¿Bienvenido Mister qué?   Leave a comment

(publicado el 8 de octubre de 2012)

Americanos,
vienen a España
guapos y sanos,
viva el tronío
de ese gran pueblo
con poderío,
olé Virginia,
y Michigan,
y viva Texas, que no está mal,
os recibimos
americanos con alegría,
olé mi mare,
olé mi suegra y
olé mi tía…

Hubo un tiempo en que veíamos a Larry Bird y era como si se nos apareciera la Virgen (espero que esta analogía no hiera las susceptibilidades de aquellos que acostumbran a ser propensos a que se les hieran las susceptibilidades; si así fuera, les pido sinceras disculpas). Hubo un tiempo, les hablo casi de tres décadas atrás, en que los jugadores de la NBA no nos parecían de otro continente sino de otro planeta, venían a ser algo así como la versión postmoderna de aquel legendario film berlanguiano, aquel Bienvenido Míster Marshall al que pertenecen (se lo aclaro por si fuera usted tan joven como para no saberlo) las estrofillas que abren este post. Hubo por ejemplo aquel 1988, aquel casi recién nacido Open McDonald’s, los Celtics aterrizaron en Madrid, no sólo Bird sino también Parish, McHale, Ainge y el tristemente desaparecido Dennis Johnson, ahí es nada la pomada, no diré que a su paso la ciudad se paralizara pero créanme que faltó poco, habíamos pasado de vivir cerca de las estrellas a tenerlas siquiera por unas horas delante de nuestras mismísimas narices. Aquella tarde de domingo de aquel octubre de hace ya casi un cuarto de siglo casi no hubo ojos ni oídos en todo el país para otra cosa que no fuera la Final entre el Madrid y los Celtics, ni fútbol ni hostias (más disculpas), me recuerdo viéndolo junto a mi chica (aún se dejaba liar para estas cosas por aquel entonces) en un bar que ya no existe, en un minúsculo televisor ante el que nos apiñábamos unas cuantas docenas de parroquianos contemplando como el Madrid competía dignamente contra esos mitos a mayor gloria de un actor secundario (que ya no volvería a serlo nunca) llamado Pep Cargol… Eran otros tiempos, sin duda.

Ya no eran otros tiempos en 2007, ya habían pasado casi veinte años cuando la NBA de nuevo se hizo carne y habitó entre nosotros (espero que esta analogía etc etc), materializada en unos Grizzlies y unos Raptors que vinieron a jugar contra Estu y Madrid respectivamente en un insólito programa doble. Veinte años no es nada pero también es mucho si hablamos de deporte y no digamos si encima vienen Pau y Navarro con los Grizzlies, Calderón y Garbajosa con los Raptors, así que entre unas cosas y otras aquellos que asistimos al evento todavía nos pudimos dar el lujo de vivirlo como si estuviéramos (otra vez) en Bienvenido Míster Marshall o más bien en Bienvenido Míster Stern, de hecho empecé aquel post de entonces con estas mismas estrofillas con las que lo he empezado hoy, qué quieren, me autoplagio, soy así de creativo, no doy más de sí. Y sin embargo cuando dos años más tarde la NBA aterrizó de nuevo en Madrid transfigurada para la ocasión en Utah Jazz, aquello ya no es que no fuera Bienvenido Mister Marshall ni Mister Stern ni Mister Leches, aquello ya más bien parecía un partido de solteros contra casados. Perdida la novedad, perdida la competitividad del McDonald’s, perdida la alegría de ver a los nuestros en carne mortal con su camiseta USA, perdida toda esa magia resultó que en 2009 ya sólo nos quedaba un equipo NBA en prepretemporadajugando (es un decir) contra un Madrid de Messina que aprovechó para reservar a sus mejores jugadores no se le fueran a cansar. Se nos rompió el amor de tanto usarlo, que cantaba aquella tonadillera tristemente desaparecida.

Viene todo esto a cuento de la visita que mañana cursarán al Palau Sant Jordi los Dallas Mavericks, de hecho ya andan por allí aprovechando la estancia para presenciar clásicos futboleros y demás zarandajas. Llueve sobre mojado en Barcelona, aún más que en Madrid si cabe. Hace apenas cuatro días como aquel que dice vinieron los Sixers, hace apenas dos que vinieron los Lakers con todo su Pau y su Kobe, ahora llegan los Mavs, al final será lo que decía mi abuela, que lo poco agrada pero lo mucho enfada. Claro está, lo anunciaron a bombo y platillo, pusieron las entradas a la venta, picaron cuatro (quien dice 4 dice 4.000 por ejemplo, tampoco estaría mal teniendo en cuenta que en cualquier partido normal en el Blaugrana sólo se juntan 3.000… pero claro, en el Sant Jordi caben 17.000), fue pasando el tiempo, la cosa no subió (o no lo suficiente) y así llegamos a nuestros días, a ese aluvión de múltiples ofertas de entradas para dicho evento a precios irrisorios (que no sé qué opinarán los que en su día las compraron a riñón), de seguir así es muy probable que mañana las regalen con el periódico o con la barra de pan, no les quepa la menor duda…

Y viene también todo esto a cuento de la gira NBA Europe Tour (o como demonios se llame) en su conjunto. El viernes los Celtics rindieron visita al Fenerbahçe-Ulker, sería aquello Estambul porque nos dijeron que lo era pero más bien parecía el teatro del Bolshoi, más parecía que estuvieran en el ballet o en la ópera, el mito de la pasión turca (de esta pasión, al menos) definitivamente tirado por los suelos. Y miren que el partido se mantuvo igualado hasta casi el final… lo cual no significa que hubiera ni siquiera un ápice de tensión competitiva a lo largo de todo el encuentro. El final fue paradójico (por llamarlo de algún modo), Pianigiani con todos sus titulares, con todo su McCalebb y su Sato y su Batiste y demás parafernalia intentando (y consiguiendo) ganar, y en cambio Doc Rivers con los suplentes de los suplentes, ese Jeff Green que necesita minutos tras un año entero sin jugar y junto a él los más pardillos de su plantilla (es decir, Sullinger ya no, por ejemplo) incluido ese Fab Melo al que se le ve aún más patoso de verde que de naranja. Y no me lo entiendan como un reproche, a ver qué iba a hacer Rivers si tenemos en cuenta que se juntaron por primera vez el día 1 de octubre para la foto de familia, que harían si acaso un paripé de entrenamiento y de ahí raudos y veloces al aeropuerto para meterse un vuelo Boston-Estambul que no es moco de pavo ni aún por mucho avión privado que tengas. ¿Y qué les vas a pedir, que jueguen con la misma intensidad que si eso fuera un séptimo partido de final de conferencia contra los Heat? Ningún reproche a Doc Rivers, al menos por mi parte. Todos los reproches a la NBA, al menos por mi parte.

El de Estambul me lo tragué entero, el del sábado en Berlín sólo lo aguanté hasta el descanso (y sin hacerle mucho caso), el de ayer de Milán ni eso siquiera, me asomé brevemente en el descanso de la ACB y me di de bruces con Giorgio Armani bostezando, volví cuando acabó el Bilbao-Barça (pensando en utilizarlo como pretexto para huir del clásico) y me encontré con que aquello ya no había por dónde cogerlo, quedaba un cuarto y los Celtics ganaban ya de treinta, supongo que saldrían con las pilas puestas desde el principio para lavar lo de Estambul y a los de Scariolo les tocó pagar el pato. Y eso sí, en todos los sitios el mismo silencio sepulcral, la misma frialdad ambiental impropia de un espectáculo deportivo (ni de la NBA en temporada regular siquiera) y que sólo se veía interrumpida (si acaso) con las chorradas de los tiempos muertos. Que esa es otra, imagínese una obra de teatro en la que la gente disfrutara más del entreacto que de la obra propiamente dicha, quizá empezaríamos a sospechar que algo definitivamente no iba bien… Algo no va bien, no me refiero a la NBA que va viento en popa, me refiero a la forma que tiene la NBA de traernos su producto.

Hay alternativas, claro: de entrada podrían empezar a plantearse que hay otros mundos (pero están en éste) más allá de Londres, París, Barcelona, Milán o Berlín, más allá de los cuatro o cinco países a los que vienen siempre. Que aquí podremos estar ya cansados pero hay por ahí capitales sumamente apetecibles que jamás han pisado siquiera, qué sé yo, Lisboa, Bruselas, Amsterdam, Viena, Estocolmo, Praga, Zagreb, Belgrado, ¡¡¡Moscú!!! O si eso les parece demasiado arriesgado, si prefieren seguir pisando terreno conocido al menos muévanse un poco, igual que en su día fueron a Sevilla o Málaga vayan ahora a Valencia, Bilbao, Vitoria, A Coruña, Baleares, Canarias, qué sé yo, un sinfín de grandes ciudades más allá de las grandes capitales donde darían palmas con las orejas si pudieran asistir siquiera una vez en su vida a un espectáculo como éste. Busquen nuevos horizontes, o bien si aún pretenden seguir con los mismos horizontes cambien al menos el encuadre. Londres ya está en un escalón superior, a ellos ya les llevan partidos de temporada regular de vez en cuando, a los demás no sé qué podrían traernos pero para seguir trayéndonos lo que nos traen casi mejor que se queden en casa. Y no se lo tomen a mal, no es un reproche, sólo es la mera constatación de que hoy ya no estamos en los ochenta ni en los noventa, hoy ya existe Internet, ya no son ustedes una novedad, ya les tenemos hasta en la sopa, ya habremos visto a estas alturas como veinte selecciones USA pobladas de estrellas NBA, ya hay como cien o doscientos jugadores de aquí que están allí, ya hasta podemos ver miles de partidos por temporada si ese es nuestro deseo con sólo pagar una cuota y pulsar un botón… Entiéndanlo, siguen estando ustedes en otro continente pero ya no son de otro mundo.

Sería fácil recurrir al típico axioma de que la NBA ya no es lo que era. Sería fácil pero sería mentira: la NBA goza de excelente salud, está más pujante que nunca, no hay razones para pensar que no pueda seguir deleitándonos a este mismo nivel durante unas cuantas décadas más. No es verdad que la NBA ya no sea lo que era: los que ya no somos lo que éramos somos nosotros. Y cuanto antes lo entendamos todos, ustedes y nosotros, será mucho mejor para todos.

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Publicado noviembre 5, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

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