chocolate & churros   Leave a comment

(publicado el 13 de abril de 2012)

 

No les descubro nada nuevo si les cuento que los jugadores americanos (los de USA, me refiero) por lo general se dividen en dos grupos, los que se integran y los que no, siendo éstos últimos la inmensa mayoría por desgracia. No es que sea tampoco una cosa exclusiva del personal yanqui, no nos engañemos, por aquí también hemos tenido a algún virtuoso futbolista que se marchó a Londres cobrando un pastizal y apenas un par de semanas después ya estaba pidiendo a grito pelado volverse a su Sevilla del alma. Pero sí es bien cierto que en los norteamericanos se acentúa más esa tendencia, como si para ellos el mundo se restringiera a su territorio y al otro lado de sus fronteras ya empezara el tercer mundo (o aún peor, el fin del mundo, como dijo aquél refiriéndose a Huesca). Llegan, se encierran en su burbuja, sólo salen para ir a jugar o entrenar (y porque no les queda más remedio) y sólo se relacionan con sus allegados (si los hubiere) y sus pantallas de videoconsola y/o ordenador. Hay excepciones claro está, los Arlauckas, Pinone, Middleton, tantos otros que están en la mente de todos pero reconozcamos que no suelen ser moneda frecuente, razón por la cual cuando de repente descubrimos a un americano (de USA) plenamente integrado en nuestras costumbres tras apenas unos meses por aquí, pues como que se nos empañan las lágrimas de la misma emoción…

Viene todo este rollo a cuento de algo que ayer mismo tuiteó (escalofriante verbo) Kyle Singler2 of my new favorite things, chocolate & churros! Y para que no quedaran dudas adjuntaba la típica foto, tipo chocolatería Valor o similar, mesitas de mármol, un par de tazones bien espesos, churros alargados, azucarero, servilletero y otra cámara para inmortalizar el momento (sí, despertó mis jugos gástricos y aún ahora lo sigue haciendo, a qué negarlo). Vale, pensarán que todo esto no pasa de ser una mera anécdota episódica, como esos otros tuits anteriores en los que comentaba lo que había disfrutado viendo ganar a su Madrid contra el Atleti o ponderaba las virtudes futbolísticas de Cristiano Ronaldo por encima incluso de las de Messi (cuestión de gustos, me temo); detalles sin importancia si así lo quieren, pero que no solemos encontrarlos en tantos otros paisanos suyos que simplemente pasan por aquí. Él no sólo pasa por aquí, él está aquívive aquí, se esfuerza por adaptarse a las costumbres de aquí (y en algún caso hasta las disfruta, véase la muestra). Nada que no supusiéramos conociendo su pasado, nada que no imagináramos viniendo de Duke. Pero pequeños detalles como éstos no hacen sino confirmárnoslo, y está muy bien que así sea.

Anda raro el madridismo con Singler, como no acabando de saber si es lo que necesitan o no, si quieren que se quede o no. Digamos que por un lado está el sector que considera que un americano por el mero hecho de serlo tiene que meter veintitantos puntos y clavar seis o siete triples por partido, otra cosa sería tirar el dinero; y por otro lado está otro sector, más iniciado como si dijéramos, que es capaz de valorar a un jugador sin atender necesariamente a su partida de nacimiento ni a su estadística de anotación. Se ve que algunos pensaron que como Singler era poco menos que el go to guy en Alicante (o en Duke) pues igualmente habría de serlo en el Madrid, sin reparar en el pequeño detalle de que son niveles distintos, plantillas distintas, realidades completamente distintas; la misma disyuntiva entre el Singler solista y el Singler corista que tan magníficamente explicaban el otro día en la web de Piratas del Basket. No es fácil encontrar un jugador que pueda adaptarse igualmente bien a ambos papeles, no es fácil que un jugador acostumbrado a ser coristapueda ejercer de solista si no tiene la calidad para ello, pero no menos difícil es que un jugador acostumbrado a ser solista logre aparcar su ego y aceptar el papel de corista sin que su vanidad se resienta. Singler lo ha hecho sin despeinarse: ha asumido su pérdida de minutos, ha asumido su merma de protagonismo, no han disminuido un ápice sus aportaciones y su calidad, se ha convertido de la noche a la mañana en un jugador de equipo (que en realidad siempre lo fue, aunque fuera también el jugador alrededor del cual giraba el equipo; ahora ya no). Un jugador de equipo, nada más y nada menos, todo un lujo en estos tiempos que corren, tanto da que haya nacido en Cuenca o en Oregon. Y plenamente integrado en la vida madrileña, además. El Madrid sabrá lo que hace pero vamos, que yo que ellos me abalanzaría a hacerle una oferta de renovación no vaya a ser que el día menos pensado llame otra vez el tío Dumars desde Detroit y se queden a verlas venir. Por lo que pueda pasar.

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Publicado noviembre 4, 2012 por zaid en ACB, preHistoria

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