tedio, sopor, hastío   Leave a comment

(publicado el 9 de diciembre de 2011)

Hay narradores y/o comentaristas vibrantes, otros no vibrantes pero sí al menos brillantes, otros cargantes, otros simplemente normales, otros discretos, otros neutros, otros incluso apagados, otros definitivamente tristes y luego está ya Pere Ferreres. Pere Ferreres, habitual narrador de los partidos euroligueros del Barça en Teledeporte, es una categoría en sí mismo. Si de aquel José Ángel de la Casa cuando narraba fútbol solía decirse que era de encefalograma plano de Ferreres cabría entonces decir que es de encefalograma nulo, vamos que no aparecería ni una línea siquiera. Incluso aquel inolvidable Héctor Quiroga de mi infancia y mi adolescencia, lo más sobrio que recordarse pueda, era casi la alegría de la huerta comparado con este tío. Acaso crea el señor Ferreres, dado que reside en Cataluña y allí los partidos del Barça los da TV3, que total qué más da como lo haga si no le va a escuchar nadie, como si no hubiera barcelonistas en otras tierras, como si no hubiéramos aficionados al baloncesto interesados en ver un buen partido entre dos buenos equipos aunque no seamos necesariamente de ninguno de los dos. Eso sí, al menos habremos de agradecerle su sinceridad: otros habrá por ahí a quienes esto les aburra mortalmente pero que al menos intenten disimularlo, no hacerle pagar su aburrimiento al espectador. Él no, desde luego. Él no engaña a nadie, no es ya que todo esto le produzca tedio, sopor, hastío, sino que además quiere que se le note, se complace en demostrarlo, necesita compartirlo, que el espectador sepa de primera mano lo mucho que le molesta tener que hacer ese trabajo, que acabemos todos sintiendo ese mismo tedio, ese mismo hastío, ese mismo sopor. Y para ello no duda en poner todos los medios a su alcance, a saber, un desconocimiento supino de todo lo que no sea Barça (por lo general sólo se molesta en identificar a dos o tres jugadores del rival, al resto ni los menciona, si da la casualidad de que anotan nos dirá que es canasta del equipo, para qué habría de molestarse en mirar el nombre del jugador); un tono de voz deliberadamente opaco y mortecino, cual si estuviera retransmitiendo una carrera de caracoles o un concierto de una orquesta de cámara; y sobre todo esos silencios: jugadas enteras, a menudo las más espectaculares del partido, durante las que no se molesta en decir ni una sola palabra, total para qué si ya lo están viendo, a ver por qué se lo voy a tener que contar también yo. No, él se calla a veces durante minutos enteros, de hecho llega hasta el punto de que habla más durante los tiempos muertos que durante el juego, es decir que habla más justo cuando debería callarse para dejarnos escuchar al entrenador. Que uno en su ingenuidad llega ya a preguntarse qué demonios hará durante todos esos silencios, si leerá algún libro, si cerrará los ojos para descansar la vista, si dará largos paseos por el locutorio, si tendrá problemas de próstata que le obliguen a relajar a menudo sus esfínteres, qué sé yo. Aunque al acabar obtendremos una pista, tanta prisa por despedirse cuanto antes le hará decir su última frase (al final ganó el Barça, buenas noches) literalmente mientras suena la bocina, sin poder evitar hacerla coincidir con un espectacular bostezo (o acaso no quisiera evitarlo, acaso quisiera precisamente que se le escuchara bostezar). No resulta difícil imaginarlo dando cabezadas contra el micrófono entre jugada y jugada, no resulta difícil porque a esas horas el común de los mortales que hemos tenido la ocurrencia de ponernos a ver el partido nos encontramos ya también en ese mismo estado, literalmente esnucados frente al televisor. Deberían comercializarlo en la Teletienda, solución Ferreres, el remedio definitivo contra el insomnio, cómprelo por el increíble precio que aparece en pantalla, llévese las locuciones de este año y le regalamos también las del año pasado y el anterior… Esa sería una opción, otra (definitivamente ingenua por mi parte) sería soñar que algún día a los responsables del Ente los espectadores de Teledeporte, aún por pocos y minoritarios que seamos, llegáramos a merecerles siquiera un poquito de respeto; que no se nos tratara con el evidente desprecio de costumbre (total qué más da, total para quien va a verlo, total si son cuatro gatos), que al menos por una vez se nos tuviera una mínima consideración.

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Publicado noviembre 4, 2012 por zaid en Euroliga, medios, preHistoria

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