sesenta por ciento   Leave a comment

(publicado el 14 de noviembre de 2011)

 

Ando ya un poco harto de tanta pseudoinformación como surge día sí día también en torno al lockout NBA. A ver, no me refiero a los vaivenes en torno a la negociación pura y dura, ese constante que hoy sí, que hoy no, que hoy sí pero no, que hoy parece que sí pero al final va a ser que no, que hoy qué sé yo… Lo que me cansa es más bien todo lo demás, esas presuntas noticias en torno a tres o cuatro presuntas megaestrellas que se reúnen para echar unas canastas en Las Vegas o para hacer unos bolos por cualquier parte del mundo a modo de sucedáneo como si eso pudiera interesarle a alguien, ese Fulanito que se ha marchado a USA a hacer como que se entrena, miren en esas preciosas imágenes cómo se la pone a Menganito, ese Zutanito que ya está de vuelta y declara una vez más que espera que no se cancele la temporada pero que si se cancela estaría encantado de jugar para, ese Perenganito que afirma estar entusiasmado con esta situación porque como su equipo es sumamente veterano cuanto más corta sea la temporada más probabilidades tendrán de ganar el anillo, ese otro Menganito (se me agotan ya los nombres) que salta de repente a la palestra para afirmar que total a él le da lo mismo ocho que ochenta, que en el fondo lo único que quiere es jugar ya…

Y justo en estas estábamos cuando hace apenas unos días emergió de las profundidades de las redacciones una información según la cual el sesenta por ciento de los ex jugadores de la NBA se arruinan (quiebran, decía textualmente la noticia) en un plazo máximo de cinco años desde que dejan de vestirse de corto. Que será casualidad que esto haya ido a salir precisamente ahora, no digo yo que no, pero que parece como si alguien (no sé quién, no se me ocurre) quisiera mandar un mensaje del tipo total qué más da lo que les demos si está claro que luego no saben qué hacer con ello, total para qué les vamos a pagar tanto si luego van y se lo gastan. Que aún dando por supuesto que ese dato fuera cierto (quién soy yo para dudarlo) me van a permitir de entrada un ligero toque de cinismo, decir que un sesenta por ciento se arruinan viene a ser tanto como decir que un cuarenta por ciento no, que hay un cuarenta por ciento de profesionales NBA que administra e invierte de forma más o menos adecuada sus ingresos y que es capaz de organizarse para cuando éstos dejen de producirse. Y ese cuarenta por ciento supone aún un gran número de jugadores, un colectivo suficientemente amplio como para que todavía merezca la pena luchar por él.

Pero aún siguiendo con esa premisa del sesenta por ciento, digo yo que también cabría añadir, ¿y qué? ¿En qué cabeza cabe una negociación colectiva en la que los empresarios de dediquen a fiscalizar en qué se gastan sus trabajadores el sueldo que les pagan? No nos engañemos, detrás de todo esto subyace una cuestión social (y hasta me atrevería a decir racial, si no fuera ya meterme en camisas de once varas). Un elevadísimo porcentaje de jugadores NBA procede de niveles míseros o ínfimos de la sociedad norteamericana: familias desestructuradas, a menudo monoparentales y a veces ni eso siquiera, bandas callejeras, drogodependencias y violencias varias, suena a tópico pero no por ello es menos cierto, me temo que tampoco les cuento nada que no sepan ya. Pasan de la noche a la mañana de no ver un dólar a verlos a miles, más bien a millones en su cuenta corriente; pasan de no gastar nada a no encontrar la manera de parar de gastar, casas, coches, caprichos, vicios, joyas para sí mismos y para todos aquellos que les rodean porque ya puestos sacan también de la pobreza a la madre (lógicamente), los hermanos, los parientes cercanos y lejanos y hasta a toda la corte de aduladores que pulula alrededor. Viven literalmente al día, en parte por una cuestión cultural y en parte porque tampoco saben hacer otra cosa, porque ni siquiera se plantean que se pueda vivir de otra manera. Es como aquel viejo proverbio, les dan peces (millones de peces) y se los comen pero a nadie (ni a ellos mismos) parece importarle que aprendan verdaderamente a pescar. Hasta que llega ese día en el que la pesca se acaba, claro. Es un grave problema, qué duda cabe, pero no parece que limitarles el suministro de peces (aún por abundante que éste siga siendo) sea precisamente la solución.

Evidentemente las metáforas no son fáciles en este caso. Este no es un conflicto entre ricos pobres sino entre muy ricos y ricos, más bien. O entre ricos de cuna que llevan siéndolo más o menos toda la vida y ricos repentinos a los que les cuesta saber cómo adaptarse a su recién adquirido papel. Es así, pero con todo y con eso reconozco que no acabo de entender muy bien por qué la corriente mayoritaria en casi todos los ámbitos viene siendo la de echar casi todas las culpas a los jugadores; entre usted en cualquier foro y encontrará cientos de mensajes exculpando por completo a los propietarios (que bastante habrían hecho ya, al parecer) y llamando vagos a los jugadores, que se dejen ya de tonterías y se dediquen a jugar que es lo único que saben hacer. Qué quieren que les diga, yo no lo entiendo así, quizá debido a mis evidentes limitaciones intelectuales para comprender esta clase de asuntos. Yo no lo entiendo así tanto menos cuanto que no se trata de una huelga sino de un cierre patronal, es decir que no fueron los jugadores sino los propietarios los que optaron por cambiar el marco laboral vigente. Yo no lo entiendo así pero tampoco les quepa la menor duda de que al final va a ser así, precisamente por todo esto que estamos hablando. Ese sesenta por ciento que presuntamente vive al día tendrá que acabar tragando (y arrastrando al resto) más tarde o más temprano, siquiera sea para mantener su poder adquisitivo, siquiera sea para poder comer. Al tiempo.

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Publicado noviembre 4, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

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