el fin del mundo (o no)   Leave a comment

(publicado el 14 de marzo de 2012)

 

Reconozcámoslo cuanto antes (empezaré fuerte así que ustedes disculpen si mi lenguaje hiere ligeramente su sensibilidad), lo de Ricky es una putada. Lo es para él, sobre todo: una rotura de ligamentos nunca llega en buen momento, por definición, pero hay momentos malos y luego también los hay peores: justo ahora, en plena efervescencia de su año rookie, con los playoffs aún como un sueño no del todo imposible y los Juegos Olímpicos asomando ya por el horizonte, no parece que sea precisamente la mejor ocasión. Y (a otro nivel, evidentemente) lo es también para nosotros, como meros aficionados y como seguidores de una selección. Y sí, ya lo sé, todo este primer párrafo no deja de ser una mera obviedad pero tampoco está de más repetirlo, con vistas a curarme en salud para lo que venga después.

Y es que lo de Ricky es una putada (reincido; mis disculpas si lo estuviera usted leyendo en horario infantil) pero tampoco es el fin del mundo, en absoluto. Y en este caso no me refiero tanto a él, que parece haberlo asumido con la deportividad que cabría esperar en alguien de su inteligencia (o al menos eso es lo que transmite de puertas afuera; luego la procesión irá por dentro, claro), que sabe perfectamente que no hay mal que cien años dure (ni ligamento que lo resista) y que de estas cosas se suele salir, y aún más fuerte si cabe. Me refiero más bien a nosotros, me refiero sobre todo a todas esas voces apocalípticas que han emergido en estos días por estos pagos, como si de repente la tierra entera se hubiera abierto bajo nuestros pies: esta tarde, en una clínica de Minneapolis, nos jugamos media medalla de oro en Londres 2012, tuiteaba el otro día ya no recuerdo quién (y es sólo un ejemplo, ha habido unos cuantos más). Que a mí de entrada me estremece leer u oír a alguien hablar de la medalla de oro olímpica como si ya la tuviésemos adjudicada de serie, como si USA no estuviera, como si no existiese ninguna otra posibilidad. A ver, diría yo que somos objetivamente el favorito número 2, lo cual significa que por delante de nosotros hay otro favorito número 1 y que por detrás asoman acechantes otros cuasifavoritos numerados desde el 3. Vamos, que lo mismo vas creyendo que tu única preocupación es ganar a los yanquis y el día menos pensado se te cruza en Cuartos una Argentina de la vida (por ejemplo) y antes de que te des cuenta te han dejado compuesto y sin bronce siquiera. Dar cosas por hechas es sólo el primer paso para que luego salgan del revés.

De todas formas, es curioso: hace apenas siete meses se montó en este país un clamor popular porque Ricky fue convocado para la selección tras su (digamos) difícil temporada en el Barça. Es más, hace apenas seis meses, durante el Eurobasket, hubo algún partido decisivo en el que muchos, durante el último cuarto, gritamos (me incluyo) a Scariolo ¡joder, quita a Ricky de una vez!, casualmente justo antes de que el propio Ricky robara un par de bolas cruciales y nos ganara el partido. No tenemos término medio, o todo es blanco o todo es negro, entonces no le queríamos ver ni en pintura y hoy casi parece que la selección ya no tuviera sentido sin él. Ni tanto ni tan calvo que decía mi abuela. Seremos peores sin Ricky, no me cabe la menor duda, pero una cosa es eso y otra es andar como andan algunos (probablemente poseídos por el síndrome del Guaje) proclamando a los cuatro vientos que habría que esperar hasta el último momento a ver si Ricky todavía llega a tiempo a la selección… ¿Llegar a tiempo, dice usted? Dado que se lesionó a primeros de marzo, y dado que han tasado su periodo de recuperación entre cuatro y seis meses (que a mí lo de cuatro meses, tratándose de un ligamento, me parece desmesuradamente optimista), estaríamos hablando del mes de julio en el mejor de los casos (y en el peor ya ni hablemos) y estaríamos hablando en todo caso de un Ricky aún convaleciente, fuera de punto, fuera de forma, fuera de ritmo de competición. Háganse cuantaspajas mentales les apetezcan pero permítanme recordarles que en esta selección ya hay tres bases (que Llull fue de dos pero ahora ejerce de uno, aunque algunos no acabemos de estar seguros de que lo sea) y que en la recámara para lo que gusten mandar está Raül López (que está que se sale), está Sergio Rodríguez (que en cualquier momento podría vover a salirse), está incluso Franch y aún podrían estar unos cuantos más, será por bases. Que no son Ricky, ya lo sé, por supuesto que no. pero que la pérdida de un solo jugador de esta selección bicampeona de Europa, por muy bueno que sea, por mucho que nos encandile, no debería hacer que nos echáramos ya de inmediato a llorar. Todavía no, al menos.

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Publicado noviembre 4, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

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