3 dudas   Leave a comment

(publicado el 13 de agosto de 2012)

 

Tengo por Sergio Scariolo el mayor de los respetos, faltaría más. Ustedes, si tienen la funesta manía de leerme desde hace tiempo, saben que nunca he tenido por costumbre apuntarme al carro de laescariolofobia, corriente de opinión que inunda nuestras blogosferas y demás foros desde hace ya unos cuantos años. Ni a la escariolofobia ni a la escariolofilia que también existe aunque no lo parezca, a ninguna de las dos. Siempre ha habido cosas que he compartido al igual que ha habido cosas que no he entendido e incluso cosas que a día de hoy aún sigo sin entender, esto es así, nada es blanco ni negro, nadie es perfecto ni imperfecto tampoco, he elogiado a Scariolo casi tantas veces como he echado pestes de Scariolo, no tiene nada que ver con su condición de seleccionador porque ya me pasaba antes de que lo fuera ni tiene nada que ver con su condición de llamarse Scariolo porque me pasa exactamente lo mismo con otros técnicos así se llamen como se llamen. Y además que siempre procuro ser muy cuidadoso con estas cosas, que para una vez que maté un perro me llamaron mataperros (refrán toledano de mi abuela), que la única vez que me dio por criticar abiertamente a un entrenador hubo un lector que se me tiró a la yugular, que a ver quién me había creído yo que era para atreverme a opinar en esos términos, que habría que haber visto que habría hecho yo en esa misma situación, etc etc. Y eso que aquel entrenador al que se supone que falté no vivía precisamente a la vuelta de la esquina sino a miles de kilómetros, en Toronto para ser más exactos, lo mismo si llego a hablar así de alguien de aquí no le habría tocado tanto la fibra al susodicho lector. En cualquier caso desde entonces tengo muy claro cuál es mi sitio, tengo muy claro que soy un mero aficionado de tres al cuarto y ello me deslegitima por completo para opinar acerca de todo aquello que no sé (o sea, de todo), tengo muy claro que cualquier presunto periodista, aunque apenas haya visto cuatro partidos de baloncesto enteros en su vida, puede poner a caer de un burro a quien le parezca porque tiene un púlpito desde el cual pontificar y además le pagan por ello, tengo aún más claro que la opinión de un presunto indocumentado como yo siempre va a estar bajo sospecha aunque lleve viendo partidos de baloncesto toda mi puta vida. Es así.

Y como es así no criticaré a Scariolo: primero porque no creo que lo merezca, porque ha tomado decisiones tácticas muy acertadas en momentos puntuales de estos Juegos, en cuartos ante Francia, en semis ante Rusia y hasta en la mismísima Final; y segundo porque no me siento en absoluto legitimado para ello, véase el párrafo anterior. Dicho lo cual, sí me permitirán que desde mi supina ignorancia comparta con ustedes tres dudas que me dejó el partido de ayer, tres momentos puntuales que muy probablemente no supusieron nada importante de cara al marcador (creo sinceramente que habríamos perdido de igual manera) pero que a mí me revolvieron los jugos gástricos, que me pusieron un poco el ánimo del revés:

1. Mediado el segundo cuarto, Marc Gasol cometió su tercera falta personal. La cometió o simplemente se la pitaron, vaya a usted a saber, y además llovía sobre mojado porque en la otra canasta, justo en la jugada anterior, Marc había perdido un rebote tras claro empujón de LeBron que quedó sin sanción. O dicho de otra manera, que luego de que le pitaran la tercera Marc se agarró un calentón de mucho cuidado pero aunque así no hubiera sido tanto daba, tenía ya tres faltas, el sentido común dictaba que debía ser sustituido. Pero se dejó pasar el tiempo, se dejaron pasar los tiros libres, se dejó llegar el balón al otro lado, se dejó que ellos astutamente cargaran por una vez el juego sobre su interior… Marc entró al trapo, cuarta falta, muy clara esta vez. ¿Por qué? ¿Qué necesidad había de mantenerlo en cancha cuando aún íbamos por la mitad del segundo cuarto, qué necesidad había de hipotecar a Marc justo el día que más falta nos podía hacer?

2. Comienzos del último cuarto, Pau aún descansando (tanto más tras el uñetazo involuntario de LeBron), Felipe aún en cancha… No hará falta que les explique que tengo por Felipe Reyes el mayor de los respetos, no hará falta que les diga que siempre estaría en mi lista, pueden tirar para abajo si les apetece confirmarlo, muchos llevan años cargándoselo de todas las suyas (tanto como elogiándolo luego cuando va), no es mi caso, aún como cuarto pívot un tío como Felipe tendría siempre hueco en mi selección, ojalá aún pudiera seguir teniéndolo en los años venideros. Pero lo que no puede ser no puede ser y además es imposible. Felipe es impagable contra Rusia o contra Francia como igualmente lo es en Euroliga o ACB, pero la NBA le viene grande. No lo digo en sentido figurado, le viene literalmente grande, un pívot de apenas dos metros fajándose contra aleros de casi 2,10. Que es muy bonito decir que USA juega con pequeños pero luego resulta que algunos de esos pequeños resultan ser más grandes que alguno de los grandes nuestros y eso si sólo hablamos de altura, de anchura mejor ni hablemos. En un partido así Felipe puede aportar momentos puntuales de descanso (sin ir más lejos en aquel segundo cuarto del que hablábamos antes) pero no debería permanecer en cancha justo cuando ya estás jugándote el partido; y si apenas puedes dar descanso a Pau pues lo asumes (como él habría sido el primero en asumirlo), y si tiene que seguir en cancha Ibaka pues que siga, y si tienes que meter finalmente a Marc con sus cuatro faltas a cuestas pues lo metes, y si no haberlo sentado antes. Pero en aquellas circunstancias, USA tirando una y otra vez del hilo, nosotros intentando por todos los medios que no se rompiera, mantener durante tanto rato a Felipe en cancha era poco menos que un suicidio. Cuando finalmente se sentó ya no había nada que hacer.

3. Sergio Rodríguez es como es, lo hemos hablado cientos de veces: puede tener el defecto de tirarse segundos y segundos botando y congelar el ataque (y favorecer la defensa) o al contrario, puede tener el defecto de volar en ataque y precipitar ese pase imposible que casi nadie ve, que por no ver no lo ve ni siquiera el que habría de recibirlo… Pero Sergio Rodríguez tiene también virtudes, esas virtudes que en estos últimos meses ganan con mucho a sus defectos, que aún más los ganaban ayer: dinamiza el juego, ve pases impagables que son más bien preasistencias y es capaz de interpretar (como nadie en este equipo) el pick & roll central, la jugada que más daño hacía a los norteamericanos según todos los expertos; con los gasolespero también (y sobre todo) con Ibaka, esa conexión Sergio-Serge que tan bien lo hizo en estos días y tanto mejor aún lo podría haber hecho si Scariolo hubiese dado más bola al congoleño. Pero estábamos en que el Chacho estaba en su salsa a mediados del último cuarto y justo entonces Scariolo decidió sentarlo y otorgar el mando en plaza a Llull. Que habré de reconocerlo, me parece una magnífica estrategia, de verdad se lo digo, montar caja y uno y poner a Llull sobre la estrella rival, pero habremos de reconocer que todavía hay clases: se lo haces a Parker y cortacircuitas a Francia, se lo haces a Durant y cortacircuitas a Durant, punto, creo que se entiende la diferencia. Y a cambio sientas a Sergio, no metes a Calde, de Sada ya ni hablemos, te cargas de un plumazo el proceso de elaboración de juego de este equipo. ¿Por qué? ¿Por mantener juntos en cancha a Navarro y Rudy? ¿No podrían haberse turnado, dar dos minutos puntuales de descanso a Juanqui que le habrían venido de perlas sin tener que prescindir por ello de la defensa de Llull ni de la creación del Chacho? Contra Francia salió bien, contra USA no estoy tan seguro; ni aunque así se apagara (por fin) Durant.

Y antes de acabar lo diré una vez más: aunque las circunstancias hubieran sido otras, aunque todas las decisiones del banquillo hubieran coincidido al cien por cien con mi (muy discutible) criterio, creo sinceramente que habríamos perdido igual. Creo sinceramente que ellos tienen tantas y tantas y tantas y tantas y tantas armas que aunque hubiéramos hecho lo que hubiéramos hecho tarde o temprano nos habrían acabado crujiendo de igual manera. Creo sinceramente que sólo el hecho de poder mirar de frente a estos monstruos sigue siendo un pequeño milagro (y eso que no creo en milagros), como lo fue perder sólo de siete o como lo fue perder de once en Pekín. Creo sinceramente que aunque se hayan acortado las distancias a un lado siguen estando ellos y al otro sigue estando el resto del mundo, nosotros podremos ser los mejores de ese resto del mundo pero no por ello dejaremos de estar al otro lado; aún podremos sorprenderles cuando se lo tomen a cachondeo o cuando se dejen por el camino a buena parte de lo que tienen (véanse 2002, 2004, 2006); pero en tomándoselo en serio (como fue el caso) muy poquito más se puede hacer. O dicho de otra manera, que bastante se ha hecho. Bastante se ha hecho para venir de donde veníamos, con múltiples achaques a flor de piel, con el juego bajo mínimos (cómo olvidar aquellas primeras mitades en cuartos y semis), con la actitud aquella de brazos caídos que se dejó entrever en un momento puntual del que prefiero no acordarme, no la vayamos a tener… Es muy grande este equipo, se nos está acabando pero sigue siendo grande, seguirá siéndolo (espero) en 2014, asumamos que ya no (ni de coña) en 2016. Y por eso, por ser tan grandes, es por lo que me atrevo a estar aquí poniéndole pegas (a su técnico, más bien) que jamás me atrevería a ponerle si fuera un equipo pequeño el que hubiera conseguido semejante proeza. Hemos perdido de siete una Final olímpica contra Estados Unidos, nada más y nada menos, y sin embargo aquí me tienen, a mí y a tantos otros, pensando que algunas cosas podrían bien haberse hecho de otro modo, que de haber sido otras las decisiones aún podríamos haber aguantado un poco más… Nos tienen tan malacostumbrados que hasta sus imposibles nos parecen incluso mejorables, he ahí su verdadera grandeza.

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Publicado noviembre 5, 2012 por zaid en preHistoria, selecciones

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