el agujero   Leave a comment

(publicado el 21 de mayo de 2012)

 

Es posible que esto que escribo dentro de unas horas no tenga ya sentido. O aún peor, es muy probable que dentro de unas horas esto que escribo tenga ya todo el sentido del mundo. Dentro de unas horas, a eso de las tantas de la madrugada hora de aquí, los Lakers rendirán visita a Oklahoma City para disputar el quinto partido de una serie que marcha 3-1 a favor de los Thunder. Dentro de unas horas, si el destino no lo remedia (y si lo remedia no tardará mucho en volverlo a desremediar) asistiremos muy probablemente al último partido vestido de amarillo y morado (más morado que amarillo, en este caso) de Pau Gasol.

Aunque quizás sea mejor así, quizás hasta sería mejor que esto hubiera sucedido hace ya mucho tiempo. No nos engañemos, el matrimonio Lakers-Gasol se rompió hace ya un año, se rompió con su aparatosa eliminación en aquellos playoffs de 2011 tras pésima actuación (entre otros) del propio Pau. Y cuando un matrimonio se rompe lo que no tiene ningún sentido es prolongar la agonía, vamos a darnos un tiempo, lo hacemos por los niños, cosas así. Cuando un matrimonio se rompe lo mejor para todos (niños incluidos) es cortar por lo sano, borrón y cuenta nueva y cada uno por su lado, fue bello mientras duró. Es bien sabido que a la vuelta del lockout los Lakers intentaron traspasarlo, que de hecho le traspasaron a Houston, ¡¡¡a Houston!!!, aquí todo dios se echó las manos a la cabeza como si hubieran cometido un nefando crimen, por dios qué va a ser ahora del pobre Pau allí en mitad de Texas a la sombra de la NASA, llanto y crujir de dientes hasta que a la propia NBA (juez y parte, dado que también estaban por medio los Hornets) le dio vergüenza regalar a Chris Paul y echó para atrás la operación más que nada por aquello del qué dirán. Y aquí todos respiramos aliviados sin querer darnos cuenta de que cualquier destino lejos de Los Ángeles habría sido mejor para Pau, los Rockets y hasta si me apuran los Bobcats (quizás estoy exagerando), cualquiera. Cualquier cosa menos mantener esa relación enquistada que a la postre sólo serviría para que el quiste se fuera haciendo más y más grande según fueran pasando los meses.

Claro que a lo largo del verano pasaron más y más cosas en la franquicia angelina, cosas aún peores que lo de Pau. Phil Jackson como estaba previsto decidió jubilarse, lo cual les dejó allí en medio un agujero absolutamente imposible de llenar. Pero claro, puestos a ponerle un parche quizás lo más sensato habría sido rellenar el agujero con el material más parecido posible, llámese Brian Shaw que tras tantos años al lado de Jackson parecía la opción más fácil y más idónea (y la preferida por casi todo dios empezando por Kobe, también). Pues no. Ningunearon a Brian Shaw, ahí anda hoy el hombre ganándose sus buenos dólares a la vera de Vogel en los pujantes y emergentes Pacers de Indiana, y en su lugar optaron por contratar al ex técnico de Cleveland Mike Brown. O dicho de otra manera, pudieron rellenar el agujero con un material bastante parecido al de Jackson, si acaso más joven y tierno pero similar al fin y al cabo, y en lugar de eso prefirieron rellenarlo de agua o hasta si me apuran de aire, poco más o menos que nada, y aún así pretendieron ingenuamente que luego el suelo no se hundiera bajo sus pies. Brown será muy buen entrenador, no digo yo que no porque no soy quién para decirlo, sólo digo que si lo es se esfuerza muy concienzudamente en disimularlo. Que no es de ahora, que ya lo disimuló a conciencia durante varios años en aquellos Cavs con los resultados que todos conocemos pero qué quieren, a la familia Buss y al señor Kupchak se ve que les gustaba. Para gustos los colores solía decir mi abuela, que tenía refranes para cada ocasión (tanto daba que fueran contradictorios entre sí) por lo que también decía que hay gustos que merecen palos; no diré yo tanto porque no soy partidario de la violencia, pero tal vez no estaría de más que alguien (menos irascible que Bynum, a ser posible) les demandara alguna explicación.

Y por si esa jubilación de Jackson supusiera poco agujero, aún se las apañaron para agrandarlo abriendo la puerta a Lamar Odom. Visto de lejos podría parecer que no era para tanto, un veterano cuarto hombre (por detrás de Kobe, Pau o Bynum) al que demasiado a menudo se utilizaba como sexto hombre, a ver qué habría de importar. Pero visto más de cerca (con haber visto a los Lakers unas cuantas veces durante todos estos años sería más que suficiente) todos sabíamos que en realidad Lamar Odom era el generador de juego, el verdadero base encubierto de un equipo sin base (Derek Fisher nunca lo fue, aunque lo pareciera), algo así (salvando las inmensas distancias) como el equivalente en los Lakers de Jackson a aquel Pippen de los Bulls de Jackson; no en términos de anotación, obviamente, pero sí en términos de dirección en la sombra, de ejercer de point forward como suelen decir por allí. Los Lakers entraron en la temporada 2011/2012 como pollos sin cabeza, descabezados así en el banquillo como en la cancha, cuando vieron la magnitud del desastre intentaron solucionar lo de la cancha fichando a Sessions y fue un buen parche, qué duda cabe, más que suficiente para acabar decentemente la Regular y ser terceros del Oeste; pero parche al fin y al cabo, al menos por ahora, al menos en lo que respecta a estos playoffs.

Y en esas estamos: aquellos Nuggets disminuidos y al borde del KO técnico acabaron forzándoles el séptimo encuentro, estos muy superiores Thunder les tienen contra las cuerdas entre otras cosas porque a donde no llegan ellos llegan los propios Lakers y su capacidad autodestructiva, ese incomparable talento froilanesco para pegarse tiros en los pies. Lo demás ya lo saben, Kobe echando pestes de Pau, la afición angelina echando pestes de Pau, la afición española echando pestes de Kobe (tampoco toda, que aquí no tenemos término medio, que están los que culpan al empedrao cuando lo hace mal pero también están los que le linchan aunque lo haga bien). Qué duda cabe, a Kobe le falta un puntito de autocrítica, no es algo de ahora sino de toda su carrera pero en las actuales circunstancias se le nota un poco más: quizás debería empezar a entender que ya no es el mismo, que los años no pasan en balde (aunque sé de unos cuantos con bastante más edad que aún andan jugando que te cagas en estos playoffs), que tirársela cienes y cienes de veces por partido podía estar (relativamente) justificado cuando era el rey del mambo (o de la mamba) pero difícilmente podría estarlo ahora que ya no las mete, o que las mete menos aunque aún nos regale canastones de cuando en vez…

Ahora bien, puestos a hacer autocrítica hagámosla también nosotros mismos, al menos en lo que al tema Gasol se refiere. Si Pau no tira en todo un último cuarto puede ser (suele ser) porque no le lleguen balones, o puede ser porque le lleguen y decida pasarlos. Y si decide pasarlos puede ser a su vez por dos razones, porque considere que hay otro compañero situado en mejor posición o porque no se atreva a tirársela él. Pau acostumbra a ser irreprochable en este aspecto (y en tantos otros), cuánto mejor no le iría al baloncesto (a cualquier baloncesto) si hubiera más pívots con ese mismo criterio solidario y esas mismas cualidades para hacérsela llegar en condiciones al compañero mejor situado. Pero todo tiene un límite: Pau no tiró en todo el último cuarto del cuarto partido, y no tiró porque le llegaron pocos balones (cierto) y porque los que le llegaron prefirió pasarlos, lo cual estuvo plenamente justificado en muchas ocasiones… y fue injustificable en otras. En los dos últimos minutos, en pleno proceso de hundimiento angelino, Pau recibió tres balones en tres jugadas diferentes, en ninguna de las cuales estaba sobremarcado ni excesivamente defendido. En dos de ellas prefirió pasárselo al Jugador Antes Conocido Como Artest aún a pesar de que éste se encontraba bastante más lejos del aro y de que sus habilidades para tirar de tres vienen a ser como las mías para acertar la primitiva poco más o menos: que te puede tocar alguna que otra vez, que hasta te puede caer algún reintegro dos o tres veces seguidas, pero que lo normal es que no te toque. Y la tercera fue aún peor: último minuto, aún casi solo, y en vez de mirar al aro para tirársela de cuatro metros prefirió echarla hacia atrás, buscar a Kobe al otro lado del campo sin reparar en que por allí andaban Durant y Harden cortando ansiosos la línea de pase. Apenas unos segundos más tarde Durant clavaba el triple que culminaba la remontada, tres a uno, fin de la historia (de esa historia, al menos) con todos los ojos apuntando hacia el tipo aquél larguirucho, blanco y peludo que les acababa de regalar el balón…

¿Por qué sucede esto? ¿Por qué Pau, que no tiene ningún problema para tirársela de cuatro, cinco o seis metros a lo largo del primer cuarto, va encogiendo paulatinamente su muñeca hasta hacerla casi desaparecer llegado el último cuarto? Buena pregunta (que es lo que se suele decir cuando no se tiene una respuesta). Yo creo que hay una pérdida evidente de confianza en sí mismo por parte de Pau. Y una creciente indefinición en su rol, también. Pau llegó a la Liga siendo un cuatro al que las evidentes necesidades interiores de los Grizzlies (y algún capricho puntual de sus entrenadores, también) acabaron reconvirtiendo en cinco. Poco a poco Pau se nos fue quedando en cinco y dejando de ser cuatro, y en éstas llegó a Lakers y pareció que volvería a ser cuatro pero las constantes lesiones de Andrew Bynum le obligaron a seguir fajándose una y otra vez (con mejor o peor fortuna) en el centro de la zona. ¿Recuerdan la Final de 2009 contra Orlando, acaso la que vio al mejor Pau que hubo y habrá nunca en la NBA? Pau empezaba pasándolo mal contra Rashard Lewis o incluso Ryan Anderson, pero era irse Bynum por dos faltas (cosa que solía suceder bastante pronto) y ver Pau el cielo abierto al tenerse que ir al centro de la zona. Lo que para cualquier otro hubiera representado un marrón de considerables proporciones, emparejarse a Dwight Howard, para Pau era poco menos que una liberación: anuló al presunto supermán en defensa y le hizo muchísimo daño en ataque, mucho más de lo que el más optimista de entre nosotros se hubiera atrevido a imaginar. Pau, que no es precisamente un fajador ni lo ha sido ni lo será ya nunca, se siente más a gusto atacando el aro de espaldas que de frente, tanto mejor cuanto más cerca esté… lo cual es un problema cuando eres nominalmente uncuatro y tienes a tu lado a un cinco de manual (un muy buen cinco, además) llamado Andrew Bynum. Cuestión de (falta de) confianza, de pura y dura inseguridad: si en el primer cuarto te la tiras de fuera y la fallas no pasa nada (y quizá por eso no suele fallarla) pero si te la dan en el último la cosa cambia, te entra la flojera, piensas de inmediato que cualquier otro (así esté bajo el aro o en la otra punta, así se llame Andrew, Kobe o Metta, tanto da) tiene más posibilidades de meterla que tú…

Dentro de unas horas (o a lo sumo de unos días, pero no creo que dé para tanto) se acabará la historia de estos Lakers 2011/2012, que es tanto como decir que en apenas unas horas se acabará la historia de Pau en los Lakers. Podrá suceder mañana o dentro de una semana o en la noche del draft o en agosto u octubre, qué sé yo, pero estoy convencido de que Pau no volverá a vestir de amarillo y morado ni a ponerse tampoco ese blanco y radiante traje de los domingos. Tanto mejor. Me da igual dónde vaya, no sé si en su nuevo destino aspirará al anillo o a meterse en playoffs o simplemente a mejorar los resultados de la franquicia y hacer una temporada digna, no lo sé ni me importa, sólo sé que su relación actual está muerta, que la ruptura se ha consumado y que cuanto antes se digan adiós será mejor para todos, menos daño se harán los unos a los otros. Y empezar de cero, en una ciudad nueva, en un lugar donde no necesariamente sus virtudes pesen siempre menos que sus defectos, donde poder recuperar la confianza y hasta las ganas de jugar una noche tras otra al baloncesto. Y en cuanto a los Lakers, pues ellos mismos: aunque por fuera den palmas con las orejas, en su fuero interno deberían preocuparse (y lo harán, seguro) por la marcha del último generador de juego (aún desde el puesto de pívot) que les quedaba; que sí, que tendrá sus defectos y será todo lo soft que ustedes quieran pero que sin él no habrían ganado sus dos últimos anillos, sin él no estarán haciendo otra cosa que agrandar (aún más si cabe) el agujero. Tendrán ahora todo un verano para taparlo, ustedes sabrán (o no) lo que hacen.

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Publicado noviembre 5, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

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