el trío Los Panchos   2 comments

(publicado el 25 de octubre de 2011)

– Hace algunas semanas, con ocasión del Preolímpico Americano, les hablé ya muy de pasada de Luis Flores, unoymedio dominicano al que descubrí (lo descubrí yo para mí, que para el mundo del baloncesto estaba ya más que descubierto) años ha, jugando y ganando un partido del Torneo Final universitario con la muy modesta Universidad de Manhattan. Para la NBA tenía mal pronóstico (típico dos en cuerpo de uno, ya saben, de esos que allí hay a patadas) pero para Europa se lo habrían de rifar, o eso pensaba yo al menos. Recuerdo que en un momento de enajenación mental (no sé si transitoria) hasta propuse su fichaje por el Madrid… (la coña venía de unas declaraciones de su entonces entrenador Boza Maljkovic en las que afirmaba que aquel bisoño Madrid suyo era una flor que crece día a día; si el presidente se llamabaFlorentino, si para el organigrama futbolero habían fichado a Floro y si encima Maljkovic salía ahora con esto de la flor, qué mejor fichaje que Flores para hacer florecer aún más tan florida institución…) Flores evidentemente no vino al Madrid ni falta que le hacía, Flores se convirtió en un trotamundos como tantos otros, Italia, Israel, Grecia, Rusia, Ucrania, así hasta que a finales de este pasado verano se fue a acordar de él (quién nos lo iba a decir) precisamente el Estudiantes, un poco como plato de segunda mesa tras fallarles el plan Lofton. Un poco tarde (mejor tarde que nunca) le ha llegado su oportunidad en la ACB, y por lo visto hasta ahora mucho me temo que la cosa le va a costar, más en cualquier caso de lo que yo habría imaginado: tiene ese ritmo cadencioso, vasilón, típicamente caribeño (¿estaría yo escribiendo esto si no conociera su origen?), demasiadas veces transmite la sensación de que él va a una revolución mientras el equipo juega a otra muy distinta. Sabe que ha venido para anotar y lo intenta, a fe que lo intenta (ojalá todos pudieran decir lo mismo), lo intenta incluso en demasía o no es eso exactamente, es más bien que a veces sobreestima sus posibilidades o subestima las de los rivales, de ahí a intentar levantarse o penetrar y acabar estrellándose contra un muro sólo hay un paso. Con todo y con eso (quizá porque sé lo bueno que puede llegar a ser, quizá porque esos orígenes latinos le puedan hacer más fácil su integración) le veo muchas más posibilidades de futuro que a sus dos compañeros de trío (esos que vendrán a continuación), fíjense lo que les digo…

– Recuerdo haber visto a Antoine Wright en algún partido de NBA. Lo recuerdo muy vagamente porque en esa Liga acostumbraba a pertenecer a la amplia categoría de jugadores (digamos) del montón, salgo, me dan diez minutos para que descanse la estrella, cubro el expediente, hoy se me da bien y meto doce, hoy se me da mal y ni la huelo, me sientan, mañana vuelvo a salir… Muchos jugadores del montón NBA luego se convierten en estrellas en Europa, muchos otros se conforman con ser del montón así allá como acá,montoneros vocacionales como si dijéramos, yo ya he llegado, ya soy profesional, con que me paguen ya me vale, para qué más, absolutamente incapaces de implicarse en un proyecto, pasan por los equipos pero los equipos no pasan necesariamente por ellos. Antoine Wright se hizo un nombre, viviendo de él ha llegado a la ACB, probablemente crea que con eso ya le vale como le ha valido en otras ligas pero va siendo hora de que empiece a darse cuenta de que está muy equivocado. Aquí no basta con tirártela de vez en cuando, aquí no vale con meterla o no meterla (más bien lo segundo), aquí conviene que también alguna que otra vez pongas algo de tu parte, algo de defensa, algún rebote, qué sé yo… ¿Algún rebote, dije? Este pasado sábado Antoine Wright cogió su primer rebote a falta de 8 minutos y 50 segundos para el final del Estu-GBC. Con que hubiera sido su primer rebote del partido ya habría tenido tela el tema pero es que se trataba de su primer rebote de todo lo que llevamos de temporada. Es decir, hubieron de pasar 40 minutos del Estu-Valencia, otros 40 del Barça-Estu, otros 40 del Fuenla-Estu y 31 del Estu-GBC, total 151 minutos de los que estuvo en cancha la friolera de 119, para que la criatura se me tomara la molestia de coger finalmente un rebote. Que esto es como aquello que dicen de que hasta un reloj parado da la hora exacta dos veces al día, hasta a un tío al que plantifiques allí en medio de la zona como un pasmarote le cae de vez en cuando algún rebote, aunque no haga nada por ir a buscarlo, tanto más si mide algo más de dos metros como es el caso… Bueno pues él ni eso, que no es ya que no vaya a buscarlos sino que hasta se debe apartar cada vez que cae el balón no vaya a ser que le dé. Pedazo de crack el amigo (yo de mayor quiero ser como él), acaso uno de los responsables de la barrida reboteadora que me le pegan al Estu todos los rivales habidos y por haber… pero no el único, ni el principal siquiera. Véase al respecto al tercer miembro del trío, justo ese que viene a continuación.

– A Cedric Simmons no llegué a verle en su etapa universitaria en North Carolina State (o tal vez sí y ya no me acuerde), Cedric Simmons creo recordar que se me apareció por primera vez en un partido de la Liga de Verano de Las Vegas (sí, ya lo sé, me veo cualquier cosa, mi enajenación mental, ya saben…). Llamaba la atención, no tanto por razones baloncestísticas como por cuestiones meramente físicas. Vale, sí, esa frente prominente, como varios centímetros por delante de las cuencas de los ojos pero al fin y al cabo eso era lo de menos, lo de más eran sus brazos, qué brazos, no precisamente por anchos sino por largos, parecía como si se le hubieran descolgado del cuerpo, creo que fue Antonio Rodríguez el que comentó que eran los brazos más largos que había visto en su vida (que ya es ver), vamos que hasta podría subirse los calcetines sin flexionar las rodillas si se lo propusiera, ligera exageración. No es que anduviera sobrado de talento pero resultaba evidente que con esa envergadura habría de ganarse muy bien la vida, en NBA o en cualquier otra parte. Allá por donde ha pasado se ha inflado a coger rebotes como quien coge manzanas del árbol pero fue llegar al Estu y empezar a languidecer, vaya por dios. Empezó por la cosa de que tenía malas manos, que si lo piensan es hasta lógico si tenemos en cuenta el pedazo de recorrido que hay desde el cerebro hasta el final de sus extremidades superiores, cuando la orden de agarrar el balón quiere llegar a la mano la bola ya se ha escurrido, lo normal. Fue eso y que en ataque las cosas no le salían, y que en la ACB por muy arriba que llegues los rebotes también te los tienes que currar, y entre unas cosas y otras poco a poco se nos fue desapareciendo y hoy ya no sabemos si es que juega poco porque no tiene confianza o si no tiene confianza porque juega poco, ya no sabemos si Pepu no le da bola porque no está en forma o si no está en forma porque Pepu apenas le da bola, ya no sabemos si fue antes el huevo o la gallina pero a este paso acabaremos quedándonos sin gallina y (lo que es peor) sin huevos. Apenas coge ya rebotes cuando está en cancha, cogerlos desde el banquillo suele ser aún más difícil, si a eso le añadimos que en tratándose de Gabriel o Clark tampoco es que ésta sea precisamente la especialidad de la casa, pues al final habremos de concluir que coger rebotes lo que se dice coger rebotes sólo los coge Jiménez, para variar. Negros nubarrones se ciernen sobre la casa azul, por más que a veces algún espejismo como el del pasado sábado nos haga ver lo que no es.

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Publicado noviembre 4, 2012 por zaid en ACB, preHistoria

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