el Derby de Kentucky   1 comment

(publicado el 26 de marzo de 2012)

Si usted guglea la expresión Derby de Kentucky, la güiquipedia, que es muy amable, le dirá que se trata deuna famosa carrera de caballos estadounidense, para ejemplares purasangre de tres años de edad, efectuada anualmente en Louisville, Kentucky, el primer sábado de mayo, durante el Festival del Derby de Kentucky de dos semanas de duración. La carrera se realiza sobre una pista de una milla y cuarto (2 km) en el hipódromo de Churchill Downs. Es conocida en Estados Unidos como “Los Dos Minutos Más Excitantes en los Deportes” (The Most Exciting Two Minutes in Sports) por su duración aproximada, y también es llamada “La Carrera por las Rosas” (The Run for the Roses) por la guirnalda de rosas que se coloca al ganador… Todo eso y mucho más que no les cuento (no vaya a ser que me manden a la mierda) dice la güiqui pero no teman, éste aunque no lo parezca aún sigue siendo un blog de baloncesto, todavía no me ha dado por pasarme al noble arte de cabalgar a lomos de un brioso corcel. Pero es que en baloncesto, aunque en Estados Unidos no lo sepan (que ellos no dan al concepto derby el significado que solemos darle aquí), también existe un derby de Kentucky. Vean, vean…

Ese al que yo llamo derby de Kentucky es el enfrentamiento (en el sentido más amplio del término) que acostumbran a disputar todos los años, más o menos hacia finales de diciembre o primeros de enero, las dos universidades de más solera, raigambre y tronío de dicho Estado, a saber, la Universidad de Kentucky, sita en Lexington, Kentucky, y la Universidad de Louisville, sita obviamente en Louisville, Kentucky. La sede se alterna, es decir, si una temporada toca en el Rupp Arena a la otra tocará en cancha de Louisville, hasta hace poco el legendario Freedom Hall, hoy ya el más aséptico (y de nombre mucho más prosaico) KFC Center. Por si se lo estuvieran preguntando, el de esta temporada se disputó el 31 de diciembre (San Silvestre Kentuckiana, también podríamos llamarlo) en Lexington, y por supuesto lo ganó Kentucky (como casi todo este año), 69-62, con 24 puntos y 19 rebotes de Kidd-Gilchrist para los Wildcats y 30 puntos (es decir, casi la mitad de los de su equipo) del jugón Russ Smith para los Cardinals. Eso cuentan las crónicas a las que he tenido que recurrir para ilustrar el evento ya que por desgracia no pude verlo; llevo ya unos pocos años siguiendo con ansia y fruición la temporada regular NCAA pero por alguna misteriosa razón que no alcanzo a comprender todavía no ha caído en mis manos un derby de Kentucky. Miren que este año me habré visto hasta el de Philadelphia o el de Cincinnati (ése que acabó como el rosario de la aurora) pero el de Kentucky no, vaya por dios…

Y sin embargo uno de estos partidos se me quedó grabado en la memoria, no porque lo viera (qué más hubiera querido yo) sino porque me impresionó la crónica que al respecto publicó Gigantes en aquellos días. Me estoy refiriendo al que se disputó en la temporada 2001/2002, es decir, el que supuso la vuelta de Pitino al feudo de Kentucky… dirigiendo a Louisville. Les pongo ligeramente en antecedentes, les recuerdo que Rick Pitino (procedente de los Knicks) tomó los mandos de una deprimidísima Universidad de Kentucky a finales de los ochenta, que bajo su mando se metieron en varias Final Four, que fueron campeones en 1996 (Antoine Walker, Walter McCarthy, Tony Delk, Derek Anderson, Ron Mercer), que fueron subcampeones al año siguiente (cayendo sólo tras prórroga ante aquellos otros Wildcats de Arizona, Mike Bibby, Miles Simon, Jason Terry…) En aquel verano de 1997 la NBA volvió a llamar a su puerta, los Celtics le presentaron una oferta de esas que ningún ser humano en su sano juicio podría rechazar, Pitino hizo raudo y veloz las maletas, dejó Lexington y se presentó en Boston para intentar reflotar la franquicia más legendaria que jamás haya conocido la humanidad… Seguro que aún lo recuerdan, el batacazo fue de consideración. Aquel matrimonio duró mucho más de lo que habría sido razonable pero cuando finalmente acabaron tirándose los trastos a la cabeza Pitino plegó velas, miró de nuevo hacia la NCAA que se le da mejor y finalmente aceptó la oferta de Louisville, precisamente la de Louisville, vaya por dios. Si Pitino hubiese vuelto al Rupp Arena sentado en cualquier otro banquillo probablemente no habría pasado nada (y puede que hasta le hubieran aplaudido) pero volvió con Louisville y aquello fue como si Mourinho volviera al Bernabeu en el banquillo del Barça o Guardiola al Camp Nou en el banquillo del Madrid (que ya lo sé, que son realidades deportivas muy diferentes; pero ustedes cogen la idea). Probablemente aquello no fuera nada del otro mundo si lo comparáramos con las que acostumbramos a gastarnos en Europa en similares circunstancias, pero la catarata de abucheos, insultos, vejaciones y desprecios varios que padeció Pitino aquella noche rebasó con creces los estándares americanos (de USA) para este tipo de situaciones. O al menos eso contaron las crónicas por aquel entonces…

Claro está, yo no les estaría metiendo este rollo si no fuera porque en apenas unos días Kentucky y Louisville se verán las caras por segunda vez esta temporada, y esta vez no será en un partido de non-conference sino en semifinales de la mismísima Final Four. ¿Seguimos con las comparaciones? Como si Madrid y Barça se encontraran en una semifinal de la Euroliga (que ya sucedió hace unos cuantos años) o si lo prefiere en semifinales de la Champions, por ponerle una realidad que aún pueda tener bien reciente en su memoria (que sí, que son circunstancias deportivas radicamente diferentes, no hace falta que me lo recuerde). O algo más similar, como podría ser un hipótetico North Carolina-Duke también en plena Final Four, que acaso ya haya sucedido alguna vez, no digo yo que no, pero yo al menos no he llegado a conocerlo. Kentucky será el favorito (lo es en todos sus partidos, cómo no habría de serlo también en éste) pero al menos de una cosa bien podrán estar seguros, Louisville no bajará jamás los brazos, Louisville no será otro Baylor de la vida ni aunque vaya perdiendo de veinte, Pitino jamás se lo consentiría, pregúntenselo a Donovan y sus Gators si no se lo creen. Equipo coral que te llega a rotar hasta diez o doce jugadores sin bajar jamás el ritmo, equipo ciclotímico tan capaz de agarrarse pájaras descomunales como de remontarte dos docenas de puntos en un abrir y cerrar de ojos, puro estilo Pitino. A estas horas ya andará tramando algo con que contrarrestar el prodigioso atleticismo de estos fornidos mocetones de Kentucky, no les quepa la menor duda. Y tengo para mí (que diría Paniagua) que las buenas gentes del campus de Lexington, que le conocen bien, andarán mucho más preocupadas de enfrentarse a un equipo entrenado por Pitino (tanto más llamándose Louisville) de lo que lo estarían si se enfrentaran a cualquier otro rival.

Será este próximo sábado (aquí ya domingo) a eso de las 0:10 ó lo que es lo mismo, las doce y diez de la noche, hora magnífica donde las haya para ver buen baloncesto. Nadie que ame siquiera mínimamente este deporte debería perderse por nada del mundo este derby de Kentucky (ni el Kansas-Ohio State de después, ni la final del lunes, ni…). Hágame caso, ya verá como no se va a arrepentir.

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Publicado noviembre 4, 2012 por zaid en NCAA, preHistoria

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