se lo debía   Leave a comment

(publicado el 27 de diciembre de 2011)

 

De alguna manera se lo debía. Si le descubrí con doce añitos en aquella Minicopa cuando aún se llamabaRicard Rubio; si le vi debutar en partido oficial con la Penya en la Lliga Catalana de 2004, apenas una semana antes de su debut en ACB (que ése no lo televisaron), apenas pocas semanas antes de cumplir los quince; si hasta le llegué a tener a medio metro de distancia en las gradas del Madrid Arena durante aquel Eurobasket Sub18 de 2007 (lástima que mi móvil todavía no tuviera cámara por aquel entonces); si le vi de titular en una final olímpica a los diecisiete; si le seguí cientos de veces en liga, Euroliga, selección, en donde fuera; si en todo este tiempo le dediqué docenas y docenas de posts, entusiasmados primero, entusiastas luego, dubitativos después, si hice todo eso y más díganme entonces cómo demonios podría perdonarme no haberle visto en su largamente esperado debut NBA, cómo demonios no habría de estar ahora yo aquí para contarlo aunque a estas horas esté yo ya que me caigo de sueño, aunque tampoco les vaya a decir nada que no sepan ya. Se lo debía, definitivamente se lo debía.

Fue su primer partido en la NBA pero más bien pareció que se tratara de su partido quinientos: como si para él fuera lo más normal del mundo, como si estuviera en su hábitat natural, como si llevara allí toda la vida. Fue como recuperar a aquel viejo joven Ricky vestido de verde y negro que acostumbraba a desparramar suriquirrubina por esas canchas de dios, ese mismo que de alguna manera se nos encorsetó un par de años al cambiarse de traje y vestirse de blaugrana, ese que acaso piense ahora que todo aquello apenas fue un mal sueño (productivo mal sueño al fin y al cabo), que hoy por fin está donde debía de estar, donde siempre quiso estar. Ricky fascinando a propios y extraños, Ricky respondiendo con creces a las expectativas creadas cuando lo más fácil hubiera sido defraudarlas, no por nada sino porque de tan altas como eran resultaba casi imposible alcanzarlas. Pero vaya si las alcanzó, y por el camino abrió bocas, despejó dudas, enamoró a sus nuevos amigos, Love, Johnson, Williams, Beasley, incluso Milicic, les dejó un chorro de asistencias a cual más maravillosa, se permitió liderar (y bien que le escucharon, además) y hasta se dio el lujo de cambiarle la rotación a su tocayo Adelman, de que éste se viera obligado a mantenerle en cancha hasta el final (nada de particular por otra parte, Adelman ya nos demostró con creces en Sacramento que no tiene ningún problema en darle los minutos cruciales al suplente en detrimento del titular cuando la ocasión lo requiere, como fue el caso). Ya lo sé, sólo fue un primer partido (derrota además), pero reconózcanme que no suele ser costumbre que un rookie regale toda esta catarata de sensaciones (aún muy por encima de sus números) ya desde ese primer partido. De alguna manera Ricky estaba pidiendo a gritos llegar de una vez por todas a la NBA, pero también de alguna manera la NBA, esta achacosa NBA post lockout, estaba pidiendo a gritos la llegada de un soplo de aire fresco como Ricky Rubio. Están hechos el uno para el otro como si dijéramos, pero es que eso con ser bueno no es ni mucho menos lo mejor: lo mejor es que esto sólo es el principio.
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Publicado noviembre 4, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

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