Archivo para noviembre 4, 2012

Sullinger vs Robinson   Leave a comment

(publicado el 28 de marzo de 2012)

 

En USA, qué les voy a contar que ustedes no sepan, tienen mucha costumbre de tomar la parte por el todo (o el todo por la parte, no sé), de vender un partido no tanto en base a los equipos que lo juegan como al duelo entre las respectivas estrellas de esos mismos equipos. No me gusta ese planteamiento, en absoluto, pero reconozco que a veces resulta tentador: explicar por ejemplo la segunda semifinal de la próxima Final Four universitaria, Ohio State-Kansas, no en base a sus respectivas colectividades sino en base al apetecible enfrentamiento entre sus dos colosos en la pintura, don Jared Sullinger y don Thomas Robinson respectivamente, dos tipos que salvo insospechado cataclismo entrarán ambos en el Top5 del próximo draft.

Juguemos a ello, pues (con el atrevimiento que me caracteriza, es decir, les ruego que me disculpen si suelto alguna barbaridad). Ambos dos son muy buenos, ambos dos son también muy diferentes entre sí; en lo físico, para empezar: Robinson es un mazas espectacular, una especie de Karl Malone en potencia, todavía a medio hacer pero que si sigue criando cachas a este ritmo llegará el día en que nada tendrá que envidiar a aquella legendaria musculatura (a saber cómo estará ahora) del Cartero. Sullinger no; su look es (digámoslo así) más redondeado, mucho menos definido muscularmente. Corpulento, perfectamente proporcionado, no está gordo (ni aún menos delgado, claro) pero es de esos tíos que transmiten la impresión de que podrían empezar a engordar en cuanto se descuidaran un poquito. Por ahora no parece que le guste mucho la sala de pesas (ni los complejos vitamínicos, ni cualesquiera otros productos que su malévola fantasía pueda llegar a imaginar), mucho menos desde luego que a su kansero rival. Pero repito, por ahora: en la NBA (a la fuerza ahorcan) las pesas le van a tener que gustar.

Punto para Robinson en lo físico… y punto para Sullinger en lo técnico. También aquí hay que hilar muy fino, pero a mí particularmente el de Ohio me resulta más completo, más de movimientos de espaldas al aro de esos que ya casi no se estilan, más de toque suave de muñeca. Robinson también los tiene pero son (cómo diría) más previsibles, más amparados sobre todo en su (otra vez) imponente fortaleza física. Sullinger (siendo también fuerte, aunque de otra manera) es más de clase, más sutil como si dijéramos. Me gusta más, al menos en este aspecto.

¿Qué más? En intensidad, carácter, actitud y demás factores anímico-subjetivos no me atrevería a decretar un ganador. Es decir, si esto lo hubiera escrito hace quince días muy probablemente me habría decantado claramente por Robinson, cuya presencia en los partidos acostumbra a ser sencillamente apabullante. Sullinger también se hace presente pero no alcanza a resultar (digámoslo así) tan abrasivo como su interlocutor de Kansas… aunque esto también tiene truco, porque quizá la diferencia estribe no tanto en ellos mismos como en lo que tienen alrededor; es decir, a mí me da la sensación de que Kansas descansa más sobre los hombros de Robinson que Ohio State sobre los de Sullinger. Dicho lo cual, también les diré que Thomas Robinson ha emitido alguna señal ligeramente preocupante durante este Torneo Final, al menos en lo que he podido ver de Kansas (demasiado poco, gracias a los extraños designios de esa cosa llamada ESPNplayer): como si estuviera algo cansado, o acaso ligeramente desbordado por la situación. Nada grave en cualquier caso, si hubiera sido grave evidentemente los Jayhawks no estarían donde están. ¿Sullinger? Pudo tener también algún partido más flojo que de costumbre (y de hecho lo tuvo) pero emergió imponente en la segunda mitad de su Final Regional ante Syracuse para hacerse el amo de las zonas (amparado en la ausencia de Fab Melo, también) y acabar de meter a sus Buckeyes en Final Four. Empate técnico, dejémoslo así.

También es verdad que a Sullinger le esperábamos mientras que Robinson nos pilló ligeramente por sorpresa. Robinson tenía buena pinta ya el pasado año pero andaba un tanto oculto a la sombra de los gemelos Morris, y el repentino fallecimiento de su madre acabó de ponerle muy cuesta arriba la parte final de la temporada. Sullinger en cambio era ya por aquel entonces la principal estrella de Ohio State, usted y yo sabemos que se habría tirado en plancha al draft de no haber sido por la amenaza (finalmente cumplida) del lockout. No se fue y muy bien que hizo, que para mí resulta manifiestamente evidente que hoy es muchísimo más completo que hace doce meses. Pero claro, ese mejora no puede compararse, en lo que a impacto popular y mediático se refiere, con la tremenda eclosión del de Kansas. Robinson es (para mí y para mucha más gente) el jugador del año, Sullinger es simplemente uno de los mejores jugadores del año, entiéndase la sutil diferencia.

Ahora bien, tanta comparación por aquí y por allá y sin embargo habrá muchos ratos en los que no se enfrenten, en los que ni se rocen siquiera. A ver, ambos dos son (para mi gusto) cuatros, o cuatroymedios si así lo prefieren, pero hay una diferencia fundamental que viene marcada por el sujeto que tienen a su lado. Sullinger tiene a DeShawn Thomas, prototipo de cuatro abierto, que pelea por los rebotes, sí, no digo yo que no, pero que le gusta tirarse triples más que comer con los dedos (y que los mete, además). Robinson tiene a Withey, puro cinco de manual, otro que el pasado año casi ni sabíamos que existía y que esta temporada mejora por momentos, cada partido es más consistente que el anterior. Así las cosas Robinson acaba saliéndose a menudo al cuatro para no entorpecer el espacio de Withey, así las cosas Sullinger acaba a menudo jugando de espaldas al aro y reprimiendo su natural tendencia a salirse a tirar de fuera él también. Thomas y Sullinger vs Robinson y Withey, ese vendrá a ser el verdadero duelo (más o menos) interior, más allá de personalismos.

Pero es que sucede que además hay vida (y mucha vida) más allá del juego interior: a mí, puestos a gustarme, el base de Ohio State, ese Aaron Craft de mejillas coloradas que defiende que te cagas y reparte luego juego tras dividir la zona rival cual cuchillo en mantequilla (y que a veces tiene insospechados problemas con los tiros libres, también), me gusta bastante más (aunque habré de reconocer que mi gusto no es precisamente el mayoritario) que el base de Kansas, ese Tyshawn Taylor siempre a medio camino entre la creatividad y el descontrol (pero que está haciendo un grandísimo Torneo y fue fundamental en la victoria ante North Carolina, todo hay que decirlo); como me gusta más la pareja Buford-Smith que la pareja Releford-Johnson (pero ojo con este último, el freshman Elijah Johnson, mejor jugador cada día que pasa); como también me gusta más y me parece que tiene muchos más recursos el banquillo de Ohio State que el de Kansas… En resumidas cuentas, que yo particularmente puestos a escoger me quedaría antes con la propuesta de Ohio State que con la de Kansas, lo cual no creo que tenga ni la menor importancia pero ahí lo dejo caer.

Y un detalle más: ambos equipos ya han jugado este año, el uno contra el otro quiero decir. Sucedió en diciembre y acabó con victoria de Kansas (de hecho supuso la primera derrota en la temporada de Ohio St.), lo cual a efectos prácticos tampoco nos sirve para nada: porque cada partido es una historia (tanto más si comparamos un partido de temporada regular con uno de Final Four), porque no se disputó en cancha neutral sino en la fantástica atmósfera del Allen Fieldhouse y sobre todo porque Ohio State se presentó en el campo de Lawrence sin Jared Sullinger que andaba un tanto achacoso por aquellos días, por lo que acabó siendo presa relativamente fácil para los Jayhawks. Pero vamos, que ni los unos ni los otros se acordarán ya de aquello a estas alturas…

En resumidas cuentas: si me preguntaran quién ganará el duelo individual, Sullinger vs Robinson, yo apostaría (por ligerísima diferencia) por el de Kansas; pero si me preguntaran quién ganará el duelo colectivo entonces yo apostaría (también por ligerísima diferencia) por Ohio St. Y en cualquier caso ese presunto duelo individual no habría de ser más que el paso previo para otro duelo no menos presunto, el que cualquiera de ellos podría sostener en la madrugada del lunes al martes contra los interminables brazos del hombre de la ceja, Anthony Davis… lo cual está por ver, no demos nada por hecho, no adelantemos acontecimientos; disfrutémoslo, sin más.

Publicado noviembre 4, 2012 por zaid en NCAA, preHistoria

el Derby de Kentucky   1 comment

(publicado el 26 de marzo de 2012)

Si usted guglea la expresión Derby de Kentucky, la güiquipedia, que es muy amable, le dirá que se trata deuna famosa carrera de caballos estadounidense, para ejemplares purasangre de tres años de edad, efectuada anualmente en Louisville, Kentucky, el primer sábado de mayo, durante el Festival del Derby de Kentucky de dos semanas de duración. La carrera se realiza sobre una pista de una milla y cuarto (2 km) en el hipódromo de Churchill Downs. Es conocida en Estados Unidos como “Los Dos Minutos Más Excitantes en los Deportes” (The Most Exciting Two Minutes in Sports) por su duración aproximada, y también es llamada “La Carrera por las Rosas” (The Run for the Roses) por la guirnalda de rosas que se coloca al ganador… Todo eso y mucho más que no les cuento (no vaya a ser que me manden a la mierda) dice la güiqui pero no teman, éste aunque no lo parezca aún sigue siendo un blog de baloncesto, todavía no me ha dado por pasarme al noble arte de cabalgar a lomos de un brioso corcel. Pero es que en baloncesto, aunque en Estados Unidos no lo sepan (que ellos no dan al concepto derby el significado que solemos darle aquí), también existe un derby de Kentucky. Vean, vean…

Ese al que yo llamo derby de Kentucky es el enfrentamiento (en el sentido más amplio del término) que acostumbran a disputar todos los años, más o menos hacia finales de diciembre o primeros de enero, las dos universidades de más solera, raigambre y tronío de dicho Estado, a saber, la Universidad de Kentucky, sita en Lexington, Kentucky, y la Universidad de Louisville, sita obviamente en Louisville, Kentucky. La sede se alterna, es decir, si una temporada toca en el Rupp Arena a la otra tocará en cancha de Louisville, hasta hace poco el legendario Freedom Hall, hoy ya el más aséptico (y de nombre mucho más prosaico) KFC Center. Por si se lo estuvieran preguntando, el de esta temporada se disputó el 31 de diciembre (San Silvestre Kentuckiana, también podríamos llamarlo) en Lexington, y por supuesto lo ganó Kentucky (como casi todo este año), 69-62, con 24 puntos y 19 rebotes de Kidd-Gilchrist para los Wildcats y 30 puntos (es decir, casi la mitad de los de su equipo) del jugón Russ Smith para los Cardinals. Eso cuentan las crónicas a las que he tenido que recurrir para ilustrar el evento ya que por desgracia no pude verlo; llevo ya unos pocos años siguiendo con ansia y fruición la temporada regular NCAA pero por alguna misteriosa razón que no alcanzo a comprender todavía no ha caído en mis manos un derby de Kentucky. Miren que este año me habré visto hasta el de Philadelphia o el de Cincinnati (ése que acabó como el rosario de la aurora) pero el de Kentucky no, vaya por dios…

Y sin embargo uno de estos partidos se me quedó grabado en la memoria, no porque lo viera (qué más hubiera querido yo) sino porque me impresionó la crónica que al respecto publicó Gigantes en aquellos días. Me estoy refiriendo al que se disputó en la temporada 2001/2002, es decir, el que supuso la vuelta de Pitino al feudo de Kentucky… dirigiendo a Louisville. Les pongo ligeramente en antecedentes, les recuerdo que Rick Pitino (procedente de los Knicks) tomó los mandos de una deprimidísima Universidad de Kentucky a finales de los ochenta, que bajo su mando se metieron en varias Final Four, que fueron campeones en 1996 (Antoine Walker, Walter McCarthy, Tony Delk, Derek Anderson, Ron Mercer), que fueron subcampeones al año siguiente (cayendo sólo tras prórroga ante aquellos otros Wildcats de Arizona, Mike Bibby, Miles Simon, Jason Terry…) En aquel verano de 1997 la NBA volvió a llamar a su puerta, los Celtics le presentaron una oferta de esas que ningún ser humano en su sano juicio podría rechazar, Pitino hizo raudo y veloz las maletas, dejó Lexington y se presentó en Boston para intentar reflotar la franquicia más legendaria que jamás haya conocido la humanidad… Seguro que aún lo recuerdan, el batacazo fue de consideración. Aquel matrimonio duró mucho más de lo que habría sido razonable pero cuando finalmente acabaron tirándose los trastos a la cabeza Pitino plegó velas, miró de nuevo hacia la NCAA que se le da mejor y finalmente aceptó la oferta de Louisville, precisamente la de Louisville, vaya por dios. Si Pitino hubiese vuelto al Rupp Arena sentado en cualquier otro banquillo probablemente no habría pasado nada (y puede que hasta le hubieran aplaudido) pero volvió con Louisville y aquello fue como si Mourinho volviera al Bernabeu en el banquillo del Barça o Guardiola al Camp Nou en el banquillo del Madrid (que ya lo sé, que son realidades deportivas muy diferentes; pero ustedes cogen la idea). Probablemente aquello no fuera nada del otro mundo si lo comparáramos con las que acostumbramos a gastarnos en Europa en similares circunstancias, pero la catarata de abucheos, insultos, vejaciones y desprecios varios que padeció Pitino aquella noche rebasó con creces los estándares americanos (de USA) para este tipo de situaciones. O al menos eso contaron las crónicas por aquel entonces…

Claro está, yo no les estaría metiendo este rollo si no fuera porque en apenas unos días Kentucky y Louisville se verán las caras por segunda vez esta temporada, y esta vez no será en un partido de non-conference sino en semifinales de la mismísima Final Four. ¿Seguimos con las comparaciones? Como si Madrid y Barça se encontraran en una semifinal de la Euroliga (que ya sucedió hace unos cuantos años) o si lo prefiere en semifinales de la Champions, por ponerle una realidad que aún pueda tener bien reciente en su memoria (que sí, que son circunstancias deportivas radicamente diferentes, no hace falta que me lo recuerde). O algo más similar, como podría ser un hipótetico North Carolina-Duke también en plena Final Four, que acaso ya haya sucedido alguna vez, no digo yo que no, pero yo al menos no he llegado a conocerlo. Kentucky será el favorito (lo es en todos sus partidos, cómo no habría de serlo también en éste) pero al menos de una cosa bien podrán estar seguros, Louisville no bajará jamás los brazos, Louisville no será otro Baylor de la vida ni aunque vaya perdiendo de veinte, Pitino jamás se lo consentiría, pregúntenselo a Donovan y sus Gators si no se lo creen. Equipo coral que te llega a rotar hasta diez o doce jugadores sin bajar jamás el ritmo, equipo ciclotímico tan capaz de agarrarse pájaras descomunales como de remontarte dos docenas de puntos en un abrir y cerrar de ojos, puro estilo Pitino. A estas horas ya andará tramando algo con que contrarrestar el prodigioso atleticismo de estos fornidos mocetones de Kentucky, no les quepa la menor duda. Y tengo para mí (que diría Paniagua) que las buenas gentes del campus de Lexington, que le conocen bien, andarán mucho más preocupadas de enfrentarse a un equipo entrenado por Pitino (tanto más llamándose Louisville) de lo que lo estarían si se enfrentaran a cualquier otro rival.

Será este próximo sábado (aquí ya domingo) a eso de las 0:10 ó lo que es lo mismo, las doce y diez de la noche, hora magnífica donde las haya para ver buen baloncesto. Nadie que ame siquiera mínimamente este deporte debería perderse por nada del mundo este derby de Kentucky (ni el Kansas-Ohio State de después, ni la final del lunes, ni…). Hágame caso, ya verá como no se va a arrepentir.

Publicado noviembre 4, 2012 por zaid en NCAA, preHistoria

lo que se avecina   Leave a comment

(publicado entre el 21 y el 23 de marzo de 2012)

 

I- East

Syracuse anda con la depre. A mis Orange les sobrevino el bajón un par de días antes del Torneo cuando de repente se quedaron compuestos y sin Melo, que se ve que la criatura no me llevaba al día sus deberes escolares (o algo así), penúltimo capítulo extraño para una universidad a la que le ha ido muy bien en lo deportivo pero no han parado de pasarle cosas raras en lo extradeportivo durante toda esta temporada. Así llegaron a segunda ronda, con un agujero en el centro y otro aún más grande en el alma, y a punto estuvieron de estrellarse ya ese primer día ante la modestísima Universidad de North Carolina-Asheville, de hecho si al final no se les hubiera aparecido la virgen (vestida a rayas blancas y negras para la ocasión) quién sabe si ahora mismo no estaríamos hablando de la mayor sorpresa en toda la historia del baloncesto universitario. El bajón les fue remitiendo poco a poco en tercera ronda ante Kansas State, cuando lograron recuperar algo de su tradicional energía, cuando Dion Waiters acudió una vez más al rescate desde el banquillo y Scoop Jardine decidió finalmente parecerse más o menos a aquel que pensábamos que era. Nada de particular si no fuera porque ahora les llega Wisconsin que en sus actuales circunstancias se me antoja casi el peor rival posible: ese baloncesto-control, esas posesiones de treintaitantos segundos, esa defensa extenuante, ese Jordan Taylor sentando cátedra por fuera, ese Berggren ocupando la zona entera por dentro, factores todos ellos con los que acabaron extenuando a Vanderbilt, factores que pueden caer como losas sobre el delicado estado de ánimo de Syracuse…

Así las cosas, quienes deben de andar frotándose las manos son los chicos de Thad Matta, esos animosos Buckeyes de Ohio State: Craft y Thomas (cada uno en lo suyo) están que se salen, Buford siempre cumple y Sullinger se apagó un poco ante Gonzaga pero volverá, no les quepa la menor duda. En cualquier caso no deberían frotárselas tanto, porque antes de encontrarse con los decaídos Orange o con esos Badgers a quienes conocen como si les hubieran parido deberán verse las caras con Cincinnati. Y los Bearcats (¿qué demonios será un bearcat? ¿un gatoso –que no Gatusso-, en traducción libre?) ya han dejado claro que no van de farol, que se lo pregunten a esos animosos chicos de Florida State que llegaban crecidos tras su arrollador Torneo de la ACC, si van o no van de farol. Me repito, desde aquella aparatosa tangana contra Xavier no han dejado de crecer, así en temporada regular de su conferencia como en el Torneo de la misma (finalistas ante Louisville), no digamos ya en este Torneo Final. No parecen tener mucho donde rascar pero son aguerridos como ellos solos, y la adecuada combinación de Dixon y Wright por fuera, Kilpatrick más o menos por el medio y el pegón Gates por dentro hasta ahora les resulta más que suficiente. ¿Suficiente incluso para ganar a Ohio St.? Eso ya deberían ser palabras mayores…

En resumidas cuentas, dos equipos de la Big East y otros dos de la Big 10 por esta parte del cuadro, que bien nos pueden deparar una final regional cruzada o bien un derby (o similar), según: sería curioso que se encontraran Ohio St. y Wisconsin que mantienen una interesante rivalidad y que este año se han ganado la una a la otra a domicilio; y aún más curioso sería que se encontraran Syracuse y Cincinnati apenas un par de semanas después de que los Bearcats apartaran a los Orange (aún con Melo) de su camino hacia la final de la Big East. Todo absolutamente abierto en esta esquina del bracket, ya sé que suena a tópico recurrente pero no por ello resulta menos cierto. Veremos.

 

II – West

Michigan State lo pasó peor de lo que parece para llegar hasta aquí. En tercera ronda les tocó en suerte Saint Louis que así a priori podía parecer una perita en dulce, pero que tiene un legendario a la par que inmenso (en todos los sentidos) entrenador llamado Rick Majerus, uno de esos a los que les cabe todo el baloncesto en la cabeza. Majerus vs Izzo, duelo de monstruos que al final se decantó del lado de este último más que nada porque tiene bastante más material para escoger. Más que Saint Louis desde luego, ¿más que su próximo rival, es decir Louisville? Pues depende: Draymond Green sigue siendo alma, corazón y vida en los Spartans pero este domingo se le vio algo achacoso al hombre, probablemente consecuencia de esa extraña sensación de estar en todas partes, de ser el que pone los córners y el que los remata, desmedido esfuerzo para un físico que no está como para tirar cohetes. Y a su alrededor pues ya saben, Appling, Payne, Nix, tantos otros habituales peones que sustentan esa habitual tela de araña de Izzo que por lo general acaba enredando a cualquiera. Ahora bien, Louisville no es cualquiera, estos Cardinals tienen aquello que mejor puede descomponer a estos Spartans, esa propensión a la anarquía (controlada o no, eso depende), esa ciclotimia que lo mismo les lleva a ir perdiendo de veinte y ganar como a ir ganando de veinte y perder, ese equipo de parciales por contraposición a la estabilidad que siempre desprende su rival; si tienen el día, los Smith (ambos dos, sobre todo fíjense en Russ saliendo del banquillo), Siva, Kuric, Behanan, Dieng y demás familia son capaces de liársela a cualquiera; si no lo tienen son igualmente capaces de cagarla ante cualquiera. Hasta ahora lo han ido teniendo (el día, me refiero), claro está que hasta ahora no se han encontrado con nadie del empaque de Michigan St. Sencillamente Izzo vs Pitino, otro duelo de monstruos; un lujo.

Más de lo mismo en la otra parte de esta parte del cuadro: llega Marquette tras haberse deshecho sin excesivas dificultades (sólo las justas y necesarias) de dos mid-majors emergentes como BYU y Murray St., llega Marquette dejando siempre esa típica impresión de solidez y energía, la que le transmite su inefable técnico Buzz Williams (el hombre sin cuello), la que le aportan tíos como Jae Crowder (jugador del año en la Big East, nada menos) y Darius Johnson-Odom (DJO para los amigos), la que les convierte en favoritos contra una Universidad de Florida que tampoco ha pasado especiales apuros para llegar aquí entre otras cosas porque se lo pusieron como se lo ponían a Fernando VII (o a Felipe II): en condiciones normales deberían haberse enfrentado en tercera ronda a Missouri pero es bien sabido que los Tigers pegaron un petardazo histórico ante Norfolk St., universidad sumamente conocida en Norfolk (Virginia) y cuyas criaturillas bastante tuvieron con hacer realidad el sueño de pasar una ronda como para soñar siquiera en pasar dos, por lo que fueron pasto fácil para los Gators. Si de Marquette decíamos que es sólida de Florida habríamos de decir (siguiendo con las metáforas físicas) que es líquida, incluso gaseosa: pura efervescencia por fuera (gracias a Walker, Boynton, Rosario y Beal, sobre todo Beal), puro vacío por dentro, pura inconsistencia pero ojo, que si a sus exteriores les da por tener el día tonto harás bien en echarte a temblar.

También aquí podríamos tener una curiosa final regional, también aquí podrían enfrentarse dos equipos como Louisville y Marquette, viejos conocidos de mil batallas y otras tantas remontadas en la Big East. No apuesten por ello, es decir, no apuesten en contra de los Spartans. Izzo tiene una cita con la Final Four, la tiene casi todos los años, la tuvo en 2009 y 2010, el año pasado se la perdió así que este año le toca, no lo tendrá fácil para llegar a ella pero tampoco será ni de lejos el peor de los caminos posibles. Si a comienzos de temporada (de cualquier temporada) nos preguntaran qué equipos jugarán la Final Four deberíamos siempre contestar Michigan State y tres más. En ello están.

III – South

Pocos partidos podrían resultar más apetecibles a día de hoy que el que enfrentará en la próxima madrugada (pasadas las tres de la mañana, manda…) a Kentucky Indiana. No tanto por la igualdad, que en condiciones normales los Hoosiers habrían de ser presa fácil para los Wildcats, como por aquel precedente del que ya les he hablado demasiadas veces, aquel asombroso triple sobre la bocina de Christian Watford que volvió loco al Assembly Hall de Bloomington en una lejana noche de comienzos de diciembre, aquel que supuso la primera (y única, hasta hace diez días) derrota de los todopoderosos pupilos de John Calipari. Claro está, el partido de esta noche no se jugará en Bloomington sino en Atlanta (bastante más cerca de Kentucky que de Indiana, por cierto), nada que se pueda comparar a aquella fantástica atmósfera del Assembly Hall, y añádase además que los Wildcats saldrán sedientos de sangre para vengar la susodicha afrenta, y una vez sumados todos estos factores díganme si creen que aún podría existir alguna posibilidad por pequeña que fuera de que Indiana diera la gran sorpresa… Pues yo creo que sí: podría suceder, lo cual no significa que sea probable que suceda; pero tampoco imposible. Al fin y al cabo los Hoosiers ya saben cómo ganar a estos Wildcats (sólo Vanderbilt puede decir lo mismo), al fin y al cabo estos Hoosiers sontranspiración pero también inspiración, vaya usted a saber si una noche loca de Hulls, Sheehey (lástima de lesión de Verdell Jones III), Oladipo, Watford y Cody Zeller (éste necesitará algo más que una noche loca para esquivar la ristra de gorros que se le vendrá encima) no pueda acabar desquiciando a los Teague, Kidd-Gilchrist (dijo a comienzos de marzo que se quedaría en Kentucky los tres años que le restan, y apenas un par de semanas después ya se ha apuntado al draft), Jones y (cómo no) Anthony Davis. Repito, seguramente no sucederá, es muy difícil que suceda… pero aquellos que vimos aquel inolvidable partido de diciembre sabemos que no será imposible. Aunque esto no sea el Assembly Hall.

Claro está que un rato antes habrá habido otro partido curioso, el que habrá enfrentado a Baylor Xavier. Peculiar temporada la de ambos equipos: Baylor subió como la espuma hasta mediados de enero, cayó en picado luego y ahora parece estar recuperando el tono, curiosamente no tanto gracias a sus prestigiosos interiores (alguno de ellos en mi opinión bastante sobrevalorado, con mención especial para ese Perry Jones III) como a sus mucho más anónimos exteriores, pongamos por ejemplo ese Brady Haslip que cosió literalmente a triples a Colorado. Y enfrente los Musketeers, tres cuartos de lo mismo en cuanto a trayectoria, salvando las distancias claro está: ya quedó dicho aquí que cayeron en picado tras la gresca ante Cincinnati, pero parecen haber llegado finalmente a este Torneo con las heridas (las físicas y las otras) ya cicatrizadas en su totalidad. Tu Holloway dirige convenientemente y Kenny Frease demuestra una y otra vez que aunque parezca un armario ropero (y vaya si lo parece) tiene muchísimo baloncesto en su interior, que se lo pregunten a esos voluntariosos chicos de Lehigh (claramente inferiores en lo físico, también) si tiene o no baloncesto. Xavier no tiene el repertorio de Baylor pero es un buen equipo sin duda, y si esos osos texanos no están al cien por cien les pueden formar perfectamente el lío.

Dicho todo lo cual, el resumen podría ser que el histórico petardazo de Duke parece haberle alfombrado a Kentucky el camino hacia la Final Four. Indiana les puede complicar la vida y Baylor o Xavier podrían complicársela aún más un par de noches después pero ninguna de estas complicaciones parece suficiente para frenar a unos Wildcats más favoritos que nunca. Nos guste o no (y ya saben que a mí no acaba de gustarme) todo parece ir de cara para los de Calipari: Duke y Missouri ya no están en la pelea, Syracuse y North Carolina van perdiendo piezas por momentos, estará por ver que aún puedan quedar otros rivales de nivel… Dirán en Lexington, Kentucky, que ahora o nunca; y tiene pinta de que pueda ser ahora, aunque a algunos no nos haga especial ilusión.

y IV – Midwest

Cuando todo les iba sobre ruedas, cuando tenían ya a Creighton sobre la lona, cuando andaban haciendo cábalas a ver qué presunta cenicienta les tocaría en Sweet Sixteen, justo entonces Kendall Marshall se rompió la muñeca. Kendall Marshall que estaba que se salía, Kendall Marshall que a su habitual catarata de asistencias había unido en estas últimas citas una cuota importante de puntos como diciendo que lo suyo no es meterlas pero que cuando hay que meterlas también las mete, mire usted. Así al pronto no se me ocurre una baja potencialmente más dañina para la huestes de North Carolina, tanto más si tenemos en cuenta que el que acostumbraba a darle el relevo, el escolta Dexter Strickland, se averió seriamente la rodilla hace semanas y está de baja para toda la temporada. Así las cosas el marrón muy probablemente se lo tendrá que comer con patatas una criaturilla paliducha y más verde que una lechuga llamada Stephen White, que venía jugando los más/menos cinco minutos que descansaba Marshall (y antes con Strickland ni eso siquiera) y que ni en el mejor de sus sueños podrá proveer a los Barnes, Henson, Zeller o Bullock del sustento al que vienen estando acostumbrados. O eso o recuperar a marchas forzadas a Marshall, que a mí en tratándose de una fractura de muñeca y en habiendo cirugía por medio (y aún reconociendo ser absolutamente lego en la materia) se me antoja casi medicina-ficción, pero que en algún momento han llegado a barajarlo aunque más bien creo sinceramente que no se lo creen ni ellos. Y todo ello (de momento) frente a Ohio (no confundir con Ohio St.), número 13 de su Región, lo más ceniciento que aún nos queda en el Torneo, que en condiciones normales habría de ser pieza fácil para los Tar Heels pero que ahora ya no sé ni que pensar, entre otras cosas porque tienen precisamente aquello de lo que sus rivales (en principio) van a carecer, un pedazo de base como la copa de un pino, C.J. Cooper, apunten ese nombre porque es muy probable que dentro de unos meses se lo encuentren en NBA. Con todo y con eso no debería haber color (o más bien sólo uno, el celeste)… pero es que por más que lo intento no consigo imaginarme a estos Tar Heels sin Marshall un partido entero, qué le vamos a hacer.

Frotándose las manos anda Kansas por el otro lado del cuadro (curiosamente creo que esto ya lo dije ayer de Ohio St.), aunque tal vez no deberían frotárselas tanto porque tampoco es que anden como para tirar cohetes precisamente. Vienen de salvar los muebles ante Purdue en el que fue último partido (partidazo) universitario de Robbie Hummel, se escaparon literalmente por los pelos dejándonos como una ligera sensación de que las cosas ya no son tan bonitas como eran en temporada regular. Mi jugador del año Thomas Robinson parece haber bajado un poco el pistón justo ahora, vaya por dios, y su base Tyshawn Taylor siempre parece estar a medio camino entre sus arrebatos de inspiración y su media docena de pérdidas incomprensibles por partido. Favoritos seguirán siéndolo pero no les arriendo las ganancias ante los Wolfpack de North Carolina State, no tan cenicienta como Ohio sino más bien una revelación en toda regla, una manada de lobos llamados Lorenzo Brown, C.J. Leslie, Howell, Vanderberg o Wood (por ejemplo) que ahí andan intentando reverdecer aquellos viejos laureles que caracterizaron a esta histórica universidad. Por si fuera poco estímulo el de intentar ser Elite Eight de nuevo (tantos años después), tendrán además el estímulo añadido de poder encontrarse tal vez en dicha ronda a sus eternos (y disminuidos) rivales de UNC, en lo que vendría a ser un pedazo de derby en toda regla y con un puesto en Final Four como premio, además. Qué quieren que les diga, hasta hace cuatro días ésta nos parecía la Región más clara de todas, hoy en cambio les reconozco que vistas las circunstancias aquí ya no me sorprendería (casi) nada…

Publicado noviembre 4, 2012 por zaid en NCAA, preHistoria

el fin del mundo (o no)   Leave a comment

(publicado el 14 de marzo de 2012)

 

Reconozcámoslo cuanto antes (empezaré fuerte así que ustedes disculpen si mi lenguaje hiere ligeramente su sensibilidad), lo de Ricky es una putada. Lo es para él, sobre todo: una rotura de ligamentos nunca llega en buen momento, por definición, pero hay momentos malos y luego también los hay peores: justo ahora, en plena efervescencia de su año rookie, con los playoffs aún como un sueño no del todo imposible y los Juegos Olímpicos asomando ya por el horizonte, no parece que sea precisamente la mejor ocasión. Y (a otro nivel, evidentemente) lo es también para nosotros, como meros aficionados y como seguidores de una selección. Y sí, ya lo sé, todo este primer párrafo no deja de ser una mera obviedad pero tampoco está de más repetirlo, con vistas a curarme en salud para lo que venga después.

Y es que lo de Ricky es una putada (reincido; mis disculpas si lo estuviera usted leyendo en horario infantil) pero tampoco es el fin del mundo, en absoluto. Y en este caso no me refiero tanto a él, que parece haberlo asumido con la deportividad que cabría esperar en alguien de su inteligencia (o al menos eso es lo que transmite de puertas afuera; luego la procesión irá por dentro, claro), que sabe perfectamente que no hay mal que cien años dure (ni ligamento que lo resista) y que de estas cosas se suele salir, y aún más fuerte si cabe. Me refiero más bien a nosotros, me refiero sobre todo a todas esas voces apocalípticas que han emergido en estos días por estos pagos, como si de repente la tierra entera se hubiera abierto bajo nuestros pies: esta tarde, en una clínica de Minneapolis, nos jugamos media medalla de oro en Londres 2012, tuiteaba el otro día ya no recuerdo quién (y es sólo un ejemplo, ha habido unos cuantos más). Que a mí de entrada me estremece leer u oír a alguien hablar de la medalla de oro olímpica como si ya la tuviésemos adjudicada de serie, como si USA no estuviera, como si no existiese ninguna otra posibilidad. A ver, diría yo que somos objetivamente el favorito número 2, lo cual significa que por delante de nosotros hay otro favorito número 1 y que por detrás asoman acechantes otros cuasifavoritos numerados desde el 3. Vamos, que lo mismo vas creyendo que tu única preocupación es ganar a los yanquis y el día menos pensado se te cruza en Cuartos una Argentina de la vida (por ejemplo) y antes de que te des cuenta te han dejado compuesto y sin bronce siquiera. Dar cosas por hechas es sólo el primer paso para que luego salgan del revés.

De todas formas, es curioso: hace apenas siete meses se montó en este país un clamor popular porque Ricky fue convocado para la selección tras su (digamos) difícil temporada en el Barça. Es más, hace apenas seis meses, durante el Eurobasket, hubo algún partido decisivo en el que muchos, durante el último cuarto, gritamos (me incluyo) a Scariolo ¡joder, quita a Ricky de una vez!, casualmente justo antes de que el propio Ricky robara un par de bolas cruciales y nos ganara el partido. No tenemos término medio, o todo es blanco o todo es negro, entonces no le queríamos ver ni en pintura y hoy casi parece que la selección ya no tuviera sentido sin él. Ni tanto ni tan calvo que decía mi abuela. Seremos peores sin Ricky, no me cabe la menor duda, pero una cosa es eso y otra es andar como andan algunos (probablemente poseídos por el síndrome del Guaje) proclamando a los cuatro vientos que habría que esperar hasta el último momento a ver si Ricky todavía llega a tiempo a la selección… ¿Llegar a tiempo, dice usted? Dado que se lesionó a primeros de marzo, y dado que han tasado su periodo de recuperación entre cuatro y seis meses (que a mí lo de cuatro meses, tratándose de un ligamento, me parece desmesuradamente optimista), estaríamos hablando del mes de julio en el mejor de los casos (y en el peor ya ni hablemos) y estaríamos hablando en todo caso de un Ricky aún convaleciente, fuera de punto, fuera de forma, fuera de ritmo de competición. Háganse cuantaspajas mentales les apetezcan pero permítanme recordarles que en esta selección ya hay tres bases (que Llull fue de dos pero ahora ejerce de uno, aunque algunos no acabemos de estar seguros de que lo sea) y que en la recámara para lo que gusten mandar está Raül López (que está que se sale), está Sergio Rodríguez (que en cualquier momento podría vover a salirse), está incluso Franch y aún podrían estar unos cuantos más, será por bases. Que no son Ricky, ya lo sé, por supuesto que no. pero que la pérdida de un solo jugador de esta selección bicampeona de Europa, por muy bueno que sea, por mucho que nos encandile, no debería hacer que nos echáramos ya de inmediato a llorar. Todavía no, al menos.

Publicado noviembre 4, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

@zaid5X5   Leave a comment

(publicado el 5 de marzo de 2012)

Señoras, señores, amigos todos, me complace comunicarles que este pasado fin de semana, en uno de esos momentos de enajenación mental transitoria que a veces me caracterizan, he decidido abrirme una cuenta en Twitter (¿se escribe así?). Y a mí qué me importa, se preguntará usted con toda la razón, y añadirá además que a buenas horas. Pues sí, una de mis principales características es llegar tarde a casi todo en esta vida; si ya abrí un blog cuando dejaban de estar de moda los blogs mucho me temo que mi aparición en Twitter sólo puede significar el inicio de su decadencia, de hecho si yo fuera su jefe supremo me empezaría a preocupar…

Claro que lo que puede que usted se esté preguntando sobre todo es, y para qué. Hace bien en preguntárselo porque yo también me lo pregunto. Twitter siempre me ha parecido una herramienta interesante, bastante más que ese Féisbuc con el que nunca he acabado de llevarme bien quizá porque se me pasó la edad, si me hubiera pillado con veinte o treinta años menos otro gallo cantaría. Twitter siempre me ha resultado una herramienta interesante… pero otra cosa ya es que sepa yo muy bien qué hacer con ella. Es decir, sé qué NO hacer con ella, sé que no voy a contarles si hace sol o llueve, si la caca me sale suelta o dura o si estoy esperando el autobús o en la cola del pan, sé que hay muchos que hacen eso (famoseo, mayormente), quizá porque piensen que su vida privada interesa a sus seguidores tanto o más que su vida profesional (y quizá tengan razón), evidentemente no es mi caso, yo no soy famoso ni sabría serlo ni quiero serlo ni lo seré nunca (vamos, que ni en mi casa siquiera) así que sólo aspiro a hablar más o menos de lo mismo que aquí: de baloncesto, de aquello que rodea al baloncesto, de alguna circunstancia puntual de mi vida siempre y cuando esté relacionada en mayor o menor medida con el baloncesto. Soy así de simple, qué le vamos a hacer.

Sé que me va a costar. Sé que me va a costar porque en la cosa ésta del tuiteo lo que prima es la inmediatez, y poca inmediatez puedo aportar yo cuando mucho de lo que veo lo veo en diferido, previa descarga y/o grabación. Y sé que me va a costar, sobre todo, porque quien tenga la mala costumbre de leerme sabe ya perfectamente que padezco de incontinencia verbal, no en la vida real (más bien al contrario) pero sí en la internáutica; que en cuanto empiezo a darle a la tecla me cuesta saber cuándo parar, lo mismo usted ya se habría dado cuenta. Para otros lo de los ciento cuarenta caracteres puede representar si acaso una pequeña limitación, para mí en cambio es todo un reto. Veremos.

Pues eso, que ahí me tienen ya para lo que gusten mandar. Para la cosa tuitera sigo llamándome zaid(tampoco es cuestión de andar cambiando a estas alturas) y mi dirección debe ser algo así como @zaid5X5. Ahí ando ya tuiteando como si en verdad supiera, mirando por ahora sólo de reojo a los que sigo (por aquello de la inmediatez y los diferidos que les comentaba antes, que aquí en cuanto te descuidas te destripan el resultado de lo que vas a ver después, en apenas un par de días ya he podido experimentarlo en mis propias carnes) y esperando a ver si algún incauto hubiera al que le diera incluso por seguirme (que a mí esa expresión de que me sigan me inspira un cierto pudor, me suena como a Cristo y los apóstoles, a las historias que nos contaban en aquellas terribles clases de religión de mi lejana infancia). Así que ya sabe, si tiene usted a bien pasarse por allí intentaré no aburrirle en exceso (no más que aquí, desde luego, más que nada porque aquello siempre será más corto), intentaré incluso interesarle (en la medida de mis limitadas posibilidades) alguna que otra vez. Y si no pues no tema (o no se ilusione, según), por supuesto que aquí seguirá teniéndome a su entera disposición.

Publicado noviembre 4, 2012 por zaid en preHistoria, varios

mirando a marzo   Leave a comment

(publicado entre el 29 de febrero y el 12 de marzo de 2012)

 

I – los aspirantes

Ocho aspirantes, ocho, ocho equipos que (en mi opinión) están al menos un escalón por encima de casi todos los demás, ocho que no necesariamente entrarán todos en la Final Four (más que nada porque sólo caben cuatro), que la pueden cagar perfectamente por el camino… pero que para mí sería una sorpresa morrocotuda (tremendo adjetivo) que el campeón de la NCAA no saliera de esta lista corta que les presento (in alphabetical order) a continuación:

[Aclaración previa: para ver los partidos primero tengo que encontrarlos, luego tengo que descargarlos y finalmente tengo que encontrar el momento de sentarme a verlos, razón por la cual los voy viendo con bastante retraso; a día de hoy por ejemplo aún no he podido echar un ojo a lo que se haya jugado este pasado finde. Que claro, dirá usted, y a mí qué coño me importa. Bueno, pues se lo cuento más que nada para curarme en salud, para que entienda que acaso pueda haber algún dato levemente desactualizado, para que no me linche (o me linche con conocimiento de causa, al menos) si aprecia algún (mínimo, espero) error…]

Duke: Ya les hablé de ellos hace unos meses por lo que no me habré de extender demasiado esta vez, poco más habría que añadir… Bueno, sí, que por aquel entonces me pasé un poco con su juego interior así que quizá no estará de más reconocer hoy que ambos hermanos Plumlee están haciendo una gran temporada, cosa tanto más meritoria en el caso del mayor (y el peor, al menos en principio), o sea Miles. Por lo demás Austin Rivers sigue siendo el niño de mis ojos (y llevará ya para siempre en su currículum la muesca de aquel triple inolvidable sobre la bocina del Dean Dome), Seth Curry, Dawkins, Thornton y Cook siguen completando un juego exterior alucinante, Kelly sigue metiéndolas de vez en cuando desde fuera… Llevan un gran año, con alguna derrota insospechada en su otrora inexpugnable feudo del Cameron Indoor pero que queda compensada con creces con aquella épica remontada en North Carolina, una de esas victorias sobre el eterno rival que a algunos aficionados les suelen valer para justificar toda una temporada; no así al Coach K ni a sus pupilos, no a estos Blue Devils post Singler que a comienzos de año apenas contaban en ningún pronóstico pero que a día de hoy aún tienen la parte más importante del trabajo por hacer.

Kansas: Si me dieran a escoger el jugador del año o aún mejor, si de mí dependiera la eleccion del número 1 del próximo draft, muy probablemente escogería a Thomas Robinson, prodigioso ala-pívot que no anda especialmente sobrado (tampoco escaso) de centímetros pero sí de todo lo demás: físico superlativo, clase abundante, actitud irreprochable en ambos lados de la cancha, instinto reboteador, todo lo que usted le pida y más. El pasado año (temporada freshman) lo empezó oculto tras los gemelos Morris y lo acabó hundido tras fallecer su madre en plena temporada, en cambio este año (ya con Marcus y Markieff en la NBA) ha acabado por explotar en todo su esplendor. Él es el principal culpable de que Kansas esté por aquí arriba, créanme que tampoco hay mucho más alrededor… Bueno, sí, el apañado pívot Withey (que es bastante mejor de lo que parece a primera vista) y un base (o algo así) que a mí particularmente me saca de quicio; se llama Tyshawn Taylor, llevo viéndole desde aquel Mundial Junior de 2009 y cada vez que le veo me gusta un poco menos que la anterior; ya conocen el modelo (en Málaga sin ir más lejos tienen a uno muy parecido), el típicounoymedio figuritas cabezaloca que busca hacer la jugada genial a cada instante y que lo mismo te gana un partido como que te lo pierde, siendo esto último por desgracia mucho más frecuente: ha hecho noches de más de diez pérdidas de balón, que en partidos de cuarenta minutos (de los que a lo mejor juega treinta) ya tiene mérito… Si no cuela para la NBA espero que a nadie se le ocurra traérselo para acá o en el pecado llevará la penitencia. Y poco más hay que rascar, si acaso el escolta Releford, el interesante freshman Elijah Johnson y casi pare usted de contar. O lo que es lo mismo, Robinson, Robinson y más Robinson, con eso por ahora tienen más que suficiente.

Kentucky: me pasa como con Duke, ya les solté el consabido rollo en su día, poco más habría que añadir. Han seguido ganando a todo dios, han continuado inamovibles en el número 1 de la nación, han dado rienda suelta una vez tras otra a su baloncesto de apisonadora, su inmensa superioridad fisica, la consabida paradoja de que (siendo en realidad más jóvenes que casi cualquier rival) parezcan hombres contra niños, pareciendo ellos los hombres a poco endeble que sea el contrario. Anthony Davis sigue imperturbable su camino hacia el número 1 del draft, sigue desplegando esos brazos largos como grúas (largos como su propia ceja incluso), sigue sembrando de gorros los ataques rivales, sigue pareciéndome que en ataque las mete sólo de pichichi y que le cuesta fabricarse él solo las jugadas pero ya saben, serán cosas mías… Y por supuesto, sus compañeros de generación, ese Kidd-Gilchrist que ciertamente es buenísimo, ese base Teague que es puro estilo Calipari, penetra que la rompe pero aparte de potencia le veo muy poco más, y por supuesto también las criaturas que se apuntaron al segundo año por la cosa del lockout (que por otra cosa no sería, que allí no es costumbre), Terrence Jones y Tyler Lamb, y por supuesto el sempiterno Darius Miller… Sería todo un atrevimiento por mi parte decir que no son a día de hoy los principales y casi únicos favoritos para llevarse el título, sería todo un pecado discrepar de semejante apreciación… y sin embargo yo no acabo de verlo claro, qué quieren que les diga. O será que no quiero verlo, no sé…

Michigan State: Un año más no contaban para nadie, un año más no parecían tener equipo para casi nada, un año más aquí nos los encontramos a estas alturas, peleando por el título de la fortísima Big10 y prestos y dispuestos a refrendar ese axioma de que todo jugador que se licencia en los Spartans disputa al menos una Final Four. O dicho de otra manera, que Tom Izzo bien merecería un monumento en el campus de East Lansing, de hecho lo raro es que no se lo hayan hecho ya. Tiene Izzo a sus órdenes un equipo coral, sumamente discreto en mi opinión, al que como de costumbre saca muchísimo más partido del que cabría esperar. Un equipo aparentemente sin estrellas… pero sólo aparentemente ya que ese papel lo representa a las mil maravillas el fornido y versátil alero Draymond Greene, atípico sujeto que se te puede aparecer tanto por dentro como por fuera, que siempre cumple, que no hace nada extraordinario pero todo lo hace bien. Y a su alrededor pues qué quieren que les diga, el apañado base Keith Appling, el ala-pivot novato Adreian Payne, el freshman Dawson (cabeza visible de una interesantísima nueva hornada, desde ya candidata a la Final Four de 2014 ó 2015), el engañoso (porque se mueve mucho mejor de lo que parece) pívot Derrick Nix… Ya les digo, no es equipo de nombres sino de equipo propiamente dicho. Un equipo rocoso, no especialmente entretenido de ver (más bien lo contrario) pero que siempre se las arregla para tejer una tela de araña en la que suele acabar enredado cualquier rival por imponente que éste sea. Y van a más, y cada partido que pasa parecen más sólidos, y resulta que ya estamos en marzo. O lo que es lo mismo, blanco (y verde) y en botella…

Missouri: Me encanta este equipo . Me encantaba ya estos años pasados a las órdenes de Mike Anderson y me sigue encantando éste a las órdenes del ex de Miami (Universidad de) Frank Haith, magnífico técnico por cierto, que le ha quitado algo del caos controlado de Anderson pero ha mantenido el ritmo elevado, la alegría en el juego, la presión defensiva, la intensidad. El resultado es un equipo estructurado alrededor de un perímetro que puede que sea el mejor de la Liga (junto con el de Duke, para mi gusto): Marcus Denmon es la estrella indiscutible, Phil Pressey es (y sobre todo, va a ser) un base fantástico, su hermano Matt Pressey (recuerden, ambos hijos del ex NBA Paul Pressey, a quien acaso usted recuerde si tiene la edad suficiente para ello) curra mucho y las mete desde fuera, Kim English las mete aún más todavía y Michael Dixon Jr. emerge desde el banquillo para desatrancar los atascos con sus inconfundibles maneras de jugón. Por dentro tienen poco pero bien merece una mención Ricardo Radliffe, limitado de estatura pero que con su clase y actitud suple sobradamente esa limitación hasta el punto de que en algún momento de la temporada ha llegado a ser el jugador con mejor porcentaje de toda la NCAA, un 75 por ciento nada menos. Añádase al discreto pívot (o algo así) suplente Moore y ya tendremos la rotación completa, escasa rotación de siete tíos para la que echan mucho de menos al alero Lawrence Bowers, que estaba predestinado a ser fundamental en este equipo y se les averió para toda la temporada. Una rotación escasa debería estar contraindicada con un ritmo tan alto pero hasta ahora han ido aguantando, qué digo aguantando, han ido haciendo un temporadón, han ido ganando a casi todo dios que se les pusiera por delante si bien en estas últimas semanas parecería que el exceso de kilómetros en sus piernas ya les empieza a pasar factura. Esperemos que aún aguanten hasta primeros de abril.

North Carolina: A comienzos de temporada todos (así los que saben como los que no sabemos) les dábamos como indiscutibles favoritos, entre otras cosas porque volvía íntegro su espectacular quinteto titular del año anterior, a saber: Harrison Barnes es la clase en estado puro, muchos le comparan ya con Kevin Durant, las comparaciones son odiosas, ésta es más odiosa todavía porque aún les separan años-luz pero ustedes cogen la idea; John Henson es el espíritu del equipo, el que las mete de mil maneras (de cerca, eso sí), el que rebotea atrás y adelante. Tyler Zeller es la eficacia, un pívot no demasiado estético y de movimientos aparentemente (sólo aparentemente) ortopédicos pero que te la clava, vaya si te la clava, tanto mejor cuanto más cerca del aro esté. Kendall Marshall es la cabeza pensante, un base que a mí me tiene ganado para siempre porque es de esos que ya no se llevan (y allí aún menos que aquí), de los que miran por el equipo más que por sí mismos, de los que piensan más en pasarla que en meterla (y conste que también sabe meterla cuando la ocasión lo requiere), de los que encuentran soluciones donde otros se aturullan, de los que ven espacios y líneas de pase que casi nadie ve… (aquí les digo lo contrario que con Taylor el de Kansas, si allí no lo quieren tráiganselo cuanto antes, ya verán que no se van a arrepentir). Y finalmente Dexter Strickland era la quinta pata, digo era porque se les rompió un ligamento, razón por la cual ese hueco en el quinteto titular acostumbra a ocuparlo Reggie Bullock, que nada tiene que ver con Louis (ni con Sandra tampoco, que yo sepa) pero tiene casi la misma buena mano. Y del banquillo emergen además un par de freshmen de postín para completar el lote, James Michael McAdoo (sobrinísimo del legendario Bob McAdoo) y P.J. Hairston. Lo dicho, empezaron el año en el número 1 pero ya a los pocos días perdieron en cancha de Nevada-Las Vegas y desde entonces no han parado de ofrecer motivos para la duda, algunos tan traumáticos como aquella (ya mencionada) cagada en su propio feudo del Dean Dome ante los archienemigos de Duke, triple de Rivers sobre la bocina mediante. Es decir, una trayectoria que nos resulta ya un tanto familiar: también en 2009 (por ejemplo) los Tar Heels empezaron arriba del todo, también entonces tuvieron un año sumamente irregular y sin embargo ya saben como acabó luego… Pues eso, que yo que ustedes no apostaría en su contra, por lo que pueda pasar.

Ohio State: Tienen cuatro jugadores que son (o deberían ser) la envidia de cualquiera, cuatro tíos que en mi (discutible) opinión podrían acabar perfectamente en la NBA y alguno con cartel de (cuasi) estrella incluso; ese sería Jared Sullinger, que volvió tras su año freshman por el miedo al lockout y muy bien que hizo por cierto, que hoy se le ve bastante más maduro que hace apenas doce meses. Quizá le sigan faltando algunas cosas, continuidad y algo de definición muscular en mi opinión, pero ello no le impedirá aparecer en el Top5 del draft dentro de cuatro meses, al tiempo. A su lado tiene una especie de clon llamado Deshaun Thomas, también sophomore, también ala-pívot (por constitución física, al menos), si bien menos hecho y sumamente propenso a escaquearse hacia el exterior y ejercer de alero puro gracias a su estupenda muñeca. Aún más hacia fuera encontramos al todoterreno William Buford y ya fuera del todo (es decir, en el puesto de base) se nos aparece el vertiginoso Aaron Craft, verdadera prolongación de su coach Thad Matta sobre la cancha (si hasta se les van enrojeciendo las mejillas a la vez…), un prodigio adelante y aún más prodigio atrás porque sólo verle defender ya es una auténtica gozada. Una joyita. Estos cuatro tíos son los que marcan la diferencia pero aún hay más, por ejemplo el buen trabajo y la buena mano del quinto titular (Lenzelle Smith Jr.) y la aportación desde el banquillo de Ravenel (para dar descanso a los de dentro) y de un estupendo freshman apellidado Thompson de quien seguro que hablaremos largo y tendido (si aún seguimos por aquí) en temporadas venideras. Han estado más irregulares de lo que cabía esperar, han perdido en sitios donde tal vez no deberían haber perdido (Indiana, Illinois, Michigan…) pero créanme que tienen tanta calidad como el que más… si no el que más.

Syracuse: Mis Orange tienen de tó, y tó güeno. De líder ejerce el alero canadiense Kris Joseph, desde el perímetro mandan Brandon Triche (y su buena mano) y sobre todo Scoop Jardine (al que afortunadamente se le ve ya mucho más centrado que en anteriores temporadas, lo que aún no impide que de vez en cuando desespere a Boeheim con alguna cagada puntual), cuando uno de ellos se cansa emerge desde el banquillo el fascinante sophomore Dion Waiters (apúntenle con letras mayúsculas para el año que viene), desde el banquillo aportan también (más o menos en este orden) Fair, Southerland y Moussa Keita, y añádanse además los freshmen Rakeem Christmas (titular meramente nominal… y muy poca cosa más, por ahora) y Michael Carter-Williams (que tiene una pinta extraordinaria)… Sí, todo eso está muy bien, pero el verdadero elemento diferenciador, el verdadero fichaje de estos Orange 2012 se llama Fab Melo (recuerden, no es un juego de palabras para glosar el pasado Orange de Melo Anthony, es que se llama así, FABrizio de Melo, brasileño por más señas). Cualquier parecido entre el Melo freshman y el Melo sophomore es mera coincidencia, si no fuera porque se llaman igual y tienen exactamente la misma cara y el mismo anacrónico bigotillo probablemente pensaríamos que aquel siete pies que era un mero estorbo y este otro que resuelve, anota de mil maneras, rebotea y a veces hasta intimida fueran dos jugadores diferentes. Perfecto ejemplo de lo que puede mejorar un jugador si no se precipita y permanece en el lugar adecuado, habremos de convenir que aún le faltan muchas cosas pero también que si no escucha los cantos de sirena y sigue progresando a este ritmo dejará Syracuse allá por la primavera de 2014 convertido en un pívot de altísimo nivel. De momento con su desempeño de este año ha hecho casi olvidar a Rick Jackson, y miren que era difícil. Así que tienen a mis Orange entre unas cosas y otras haciendo un temporadón: permanecieron invictos hasta más allá de lo razonable, fueron a caer finalmente en cancha de Notre Dame pero esta vez cerraron bien la herida (no como el pasado año), recuperaron (aún con cierta irregularidad en su juego) la senda victoriosa… A ver si . este año sí

Y claro está, después de todo este rollo no me pidan un pronóstico, más que nada porque tampoco sabría muy bien qué contestarles. Si lo pienso desde el corazón me encantaría una final Syracuse-Missouri, y que gane el mejor (y que el mejor sea Syracuse, a ser posible); si lo pienso desde la razón (que es lo lógico) me sale una final Kentucky-Ohio State; si me dejo llevar por el instinto algo me dice que podría repetirse perfectamente aquella final de 2009, North Carolina-Michigan State… Así que vayan ustedes a saber. Creo que por hoy ya está bien, otro día les cuento más cosas.

 

II – los interesantes

Reincido. Hace un par de días les hablaba de ocho equipos de entre los cuales debería salir sí ó sí el campeón universitario de este año, hoy les traigo aquí a otros diez equipos que muy difícilmente aspirarán al título pero que bien podrían estar bastante arriba de todos modos, que si les pilla el día inspirado podrían ser perfectamente elite eight y si entran en trance hasta podrían plantarse en Final Four incluso. Algunos están más o menos donde se esperaba, otros son gratas sorpresas, en cualquier caso ahí les van para lo que gusten mandar: [Y sí, ya sé que el títular aparentemente no tiene ningún sentido, que parece absurdo poner mirando a marzo cuando ya estamos en marzo, pero usted (a poco conocedor que sea de la NCAA) sabe ya de qué hablamos cuando hablamos de marzo]

Florida: Se les fue en pleno el frontcourt (Parsons, Tyus, Macklin), se les quedó en pleno el backcourt o lo que viene siendo lo mismo, el menudo a la par que atrevido base Erving Walker y el dos (en cuerpo de uno) Kenny Boynton. Y para acabar de arreglarlo resultó que sus dos principales refuerzos resultaron ser también jugadores de perímetro, más concretamente el extraordinario freshman Bradley Beal (créanme, dará que hablar) y el díscolo y malencarado (pero de buenísima muñeca) Mike Rosario, éste no freshman sino transferido (rebotado, más bien) desde la Universidad de Rutgers. El resultado de todo ello es el que cabía esperar, un juego exterior que quita er sentío y un juego interior que apenas hay por dónde cogerlo, con Patrick Young, Murphy y Yeguete como sus principales jugadores a (más o menos) destacar. En peores plazas habremos toreao debió pensar Donovan, cuyo estilo de juego up tempo se adapta a la perfección a éstas y otras situaciones. Llevan un año irregular como no podía ser de otra manera pero aún así bajo ningún concepto querría yo encontrármelos enfrente a mediados de marzo.

Florida State: No es nada fácil ganar a Duke, no es nada fácil ganar a North Carolina, aún mucho más difícil es ganar a ambos dos en una misma temporada. A los Tar Heels les ganaron en casa, en Tallahassee, Florida, en una noche loca del alero sénior lituano Deividas Dulkis, acuérdense de ese nombre no vaya a ser que pasado mañana le tengamos por aquí ensartando triples a la vuelta de la esquina. Y a los Blue Devils les hicieron el más difícil todavía, les ganaron a domicilio en su cuasi inexpugnable feudo del Cameron Indoor de Durham gracias a un canastón sobre la bocina de Michael Snaer. Ambos dos, Dulkis y (sobre todo) Snaer, son los principales exponentes de un equipo que también anda surtido de juego interior gracias a Xavier Gibson y (sobre todo) Bernard James y que cuenta además con la apañada dirección del base Lucky Luke o para ser más exactos, Luke Loucks, unos cachondos sus progenitores, sin duda. Equipo tremendamente equilibrado estos Seminoles de Leonard Hamilton, bien capaces son de liársela a cualquiera, absolutamente a cualquiera. A las pruebas me remito.

Georgetown: Se lo habré de confesar, me cuesta hablar de Georgetown, me cuesta porque apenas les he visto, si acaso un par de veces y hace ya algún tiempo. Y es que en la Big East se han dado la vuelta casi todos los pronósticos, con equipos que contaban para todo dios como UConn o Pittsburgh cayendo en picado y otros como Notre Dame o estos Hoyas disparándose en la clasificación, tan sólo a la sombra de Syracuse. Algún mérito tendrá John Thompson III (técnico condenado a soportar eternamente las comparaciones con su padre), algún mérito tendrán también unos jugadores bastante anónimos, no hay esta vez un Monroe ni un Hibbert, tampoco obviamente un Ewing, un Mourning o un Mutombo (dónde quedará ya todo eso) pero hay un buen plantel del que yo apuntaría a Hollis Thompson (nada que ver con el coach, que yo sepa), Sims, Clark y una interesante camada de freshmen cuyo principal representante emerge aún desde el banquillo y se llama Otto Porter, mucha atención a este chaval. La última vez que les vi le forzaron una prórroga a sus eternos rivales de Syracuse, y ello no fue a suceder precisamente en su Distrito de Columbia sino en el mismísimo Carrier Dome, ante los habituales treintaitantosmil aficionados ataviados de naranja. Sirva como ejemplo de lo que pueden llegar a dar de sí.

Gonzaga: En el primer partido que le vi (que era apenas el segundo que jugaba con esa camiseta) Kevin Pangos metió nueve triples, nueve, y no crean que contra un cualquiera sino contra un equipo decente como Washington State, y no crean que tirándose las zapatillas que hizo nueve de doce o nueve de trece, algo así. Pangos es un base muy del perfil de la casa, menudo, blanco, canadiense, con un apellido que llevó a los comentaristas de la ESPN a confundirse más de una vez en aquella primera cita llamándolePargo (que al fin y al cabo hace apenas cuatro días Jeremy Pargo aún andaba por allí). Huelga decir que en los partidos siguientes ya no mantuvo ese mismo nivel de acierto y eficacia (otra cosa habría sido sencillamente paranormal) pero vamos, que los Zags (o Bulldogs, como se prefiera) tienen ahí a otra joyita en ciernes. Por lo demás nada nuevo bajo el sol (o bajo la lluvia): el también canadiense Robert Sacre por dentro, los alemanes Elias Harris y Mönninghof por el medio, Marquise Carter y el también freshman Gary Bell Jr. por fuera… Y ese base suplente cuyo apellido nos suena terriblemente familiar, David Stockton, cuyos progresos de freshman a sophomore (es decir, del año pasado a éste) resultan manifiestamente evidentes a poco que se le vea jugar cinco minutos. Si fuéramos capaces de olvidarnos de que es hijo de su padre probablemente apreciaríamos al buen director de juego que puede llegar a ser.

Louisville: Son estos Cardinals un equipo irregular, ciclotímico, tan dado a la proeza como a la pájara, tan capaz de grandes hundimientos como de grandes remontadas, por lo general una cosa detrás de la otra. Son además estos Cardinals un equipo coral al más puro estilo Pitino, un amplio elenco de buenos jugadores entre los que no siempre resulta fácil destacar a alguno por encima de los demás: pongamos por ejemplo a su base, Peyton Siva, dinámico, intenso, a ratos un tanto caótico aunque también depende de con quién lo comparemos, de hecho si vemos a su padre (espectáculo inenarrable en sí mismo) casi nos extrañará que haya salido tan equilibrado el chaval; o pongamos por ejemplo al estupendo pívot senegalés Gorgui Dieng, o al freshman que le da la réplica en el puesto de cuatro y que va a ser ciertamente muy bueno, Chane Behanan; o pongamos a Kyle Kuric, que no es balcánico sino de Indiana pero que lo debe llevar en los genes porque tiene una fantástica muñeca; o pongamos a los Smith, el titular que es Chris y el suplente que es Ross, pedazo de jugón por cierto. Y son también estos Cardinals, finalmente, un equipo con el que se suelen cebar las lesiones por alguna misteriosa razón que no alcanzo a comprender: jugadores importantes en la rotación como Buckles, Swopshire o Marra andan desaparecidos en combate, y el que estaba llamado a ser freshman maravilla Wayne Blackshear desapareció para toda la temporada porque se rompió antes de empezar. Lo dicho, demasiadas ausencias para un equipo tan coral, demasiadas para que la polifónica de Pitino acabe de sonar medianamente bien. Una verdadera incógnita, si lo son en cada partido que juegan tanto más lo serán en el Torneo Final.

Marquette: Qué le vamos a hacer, me pasa un poco como con Georgetown, por alguna extraña razón que se me escapa apenas he tenido oportunidades de verlos, de hecho si me paro a pensarlo recuerdo (con dificultades) haber visto sólo un partido de estos Golden Eagles. Lo cual es una verdadera pena porque es ésta una universidad en la que de un tiempo a esta parte se vienen haciendo francamente bien las cosas. Buena parte del mérito corresponderá a su técnico Buzz Williams, tipo peculiar donde los haya, de esos cuya mera actitud hace absolutamente inconcebible un principio de relajación. Él no se relaja nunca, ni con sus jugadores ni aún menos con los árbitros (típica mosca cojonera al más puro estilo Óscar Quintana), ni siquiera con las aficiones rivales, que a veces el hombre resulta un tanto primario en sus efusiones (forma elegante de decir que se le va la olla) y acaba haciendo enemigos donde no debiera. A sus órdenes tiene un interesante plantel en el que destaca muy por encima de todos los demás DJO o como allí lo pronuncian, di yei ou, que se ve que les resulta demasiado largo decir Darius Johnson-Odom, carne de NBA sí o sí la criatura. Añadan al peludo y efervescente Corey Crowder y ya no me pidan mucho más, que ya para el resto tendría que mirar la chuleta y no ando sobrado de tiempo para semejantes excesos. Más información en apenas unos días, que seguro que ahí ya nos los encontraremos una y otra vez.

Michigan: Si les dicen que la estrella es Tim Hardaway Jr. no se lo crean demasiado, el chaval está bien y tiene buena mano pero está ligeramente sobrevalorado acaso por ser hijo de quien es. La verdadera estrella de estos Wolverines es un base freshman que responde al nombre de Trey Burke, apúntenlo por favor que seguro que oirán hablar de él en numerosas ocasiones durante los próximos años, a este nivel o a otro superior. Y a su alrededor encontraremos un buen puñado de pálidos e imberbes mozalbetes de fina muñeca e incierto apellido, de fuera a dentro Douglass, Novak, Vogrich, Smotrycz. Añadan en medio de la zona (más bien un físico de alero reciclado al papel de pívot) a Jordan Morgan y ya tendremos la rotación completa, todos ellos a las órdenes del veterano a la par que magnífico técnico John Beilein. Un equipo que siempre pelea, que nunca defrauda, que es divertido de ver y que sobre todo practica un muy buen baloncesto. No les quiten ojo en el Torneo Final.

Nevada-Las Vegas: (o si lo prefieren simplemente UNLV, que es como casi siempre la conocen por allí). En ésta su primera temporada, Dave Rice (miembro de aquel equipo de UNLV que se proclamó campeón en 1990, y que tiene por cierto como asistente a otro ex jugador de aquel mismo equipo que sin duda les resultará más familiar, Stacey Augmon) ha implantado un estilo de juego en la mejor tradición de aquellos otros Running Rebels de Tarkanian: ritmo vertiginoso, posesiones cortas, dinamismo, intensidad, entretenimiento asegurado para el espectador. Quédense sobre todo con el base Anthony Marshall pero no me dejen tampoco de lado al pedazo de alero Mike Moser, a Stanback, a Hawkins, al pívot Brice Massamba (natural de Suecia, como seguro que ya habrán imaginado a la vista de su apellido) y a su suplente, el muy peculiar puertorriqueño Carlos López. Empezaron allá por noviembre cargándose a North Carolina en su Las Vegas Invitational Tournement (o algo así) y a partir de ahí ya casi no supieron cómo parar… excepto por las dificultades que les dieron otros dos muy buenos equipos de su otrora modesta conferencia Mountain West, más concretamente San Diego State y New Mexico. Créanme, si la locura de marzo les pilla inspirados (y no veo por qué no) pueden ser perfectamente capaces de casi cualquier cosa.

Notre Dame: La temporada pintaba sumamente negra para los Fighting Irish tras la marcha de Ben Hansbrough, aún más negra pintó tras la lesión para todo el año de Jim Abromaitis (ya saben, hijo del ex madridista Tim Abromaitis, acaso demasiado alejado ya en el tiempo como para que usted lo recuerde). Y sin embargo es precisamente en estas circunstancias cuando se demuestra (aún más) la calidad de un pedazo de técnico como Mike Brey (Entrenador del año la pasada temporada… y no descarten que también lo sea ésta), perfectamente capaz de sacar petróleo de las piedras: Sus piedras de este año se llaman Eric Atkins, Jeriah Grant, Scott Martin, Alex Dragicevich (para el que vale lo dicho sobre Kuric en Louisville, es de Illinois pero la puntería la debe llevar en los genes), el sorprendente freshman Connaughton, sobre todo el cénter Jack Cooley, tipos de (aún) escaso renombre pero sobrada capacidad para interpretar el maravilloso baloncesto que acostumbra a hacer Notre Dame, esa innata capacidad para mover el balón quetecagas, minimizar errores, jugar más deprisa o más despacio según la situación lo requiera pero siempre, siempre bien. Empezaron titubeantes, entraron en la Big East con buen pie, se cargaron la imbatibilidad de Syracuse, consiguieron otro buen puñado de victorias insospechadas… y además (y sobre todo) siguieron y seguirán siendo toda la vida ese equipo al que, juegue quien juegue, siempre da gusto verle jugar.

Temple: Lamentablemente la Atlantic 10 no es una conferencia muy televisiva, no porque no lo merezca sino porque apenas le dan bola. Vi a Temple unas cuantas veces a comienzos de temporada, en el periodo que llaman de non-conference, pero hará ya un par de meses que no me los echo a la cara y bien que lo siento, que al fin y al cabo estos Owls siguen siendo mi segundo equipo NCAA, a muy corta distancia de Syracuse. De hecho la última vez que les vi fue a comienzos de enero, en aquel inolvidable partido en que se cargaron la imbatibilidad de Duke. Huelga decir que Fran Dunphy no ha hecho olvidar a John Chaney (eso sería imposible) pero sí ha conseguido en todos estos años que ya no se le eche de menos, en absoluto. Atribúyase también el mérito a su verdadera prolongación en la cancha, ese base argentino de quien ya les habré hablado no menos de media docena de veces, Juan Fernández, el Lobito Fernández, y añádase por supuesto a su magnífico socio Ramone Moore. Y a Wyatt, y a DiLeo, y a Michael Eric… Afortunadamente en marzo sí podremos verlos, y espero que varias veces incluso.

 

III – los decepcionantes

Tercer capítulo de esta saga dedicada a glosar aquello que pueda suceder en marzo (locura de) cuando ya estamos en marzo (mes de). Aunque en esta entrega la cosa ya tiene truco, porque no me atrevería yo a asegurarles cuántos ni cuáles de entre los equipos que a continuación les relaciono estarán realmente en el Torneo Final, ni si entrará alguno siquiera (bueno, alguno sí, Baylor casi seguro, Vanderbilt supongo que también, los otros ya veremos, sobre todo dependerá de lo que hagan en sus respectivos torneos de conferencia). Decepciones, bien sea porque su temporada no ha estado a la altura que se esperaba de ellos, bien sea porque lo que se esperaba de ellos tampoco estaba a la altura de su tradición. Sin más preámbulos, vamos allá…

Alabama: Una jaula de grillos, como si dijéramos. Estos chicos de la Marea Carmesí (traducción más o menos libre de Crimson Tide) empezaron la temporada como uno de los equipos más atractivos de la competición, una de esas típicas pandas de asilvestrados jugones que no parecen jugar a ras de suelo sino más bien por encima del aro: Tony Mitchell, JaMychal Green, el base freshman Levy Randolph, Lacey, Steele, Releford (hermano del de Kansas)… Estos chicos de la Marea Carmesí parecen en cambio estar acabando la temporada como el rosario de la aurora poco más o menos, líos por doquier, sanciones varias, no me pidan que entre en detalles porque habré de reconocer (no sin vergüenza) que los desconozco, sólo sé lo que nos iban poniendo a título informativo en otros partidos de otros equipos, que si cuatro criaturillas fundamentales andaban sancionadas, que si al ala-pívot JaMychal Green le iban a indultar (o algo así) para estas últimas semanas… Llevo demasiado tiempo sin verlos y sin saber de ellos nada más que vaguedades (lo mismo ya se habrá dado cuenta) pero si entran finalmente en el Torneo resultarán sumamente peligrosos; no sé si para los contrarios o para sí mismos, pero peligrosos al fin y al cabo…

Arizona: Derrick Williams partió a lomos de su número 2 del draft en dirección a Minneapolis, el base Mo Mo Jones pidió el transfer y se largó a Iona no sé por qué motivo ni razón (bueno, sí, presuntamente por estar más cerca de su abuela) pero aún así reinó el optimismo en casa de los Wildcats gracias a permanencia de tipos como Kyle Fogg, Solomon Hill o el pelos Jesse Perry, gracias a la llegada de un puñado de freshmen de lo más aparente, Josiah Turner, Nick Johnson, Angelo Chol… Demasiado optimismo, tal vez. La realidad ha puesto a Arizona en su verdadero lugar, un papel meramente aceptable en la muy venida a menos Conferencia Pac10, la duda de si el prestigio (y poco más) les dará finalmente para entrar en el Torneo Final, la certeza de que el año que viene (esta vez sí) Sean Miller tendrá a su disposición otra espectacular camada de freshmen con la que empezar a recuperar su antiguo esplendor.

Baylor: En buena lógica no deberían estar aquí, en el capítulo dedicado a las decepciones. Al fin y al cabo se tiraron invictos hasta bien entrado el mes de enero, hasta que ya casi sólo quedaban ellos (y Syracuse y Murray St.), más o menos por aquel entonces perdieron en casa de Kansas, apenas tres días después volvieron a perder en su propia casa ante Missouri y a partir de ahí ya fue un no parar, demasiadas derrotas para tantas victorias como habían acumulado antes, demasiadas derrotas para el plantillón que tienen… aunque en ese aspecto también podría hacer algún matiz: habrán oído hablar (y si no lo oirán más pronto que tarde) de Perry Jones III, reputado ala-pívot sophomore a quien el año pasado solían colocar muy arriba en las previsiones pre-draft, este año ya no se atreven a tanto: buena planta y buenas maneras pero a mí me deja absolutamente frío, vaya por dios, quien ose draftearlo (demos por hecho que se irá, que no tendrá paciencia para permanecer en Waco otro año más) estará drafteando potencial, por ahora muy poco más que eso. A mí por gustarme me gusta más su compañero en el juego interior Quincy Acy, y aún mucho más me gusta otro Quincy, el espectacular alero freshman Quincy Miller. Y por fuera Heslip y Pierre Jackson, y de sexto hombre el buen alero Anthony Jones… Si no vinieran de donde vienen serían casi tan favoritos como el que más, ahora habrá que ver qué Baylor nos encontramos cuando empiece definitivamente el lío.

Connecticut: Parecía que la herencia del gran Kemba la recogerían esos dos estupendos sophomores, el mágico (hasta en el nombre) base Shabazz Napier y sobre todo el fascinante escolta Jeremy Lamb, pero a la hora de la verdad ha resultado que Napier juega para sí mismo mucho más que para los demás y que a Lamb sólo le falta decir aquello de con Kemba vivíamos mejor (eso sí, el día que por fin le estalle todo el baloncesto que lleva dentro pondrá patas arriba la NCAA). Ambos dos ponen la creatividad exterior junto con un nuevo socio llamado Ryan Boatright, vertiginoso (más que rápido) base freshman que aún permanece en estado semisalvaje, el día que le domestiquen puede ser la bomba. La solidez interior la sigue poniendo Alex Oriakhi a cuyo lado encontramos a un sujeto que merecería por sí solo capítulo aparte (y lo tendrá, probablemente): Andre Drummond, inmenso (en el aspecto meramente físico) center novato a quien encontrarán en los primeros puestos de casi todos los pronósticos pre-draft, supongo que no tanto por lo que es como por lo que piensan que puede llegar a ser. Tiene un corpachón enorme y puede que hasta tenga también algo de clase pero por ahora no parece saber qué hacer ni con lo uno ni con lo otro; el mero hecho de verle tirar (arrojar, más bien) los tiros libres resulta sencillamente escalofriante… Además (y por si no tuvieran problemas suficientes) la salud ha vuelto a jugarle una mala pasada a su coach Calhoun, esta vez en forma de estenosis espinal con quirófano incluido de por medio. Vale que el pasado año hicieran la hazaña, que cerraran una inestable temporada con aquellas once victorias consecutivas que a la postre les dieron el título de la Big East y (sobre todo) el de la NCAA… pero estarán de acuerdo en que lo de este año ya no sería hazaña sino más bien milagro, y los milagros que yo sepa ya no suelen ocurrir.

Illinois: Una noche loca ganaron a Ohio State. Aquella noche al escolta Brandon Paul le dio por meter absolutamente todo lo que tiraba, chorrocientos puntos y más puntos de todos los colores, canastas casi imposibles por doquier cual si estuviera tocado por una varita mágica; aquella noche además a su pívot Meyers Leonard le dio por mostrar la abundante clase que atesora y que más pronto que tarde le proporcionará suculentos dividendos en la NBA, aquella noche hasta al insospechado base suplente Sam Maniscalco (nada menos) le dio por presentarse en sociedad… Como espejismo les quedó muy bien, la verdad. Fueron felices y comieron perdices, y al cabo de unos días volvieron al parquet y se toparon de bruces con la cruda realidad. Desde entonces hasta ahora casi no han hecho otra cosa más que perder, razón por la cual su futuro no puede ser más negro para lo que resta de temporada… en el supuesto de que aún les reste algo de temporada, entiéndase.

Pittsburgh: No es que tuvieran unas desmesuradas expectativas, la verdad, pero aún pensaban que con Ashton Gibbs en su año sénior, más el ala-pívot Nasir Robinson, más Woodall, Zanna, etc, aún podrían arañar otra temporada decente, siquiera fuera para despedirse dignamente de la Big East (que esa es otra historia, de la que habrá que hablar en otra ocasión). No ha sido el caso… o tal vez sí, depende de a qué nivel situemos ese concepto, decente. En cualquier caso fueron viendo cómo les iban pasando por la derecha o por la izquierda otras universidades de nivel medio, algunas de tan poca tradición a estas alturas de temporada como South Florida, nada menos. Así que por ahora tendrán que seguir viviendo de los recuerdos (aún suficientemente frescos) de Sam Young, DeJuan Blair, Brad Wanamaker y demás familia, quizás a la espera de que su nueva vida en la ACC les depare un futuro mejor.

Texas: Tienen un base freshman que es una delicia, Nick Kabongo (natural de Canadá, como ya habrá deducido usted a partir de su apellido). Y tienen un dos ascendido casi a nivel de estrella tras haber sido en temporadas anteriores un mero jugador de rotación, J’Covan Brown. Y tienen muy poco más, la verdad: los también prometedores freshmen Julien Lewis, Holmes, Bond o McClellan, los interiores Wangmene (éste sí, camerunés de pura cepa) y Chapman (ambos dos pívots, por cierto, se lesionaron solidariamente el pasado sábado en Kansas, y en concreto el brazo de Wangmene tenía muy mala pinta)… En justicia los Longhorns no son una decepción, los Longhorns simplemente están en un año de transición, a la espera de tiempos mejores. Llegarán en breve, pueden estar seguros.

Vanderbilt: Estos Commodores (sitos en Nashville, Tennessee) de alguna manera se hacen querer. Quizá porque tienen la cancha más peculiar de la Liga (ya se lo he contado demasiadas veces), la única (que yo conozca) con los banquillos no en un lateral sino en los fondos, al pie de las canastas. O quizá por esas maneras casi rurales de su buen entrenador Stallings, esa costumbre que tiene de llamar a sus jugadores silbando con cuatro dedos (dos de cada mano) metidos en la boca, cual si estuviera acarreando al ganao. Sea por lo que fuere consiguen caernos bien, sea por lo que fuere nos gustaría que les fuera bien… pero rara vez lo conseguimos. Estos años anteriores estropearon buenas temporadas regulares con pésimas apariciones en el Torneo Final, este año en cambio no han esperado tanto. Y miren que tiene un equipazo que se sustenta sobre tres patas de altísimo nivel, a saber, el escolta anotador (muy anotador) John Jenkins, el fantástico alero Jeffery Taylor y esa fuerza de la naturaleza que impone su ley en ambas zonas, que nació en Nigeria y responde al bello nombre de Festus Ezeli (cuya ausencia en las primeras semanas, primero por sanción y luego por lesión, les complicó sobremanera la vida). Y el resto del equipo tampoco está mal que digamos: los interiores Goulbourne y Tchiengang (camerunés, aunque suene a chino), el base Tinsley… Les rankearon (terrible verbo) muy arriba y se han pasado todo el año cayendo pero hace apenas unos días tuvieron contra las cuerdas a Kentucky (y en Kentucky), confirmando así que tienen equipo para mucho más. A ver si este año va a ser todo al revés, a ver si este año que la han cagado en temporada regular van a explotar precisamente en el Torneo Final.

Y esto es todo amigos (quizá echen de menos a UCLA, pero es que son ya demasiados años flojeando como para concederles un párrafo). Esto es todo… por ahora, que aún habrá de quedar una cuarta entrega, más las que habrán de venir después.

 

IV – y los demás

Ya les hablé de los aspirantes, y de los interesantes, y de los decepcionantes… pero me van a permitir que dedique una cuarta (y última) entrega a otra decena de equipos (ordenados alfabéticamente) de los que también me apetece hablar por la razón que sea, pero que por hache o por be no me han cabido en ninguna de las tres categorías anteriores. Sí, efectivamente, un cajón de sastre (y desastre) o si así lo prefieren un mero pretexto para contarles aún unas cuantas cosas más:

Cincinnati: No sé si recuerdan que hace unos meses les hablé del lío que se formó en los últimos segundos del (llamémoslo así) derby de Cincinnati, que suele enfrentar (nunca mejor dicho) a la Universidad de Xavier y a la que lleva el mismo nombre de la ciudad. Aquel partido lo ganó Xavier de paliza (en el sentido meramente deportivo de la palabra paliza), aquellos Musketeers eran infinitamente mejor equipo por aquel entonces… y sin embargo, a raíz de aquella bronca (y de las sanciones que le sucedieron) Xavier empezó a ir claramente hacia abajo mientros que éstos Bearcats de la Universidad de Cincinnati (pese a que fueron los que más repartieron y los que más sanciones tuvieron) experimentaron el efecto contrario, vaya usted a saber por qué. Sí, son un equipo un tanto macarra en el que la palma se la lleva su cénter Yancy Gates, animalito, perfecto ejemplo de intimidación (en todos los sentidos que queramos darle a esa palabra). Dion Dixon y Cashmere Wright aportan desde fuera, y con eso y poco más (más la dirección desde el banquillo de Mick Cronin) les ha valido para superar con creces sus expectativas en la temporada regular de la Big East, y no digamos ya en el Torneo de dicha Conferencia. El que se los encuentre a partir de ahora ya sabe a lo que se expone.

Indiana: Si jugaran todos los partidos en su Assembly Hall de Bloomington, si pudieran tener siempre a su alrededor esa fantástica atmósfera serían muy probablemente el equipo número 1 de la nación. No es el caso, los calendarios a mala leche les programan unos partidos en casa y otros fuera, hay que ver cómo son, y si en casa son sencillamente incomparables fuera son simplemente un buen equipo. Lo cual no es poco, de hecho hasta les ha valido para quedar cuartos en la Big10 tan solo por detrás de los tres grandes de este año, es decir Ohio State, Michigan y Michigan State, tres grandes que por supuesto acabaron mordiendo sucesivamente el polvo en Bloomington, faltaría más, los Spartans fueron los últimos hace un par de semanas. Currículum al que hay que añadir aquella apoteósica victoria sobre la bocina ante Kentucky, recuerden que ya les puse la cabeza mala al respecto, y entre unas cosas y otras acabaremos entendiendo por qué estos Hoosiers han conseguido entusiasmar a todos aquellos que tuvimos el placer de verlos. Quédense una vez más con sus nombres, Cody Zeller (hermano pequeño de Tyler el de UNC), Watford, el tremendo Oladipo, Verdell Jones III (lesionado de consideración hace apenas unos días), Hulls, Sheehey, todos ellos a las órdenes de Tom Crean, quédense con ellos y no pierdan detalle de su desempeño en el Torneo Final: que no tendrán al Assembly Hall de su parte, pero tampoco tendrán ya nada que perder.

Maryland: el coach Gary Williams ya es historia en los Terrapins, ahora la nueva historia se llama Mark Turgeon, recuerden, ex de Texas A&M, ese magnífico técnico que en la cara (sólo en la cara, afortunadamente) a veces me recuerda a Mr. Bean. Probablemente necesitaban ya un cambio. Turgeon les ha aflojado las riendas, ha eliminado del repertorio esas broncas bíblicas que caracterizaban a su antecesor y sus jugadores bien que se lo agradecen, y el que más se lo agradece se llama Terrell Stoglin, apunten el nombrecito que seguro que volverán a escucharlo y leerlo en numerosas ocasiones durante los próximos años. Jugón prototípico, el salto que ha dado desde la temporada pasada (freshman) a ésta (sophomore) ha sido descomunal, entre otras cosas porque ha encontrado la libertad que con Williams no tenía. Claro que ya nos decían en el cole de pequeños que no hay que confundir libertad con libertinaje (que nunca lo entendimos porque nunca nos explicaron qué era eso del libertinaje), que éste es de los que les das la mano y se toman el pie, que si te descuidas se tira sus zapatillas y hasta las de sus compañeros incluso. Pero bueno lo es, y mucho, y por destacar a alguien más apuntaría también al base Faust y al pívot freshman Alex Len, ucraniano por más señas, y entre unas cosas y otras (y siempre y cuando los susodichos no se escapen antes de tiempo) estarán sentando las bases para que estos Terrapins vuelvan a ser más o menos lo que fueron. Eso sí, para verles en el Torneo Final me temo que aún tendremos que esperar…

Mississippi State: Tal vez recuerden que fue el primer equipo del que les hablé, hacia comienzos de temporada, cuando ganaron el Coaches vs. Cancer. Desde entonces hasta ahora sólo les he vuelto a ver una vez, hacia mediados de febrero, cuando recibieron y tuvieron literalmente contra las cuerdas a los intratables Wildcats de Kentucky. Sin embargo cuando no les he visto (es decir, la inmensa mayoría de las veces) su rendimiento no ha estado necesariamente a ese mismo nivel, razón por la cual su temporada no ha pasado de aceptable, que no es que esté mal pero que no es tanto como pareció que sería a finales de noviembre. En cualquier caso Dee Bost sigue siendo un fantástico base, Arnett Moultrie sigue siendo casi una estrella en potencia (sobre todo en potencia) y el enorme (sobre todo de ancho) Renardo Sidney sigue siendo al mismo tiempo la solución y el problema, la calidad reñida con su escasa movilidad y su mala cabeza. Dado que parecen mejorar de forma manifiesta su rendimiento en las grandes ocasiones habría estado estupendo poder verlos en el Torneo Final, pero mucho me temo que (debido a su rauda eliminación en el Torneo de la SEC) nos vamos a quedar con las ganas.

Murray State: Han sido la revelación de la temporada, el último equipo en perder la imbatibilidad, razón por la cual me he pasado todo el año queriendo verlos aunque finalmente sólo lo he conseguido hace apenas unos días, en la final de su modesta Ohio Valley Conference en la que se impusieron (no sin apuros) a Tennessee State. Poco les puedo contar de ellos, menos desde luego de lo que me gustaría (y tal vez más de lo que usted desearía): que el técnico Steve Prohm merece todo el crédito por haber logrado semejante éxito en su primer año como head coach, que su principal jugador es sin lugar a dudas el base Isaiah Canaan y que tampoco están mal otros tipos llamados Jackson, Poole, Aska. Y que no les perderemos de vista cuando empiece el lío, a ver hasta dónde son capaces de llegar.

New Mexico: Seguro que a usted, avezado lector, no se le escapó la mención que de ellos les hice hace dos entregas, en aquel párrafo dedicado a la UNLV. Tienen estos Lobos (así, en castellano) un entrenador que no debería resultar desconocido, Steve Alford, mítico base de aquel no menos mítico equipo de Indiana de mediados de los ochenta, miembro destacado de aquella selección USA de Jordan, Ewing o Mullin que a las órdenes de Bobby Knight ganó el oro (ante la España de Díaz-Miguel) en Los Ángeles 84. Alford no prosperó en la NBA por razones que aún hoy se me escapan pero a cambio lleva ya años labrándose una brillante carrera como técnico universitario, primero en Iowa y ahora en Nuevo México; y cuenta además esta temporada con un plantel estupendo, con mención especial para el base Kendall Williams y el alero Tony Snell. En el fantástico ambiente de su mítica cancha de Albuquerque son muy difícilmente parables, y en su torneo de conferencia ya nos han demostrado cómo pueden comportarse también en cancha neutral.

St. John’s: El pasado año eran casi todo séniors y el (entonces) recién llegado Steve Lavin aprovechó la coyuntura para montar un grupo tremendamente sólido que se cargó a unos cuantos grandes y se metió finalmente en el Torneo, cosa que llevaban sin hacer desde tiempo inmemorial. Este año la cosa pintaba mucho peor, es ley de vida, si antaño eran todo sénior hogaño tendrían que ser todo freshmen, equipo tremendamente inexperto que además no habría de contar con su coach Lavin, luchando como anda el hombre todo el año contra su cáncer de próstata. Así las cosas han llegado a presentar en numerosas ocasiones un quinteto titular integrado exclusivamente por novatos, cosa insólita, desde aquellos lejanos tiempos de los Fab Five de Michigan apenas se había visto nada igual (aunque esta misma temporada se lo he visto hacer a alguien más, puede que fuera Boston College). De entre ellos me van a permitir que destaque sobremanera a dos cuyos nombres deberían apuntar (o memorizar, al menos) porque no tardarán en hacerse habituales en sus vidas, el base D’Angelo Harrison y sobre todo el alero Moe Harkless, cosa seria ambos dos. Tampoco están nada mal sus compañeros de generación Amir Garrett y SirDominic Pointer (sí,SirDominic, como si usted a su hijo le pusiera SeñorDomingo pongamos por caso), así como (puestos a buscar algo de veteranía) el pívot júnior nigeriano God’sgift Achiuwa (sí, God’sgift, como su usted a su hijo le pusiera Regalodediós pongamos por caso). Con semejante panorama no les ha dado para hacer una gran campaña (ni para entrar en el Torneo Final, evidentemente) pero sí para hacer un baloncesto atractivo y estar bastante por encima de lo que cabía esperar. Si no sufren deserciones habrá que tenerlos muy en cuenta en años venideros.

St. Mary’s: Me pasa como con Murray St., he tenido que esperar todo el año para verlos, he tenido que esperar ni más ni menos que hasta la final de su conferencia, que se disputó hace una semana y en la que se impusieron (tras prórroga) a su eterno rival de todos los años, Gonzaga. Una pena (no el que se impusieran sino el tener que esperar) porque me encanta ver a estos Gaels, este peculiar equipo que por lo general acostumbra a tener casi tantos australianos como norteamericanos en sus filas en virtud de no sé qué acuerdo con la principal escuela de formación de aquel país. En otro tiempo la referencia fue el aborigen Patrick Mills, a día de hoy la referencia sigue siendo Mathew Dellavedova, llevamos ya años viéndole así en NCAA como en competiciones internacionales, en apenas unos pocos meses (aún es júnior, creo) dejará el campus convertido ya en un base de primer nivel. Cuenta a su lado con la muñeca de seda de su paisano Jorden Page, y con Steindl, y así hasta cinco seres humanos del hemisferio sur incluidos en su róster, casi tantos como yanquis si bien entre éstos también sería justo y necesario destacar a los interiores Rob Jones y Brad Waldow. Han ganado la WCC, este año les tocaba (llevan cuatro alternándolo con los Zags) pero con eso no se van a conformar.

San Diego State: Quizá recuerden que la temporada pasada fue el auténtico equipo revelación, el que aguantó más tiempo invicto, en que entró muy arriba en el Torneo, el que puso en graves aprietos a la mismísima Connecticut que a la postre acabaría alzándose con el título… Pero pasó lo que tenía que pasar, que el bueno de Kahwi Leonard cambió San Diego por San Antonio, se fue al sur de Texas a ganarse las lentejas (que muy bien se las está ganando, por cierto) así que ahí se quedó el veteranísimo técnico Steve Fisher, otra vez con todos los pronunciamientos en su contra… o no. Estos Aztecs siguen teniendo un equipo de lo más apañado, gracias sobre todo a un par de elementos llamados Jamaal Franklin y Chase Tapley. Con eso y poco más les ha bastado para pelear de igual a igual con UNLV y New Mexico en una conferencia como la Mountain West, presuntamente media pero que así a lo tonto ha acabado siendo de las más atractivas de la Liga. Y aún les habrá de quedar guerra por dar…

Wisconsin: Ya saben, el equipo ladrillo por antonomasia. Defensas a ultranza, sí (y eso me gusta, y me parece perfecto, y está muy bien), pero también posesiones de treintaicuatro segundos (y porque no hay más), ralentización deliberada del juego, manoseo de balón hasta el hartazgo, espesura general. No es un reproche, en absoluto (y además tampoco es siempre así, exagero levemente): Bo Ryan sabe lo que quiere y cómo lo quiere, lleva ya unos cuantos años construyendo un programa en base a este estilo de juego, por supuesto que los resultados le dan la razón. Y tampoco crean que tiene tantos mimbres aunque uno de ellos es sencillamente extraordinario, su base Jordan Taylor, perfecto para este tempo pero que tiene toda la pinta de que lo hará igualmente bien cuando le suelten las amarras y le permitan jugar más rápido (cosa que sucederá ya en la NBA). Y a su alrededor una serie de jugadores sencillamente eficaces, complejos nombres y apellidos que harán muy bien en memorizar más que nada porque probablemente no volverán a escucharlos ni a saber más de ellos una vez que dejen el campus de Madison: Evans, Wilson, Gasser, Bruesewitz, el gigantón Berggren… Es lo que hay, lo que les ha vuelto a dar para meterse (sobrados) en el Torneo Final, lo que una vez allí les hará complicarle la vida a cualquiera. Quien se los encuentre por el camino ya sabe a lo que se enfrenta.

Y aunque esto ya me ha quedado un poco (más bien demasiado) largo, no me resisto a enumerarles otra ristra de centros de los que me habría encantado hablar pero no lo haré por la sencilla razón de que no les he visto (sí, podría buscarme la vida en Internet y luego tirarme el folio pero reconozco que hablar de lo que no conozco todavía me da cierto pudor): por ejemplo Colorado State, a la que Gigantes llamó matagigantes(curioso) por haber derrotado esta temporada a los tres grandes de su conferencia, UNLV, New Mexico y San Diego St. O Creighton, una universidad que siempre me cayó muy bien y que tiene esta temporada a un elemento al que he llegado a ver incluso en las candidaturas a jugador del año, Doug McDermott. O Iona, pequeña universidad neoyorquina a la que se fue el ex de Arizona Mo Mo Jones y en la que además parece haber explotado el base Scott Machado. O Iowa State, que ha hecho un temporadón en la Big12. U otras que sí habré visto alguna vez pero que a estas horas no encuentro ya fuerzas para dedicarles siquiera un párrafo completo: Colorado (cambiaron de conferencia y lo que no consiguieron el pasado año en la Big12 con Burks lo han acabado consiguiendo éste en el torneo de la Pac12, gracias sobre todo a Andre Roberson),Miami (que se permitió el lujo de ganar a Duke en su propia casa de Durham), Northwestern (eterna cenicienta de la Big10, que de la mano de John Shurna ha estado a punto de meterse por primera vez en su historia en el Torneo), Purdue (ya sin E’tawn y Jajuan pero con Robbie Hummel por fin sano), South Florida(grata sorpresa en la Big East), Virginia (por fin vuelven al Torneo, gracias al coach Bennett y a Mike Scott),Washington (todo el año mandando en la Pac12 gracias sobre todo a su deslumbrante freshman Tony Wroten, total para cagarla al final en su torneo de conferencia y quedarse fuera del baile)… En fin, por ahora creo yo que ya está bien, cuando empiece el baile ya volveremos a atacar.

Publicado noviembre 4, 2012 por zaid en NCAA, preHistoria

tomadura de pelo   Leave a comment

(publicado el 27 de febrero de 2012)

 

Estos últimos años, cada vez que me sentaba a ver el concurso de mates de la NBA (más por pura rutina que porque realmente me apeteciera) no podía evitar tener la sensación de que me estaban tomando el pelo, de que pasara lo que pasara el resultado ya estaba escrito, ya se conocía de antemano el ganador. Este sábado en cambio me senté con la misma sensación de rutina pero también con la ilusión de que nada estaba predeterminado, de que al menos esta vez podía ganar cualquiera… Efectivamente, ganó cualquiera.

Es decir, ganó Jeremy Evans, ese tipo que cuando vimos su nombre en la lista de participantes nos llevó a todos a preguntarnos ¿y quién es Jeremy Evans? Una somera investigación nos dirá que salió de la Universidad de Western Kentucky, que fue elegido por los Jazz en el puesto 25 de la segunda ronda del draft 2010 y que viene a jugar más/menos cinco minutos y medio (de la basura) por encuentro (por cada vez que le dan bola, entiéndase), con unos escalofriantes promedios de 1,7 puntos y 0,9 rebotes. Es decir, un jugador muy conocido en su casa y sumamente apreciado por sus familiares más allegados, y del que el mayor recuerdo que nos quedará no será precisamente el de sus mates sino el de la cara de estupor que se le puso cuando Cheryl Miller le proclamó ganador del evento. Claro está, ganó porque alguien tenía que ganar, ganó porque David Stern, a la vista del desempeño de los participantes, no tuvo la vergüenza torera de bajar al parquet y declarar desierto el concurso. La vergüenza torera en estos casos suele estar reñida con los beneficios económicos inherentes a esos tres millones de mensajes de texto que al parecer recibieron desde todo el orbe planetario, tres supuestos millones de esemeeses (o lo que fueran) que votaron por éste o por aquél porque por alguien tenían que votar pero que de habérseles ofrecido la opción si cree que no merece ganar ninguno marque el 9999 pueden estar bien seguros de que otro muy distinto habría sido el resultado final…

En resumidas cuentas, que si otros años sentía yo que me tomaban el pelo pues éste ya ni les cuento: no es ya que no supiera de antemano quién iba a ganar sino que llegó un momento en que me importaba un bledo quién ganara o aún peor, me importaba que ganara cualquiera, fuera éste quien fuera, dado que resultaba manifiestamente evidente que merecían perder los cuatro. La NBA sabrá lo que hace (o debería saberlo): hubo un tiempo en que su concurso de mates era una referencia, paralizaba al mundo entero, marcaba en cada temporada un antes y un después; hubo otro tiempo en que la cosa decayó y la NBA con buen criterio decidió suprimirlo, tras el fiasco de 1997 no lo hubo en 1998 y 1999 (en realidad ese año no hubo All Star de ninguna clase, por la cosa del lockout) y muy probablemente gracias a ello (y a Vince Carter, también) el evento renació con renovadas fuerzas en el año 2000. Dado que Stern y sus cómplices han probado ser manifiestamente incapaces de implicar a lebrones y demás vacas sagradas en el empeño (o en todo caso nunca todas a la vez, si acaso de una en una, poniendo especial cuidado en que la victoria vaya ya garantizada en la invitación) digo yo si no habrá llegado ya el momento de probar otras cosas, qué sé yo, por ejemplo esos uno contra uno o dos contra dos que tantas veces hemos reclamado; o bien, si eso les sigue dando miedo, cárguense directamente la jornada del viernes y pasen el Rising Stars al sábado, monten en el descanso el concurso de triples y hasta el desafío de habilidades si ello les place y por ahora olvídense del concurso de mates… que al fin y al cabo las criaturas emergentes ya se encargan de montárselo por su cuenta y riesgo en los últimos minutos de su presunto partido, sin la menor consideración. Lo que sea, pero una Liga que se autoproclama la mejor del mundo y que presume de ser where amazing happens no debería consentir que uno de sus eventos más emblemáticos acabe convertido en semejante bodrio. Ustedes verán.

Publicado noviembre 4, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

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