caer en gracia   1 comment

(publicado el 18 de junio de 2012)

 

Dicen que más vale caer en gracia que ser gracioso. Dice Pablo Laso que sí, que debe ser cierto, que caer en gracia debe ser la hostia pero él no ha tenido la suerte de comprobarlo, a él sólo le ha correspondido la segunda parte de la frase, se ve que a mucha gente le parece muy gracioso, vaya por dios. Le hacen chistes cuando se pone serio, le hacen chistes cuando se ríe, se los hacen con sus tiempos muertos, con sus cabreos, con sus jugadas, con sus palabras, con sus silencios, con sus muletillas, con todo y casi mejor así, mejor que hagan chistes, puestos a tirarle a degüello casi mejor que sea con sentido del humor. Pablo Laso, recuérdenlo, batió el pasado verano el récord mundial de animadversión temprana, aún no había estampado su firma y ya tenía un buen montón de parroquianos de la iglesia blanca manifestándose en su contra a las puertas del Bernabeu. Su línea argumental debía ser similar a la de aquel despreciativo tuit que me eché a los ojos hace apenas unos días, cambiar a Messina por Laso es como si cambiaran a Mourinho por Oltra, y se quedaba tan ancho el colega. No sé tanto de fútbol (ni de casi nada) como para andar sentando cátedra acerca de Oltra pero por lo que tengo entendido es un técnico cuyos equipos acostumbran a jugar bien y a obtener buenos resultados (asombrosa casualidad), razón por la cual cuenta ya con unas cuantas muescas en forma de ascensos en su zurrón, la última hace apenas unos días. Es decir, un magnífico profesional que hace muy bien su trabajo y que por ello (y aunque así no fuera) merece todos los respetos: exactamente igual que Laso.

Y es que túiter acostumbra a ser una caja de sorpresas en estos días. Hay muchos seres presuntamente humanos que se mueven cual pez en el agua entre la visceralidad, o blanco (nunca mejor dicho) o negro, sin matices. Yo no sé ser así, yo soy más bien gris (quizá ya lo habrían notado), puedo ser gris claro o gris oscuro según me pille pero de ahí no salgo, me encantaría sentar cátedra pero no me sale, nunca estoy seguro de casi nada. La duda es el estado natural del ser humano y por eso me dan mucha envidia aquellos (presuntos) seres que no dudan jamás, que sólo tienen certezas en su interior. En lo que se refiere a Laso los hay que se casarían con él (pocos) y los hay también que le colgarían del palo mayor (unos cuantos más).No está mal para jugar sin entrenador, decía uno cuando aún iban ganando la Final por 2 a 1, estaban a sólo un paso de la gloria y sin embargo alguno elucubraba que lo peor de ganar la Liga es tener que quedarnos con Laso, a lo que otro (pásmense) le contestaba que esa precisamente es la parte mala de los títulos. Vamos que parecía que prefirieran perder con tal de cargárselo, de ser así sus deseos se hicieron realidad sólo en un cincuenta por ciento, perdieron pero por ahora no tendrán la cabeza de Laso servida en bandeja, para eso necesitarán perder más.

Y hubo hasta quien rizó aún más el rizo, se perdió un partido contra el peor Barça de los últimos años y se llegó a estar 1-2 contra el peor Baskonia de la historia, si esto le parecía cuando estaban a punto de ganar la Final no quiero imaginar qué pensará ahora que la perdieron. Supongo que (un sector de) la afición madridista por el mero hecho de serlo tiene interiorizado tal delirio de grandeza que llega a pensar que el resto del mundo debe arrodillarse a su paso, es comprensible que así sea pero permítanme que le recuerde que esto no es fútbol, en fútbol se gastan ustedes lo que no tienen para fichar a lo más florido y granado del planeta pero en baloncesto hay no menos de media docena de equipos de este continente (y del otro ya ni hablemos) que les quintuplican o septuplican o todas las plican que ustedes quieran el presupuesto. En fútbol fichan lo que quieren, en baloncesto lo que pueden o aún mejor, lo que les dejan, y sin embargo luego se rasgan las vestiduras si la institución deportiva más laureada sobre la faz de la tierra y parte del universo no alcanza ni siquiera la Final Four. ¿El peor Barça de los últimos años? ¿El peor Baskonia de la historia (sabrá acaso usted algo acerca de su historia)? Compare plantilla por plantilla, puesto por puesto, jugador por jugador, y luego hablamos. A ver si hay tanta diferencia; y a ver si, caso de haberla, ésta es tan favorable al Madrid como supone usted.

Sólo a título informativo: el Madrid ha ganado este año la Copa, que hacía diecinueve años que no la ganaba, y ha jugado la Final de la Liga, que hacía cinco años que no la jugaba. Vale, sí, la cagó medianamente en Europa, no lo niego, ya dijo aquél que no se puede ser sublime sin interrupción. Si nos paramos a pensarlo la temporada blanca ha tenido tres partes muy diferenciadas, una primera espectacular, ritmo altísimo, fiesta permanente, partidazos a tutiplén, que pareció que se acabaría cuando acabó el lockout y se marcharon Rudy e Ibaka pero aún les duró la inercia hasta febrero, aún les quedó energía para ganar brillantemente la Copa del Rey; una segunda de bajón, físico porque las piernas estaban cansadas y psíquico porque también se relajaron las cabezas tras haber logrado ya un objetivo, todo lo cual nos dejó un Madrid lánguido y decadente que se dejó ir en la competición doméstica y aún más en la de fuera: no habría equipo para exigirles la Final Four, pero no dejaba de ser un cante que ni siquiera llegaran a cuartos; y una tercera fase en la que no fueron capaces de recuperar el tono de la primera (habría sido imposible) pero sí se rehicieron con creces de la segunda, tirando de gen competitivo y sacando fuerzas (físicas y mentales) de donde ya no las tenían: ganaron bien al Cajacomosellame (una primera ronda bastante más difícil de lo que pudiera parecer), flirtearon con la catástrofe ante el Baskonia para salir luego adelante como sólo los grandes equipos pueden hacerlo, finalmente permaneció vivo hasta el último segundo del último minuto del último partido contra su eterno rival. A muchos les parecerá poco, a muchos aunque ganara la Liga, la Euroliga, la Copa, la Supercopa y sólo perdiera el Torneo de la Comunidad también les parecería poco, a mí me parece que con la plantilla que tenían (y viniendo de donde venían) es mucho más que suficiente. No sé, si fuera capaz de verlo con la blanca puesta a lo mejor tendría otra opinión…

No dirán que no se lo advertí hace apenas un año, cuando quedó inaugurado el I Certamen Nacional de Tiro al Laso: (copio y pego) Cada vez que pierda será culpa de él, cada vez que gane será a pesar de él. Dicho y hecho. Ciertos sectores de ciertas aficiones sólo parecen vivir tranquilos con entrenadores acabados en vicde esos a quienes tienden a imaginar látigo en ristre, no hay dolor, el cansancio no existe, sólo estás cansado si piensas que lo estás, si quieres ser bueno no pienses en otra cosa, si quieres dar mimos a un niño dáselos cuando duerme. Que está muy bien, qué duda cabe, que los autores de éstas y otras frases acostumbran a ser magníficos entrenadores pero que lo que el Madrid necesita, con o sin látigo, es sencillamente estabilidad, continuidad: tener un proyecto, confiar en él, aguantarlo contra viento y marea, retocarlo y mejorarlo con los años pero sin perder su esencia. Decirlo suena fácil, hacerlo es mucho más difícil si tienes una afición propensa a ponerse nerviosa y un entorno mediático adicto a los cambios (reales o imaginados, tanto da) porque la estabilidad no vende, vaya por dios. Este Madrid abonado a la improvisación y al despiporre durante demasiados años tiene ahora una magnífica oportunidad (otra más) de empezar a construir y planificar en base a algo sólido, definido y con muy buen aspecto además. A ver cuánto les dura esta vez.

Y en cualquier caso, si les queda alguna duda, harían bien en mirarse en el espejo del eterno rival. Pascual tampoco es de los que cae en gracia precisamente, ya puede haber ganado todo lo habido y por haber que será siempre sospechoso, ya puede haber jugado a lo largo de su carrera todas y cada una de las finales de todas las competiciones nacionales sin perderse ni una sola que dará igual, algunos nunca dejarán de verle como el chico de la casa que fue a parar ahí porque no había otro, porque estaba en el sitio justo en el momento preciso, el conductor de utilitarios al volante de un Ferrari, ya saben, cosas así. No se llama Obradovic ni Ivkovic, ni siquiera Pianigiani pero presenta una hoja de servicios que apenas nada tiene que envidiarles en estos últimos años, y sin embargo esta vez perdió la Copa, perdió la semifinal de la Euroliga y si hubiera perdido también la Liga no me cabe la menor duda de que habría tenido que salir por patas no sé si antes o después o a la vez que Creus. Pero la ganó, miren por donde, la ganó cuando estaba ya más muerto que vivo, la ganó entre otras cosas porque tuvo la luminosa idea de aplicar diversas defensas alternativas que acabaron provocando el definitivo empanamiento del rival. La ganó y casi todos se alegraron por aquellos pagos pero seguro que también hubo algunos que pensaron como aquellos madridistas, que ésta es la parte mala de los títulos, que te toca comerte al odiado entrenador otra temporada más

Laso y Pascual distan mucho de ser perfectos, cosa lógica por otra parte ya que el entrenador perfecto no existe, por definición. A Laso se le vieron las carencias ante las trampas tácticas que le planteó el rival, a Laso se le ven las dificultades cuando no puede jugar al galope ni al trote y tiene que conformarse con jugar al paso. A Pascual le sucede exactamente lo contrario, la pétrea solidez de su entramado defensivo y de su ataque estático no se cuestiona pero algunos casi agradeceríamos que se cuestionara, que metiera de vez en cuando otras velocidades, que fuera capaz de refrescar su juego, lo agradeceríamos los espectadores neutrales y lo agradecerían también alguno de sus jugadores (pasados, presentes, tal vez futuros) que acaban aprisionados en su propia tela de araña cuando solían estar acostumbrados a volar. Laso y Pascual son manifiestamente mejorables (no conozco entrenador alguno que no lo sea), al menos para mi gusto, quizás para el de cualquiera. Pero Laso y Pascual reúnen muchas más virtudes que defectos, también para mi gusto, no sé si para cualquiera. Laso y Pascual son (cada uno en su estilo, cada uno a su manera) dos magníficos entrenadores que merecen con creces dejar de ser graciosos y empezar a caer en gracia de una vez por todas. Pero no teman, no caerá esa breva, más pronto que tarde les echarán, es ley de vida, se habrán de buscar las habichuelas por otros sitios, triunfarán y sólo entonces aquellos que les negaron el pan y la sal dirán anda mira, fíjate tú que ahora ya no me parece tan gracioso, quién lo habría podido imaginar

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Publicado noviembre 5, 2012 por zaid en ACB, preHistoria

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