el Entrenador de Todos los Años   1 comment

(publicado el 14 de mayo de 2012)

 

El proceso de elección de Entrenador del Año en nuestra Liga ACB responde a un mecanismo ciertamente muy complejo, en el que inciden un sinfín de variables que resultaría sumamente prolijo explicar aquí, en el corto espacio de unas breves líneas. Pese a ello, y dada mi natural vocación de síntesis, haré un ímprobo esfuerzo para resumirles de la mejor manera posible los pasos que por lo general conducen a la concesión del susodicho galardón:

Paso 1: se espera a que termine la temporada regular.
Paso 2: una vez finalizada la temporada regular se obtiene la clasificación.
Paso 3: se mira dicha clasificación para comprobar qué equipo ocupó el primer puesto.
Paso 4: se comprueba quién es el entrenador de dicho equipo.
Paso 5: se otorga a dicho técnico el premio al Entrenador del Año. Sin más.

O dicho de otra manera: en la temporada 2009/2010 el Barça acabó primero la temporada regular, y el premio al Entrenador del Año le fue otorgado a Xavi Pascual. En la temporada 2010/2011 el Barça acabó primero la temporada regular, y el premio al Entrenador del Año le fue otorgado igualmente a Xavi Pascual. Y en ésta recién concluida 2011/2012 el Barça ha acabado primero la temporada regular, y el premio al Entrenador del Año le ha sido concedido a… (terminen ustedes la frase, háganme el favor, que es que a mí me da la risa). Xavi Pascual es el Entrenador del Año de Todos los Años, si aún siguiera veinte campañas más en el puesto y de ellas ganara la Regular en diecisiete no les quepa la menor duda de que se haría acreedor a otros diecisiete galardones de entrenador del año. Pero vamos, que tampoco es una cosa exclusiva de Xavi Pascual ni del Barça, que otros hubo en años anteriores que recibieron el premio en similares circunstancias, exactamente por la misma razón. Si se diera el improbable caso de que uno de los dieciocho equipos ACB decidiera funcionar sin técnico en régimen de autogestión, y si se diera el caso aún más improbable de que ese mismo equipo ganara la Regular, no les quepa la menor duda de que la ACB declararía el premio desierto. Y si a ese mismo equipo no le fuera permitida la autogestión y se viera obligado a nombrar a un técnico meramente simbólico, qué sé yo, pongamos Paquirrín, Belén Esteban, Pocholo, Chiquito de la Calzada… pues ya saben a quién iría a parar el galardón para pasmo y regocijo de nuestros programas del hígado, digo del corazón. Quién sabe, lo mismo de esta manera remontarían las audiencias…

Yo, dada mi natural ingenuidad para estas (y otras) cosas, sigo pensando que Entrenador del Año debería serel que haga más con menos, el que mejor optimice sus recursos. ¿Por ejemplo? Una vez que se me cayó por su propio peso la candidatura de Porfirio Fisac tras su nefasta segunda vuelta, el número uno pasó a ser por méritos propios Sito Alonso, que no hará falta que les recuerde el temporadón que ha hecho su tradicionalmente modesto GBC con no más ni mejores mimbres (al menos en apariencia) que tantos otros. Sito es mi particular Entrenador del Año, y si no lo fuera él lo sería Vidorreta, y si él tampoco lo sería Ponsarnau o incluso si me apuran Joan Plaza (aunque este último sí tenía más mimbres). Como lo habría sido Porfi desde Valladolid en las dos campañas anteriores, como tantas veces podría haberlo sido Pedro Martínez desde su Gran Canaria y tampoco lo fue… Xavi Pascual tiene la plantilla con más posibles de la ACB, por lo que que el resultado lógico es que acabe primero la temporada regular de la ACB. Si hubiese hecho una campaña arrolladora, si hubiese alcanzado un inigualable nivel de excelencia, si sus resultados hubiesen superado con creces las mejores expectativas entonces sí, entonces tal vez podríamos pensar que habría optimizado aún más si cabe las inmensas posibilidades de su exuberante elenco. Pero no parece que sea ése el caso: el Barça ha cumplido con lo que cabía esperar, ni más ni menos; ni ha decepcionado (lo cual le honra) ni ha epatado tampoco. ¿Y sólo con eso ya es bastante como para que a su técnico le sea adjudicado el coach of the year casi en propiedad, cual si de un premio vitalicio se tratara? Ustedes mismos…

Claro, lo mismo me dirán que en la NBA también pasa, que los mejores fueron los Spurs y el premio se lo han dado a Popovich. Pues vale, pero ahí, exactamente ahí, se acaban las semejanzas. Para empezar Popovich no tiene ni de lejos la mejor plantilla (en mi opinión), sí tiene una gran plantilla en la que se da la particularidad de que sus tres principales estrellas andan metidísimas en años, particularidad que complica mucho las cosas en temporadas como ésta con abundantes periodos de tres partidos en tres días, o de cuatro partidos en cinco noches consecutivas. Popovich ha hecho auténtico encaje de bolillos con los minutos y los descansos durante toda la temporada, no ya para que Duncan, Ginóbili y Parker le llegasenvivos y frescos (en la medida de lo posible) a estas alturas sino para que incluso lo hicieran como el mejor equipo pasando por encima de Bulls, Heat, Thunder y demás. Eso sí que es optimizar recursos, y sin dejar por ello de jugar un magnífico baloncesto. Pero es que, además, el que haya sucedido este año no significa que algo así suceda todos los años, más bien al contrario. Los Bulls de Jordan ganaron la Regular unas cuantas veces y no por ello le dieron a Phil Jackson el Coach of the Year todas esas veces: se lo dieron cuando el nivel de excelencia se fue por las nubes, cuando aquel equipo para la historia alcanzó 72 victorias sobre 82 posibles en 1995/1996. Créanme, yo hasta he visto en NBA algo que aquí sería sencillamente impensable: que entrando dieciséis equipos al año en playoffs le dieran el premio a un técnico que no se metió en playoffs. Y si quieren nombre y apellido se lo pongo, Glenn Doc Rivers, en su primera temporada como head coach, aún no en Boston sino en Orlando, obteniendo un número de victorias insospechado para una plantilla que literalmente no había por dónde cogerla. Recuerdo puntualmente ese caso pero no me extrañaría que hubiera más. Es decir, optimizar recursos, hacer más con menos, por encima de cualquier otra consideración.

Y habrá también quien piense que aprovecho la ocasión para hacer leña del árbol caído, apenas tres días después de su dolorosa derrota en semifinales de la Euroliga. Nada más lejos de la realidad. Quien me lea desde hace siglos sabe que más de una vez y más de dos he elogiado a Xavi Pascual, nada que no mereciera por otra parte. No es su baloncesto el más alegre ni el más atractivo del mundo, estaremos de acuerdo (y el frenazo en la progresión de Ricky algo pudo tener que ver con todo ello), pero lo que hace lo suele (o solía) hacer muy bien: su defensa en estas pasadas temporadas fue modélica, espectacular en sí misma (al menos para aquellos que sostenemos que una buena defensa también puede ser un gran espectáculo). Este año ya no, véase el chorro de puntos que en recientes compromisos les endosaron Baskonia y Madrid en su propio feudo del Blaugrana. Este año, además, se les ha acentuado esa extraña incapacidad para cambiar el paso, que acaso ya existiera en temporadas precedentes pero que acaso no se notara porque tampoco la necesitaban, porque les bastaba y les sobraba con lo que hacían bien. Es este Barça equipo de una sola velocidad, lleva años siéndolo pero ahora se le nota más; algo que le resultó especialmente dramático la otra noche ante Olympiacos.

Pascual tiene un defecto, yo me limito a ponerlo en cursiva pero ustedes pónganle todas las comillas que quieran a la palabra defecto: Pascual es entrenador-jefe en el mismo equipo en el que antes fue entrenador-asistente, y eso casi nunca suele funcionar, tanto más tratándose de un grande. Aunque los resultados acompañen nunca dejará de ser mirado con lupa, como si fueran no gracias a él sino a pesar de él. Y el día que dejen de acompañar que se prepare que de inmediato le echarán el mundo encima, véase la muestra. Plaza necesitó bajarse a Sevilla para que reconocieran su valía, qué decir de Sito que hoy triunfa por todo lo alto en tierras donostiarras tras haber estado permanentemente bajo sospecha en Badalona. Quién sabe, quizá más pronto que tarde Pascual sea defenestrado en Can Barça, se vaya a entrenar a Murcia por poner un ejemplo, haga un temporadón, quede quinto o sexto y aquí nos veamos unos cuantos demandando que le den el premio al entrenador del año. Acaso entonces reconocerá que para te den este premio no basta con merecerlo, de hecho eso parece ser lo menos importante. Para que te den este premio lo único que hace falta es que tu club se gaste una pasta, que te compre los mejores jugadores, justo aquellos que te permitan ganar por encima de cualquier otro equipo y por encima de cualquier otra consideración. Apenas nada más.

 

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Publicado noviembre 5, 2012 por zaid en ACB, preHistoria

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