deflexionando   Leave a comment

(publicado el 17 de octubre de 2011)

Hace años anduvo por aquí a dar un clínic (o similar) un prestigioso entrenador NBA de nombre Jim O’Brien, jefe supremo en aquel entonces de los no menos prestigiosos Boston Celtics. No asistí yo a ese clínic (esto lo mismo ya se lo habrían imaginado) pero sí asistí a la entrevista que le hicieron en Gigantes con ocasión de su visita, la cual (la entrevista, me refiero) me permitió descubrir un término para mí totalmente desconocido hasta ese instante, el concepto deflection. ¿Qué son los deflections? Pues las deflections (notarán con su agudeza habitual que no sé si ponerlo en masculino o en femenino, el inglés es lo que tiene) vendrían a ser todas las veces que el equipo que defiende consigue tocar el balón en cada ataque rival; una interrupción de la trayectoria en un pase, un balón que se eche fuera, el punteo de un bote, un simple pinonazo que no recupere pero saque de quicio al contrario, todas estas cosas aunque no puntúen como robos sí puntuarían sobradamente como deflections (y digo bien puntuarían, porque comentaba O’Brien que en su equipo llevaban a rajatabla la estadística de deflections durante los partidos, como un baremo que permitiría evaluar si se había realizado o no una buena defensa), un concepto que en los años posteriores a aquella entrevista sí he vuelto a escucharlo en numerosas ocasiones, sobre todo en las narraciones in english de NCAA o NBA.Deflection, no estaba yo muy seguro de cómo traducirlo así que he recurrido a los socorridos transléitors internáuticos que me lo convierten en desvío, desviación, deflexión, palabra ésta última que contra todo pronóstico también existe en castellano y que la RAE define como desviación de la dirección de una corriente(y para facilitar aún más las cosas, justo hoy me he ido a dar de bruces con una especie de diccionario baloncestístico inglés-español que define to deflect a pass como desviar un pase); ahora bien, que también podríamos traducirlo por libre y llegar a la conclusión de que aquello que los americanos (de USA) llamandeflections vendría a ser algo muy parecido a lo que aquí denominamos mosca cojonera. O algo así.

Ayer se me volvió a aparecer de nuevo este concepto viendo defender al Cajasol. ¿Defender, dije? Defender se me queda corto, casi habría que inventar el verbo deflectar deflexionar (como ustedes prefieran) para tan señalada ocasión. De haber llevado también estadística de deflexiones en el banquillo cajista ayer habrían agotado la planilla o la aplicación informática en su caso. Fue como si le dieran al Barça todo un cuarto de ventaja, se pensaron éstos que iba a ser todo coser y cantar como tantas otras veces, cuando quisieron darse cuenta ya no fueron capaces de sacudirse el agobio que se les había caído encima. Lobos con piel de cordero (piel rosa cívica por más señas), ahí estaban los del Cajasol metiendo mano (en términos meramente baloncestísticos) como posesos, convirtiendo cada posesión blaugrana en negra como reflejaba sutilmente su indumentaria, no parecían cinco tíos sino quince molestando, docenas de brazos por doquier, ni un solo ataque limpio, el partido definitivamente convertido en un infierno, cuando no te la quito por lo menos te la toco, cada canasta que nos metas te la vas a tener que sudar. Perfección defensiva al nivel casi de las mejores que podamos recordar (las de su propio rival de ayer, en tantas otras ocasiones), intensidad que ni siquiera implicaba ralentización alguna en ataque, más bien al contrario, roba y corre, el equipo en éxtasis, Txemi Urtasun literalmente en trance, la locura. Arseni Cañada allá en su plató comenzó entusiasmado (como tantas otras veces) por la alta anotación para acabar no menos entusiasmado por el espectáculo que estaba presenciando, tanto daba que a esas horas se hubiese reducido ya la anotaciónacaso como confirmación definitiva (para quien lo quiera ver) de que una buena defensa bien ejecutada no tiene por qué ser menos espectacular que un buen ataque, que ambas facetas por incompatibles que parezcan pueden complementarse a la perfección. A base de deflexiones y más deflexiones este Cajasol tancívico como hiperactivo acabó pintando ayer una verdadera obra de arte, a mayor gloria por cierto de su otrora vilipendiado (en otras tierras) entrenador. Por si aún le hiciera falta otra reivindicación.

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Publicado noviembre 4, 2012 por zaid en ACB, preHistoria

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