orgullo y satisfacción   Leave a comment

(publicado el 17 de abril de 2012)

 

Reconozcámoslo, resulta difícil no caer en la tentación, resulta difícil no establecer (odiosas) comparaciones entre este Torneo de Mannheim y aquel otro de catorce años atrás, aquella otra selección que no contenta con ganar allí ganó también pocos meses más tarde el Europeo de la categoría en Varna, que aún no contenta tampoco con ganar allí ganó también al año siguiente aquel histórico Mundial Júnior de Lisboa. Cómo no recordar cómo vivimos aquella semifinal y aquella final, en mi caso muy malamente en aquel apartamento playero, aquel minúsculo e infame televisor casi en el techo, rebosante de interferencias y hasta en blanco y negro todavía, casi tan malamente como he visto esta otra semifinal y esta otra final gracias a uno de esos inventos del demonio, esa extraña cosa llamada estrimin (o sea, streaming) que consiste en que vas a parar a una web en la que crees que te ponen el partido cuando en realidad te ponen de los nervios, la imagen oscilando y vibrando así el viernes como el sábado cual si el operador de cámara padeciera un parkinson en fase terminal, o al menos así era en mi ordenador, no me pregunten ustedes por qué. Me dejé los ojos hace trece años mirando hacia Lisboa, me los volví a dejar hace tres días mirando hacia Mannheim, entonces y ahora lo di por muy bien empleado (mi oftalmólogo no sería de la misma opinión), entonces y ahora tuve la maravillosa sensación de estar asistiendo a algo muy especial, casi mágico, irrepetible por más que podamos tener la sensación de que se haya repetido apenas trece años después…

Sí, resulta muy difícil no caer en la tentación, no caer en los evidentes pararelismos entre aquella generación de Lisboa y esta otra de Mannheim, sólo de Mannheim por ahora, también tendrán su Europeo en pocos meses (si es que la FEB encuentra quien les entrene), su Mundial en año y pico, que los ganen o no ya será otro cantar. Generaciones paralelas si así lo quieren, pero dos líneas paralelas no tienen por qué tener la misma longitud. Lo peor que les puede pasar es que les midamos por el rasero de aquellos otros como si ya estuvieran obligados (condenados, más bien) a repetir su historia. No, estos chavales tendrán que tener su propia historia, de hecho algunos ya empezaron a escribirla hace un verano, ya tuvieron su oro europeo nueve meses antes de este otro oro de Mannheim, quizá no les recuerden, eran los compañeros más o menos anónimos de Alex Abrines, Jaime Fernández, Dani Díez o Jorge Sanz, aunque no lo parezca por allí andaban también los Willy Hernangómez o Josep Pérez, los aún sub17 de aquella selección sub18. Hernangómez que es talento en estado puro por dentro, Pérez que es talento en estado puro por fuera, se nos cae la baba viéndolos como se nos cae con el derroche de clase de Albert Homs (qué tercer cuarto se marcó en la Final la criatura), con las infinitas posibilidades que te proporciona Javi Marín (todo un descubrimiento), con el inmenso despliegue físico y técnico de Juan Sebas Saiz, con el derroche de facultades de Edgar Vicedo (cuántas veces vi jugar a su padre en aquella ya lejana selección de voleibol), con el insospechado saber estar de Alberto Díaz o (cómo no) con ese pedazo de diamante aún sin pulir, ese árbol tierno de interminables ramas llamado Ilimane Diop. Se nos cae la baba o bien, si prefieren que lo exprese un poco más elegantemente (a la manera de aquél que se complace en matar elefantes con cargo al erario público), casi mejor les diré que nos llenan de orgullo y satisfacción: orgullo por lo que son, satisfacción por lo que son y por lo que (pensamos que) serán. Éstos, los que ya pasaron del 93, los que aún nos quedan del 95, tres quintas portentosas, toda una impagable generación. Saboreémosla, disfrutémosla con calma, no les pidamos aún la luna sobre todo si queremos que algún día nos la traigan. No estemos cada lunes y cada martes llamándoles los nuevos júniors de oro, no les metamos más presión de la que necesitan (la necesitarán en todo caso sus clubes o sus técnicos pero no ellos, no todavía), no nos pasemos con las eternas comparaciones con gasoles navarros no vaya a ser que al final la acabemos de cagar. Dejémosles que crezcan, nada más (y nada menos) que eso, todo lo demás vendrá ya por añadidura.

Anuncios

Publicado noviembre 4, 2012 por zaid en preHistoria, selecciones

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: