boring time   Leave a comment

(publicado el 24 de enero de 2012)

 

El otro día vi a los Lakers. O lo intenté, al menos. El sábado me senté a ver su (presunto) choque contra Orlando, (presuntamente) disputado la madrugada anterior. Duré un cuarto, es decir, duré bastante más de lo que duró el partido en sí mismo. Al segundo ya me distraje, el tercero y el cuarto acabé pasándolos rápido que bastante poco tiempo tiene uno como para andar perdiéndolo.

Claro que tampoco les diré que me pillara por sorpresa. La última vez que los Lakers me pillaron por sorpresa fue este pasado verano (¿o era aún primavera?), cuando acabaron de un plumazo con la debilitada herencia de Phil Jackson contratando en su lugar ni más ni menos que a Mike Brown. Había en el mercado otras opciones más sensatas y puede que hasta incluso más baratas, la primera de las cuales pasaba por su ex jugador (y eterno ex asistente a la vera de Jackson) Brian Shaw. Opciones las habría para dar y tomar, quién en su sano juicio no querría ser entrenador de los Lakers a poco que le pagaran, pero ellos prefirieron decantarse por un tío que allá en Cleveland había transmitido durante varios años una imagen de merohombre de paja a disposición de LeBron (no digo que lo fuera, no lo digo entre otras cosas porque no lo sé, sólo digo que esa era la imagen que transmitía). Podría pensarse que acaso los Lakers buscaran eso mismo, poner un hombre de paja a disposición de Kobe, pero nada más lejos de la realidad: entre otras cosas porque al propio Kobe le faltó el tiempo para mostrar más o menos solapadamente su desagrado, para dejar caer que a él nadie le había consultado aquella decisión.

El resultado de todo ello es que estos Lakers juegan a lo mismo que jugaban aquellos Cavs, es decir, juegan absolutamente a nada. Aquí el que llega se le tira, que no es ya que lo haga Kobe porque lleva toda la vida haciéndolo (y porque a menudo las mete, también), que es que ya lo hace hasta Derek Fisher, el (ex) Reflexivo Derek Fisher, paradigma en otro tiempo de la sensatez y el equilibrio pero que ahora parece ir completamente por libre, será que no ha superado todavía lo de la disolución de su sindicato. Añádase el inmenso vacío dejado por un jugador mucho más insustituible de lo que podía parecer (y ya lo parecía bastante), es decir Lamar Odom, añádase que Bynum suele pasarse más tiempo lesionado que sano, añádase que Barnes no es nadie, añádase que del banquillo emergen extrañas criaturas como el hoy ya casitransparente Troy Murphy. Josh McRoberts, Darius Morris (rookie que el pasado año lo hizo francamente bien en Michigan), incluso Andrew Goudelock… (aparte, claro está, de El Jugador Antes Conocido Como Artest, hoy más conocido como Metta World Peace aunque tal vez debiera revisarse la primera parte de su nombre porque metter lo que se dice metter siempre ha mettido bastante poco, al menos en lo que a baloncesto se refiere). Añádase lo que se añada, pero a ese equipo (o lo que sea aquello) a estas alturas ya no lo reconoce ni la madre que lo parió.

¿Y Pau? Allá por pretemporada todos nos hicimos cruces con aquel fallido traspaso a Houston, todos respiramos aliviados cuando finalmente se quedó en L.A…. y sin embargo, mirándolo fríamente, puede que aquella hubiera sido la mejor opción. No, los Rockets tampoco están como para ilusionar a nadie (tanto menos si tenemos en cuenta que de haber llegado Pau se habría ido Scola) pero al menos habrían podido suponer otro horizonte, otra filosofía, otra motivación. No entraré en blanduras y demás hollypolleces yanquis (que bastante nos han tocado ya con ello las narices y otras partes del cuerpo durante todos estos años) pero sí habremos de convenir en que Pau es de esos jugadores a los que se les nota sobremanera si tienen o no ganas, si están motivados o no. Las estadísticas más o menos le salen solas porque aunque no esté acertado siempre alguna le va dentro, aunque no esté peleón tampoco deja de caerle algún rebote y aunque no tenga tiro sigue teniendo esa extraña costumbre (tan incomprensible para el aficionado americano medio) de pasarla para que la tire otro. Pero no deja de ser un Pau light, meramente administrativo, casi funcionarial.

Y que no se encuentra a gusto de cuatro, además. Es curioso porque en todos estos años ya ha compartido unas cuantas veces cancha con Bynum (en los extraños periodos en que éste ha estado sano) y no pareció que sufriera tanto quizá porque aquel era otro sistema, otros triángulos, otra movilidad. Como tampoco le hemos visto sufrir por ejemplo al lado de su hermano en la selección, más bien al contrario, pero ha sido volver a estos Lakers 2011/2012 y encontrarse completamente desubicado, en ataque y aún peor en defensa, que me le ponen a defender a un endeble cuatro abierto como Ryan Anderson y las pasa literalmente putas, que es irse Bynum, pasar al cinco y ver de repente el cielo abierto aunque su nuevo defendido se llame nada menos que Dwight Howard (o quizá precisamente por eso, porque al presuntoSupermán le tenga ya más que tomada la medida). El mundo al revés.

Claro que quizá lo más llamativo de estos Lakers sea un tipo de traje gris que acostumbra a sentarse justo detrás del banquillo. El sujeto en cuestión dice llamarse Ettore Messina y, dado que tiene exactamente su misma cara, es muy probable que lo sea. Lo que me lleva a preguntarme qué demonios pinta allí este tío. Si como parece pretendía conocer de primera mano los métodos de trabajo del baloncesto USA, ¿no podría haber escogido una mejor opción? Qué sé yo, Popovich, Rivers, Adelman, Karl, tantos otros (el cuerpo me pide mencionar también a un buen puñado de entrenadores universitarios pero no lo haré, que se ve que aquello no le debía interesar). Será que sólo Mike Brown le ha aceptado como consejero (¿aconsejará algo realmente?) o será que en Boston, Denver o Minneapolis no puede uno tostarse al sol en estos días (y ya de glamour ni hablemos), será lo que sea pero me cuesta horrores imaginarme a ese mismo (ex) entrenador al que hace apenas un año se le llevaban los demonios con el Chacho, el Chimpa o el Nole, mirando hoy impertérrito como su Derek, su Rick, su Metta y a veces hasta su Kobe apedrean impunemente el aro sin plantearse siquiera esa extraña rareza consistente en hacer circular el balón. O se vuelve pronto o le va a dar algo, o bien será que a la resplandeciente luz del sur de California todo se ve mucho mejor.

En un momento dado el narrador cuatrero de los viernes, Antonio Sánchez, comentó que ya poco quedaba en los Lakers de aquellos tiempos del showtime, a lo que Daimiel le respondió con su agudeza habitual que esto ya más bien es el boring time. Francamente no se me podría ocurrir una definición mejor. Corren tiempos de aburrimiento en L.A., algo que en la capital del entretenimiento por antonomasia debe ser como mínimo pecado mortal. Ellos mejor que nadie deberían saber que allá en Los Ángeles el tedio es aún peor que la derrota.

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Publicado noviembre 4, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

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