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(publicado entre el 21 y el 23 de marzo de 2012)

 

I- East

Syracuse anda con la depre. A mis Orange les sobrevino el bajón un par de días antes del Torneo cuando de repente se quedaron compuestos y sin Melo, que se ve que la criatura no me llevaba al día sus deberes escolares (o algo así), penúltimo capítulo extraño para una universidad a la que le ha ido muy bien en lo deportivo pero no han parado de pasarle cosas raras en lo extradeportivo durante toda esta temporada. Así llegaron a segunda ronda, con un agujero en el centro y otro aún más grande en el alma, y a punto estuvieron de estrellarse ya ese primer día ante la modestísima Universidad de North Carolina-Asheville, de hecho si al final no se les hubiera aparecido la virgen (vestida a rayas blancas y negras para la ocasión) quién sabe si ahora mismo no estaríamos hablando de la mayor sorpresa en toda la historia del baloncesto universitario. El bajón les fue remitiendo poco a poco en tercera ronda ante Kansas State, cuando lograron recuperar algo de su tradicional energía, cuando Dion Waiters acudió una vez más al rescate desde el banquillo y Scoop Jardine decidió finalmente parecerse más o menos a aquel que pensábamos que era. Nada de particular si no fuera porque ahora les llega Wisconsin que en sus actuales circunstancias se me antoja casi el peor rival posible: ese baloncesto-control, esas posesiones de treintaitantos segundos, esa defensa extenuante, ese Jordan Taylor sentando cátedra por fuera, ese Berggren ocupando la zona entera por dentro, factores todos ellos con los que acabaron extenuando a Vanderbilt, factores que pueden caer como losas sobre el delicado estado de ánimo de Syracuse…

Así las cosas, quienes deben de andar frotándose las manos son los chicos de Thad Matta, esos animosos Buckeyes de Ohio State: Craft y Thomas (cada uno en lo suyo) están que se salen, Buford siempre cumple y Sullinger se apagó un poco ante Gonzaga pero volverá, no les quepa la menor duda. En cualquier caso no deberían frotárselas tanto, porque antes de encontrarse con los decaídos Orange o con esos Badgers a quienes conocen como si les hubieran parido deberán verse las caras con Cincinnati. Y los Bearcats (¿qué demonios será un bearcat? ¿un gatoso –que no Gatusso-, en traducción libre?) ya han dejado claro que no van de farol, que se lo pregunten a esos animosos chicos de Florida State que llegaban crecidos tras su arrollador Torneo de la ACC, si van o no van de farol. Me repito, desde aquella aparatosa tangana contra Xavier no han dejado de crecer, así en temporada regular de su conferencia como en el Torneo de la misma (finalistas ante Louisville), no digamos ya en este Torneo Final. No parecen tener mucho donde rascar pero son aguerridos como ellos solos, y la adecuada combinación de Dixon y Wright por fuera, Kilpatrick más o menos por el medio y el pegón Gates por dentro hasta ahora les resulta más que suficiente. ¿Suficiente incluso para ganar a Ohio St.? Eso ya deberían ser palabras mayores…

En resumidas cuentas, dos equipos de la Big East y otros dos de la Big 10 por esta parte del cuadro, que bien nos pueden deparar una final regional cruzada o bien un derby (o similar), según: sería curioso que se encontraran Ohio St. y Wisconsin que mantienen una interesante rivalidad y que este año se han ganado la una a la otra a domicilio; y aún más curioso sería que se encontraran Syracuse y Cincinnati apenas un par de semanas después de que los Bearcats apartaran a los Orange (aún con Melo) de su camino hacia la final de la Big East. Todo absolutamente abierto en esta esquina del bracket, ya sé que suena a tópico recurrente pero no por ello resulta menos cierto. Veremos.

 

II – West

Michigan State lo pasó peor de lo que parece para llegar hasta aquí. En tercera ronda les tocó en suerte Saint Louis que así a priori podía parecer una perita en dulce, pero que tiene un legendario a la par que inmenso (en todos los sentidos) entrenador llamado Rick Majerus, uno de esos a los que les cabe todo el baloncesto en la cabeza. Majerus vs Izzo, duelo de monstruos que al final se decantó del lado de este último más que nada porque tiene bastante más material para escoger. Más que Saint Louis desde luego, ¿más que su próximo rival, es decir Louisville? Pues depende: Draymond Green sigue siendo alma, corazón y vida en los Spartans pero este domingo se le vio algo achacoso al hombre, probablemente consecuencia de esa extraña sensación de estar en todas partes, de ser el que pone los córners y el que los remata, desmedido esfuerzo para un físico que no está como para tirar cohetes. Y a su alrededor pues ya saben, Appling, Payne, Nix, tantos otros habituales peones que sustentan esa habitual tela de araña de Izzo que por lo general acaba enredando a cualquiera. Ahora bien, Louisville no es cualquiera, estos Cardinals tienen aquello que mejor puede descomponer a estos Spartans, esa propensión a la anarquía (controlada o no, eso depende), esa ciclotimia que lo mismo les lleva a ir perdiendo de veinte y ganar como a ir ganando de veinte y perder, ese equipo de parciales por contraposición a la estabilidad que siempre desprende su rival; si tienen el día, los Smith (ambos dos, sobre todo fíjense en Russ saliendo del banquillo), Siva, Kuric, Behanan, Dieng y demás familia son capaces de liársela a cualquiera; si no lo tienen son igualmente capaces de cagarla ante cualquiera. Hasta ahora lo han ido teniendo (el día, me refiero), claro está que hasta ahora no se han encontrado con nadie del empaque de Michigan St. Sencillamente Izzo vs Pitino, otro duelo de monstruos; un lujo.

Más de lo mismo en la otra parte de esta parte del cuadro: llega Marquette tras haberse deshecho sin excesivas dificultades (sólo las justas y necesarias) de dos mid-majors emergentes como BYU y Murray St., llega Marquette dejando siempre esa típica impresión de solidez y energía, la que le transmite su inefable técnico Buzz Williams (el hombre sin cuello), la que le aportan tíos como Jae Crowder (jugador del año en la Big East, nada menos) y Darius Johnson-Odom (DJO para los amigos), la que les convierte en favoritos contra una Universidad de Florida que tampoco ha pasado especiales apuros para llegar aquí entre otras cosas porque se lo pusieron como se lo ponían a Fernando VII (o a Felipe II): en condiciones normales deberían haberse enfrentado en tercera ronda a Missouri pero es bien sabido que los Tigers pegaron un petardazo histórico ante Norfolk St., universidad sumamente conocida en Norfolk (Virginia) y cuyas criaturillas bastante tuvieron con hacer realidad el sueño de pasar una ronda como para soñar siquiera en pasar dos, por lo que fueron pasto fácil para los Gators. Si de Marquette decíamos que es sólida de Florida habríamos de decir (siguiendo con las metáforas físicas) que es líquida, incluso gaseosa: pura efervescencia por fuera (gracias a Walker, Boynton, Rosario y Beal, sobre todo Beal), puro vacío por dentro, pura inconsistencia pero ojo, que si a sus exteriores les da por tener el día tonto harás bien en echarte a temblar.

También aquí podríamos tener una curiosa final regional, también aquí podrían enfrentarse dos equipos como Louisville y Marquette, viejos conocidos de mil batallas y otras tantas remontadas en la Big East. No apuesten por ello, es decir, no apuesten en contra de los Spartans. Izzo tiene una cita con la Final Four, la tiene casi todos los años, la tuvo en 2009 y 2010, el año pasado se la perdió así que este año le toca, no lo tendrá fácil para llegar a ella pero tampoco será ni de lejos el peor de los caminos posibles. Si a comienzos de temporada (de cualquier temporada) nos preguntaran qué equipos jugarán la Final Four deberíamos siempre contestar Michigan State y tres más. En ello están.

III – South

Pocos partidos podrían resultar más apetecibles a día de hoy que el que enfrentará en la próxima madrugada (pasadas las tres de la mañana, manda…) a Kentucky Indiana. No tanto por la igualdad, que en condiciones normales los Hoosiers habrían de ser presa fácil para los Wildcats, como por aquel precedente del que ya les he hablado demasiadas veces, aquel asombroso triple sobre la bocina de Christian Watford que volvió loco al Assembly Hall de Bloomington en una lejana noche de comienzos de diciembre, aquel que supuso la primera (y única, hasta hace diez días) derrota de los todopoderosos pupilos de John Calipari. Claro está, el partido de esta noche no se jugará en Bloomington sino en Atlanta (bastante más cerca de Kentucky que de Indiana, por cierto), nada que se pueda comparar a aquella fantástica atmósfera del Assembly Hall, y añádase además que los Wildcats saldrán sedientos de sangre para vengar la susodicha afrenta, y una vez sumados todos estos factores díganme si creen que aún podría existir alguna posibilidad por pequeña que fuera de que Indiana diera la gran sorpresa… Pues yo creo que sí: podría suceder, lo cual no significa que sea probable que suceda; pero tampoco imposible. Al fin y al cabo los Hoosiers ya saben cómo ganar a estos Wildcats (sólo Vanderbilt puede decir lo mismo), al fin y al cabo estos Hoosiers sontranspiración pero también inspiración, vaya usted a saber si una noche loca de Hulls, Sheehey (lástima de lesión de Verdell Jones III), Oladipo, Watford y Cody Zeller (éste necesitará algo más que una noche loca para esquivar la ristra de gorros que se le vendrá encima) no pueda acabar desquiciando a los Teague, Kidd-Gilchrist (dijo a comienzos de marzo que se quedaría en Kentucky los tres años que le restan, y apenas un par de semanas después ya se ha apuntado al draft), Jones y (cómo no) Anthony Davis. Repito, seguramente no sucederá, es muy difícil que suceda… pero aquellos que vimos aquel inolvidable partido de diciembre sabemos que no será imposible. Aunque esto no sea el Assembly Hall.

Claro está que un rato antes habrá habido otro partido curioso, el que habrá enfrentado a Baylor Xavier. Peculiar temporada la de ambos equipos: Baylor subió como la espuma hasta mediados de enero, cayó en picado luego y ahora parece estar recuperando el tono, curiosamente no tanto gracias a sus prestigiosos interiores (alguno de ellos en mi opinión bastante sobrevalorado, con mención especial para ese Perry Jones III) como a sus mucho más anónimos exteriores, pongamos por ejemplo ese Brady Haslip que cosió literalmente a triples a Colorado. Y enfrente los Musketeers, tres cuartos de lo mismo en cuanto a trayectoria, salvando las distancias claro está: ya quedó dicho aquí que cayeron en picado tras la gresca ante Cincinnati, pero parecen haber llegado finalmente a este Torneo con las heridas (las físicas y las otras) ya cicatrizadas en su totalidad. Tu Holloway dirige convenientemente y Kenny Frease demuestra una y otra vez que aunque parezca un armario ropero (y vaya si lo parece) tiene muchísimo baloncesto en su interior, que se lo pregunten a esos voluntariosos chicos de Lehigh (claramente inferiores en lo físico, también) si tiene o no baloncesto. Xavier no tiene el repertorio de Baylor pero es un buen equipo sin duda, y si esos osos texanos no están al cien por cien les pueden formar perfectamente el lío.

Dicho todo lo cual, el resumen podría ser que el histórico petardazo de Duke parece haberle alfombrado a Kentucky el camino hacia la Final Four. Indiana les puede complicar la vida y Baylor o Xavier podrían complicársela aún más un par de noches después pero ninguna de estas complicaciones parece suficiente para frenar a unos Wildcats más favoritos que nunca. Nos guste o no (y ya saben que a mí no acaba de gustarme) todo parece ir de cara para los de Calipari: Duke y Missouri ya no están en la pelea, Syracuse y North Carolina van perdiendo piezas por momentos, estará por ver que aún puedan quedar otros rivales de nivel… Dirán en Lexington, Kentucky, que ahora o nunca; y tiene pinta de que pueda ser ahora, aunque a algunos no nos haga especial ilusión.

y IV – Midwest

Cuando todo les iba sobre ruedas, cuando tenían ya a Creighton sobre la lona, cuando andaban haciendo cábalas a ver qué presunta cenicienta les tocaría en Sweet Sixteen, justo entonces Kendall Marshall se rompió la muñeca. Kendall Marshall que estaba que se salía, Kendall Marshall que a su habitual catarata de asistencias había unido en estas últimas citas una cuota importante de puntos como diciendo que lo suyo no es meterlas pero que cuando hay que meterlas también las mete, mire usted. Así al pronto no se me ocurre una baja potencialmente más dañina para la huestes de North Carolina, tanto más si tenemos en cuenta que el que acostumbraba a darle el relevo, el escolta Dexter Strickland, se averió seriamente la rodilla hace semanas y está de baja para toda la temporada. Así las cosas el marrón muy probablemente se lo tendrá que comer con patatas una criaturilla paliducha y más verde que una lechuga llamada Stephen White, que venía jugando los más/menos cinco minutos que descansaba Marshall (y antes con Strickland ni eso siquiera) y que ni en el mejor de sus sueños podrá proveer a los Barnes, Henson, Zeller o Bullock del sustento al que vienen estando acostumbrados. O eso o recuperar a marchas forzadas a Marshall, que a mí en tratándose de una fractura de muñeca y en habiendo cirugía por medio (y aún reconociendo ser absolutamente lego en la materia) se me antoja casi medicina-ficción, pero que en algún momento han llegado a barajarlo aunque más bien creo sinceramente que no se lo creen ni ellos. Y todo ello (de momento) frente a Ohio (no confundir con Ohio St.), número 13 de su Región, lo más ceniciento que aún nos queda en el Torneo, que en condiciones normales habría de ser pieza fácil para los Tar Heels pero que ahora ya no sé ni que pensar, entre otras cosas porque tienen precisamente aquello de lo que sus rivales (en principio) van a carecer, un pedazo de base como la copa de un pino, C.J. Cooper, apunten ese nombre porque es muy probable que dentro de unos meses se lo encuentren en NBA. Con todo y con eso no debería haber color (o más bien sólo uno, el celeste)… pero es que por más que lo intento no consigo imaginarme a estos Tar Heels sin Marshall un partido entero, qué le vamos a hacer.

Frotándose las manos anda Kansas por el otro lado del cuadro (curiosamente creo que esto ya lo dije ayer de Ohio St.), aunque tal vez no deberían frotárselas tanto porque tampoco es que anden como para tirar cohetes precisamente. Vienen de salvar los muebles ante Purdue en el que fue último partido (partidazo) universitario de Robbie Hummel, se escaparon literalmente por los pelos dejándonos como una ligera sensación de que las cosas ya no son tan bonitas como eran en temporada regular. Mi jugador del año Thomas Robinson parece haber bajado un poco el pistón justo ahora, vaya por dios, y su base Tyshawn Taylor siempre parece estar a medio camino entre sus arrebatos de inspiración y su media docena de pérdidas incomprensibles por partido. Favoritos seguirán siéndolo pero no les arriendo las ganancias ante los Wolfpack de North Carolina State, no tan cenicienta como Ohio sino más bien una revelación en toda regla, una manada de lobos llamados Lorenzo Brown, C.J. Leslie, Howell, Vanderberg o Wood (por ejemplo) que ahí andan intentando reverdecer aquellos viejos laureles que caracterizaron a esta histórica universidad. Por si fuera poco estímulo el de intentar ser Elite Eight de nuevo (tantos años después), tendrán además el estímulo añadido de poder encontrarse tal vez en dicha ronda a sus eternos (y disminuidos) rivales de UNC, en lo que vendría a ser un pedazo de derby en toda regla y con un puesto en Final Four como premio, además. Qué quieren que les diga, hasta hace cuatro días ésta nos parecía la Región más clara de todas, hoy en cambio les reconozco que vistas las circunstancias aquí ya no me sorprendería (casi) nada…

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Publicado noviembre 4, 2012 por zaid en NCAA, preHistoria

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