Europa en similares circunstancias, pero la catarata de abucheos, insultos, vejaciones y desprecios varios que padeció Pitino aquella noche rebasó con creces los estándares americanos (de USA) para este tipo de situaciones. O al menos eso contaron las crónicas por aquel entonces…

Claro está, yo no les estaría metiendo este rollo si no fuera porque en apenas unos días Kentucky y Louisville se verán las caras por segunda vez esta temporada, y esta vez no será en un partido de non-conference sino en semifinales de la mismísima Final Four. ¿Seguimos con las comparaciones? Como si Madrid y Barça se encontraran en una semifinal de la Euroliga (que ya sucedió hace unos cuantos años) o si lo prefiere en semifinales de la Champions, por ponerle una realidad que aún pueda tener bien reciente en su memoria (que sí, que son circunstancias deportivas radicamente diferentes, no hace falta que me lo recuerde). O algo más similar, como podría ser un hipótetico North Carolina-Duke también en plena Final Four, que acaso ya haya sucedido alguna vez, no digo yo que no, pero yo al menos no he llegado a conocerlo. Kentucky será el favorito (lo es en todos sus partidos, cómo no habría de serlo también en éste) pero al menos de una cosa bien podrán estar seguros, Louisville no bajará jamás los brazos, Louisville no será otro Baylor de la vida ni aunque vaya perdiendo de veinte, Pitino jamás se lo consentiría, pregúntenselo a Donovan y sus Gators si no se lo creen. Equipo coral que te llega a rotar hasta diez o doce jugadores sin bajar jamás el ritmo, equipo ciclotímico tan capaz de agarrarse pájaras descomunales como de remontarte dos docenas de puntos en un abrir y cerrar de ojos, puro estilo Pitino. A estas horas ya andará tramando algo con que contrarrestar el prodigioso atleticismo de estos fornidos mocetones de Kentucky, no les quepa la menor duda. Y tengo para mí (que diría Paniagua) que las buenas gentes del campus de Lexington, que le conocen bien, andarán mucho más preocupadas de enfrentarse a un equipo entrenado por Pitino (tanto más llamándose Louisville) de lo que lo estarían si se enfrentaran a cualquier otro rival.

Será este próximo sábado (aquí ya domingo) a eso de las 0:10 ó lo que es lo mismo, las doce y diez de la noche, hora magnífica donde las haya para ver buen baloncesto. Nadie que ame siquiera mínimamente este deporte debería perderse por nada del mundo este derby de Kentucky (ni el Kansas-Ohio State de después, ni la final del lunes, ni…). Hágame caso, ya verá como no se va a arrepentir.

Publicado noviembre 4, 2012 por zaid en NCAA, preHistoria

lo que se avecina   Leave a comment

(publicado entre el 21 y el 23 de marzo de 2012)

 

I- East

Syracuse anda con la depre. A mis Orange les sobrevino el bajón un par de días antes del Torneo cuando de repente se quedaron compuestos y sin Melo, que se ve que la criatura no me llevaba al día sus deberes escolares (o algo así), penúltimo capítulo extraño para una universidad a la que le ha ido muy bien en lo deportivo pero no han parado de pasarle cosas raras en lo extradeportivo durante toda esta temporada. Así llegaron a segunda ronda, con un agujero en el centro y otro aún más grande en el alma, y a punto estuvieron de estrellarse ya ese primer día ante la modestísima Universidad de North Carolina-Asheville, de hecho si al final no se les hubiera aparecido la virgen (vestida a rayas blancas y negras para la ocasión) quién sabe si ahora mismo no estaríamos hablando de la mayor sorpresa en toda la historia del baloncesto universitario. El bajón les fue remitiendo poco a poco en tercera ronda ante Kansas State, cuando lograron recuperar algo de su tradicional energía, cuando Dion Waiters acudió una vez más al rescate desde el banquillo y Scoop Jardine decidió finalmente parecerse más o menos a aquel que pensábamos que era. Nada de particular si no fuera porque ahora les llega Wisconsin que en sus actuales circunstancias se me antoja casi el peor rival posible: ese baloncesto-control, esas posesiones de treintaitantos segundos, esa defensa extenuante, ese Jordan Taylor sentando cátedra por fuera, ese Berggren ocupando la zona entera por dentro, factores todos ellos con los que acabaron extenuando a Vanderbilt, factores que pueden caer como losas sobre el delicado estado de ánimo de Syracuse…

Así las cosas, quienes deben de andar frotándose las manos son los chicos de Thad Matta, esos animosos Buckeyes de Ohio State: Craft y Thomas (cada uno en lo suyo) están que se salen, Buford siempre cumple y Sullinger se apagó un poco ante Gonzaga pero volverá, no les quepa la menor duda. En cualquier caso no deberían frotárselas tanto, porque antes de encontrarse con los decaídos Orange o con esos Badgers a quienes conocen como si les hubieran parido deberán verse las caras con Cincinnati. Y los Bearcats (¿qué demonios será un bearcat? ¿un gatoso –que no Gatusso-, en traducción libre?) ya han dejado claro que no van de farol, que se lo pregunten a esos animosos chicos de Florida State que llegaban crecidos tras su arrollador Torneo de la ACC, si van o no van de farol. Me repito, desde aquella aparatosa tangana contra Xavier no han dejado de crecer, así en temporada regular de su conferencia como en el Torneo de la misma (finalistas ante Louisville), no digamos ya en este Torneo Final. No parecen tener mucho donde rascar pero son aguerridos como ellos solos, y la adecuada combinación de Dixon y Wright por fuera, Kilpatrick más o menos por el medio y el pegón Gates por dentro hasta ahora les resulta más que suficiente. ¿Suficiente incluso para ganar a Ohio St.? Eso ya deberían ser palabras mayores…

En resumidas cuentas, dos equipos de la Big East y otros dos de la Big 10 por esta parte del cuadro, que bien nos pueden deparar una final regional cruzada o bien un derby (o similar), según: sería curioso que se encontraran Ohio St. y Wisconsin que mantienen una interesante rivalidad y que este año se han ganado la una a la otra a domicilio; y aún más curioso sería que se encontraran Syracuse y Cincinnati apenas un par de semanas después de que los Bearcats apartaran a los Orange (aún con Melo) de su camino hacia la final de la Big East. Todo absolutamente abierto en esta esquina del bracket, ya sé que suena a tópico recurrente pero no por ello resulta menos cierto. Veremos.

 

II – West

Michigan State lo pasó peor de lo que parece para llegar hasta aquí. En tercera ronda les tocó en suerte Saint Louis que así a priori podía parecer una perita en dulce, pero que tiene un legendario a la par que inmenso (en todos los sentidos) entrenador llamado Rick Majerus, uno de esos a los que les cabe todo el baloncesto en la cabeza. Majerus vs Izzo, duelo de monstruos que al final se decantó del lado de este último más que nada porque tiene bastante más material para escoger. Más que Saint Louis desde luego, ¿más que su próximo rival, es decir Louisville? Pues depende: Draymond Green sigue siendo alma, corazón y vida en los Spartans pero este domingo se le vio algo achacoso al hombre, probablemente consecuencia de esa extraña sensación de estar en todas partes, de ser el que pone los córners y el que los remata, desmedido esfuerzo para un físico que no está como para tirar cohetes. Y a su alrededor pues ya saben, Appling, Payne, Nix, tantos otros habituales peones que sustentan esa habitual tela de araña de Izzo que por lo general acaba enredando a cualquiera. Ahora bien, Louisville no es cualquiera, estos Cardinals tienen aquello que mejor puede descomponer a estos Spartans, esa propensión a la anarquía (controlada o no, eso depende), esa ciclotimia que lo mismo les lleva a ir perdiendo de veinte y ganar como a ir ganando de veinte y perder, ese equipo de parciales por contraposición a la estabilidad que siempre desprende su rival; si tienen el día, los Smith (ambos dos, sobre todo fíjense en Russ saliendo del banquillo), Siva, Kuric, Behanan, Dieng y demás familia son capaces de liársela a cualquiera; si no lo tienen son igualmente capaces de cagarla ante cualquiera. Hasta ahora lo han ido teniendo (el día, me refiero), claro está que hasta ahora no se han encontrado con nadie del empaque de Michigan St. Sencillamente Izzo vs Pitino, otro duelo de monstruos; un lujo.

Más de lo mismo en la otra parte de esta parte del cuadro: llega Marquette tras haberse deshecho sin excesivas dificultades (sólo las justas y necesarias) de dos mid-majors emergentes como BYU y Murray St., llega Marquette dejando siempre esa típica impresión de solidez y energía, la que le transmite su inefable técnico Buzz Williams (el hombre sin cuello), la que le aportan tíos como Jae Crowder (jugador del año en la Big East, nada menos) y Darius Johnson-Odom (DJO para los amigos), la que les convierte en favoritos contra una Universidad de Florida que tampoco ha pasado especiales apuros para llegar aquí entre otras cosas porque se lo pusieron como se lo ponían a Fernando VII (o a Felipe II): en condiciones normales deberían haberse enfrentado en tercera ronda a Missouri pero es bien sabido que los Tigers pegaron un petardazo histórico ante Norfolk St., universidad sumamente conocida en Norfolk (Virginia) y cuyas criaturillas bastante tuvieron con hacer realidad el sueño de pasar una ronda como para soñar siquiera en pasar dos, por lo que fueron pasto fácil para los Gators. Si de Marquette decíamos que es sólida de Florida habríamos de decir (siguiendo con las metáforas físicas) que es líquida, incluso gaseosa: pura efervescencia por fuera (gracias a Walker, Boynton, Rosario y Beal, sobre todo Beal), puro vacío por dentro, pura inconsistencia pero ojo, que si a sus exteriores les da por tener el día tonto harás bien en echarte a temblar.

También aquí podríamos tener una curiosa final regional, también aquí podrían enfrentarse dos equipos como Louisville y Marquette, viejos conocidos de mil batallas y otras tantas remontadas en la Big East. No apuesten por ello, es decir, no apuesten en contra de los Spartans. Izzo tiene una cita con la Final Four, la tiene casi todos los años, la tuvo en 2009 y 2010, el año pasado se la perdió así que este año le toca, no lo tendrá fácil para llegar a ella pero tampoco será ni de lejos el peor de los caminos posibles. Si a comienzos de temporada (de cualquier temporada) nos preguntaran qué equipos jugarán la Final Four deberíamos siempre contestar Michigan State y tres más. En ello están.

III – South

Pocos partidos podrían resultar más apetecibles a día de hoy que el que enfrentará en la próxima madrugada (pasadas las tres de la mañana, manda…) a Kentucky Indiana. No tanto por la igualdad, que en condiciones normales los Hoosiers habrían de ser presa fácil para los Wildcats, como por aquel precedente del que ya les he hablado demasiadas veces, aquel asombroso triple sobre la bocina de Christian Watford que volvió loco al Assembly Hall de Bloomington en una lejana noche de comienzos de diciembre, aquel que supuso la primera (y única, hasta hace diez días) derrota de los todopoderosos pupilos de John Calipari. Claro está, el partido de esta noche no se jugará en Bloomington sino en Atlanta (bastante más cerca de Kentucky que de Indiana, por cierto), nada que se pueda comparar a aquella fantástica atmósfera del Assembly Hall, y añádase además que los Wildcats saldrán sedientos de sangre para vengar la susodicha afrenta, y una vez sumados todos estos factores díganme si creen que aún podría existir alguna posibilidad por pequeña que fuera de que Indiana diera la gran sorpresa… Pues yo creo que sí: podría suceder, lo cual no significa que sea probable que suceda; pero tampoco imposible. Al fin y al cabo los Hoosiers ya saben cómo ganar a estos Wildcats (sólo Vanderbilt puede decir lo mismo), al fin y al cabo estos Hoosiers sontranspiración pero también inspiración, vaya usted a saber si una noche loca de Hulls, Sheehey (lástima de lesión de Verdell Jones III), Oladipo, Watford y Cody Zeller (éste necesitará algo más que una noche loca para esquivar la ristra de gorros que se le vendrá encima) no pueda acabar desquiciando a los Teague, Kidd-Gilchrist (dijo a comienzos de marzo que se quedaría en Kentucky los tres años que le restan, y apenas un par de semanas después ya se ha apuntado al draft), Jones y (cómo no) Anthony Davis. Repito, seguramente no sucederá, es muy difícil que suceda… pero aquellos que vimos aquel inolvidable partido de diciembre sabemos que no será imposible. Aunque esto no sea el Assembly Hall.

Claro está que un rato antes habrá habido otro partido curioso, el que habrá enfrentado a Baylor Xavier. Peculiar temporada la de ambos equipos: Baylor subió como la espuma hasta mediados de enero, cayó en picado luego y ahora parece estar recuperando el tono, curiosamente no tanto gracias a sus prestigiosos interiores (alguno de ellos en mi opinión bastante sobrevalorado, con mención especial para ese Perry Jones III) como a sus mucho más anónimos exteriores, pongamos por ejemplo ese Brady Haslip que cosió literalmente a triples a Colorado. Y enfrente los Musketeers, tres cuartos de lo mismo en cuanto a trayectoria, salvando las distancias claro está: ya quedó dicho aquí que cayeron en picado tras la gresca ante Cincinnati, pero parecen haber llegado finalmente a este Torneo con las heridas (las físicas y las otras) ya cicatrizadas en su totalidad. Tu Holloway dirige convenientemente y Kenny Frease demuestra una y otra vez que aunque parezca un armario ropero (y vaya si lo parece) tiene muchísimo baloncesto en su interior, que se lo pregunten a esos voluntariosos chicos de Lehigh (claramente inferiores en lo físico, también) si tiene o no baloncesto. Xavier no tiene el repertorio de Baylor pero es un buen equipo sin duda, y si esos osos texanos no están al cien por cien les pueden formar perfectamente el lío.

Dicho todo lo cual, el resumen podría ser que el histórico petardazo de Duke parece haberle alfombrado a Kentucky el camino hacia la Final Four. Indiana les puede complicar la vida y Baylor o Xavier podrían complicársela aún más un par de noches después pero ninguna de estas complicaciones parece suficiente para frenar a unos Wildcats más favoritos que nunca. Nos guste o no (y ya saben que a mí no acaba de gustarme) todo parece ir de cara para los de Calipari: Duke y Missouri ya no están en la pelea, Syracuse y North Carolina van perdiendo piezas por momentos, estará por ver que aún puedan quedar otros rivales de nivel… Dirán en Lexington, Kentucky, que ahora o nunca; y tiene pinta de que pueda ser ahora, aunque a algunos no nos haga especial ilusión.

y IV – Midwest

Cuando todo les iba sobre ruedas, cuando tenían ya a Creighton sobre la lona, cuando andaban haciendo cábalas a ver qué presunta cenicienta les tocaría en Sweet Sixteen, justo entonces Kendall Marshall se rompió la muñeca. Kendall Marshall que estaba que se salía, Kendall Marshall que a su habitual catarata de asistencias había unido en estas últimas citas una cuota importante de puntos como diciendo que lo suyo no es meterlas pero que cuando hay que meterlas también las mete, mire usted. Así al pronto no se me ocurre una baja potencialmente más dañina para la huestes de North Carolina, tanto más si tenemos en cuenta que el que acostumbraba a darle el relevo, el escolta Dexter Strickland, se averió seriamente la rodilla hace semanas y está de baja para toda la temporada. Así las cosas el marrón muy probablemente se lo tendrá que comer con patatas una criaturilla paliducha y más verde que una lechuga llamada Stephen White, que venía jugando los más/menos cinco minutos que descansaba Marshall (y antes con Strickland ni eso siquiera) y que ni en el mejor de sus sueños podrá proveer a los Barnes, Henson, Zeller o Bullock del sustento al que vienen estando acostumbrados. O eso o recuperar a marchas forzadas a Marshall, que a mí en tratándose de una fractura de muñeca y en habiendo cirugía por medio (y aún reconociendo ser absolutamente lego en la materia) se me antoja casi medicina-ficción, pero que en algún momento han llegado a barajarlo aunque más bien creo sinceramente que no se lo creen ni ellos. Y todo ello (de momento) frente a Ohio (no confundir con Ohio St.), número 13 de su Región, lo más ceniciento que aún nos queda en el Torneo, que en condiciones normales habría de ser pieza fácil para los Tar Heels pero que ahora ya no sé ni que pensar, entre otras cosas porque tienen precisamente aquello de lo que sus rivales (en principio) van a carecer, un pedazo de base como la copa de un pino, C.J. Cooper, apunten ese nombre porque es muy probable que dentro de unos meses se lo encuentren en NBA. Con todo y con eso no debería haber color (o más bien sólo uno, el celeste)… pero es que por más que lo intento no consigo imaginarme a estos Tar Heels sin Marshall un partido entero, qué le vamos a hacer.

Frotándose las manos anda Kansas por el otro lado del cuadro (curiosamente creo que esto ya lo dije ayer de Ohio St.), aunque tal vez no deberían frotárselas tanto porque tampoco es que anden como para tirar cohetes precisamente. Vienen de salvar los muebles ante Purdue en el que fue último partido (partidazo) universitario de Robbie Hummel, se escaparon literalmente por los pelos dejándonos como una ligera sensación de que las cosas ya no son tan bonitas como eran en temporada regular. Mi jugador del año Thomas Robinson parece haber bajado un poco el pistón justo ahora, vaya por dios, y su base Tyshawn Taylor siempre parece estar a medio camino entre sus arrebatos de inspiración y su media docena de pérdidas incomprensibles por partido. Favoritos seguirán siéndolo pero no les arriendo las ganancias ante los Wolfpack de North Carolina State, no tan cenicienta como Ohio sino más bien una revelación en toda regla, una manada de lobos llamados Lorenzo Brown, C.J. Leslie, Howell, Vanderberg o Wood (por ejemplo) que ahí andan intentando reverdecer aquellos viejos laureles que caracterizaron a esta histórica universidad. Por si fuera poco estímulo el de intentar ser Elite Eight de nuevo (tantos años después), tendrán además el estímulo añadido de poder encontrarse tal vez en dicha ronda a sus eternos (y disminuidos) rivales de UNC, en lo que vendría a ser un pedazo de derby en toda regla y con un puesto en Final Four como premio, además. Qué quieren que les diga, hasta hace cuatro días ésta nos parecía la Región más clara de todas, hoy en cambio les reconozco que vistas las circunstancias aquí ya no me sorprendería (casi) nada…

Publicado noviembre 4, 2012 por zaid en NCAA, preHistoria

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