el barco   Leave a comment

(publicado el 11 de noviembre de 2011)

 

Ríase usted de la megalomanía de José Luis Sáez, aquellos delirios de grandeza de jugar un amistoso contra USA en la plaza de toros de Las Ventas o la Final del Mundial 2014 en el mismísimo Santiago Bernabeu (previa cubrición del mismo, supongo); nada que ver con los americanos (con los de USA, obviamente), que si nosotros dijéramos de jugar un partido de baloncesto en mitad de un Mercadona, en un túnel de la M30, en la plaza mayor del pueblo o en el barco de Chanquete todo dios se descojonaría pero a los yanquis se les pone en la punta de la punta jugar un partido de baloncesto en un portaviones y no es ya que nadie se descojone sino que el mundo entero abre la boca epatado de admiración. Qué gran país, como suele decirse.

Pues eso mismo: tómese el portaviones USS Carl Vinson, al parecer uno de los más vistosos y aparatosos de la armada norteamericana (justo ése en el que supuestamente se transportó el supuesto cuerpo sin vida delsupuesto Osama Bin Laden), convenientemente aparcado (tal vez sería más correcto decir atracado, o aún mejor, fondeado) para la ocasión en el puerto de San Diego, e incorpórese al mismo a dos de los más floridos y granados equipos universitarios de la nación, a saber, de un lado los Spartans de Michigan State a las prestigiosas órdenes del gran Tom Izzo, del otro esos Tar Heels de North Carolina que este año parten como legítimos favoritos a llevárselo todo. Y todo ello presidido (nunca mejor dicho) por un gran aficionado a este deporte llamado Barack Obama, y apadrinado por dos viejos camaradas de mil batallas amarillas pero que un día ya lejano sentaron cátedra en las susodichas universidades, Magic Johnson y James Worthy respectivamente. No me consta pero tampoco parece difícil intuir que en semejante evento no habrá de faltar el homenaje a los caídos, barras y estrellas por doquier y quién sabe si hasta ese tradicional chou de las fuerzas aéreas surcando el cielo justo cuando acaba el himno, a la manera de la Superbowl. Y en medio de todo ello, aunque no lo parezca, aún habrá de quedar sitio para el baloncesto; para un gran partido de baloncesto.

Tendrá lugar dicho evento a las siete de la tarde hora de la costa Este que aún serán más/menos las cuatro en San Diego, suficiente supongo para poder jugarlo con luz natural aunque si es necesario ya se las apañarán para que haya dos o tres prórrogas y aún lleguemos a tiempo de contemplar algo de puesta de sol sobre las aguas del pacífico (que digo yo que ya puestos total qué más les habría dado jugarlo en mar abierto, surcando las aguas del Índico -por ejemplo-, será que ya se les iba de presupuesto). Marcará una época qué duda cabe, aunque sólo sea por el amplio abanico de posibilidades que se le abren a nuestro deporte a partir de ahora. Imaginen por ejemplo a nuestras mayoristas de megacruceros, esos monstruos que cada verano surcan (y atascan, incluso) las aguas del Mediterrráneo y que ahora bien podrían incorporar el baloncesto a su interminable catálogo de actividades lúdico-recreativas, montándose pachangas adicionales para rellenar el inmenso vacío durante la travesía de Mikonos a Corfú pongamos por caso, qué buena salida para baloncestistas en paro o para aquellos que quisieran ganarse unos eurillos adicionales durante las vacaciones… (ahí les dejo la idea, gratis total, aunque si quieren agradecérmela regalándome un par de pasajes tampoco les haré ascos, no vayan a pensar…)

Y por supuesto, no se me moleste en buscar este grandioso acontecimiento en nuestros múltiples y variopintos canales televisivos porque ya se imaginará que no lo va encontrar, si quiere echarle un vistazo tendrá que conformarse con buscarse la vida en Internet, para variar. Eso sí, al menos podrá consolarse pensando en lo que estará rabiando el amigo David Stern allá en Nueva York con sus negociaciones y sus cosas, muerto de envidia en su lockout con lo que a él le gusta estar en el candelabro con eventos de este calibre. Claro que sus neuronas ya andarán trabajando para cuando todo se resuelva, imaginando qué respuesta podría dar la NBA a este gran reto que les ha planteado la NCAA: ¿un partido de pretemporada en un Boeing 747 (o similar) en pleno vuelo, a nuevemil pies de altura? ¿Un partido de temporada regular en la estación espacial internacional, tal vez (aunque quizás habría que resolver previamente la tontería esa de la ausencia de gravedad, más que nada para que la bola bote)? Lo que nos quedará aún por ver…

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Publicado noviembre 4, 2012 por zaid en NCAA, preHistoria

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