conspiracionismo   Leave a comment

(publicado el 27 de junio de 2012)

Por increíble que les pueda resultar, tengo a mi alrededor (así en mi entorno familiar como laboral) a un puñado de personas absolutamente convencidas de que el hombre jamás pisó la luna, de que todo aquello del Apolo XI y demás apolos sucesivos no fue más que un montaje de los americanos (los de USA, concretamente) para epatar al mundo, situarse en cabeza de la carrera espacial y dar de paso en las narices a los soviéticos, asunto crucial en aquellos tiempos calientes de guerra fría. Y tanto da que les presentes pruebas, documentales, informes, vídeos, todo da lo mismo porque para ellos todo es mentira, si, hombre sí, ya ves tú, fueron hace cuarenta años, y sin embargo luego con lo que han adelantado las tecnologías ya no han vuelto a ir, a ver eso cómo se come, eso no hay quien se lo crea… (aquello me pilló en mi más tierna infancia, mis recuerdos a ese respecto son muy limitados pero en cualquier caso no me suena que aquello entonces se viviera con desconfianza; más bien al contrario, nos creímos a pies juntillas lo del Apolo XI y el XII y sin embargo empezamos a desconfiar cuando se estropeó el Apolo XIII, como al segundo ya no le hicimos ni caso seguro que esto habrá sido una maniobra de los americanos para que les volvamos a prestar atención, decía todo convencida mi madre aún sin saber que veinte o treinta años después harían la película…)

Es decir, somos conspiracionistas, vivimos enredados en una permanente teoría de la conspiración, tampoco sé de qué me sorprendo a estas alturas si al fin y al cabo me crié en una época en la que todos los males de este país se atribuían a un supuesto contubernio judeo-masónico nada menos. Si las cosas nos van bien es porque somos la hostia de buenos pero si nos van mal no es porque seamos malos ni porque haya otros mejores sino porque alguien nos pone la pierna encima y no nos deja levantar la cabeza (frase mítica donde las haya), no sé si me explico. Si arbitran a nuestro favor es porque es así pero si es en nuestra contra no es porque se equivoquen sino porque nos roban, porque hay una campaña orquestada, un complot perfectamente dirigido. Vemos fantasmas en todas partes y manos negras por todos los sitios, somos el país del asiganaelmadrid y el villarato, el de los pedrojotas y los ronceros, el caldo de cultivo perfecto para hacer del mourinhismo nuestra razón de ser, nuestra filosofía de vida. Para qué vamos a aceptar la realidad tal como es si resulta mucho más cómodo pensar que pueda haber alguien moviendo los hilos desde la sombra, bien porque le muevan razones ocultas o bien por el mero placer de jodernos la vida, según. Reconozcámoslo, somos un poco (o un mucho) paranoicos, las manías persecutorias son nuestra mejor especialidad.

Llegados a este punto se estarán ustedes preguntando a dónde quiero llegar a parar con todo esto: pues podría hablar de muchas cosas (de los recientes playoffs ACB por ejemplo, de las presuntas persecuciones arbitrales que supuestamente padecieron unos y otros, los que ganaron, los que perdieron, los que primero ganaron y después perdieron…) pero en este caso sólo pretendo hablar de algo tan lejano como el draft de la NBA; o para ser más exactos, no tanto del draft como de la lotería del draft, esa que se celebró hace ya veintitantos días y que (al menos) en nuestro país dio lugar a un montón de especulaciones previas acerca de presuntas manipulaciones, tampoco podía ser de otra manera siendo como somos: así pudimos leer que el número 1 (o lo que viene siendo lo mismo, Anthony Davis) sería seguro para los Bobcats porque la NBA querría favorecer al equipo de Jordan; o bien sería seguro para los Nets para promocionar y fortalecer a esa franquicia tras su aterrizaje en Brooklin; o bien sería seguro para los Wizards porque ya otras veces la NBA habría favorecido los intereses de los capitalinos; o bien sería seguro para los Pistons porque a la NBA le interesaría reflotar esa legendaria franquicia venida últimamente a menos; o bien sería seguro para los Hornets, como contrapartida para el nuevo propietario por su reciente adquisición… Claro está, con semejante panorama alguno de estos iluminados tendría que acabar necesariamente teniendo razón. La tuvieron los de los Hornets y de inmediato todos los demás se apuntaron gustosos a este mismo carro, si es que se lo iban a dar a Nueva Orleáns, si es que estaba clarísimo, si se lo habrían prometido al nuevo dueño, si además se lo debían tras el traspaso de Chris Paul, a ver si no de qué

Qué quieren que les diga, yo debo ser muy ingenuo ya que por regla general tiendo a creerme las cosas que me cuentan aún por inverosímiles que éstas sean. Si la NBA lo llama lotería del draft pues qué duda cabe, será una lotería, con más bolas para los peores y menos para los mejores pero lotería al fin y al cabo… Ahora bien, todo tiene un límite, hasta mi ingenuidad incluso si me la ponen demasiado a prueba. Ya saben aquello de que no bastaba con que la mujer del césar fuera honrada, que además debía parecerlo. Imaginen que el 22 de diciembre no hubiera bombos ni niños de San Ildefonso, imaginen que en su lugar compareciera a mediodía la Vicepresidenta y portavoz del Gobierno y fuera sacando carteles primero con las pedreas, luego con los quintos premios, los cuartos, el tercero, el segundo y finalmente el primero, el premio gordo señores, ahí lo tienen, ha correspondido al 69696, vendido íntegramente en O Carballiño provincia de Ourense, anda miren, qué casualidad, la bella localidad en la que pasó su más tierna infancia nuestro amado, afamado y nunca bien ponderado Presidente… Vamos que hasta un alelao como yo desconfiaría, ustedes ya ni les cuento. Es lo que tienen los bombos, que tradicionalmente son muy de fiar, ves a un número salir de un bombo y te lo crees, por definición. en cambio que te saquen un cartel y te digan nada macho, que te quedas sin chochona y sin perrito piloto porque le han tocado a éste, pues como que ya no es lo mismo. Y si quieren un ejemplo más cercano tampoco hace falta recurrir a la fantasía, lo tenemos en la cruda realidad y sin salir de nuestro deporte siquiera, sólo necesitaremos viajar un poco en el tiempo, retrotraernos a aquel sorteo de Copa de hace 2 años y medio en el que la ACB decidió prescindir de los procedimientos tradicionales y recurrir al ordenador, razón por la cual (y exceptuándome a mí y mi consabida ingenuidad, por supuesto), no se lo creyó literalmente ni dios…

Pues así fue el sorteo del draft, así es año tras año por si nunca jamás lo vieron: de entrada la cámara nos muestra a los representantes de los equipos (a razón de uno por equipo aunque el surtido acostumbra a resultar de lo más variopinto, ejecutivos, jugadores, ex jugadores, entrenadores, viejas glorias, niños, ancianos, espectaculares señoritas sin cargo conocido…), y en éstas que aparece en pantalla un sujeto con cara de autoridad de la Liga que de inmediato empieza a extraer cartelones de los sobres en orden inverso, es decir, empezando por el puesto 14 que es el último de lotería: los puestos van coincidiendo con lo que esperan los equipos hasta que de repente a uno se lo saltan, de tal manera que ese ya sabe que tendrá premio, que estará entre los tres primeros; llegados a ese punto los representantes de los tres equipos que aún quedan por salir se reúnen con el maestro de ceremonias en el centro del plató, y (como si dijéramos) vuelta la burra al trigo: la elección 3 es para los Tal, la 2 es para los Cual y la 1… la 1 ya no hace falta que la digamos porque una vez llegados a ese punto al representante del equipo en cuestión ya se le ha esponjado la cara y hasta se le han aflojado los esfínteres de la misma emoción. Y ya está, y punto y final, un acto de fe puro y duro, como la Santísima Trinidad o el Misterio de Fátima, o te lo crees o no te lo crees. Yo los dogmas religiosos hace ya muchos años que no me los creo pero lo que me cuentan los seres humanos sí tiendo a creérmelo, ya les dije que soy crédulo e ingenuo (otros dirían tontolculo). Y sin embargo habré de reconocerles que con esta clase de chous que más bien parecen designaciones a dedo del tipo and the winner is, pues como que me lo empiezan a poner difícil…

Afortunadamente el señor Stern no tiene que lidiar en su día a día con el conspiracionismo hispánico sino con el aficionado yanqui, mucho menos dado a paranoias y más a vivir el lado lúdico de la vida… o no. En las pasadas Finales nos contó Daimiel la agria discusión que el susodicho Comisionado había mantenido en antena con un periodista radiofónico al hilo precisamente de esto, de las dudas sobre la veracidad (sobre la existencia, incluso) de esta presunta Lotería del Draft. O dicho de otra manera, que yo que usted, amigo Stern, casi mejor me lo haría mirar. Que desconfiemos los españoles puede ser hasta normal, pero que ya empiecen a desconfiarle hasta los propios yanquis debería empezar a resultarle preocupante. Acuérdese de la mujer del césar: si de verdad es un sorteo casi mejor que lo parezca. Déjese de sucedáneos, desconfíe de las imitaciones, olvídese de los sobres con cartelitos, ahórrese los chous televisivos huecos, hágame caso: en lo tocante a loterías, donde esté un buen bombo que se quite todo lo demás.

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Publicado noviembre 5, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

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