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(publicado el 11 de enero de 2012)

En los otros 49 estados es sólo baloncesto… pero esto es Indiana“. Seguro que aún recuerdan la frase, que data de aquellos tiempos en que los Pacers aún jugaban finales de la NBA (concretamente una, con Reggie Miller aún sentando cátedra en la cancha y Larry Bird en el banquillo). Pero créanme que para entender esa afirmación no basta con ver un partido de los Pacers, en absoluto. Para entender esa afirmación resulta conveniente y hasta imprescindible trasladarse, siquiera sea a través de la pantalla del ordenador (que cualquier otra opción me temo que aún nos queda demasiado lejos) hasta el Assembly Hall de la localidad de Bloomington, mítica sede de los no menos míticos Hoosiers o lo que viene siendo lo mismo, de la única e irrepetible Universidad de Indiana, rechace imitaciones. Véase un partido, o casi mejor véase todos los que pueda pero por ahora con uno no estará mal para empezar, y luego hablamos y reconsideramos otra vez aquella famosa frasecilla del principio…

Véase por ejemplo aquel Indiana-Kentucky que debió disputarse hacia el 10 de diciembre poco más o menos (pero eso sí, si piensa verlo no siga leyendo porque me temo que en los próximos renglones voy a destripárselo). Llegaban los Wildcats a casa de los Hoosiers con la aureola de invicto e intratable número 1 de la nación por aquel entonces, llegaban los Wildcats a poner otra muesca más en su fusil y durante muchísimos minutos no hubo razón alguna para pensar que no fueran a hacerlo pese a la tenaz resistencia de unos jugadores locales llevados además en volandas por un público sencillamente maravilloso. La segunda mitad fue de poder a poder, el poder de Kentucky casi siempre un paso por delante del de Indiana, pero hete aquí que a falta de menos de 5 segundos para el final, Kentucky arriba 70-72, Indiana puso la bola en juego desde su propia línea de fondo, se la dio al veterano Verdell Jones III, éste hizo como que penetraba, se atrajo la defensa, se dio media vuelta y se encontró a su espalda con el alero Watford, se la fue a dar justo a tiempo de que se levantara apenas a un palmo de la línea de tres, apenas unas décimas de segundo antes de que sonara la bocina… Un segundo más tarde el marcador señalaba 73-72 y el parquet se había teñido completamente de rojo, el uniforme rojo de cientos de alborozados estudiantes que habían invadido por completo la cancha sin que nada ni nadie pudiera detenerlos, todo ello mientras el atípico e histriónico analista de la ESPN Dick Vitale no lograba dejar de gritar ¡¡¡unbelievable!!! ¡¡¡unbelievable!!! ¡¡¡unbelievable!!! Véaselo, y si se queda con ganas de más (que se quedará, seguro) búsquese también la vida para ver (ver NCAA en este país es buscarse la vida, por definición) el Indiana-Ohio State que se disputó este pasado 31 de diciembre: mismo escenario, mismo ambiente, muy similar rival (esos Buckeyes que se presentaban en Bloomington con su flamante número 2 de la nación, con todo su Sullinger y su Buford y su Craft y demás parafernalia), casi el mismo resultado (claro está, ya sin tanta épica que de esas cosas tampoco conviene abusar…)

Ya venían necesitando en Bloomington un año así tras más o menos década y pico de travesía del desierto. Travesía que comenzó ya en los últimos tiempos de Bobby Knight, que vivió un inesperado oasis (o acaso fuera sólo un espejismo) cuando se plantaron en aquella Final de 2002 a las órdenes del novato Paul Davis, a triplazo limpio y con el equipo más insospechado que recordarse pueda (de hecho por más que lo intento ahora mismo me siento incapaz de recordar a ningún jugador de aquella plantilla), total para al año siguiente volver a caer y mucho más hondo todavía. Años después aún vivirían otro espejismo (éste sí, espejismo absoluto) en tiempos de Eric Gordon y B.J. White, dirigidos desde el banquillo por Kelvin Sampson hasta que los trapicheos de éste en materia de reclutamiento empezaron a salir a la luz y el hechizo se les deshizo de un plumazo… Y en éstas llegó Tom Crean. Tom Crean que es un joven a la par que magnífico entrenador, Tom Crean que venía de hacer un grandísimo trabajo en Marquette (aquella Final Four con Wade en sus filas…) Tom Crean que así de entrada las iba a pasar putas (con perdón) en Bloomington, más que nada porque de donde no hay no se puede sacar. Le ha costado casi un lustro pero hoy por fin parece que empiezan a recoger los frutos. Y qué frutos.

Tampoco es que tenga en sus manos el plantillón del siglo, qué va, ni mucho menos: el muy sensato base Jordan Hulls, el sénior (que las habrá visto el hombre de todos los colores en Bloomington durante estos cuatro años) Verdell Jones III, el intenso a la par que atlético escolta Victor Oladipo, el alero-tirador-reboteador-chico para todo Christian Watford y cómo no, la joya de la corona, el pívot freshman Cody Zeller que tiene toda la pinta de que con el paso de los años llegará a ser mejor que su afamado hermano mayor, es decir el pívot sénior de North Carolina Tyler Zeller (sus peculiares progenitores, maestros en el noble arte de la equidistancia, acostumbran a acudir a los partidos del uno o del otro con una camiseta mitad azul celeste mitad roja para que no haya celos entre las criaturas). Y poco más, si acaso Will Sheehey oTom Pritchard saliendo de vez en cuando desde el banquillo, junto a otros actores aún más secundarios incluso… Parece poca cosa pero es mucho más de lo que tuvieron antes (y mucho menos de lo que vendrá, que para la próxima temporada tendrán aún mejor pinta, al tiempo). Y por supuesto que a donde no lleguen ellos llegará (en los partidos de casa, claro) ese sexto jugador llamado Assembly Hall, esa maravillosa atmósfera roja que juega casi tanto como los que están sobre el parquet, que si esto es así ahora no quiero ni pensar lo que debía ser aquello en los ya lejanos tiempos de Bobby Knight…

Ese ambiente explica mucho pero de ninguna manera lo explica todo. Eso mismo ambiente lo tuvieron durante todos estos años pero no se comieron apenas ni un colín, ese mismo ambiente puede ser muy útil en los partidos de casa pero de nada sirve (obviamente) en los de fuera, y sin embargo ahí los tienen: de primeras nadie les dio la menor importancia, comenzaron a ganar partido tras partido y siguieron sin darles importancia, por fin cuando ganaron a Kentucky empezaron a prestarles un poquito de atención, tampoco mucha, entraron por la puerta de atrás en el Top25, siguieron ganando partido tras partido, acabaron dejando meridianamente claro que eran un equipo a considerar. A día de hoy están 15-1 en su balance de victorias-derrotas, esa única derrota obviamente fuera de casa, en su reciente visita a Michigan State. Lo cual todavía no tiene por qué significar nada, que la Big10 es muy dura y veremos cómo llegan a marzo, pero que sé de unos cuantos equipos con mejor plantilla y aún mejor pronóstico que a día de hoy darían cualquier cosa por poder ver la Liga desde donde los Hoosiers la ven ahora mismo. Claro esto que para todos esos otros equipos, al fin y al cabo, esto es sólo baloncesto. Nada que ver con Indiana.

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Publicado noviembre 4, 2012 por zaid en NCAA, preHistoria

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