en tránsito   8 comments

La cosa, como tantas otras cosas, empezó de la manera más tonta. La cosa empezó con una queja en tuiter, este pasado verano: un presunto lector me comentaba que por más que lo intentaba no conseguía leer mi blog, que no podía aguantar ni ese fondo negro ni tanta sobreabundancia de texto sin ni una sola fotografía siquiera. La verdad es que no le di la menor importancia, siempre he sabido que es imposible gustar a todo el mundo, está claro, hay gente pa to. Hice mal. Hace pocas semanas se me quejó (también en tuiter) otro lector, éste ya de una manera mucho más constructiva: ¿Hay modo de ver tu blog con letra negra sobre fondo blanco? Los artículos me gustan mucho pero leerlos me da dolor de cabeza. Me empecé a inquietar: ¿le estaría ocurriendo eso mismo a más gente? ¿Habría otros lectores más o menos habituales a quienes les pasara lo mismo, y que por mera prudencia nunca me lo hubieran comentado? ¿Habría incluso ex lectores que hubieran huido de mi blog como de la peste, no porque no les gustara el contenido (que sería perfectamente razonable) sino porque no soportaran el continente, porque esas letras claras y ese fondo negro les hicieran daño a la vista?

Reconozco que cuando parí el blog no pensé en la legibilidad, sino únicamente en la estética. Aunque a decir verdad tampoco es que tuviera muchas más opciones: en aquel entonces (agosto de 2007) la recién nacida Comunidad de El País daba a escoger entre cinco o seis diseños, no más, de los cuales todos eran blancos (con ligerísimas variaciones entre sí) excepto éste. Qué quieren que le haga, no me gusta el blanco, no me busquen connotaciones deportivas relacionadas con la indumentaria de ningún equipo porque no van por ahí los tiros, es simplemente que me parece muy soso un fondo en blanco (por más que luego se pueda tunear), es un poco lo de siempre, lo de todos. El negro me pareció mucho más estético, mucho más elegante, lo escogí y no volví a plantearme nada más… hasta ahora. 

Por supuesto que atendiendo a los deseos de ese último lector le di unas cuantas vueltas al blog para ver si pudiera existir alguna posibilidad de ponerlo en negativo (como si dijéramos). Ni de coña. Es negro y es negro, si se pueden poner los colores del revés yo desde luego no he encontrado la manera (más allá de lo obvio, es decir, hacer un copiapega y llevarse el texto a otro lugar para toquetearlo… lo cual supondría una molestia por la que no creo que ningún lector en su sano juicio estuviera dispuesto a pasar). Por supuesto que me planteé la posibilidad de cambiar el formato, que anduve mirando a ver si La Comunidad había progresado y tenía ya más diseños para escoger… Algo ha progresado en estos años, no digo yo que no, ahora en vez de cinco o seis ofrece once diseños… de los que todos siguen siendo blancos excepto uno, el mío, casualmente. Que sí, que ya lo sé, que muy probablemente esos diseños blancos se puedan pintar de colores, no digo yo que no, pero que todo esto de alguna manera me hizo empezar a sentir que mi relación con esta Comunidad estaba llegando un punto de no retorno. Era sólo un factor, pero un factor que se sumaba a otro, y a otro…

Se sumaba al hecho (que ya les he contado demasiadas veces) de los problemas técnicos que me suele dar esta Comunidad cada vez que quiero postear una entrada, cada vez que hago un copiapega de un texto escrito en otro sitio y en cuanto me descuido se me van todos los formatos, o me desaparecen y/o se me recuadran en blanco los párrafos, o se me quitan los puntos y aparte o se me ponen varios tipos y tamaños de letra diferentes; o cada vez que quiero editar un texto ya publicado para corregir alguna mínima errata y al hacerlo me desaparece el post entero (alguna vez me ha pasado, se lo aseguro) y al final me lo tengo que volver a teclear… De verdad, no se pueden hacer ustedes ni idea de los dolores de cabeza que me ha proporcionado y las horas de ocio (y hasta de sueño) que me ha robado toda esta historia, de las veces que he tenido que dejarme algo a medias en casa y acabarlo al día siguiente en el trabajo (o viceversa), de la desesperación que todo ello supone a la hora de hacer algo que no haces por obligación sino por devoción, por el mero placer de hacerlo. Si son blogueros probablemente me dirán (o no) que en todas partes cuecen habas, que no hay plataforma perfecta, que estos mismos problemas u otros parecidos los tendré también en cualquier sitio al que vaya. Puede ser, no digo yo que no. Pero necesito comprobarlo.

Y no les voy a engañar, hay un tercer factor que sumar a los dos anteriores, un factor (llamémoslo así) ideológico. A ver cómo lo explico: El País siempre había sido mi periódico, llevaba ya 35 años siéndolo así fuera en versión papel o en versión digital. Siguió siéndolo incluso en aquellos años difíciles del preaznarismo o el postfelipismo, cuando había compañeros de trabajo que me miraban mal por el mero hecho de llevarlo, que me preguntaban dónde vas con la bayeta o que me definían como un chico muy majo pero que sólo tiene un defecto, lee El País. Incluso entonces, aún no estando de acuerdo con muchas cosas, me seguí identificando con su calidad, con su manera de hacer periodismo, con su capacidad de poner cada día en mis manos un producto muy bien hecho y muy bien escrito. De ahí que a mediados de 2007, cuando andaba yo a vueltas con la idea de crear un blog y justo entonces nació esta Comunidad, no tuviera yo ninguna duda. Y lo crean o no para mí ha sido un orgullo llevar en mi blog el apellido de El País durante estos cinco años y pico. Hoy ya no. Y no es una cuestión de línea editorial, de la que podría discrepar en muchas cosas pero que esas discrepancias siempre serían infinitamente menores a las que tendría con otros medios que se consideran el ombligo del Mundo o creen estar en posesión de la Razón. No es eso, sino más bien la sensación de que éste ya no es mi País, de que ya no me puedo identificar con un medio cuya única filosofía ya no es periodística ni tan siquiera ideológica sino exclusivamente mercantil. No me he caído de un guindo (que ya no estoy en edad de caerme de casi ningún sitio), sé bien que esto es una empresa pero hasta ahora había creído que detrás de esa cabecera había algo más, no sólo el balance económico del ejercicio sino también una determinada manera de entender la vida. Hoy ya sé que no, lo supe hace algunas semanas cuando decidieron poner en la calle a un tercio de su plantilla, un ERE masivo que se explicaría en términos de crisis (la económica y la de la prensa en papel, ambas) si no fuera porque no parece que su cuenta de resultados se resienta demasiado a tenor de esa docena y pico de millones de euros que se lleva muertos cada año su Consejero-Delegado. Un Consejero-Delegado que dijo además en aquellos días una frase que me hirió especialmente (me hirieron varias, pero una especialmente), aquella de que los mayores de cincuenta años no pueden tener el perfil profesional adecuado para escribir en este periódico. No argumentaré en contrario porque ya lo hicieron otros (mucho mejor de lo que podría hacerlo yo) y porque tampoco lo considero necesario, una estupidez así se contesta por sí sola. Pero creo que sí procede decir que tengo 52 años. Ojalá tuviera 26, qué más quisiera yo, pero tengo 52. Y aunque mi perfil no sea profesional sino meramente amateur, entiendo que debo darme por aludido. Afortunadamente no soy de plantilla, lo mío es gratis, a mí no necesitan echarme ni aún menos indemnizarme, sé irme solo. He entendido el mensaje, aquí estoy de más.

Sumados pues todos estos factores (problemas de legibilidad, problemas tecnológicos, problemas de conciencia), tomé finalmente una decisión que apenas unos días antes jamás habría pensado que tomaría, que aún menos lo habría pensado hace apenas dos meses cuando celebraba el quinto aniversario de este blog: cambiar de casa, llevarme mi blog a otro lugar. Dicho así parece sencillo, hay webs que no se recatan en cambiarse de traje cada tres meses y así les va (o así les fue), pero a mí como que me cuesta: soy más de mantener una imagen, de no tocar lo que (creo que) funciona, de intentar fidelizar al lector. Y además, no les voy a engañar, que me daba una pereza tremenda meterme otra vez en mudanzas a estas alturas de mi vida. Pero la decisión estaba tomada, y una vez que tomo una decisión no acostumbro a echarme atrás.

Ya, pero, ¿a dónde? Dos referencias básicas, Blogger y WordPress. Anduve curioseando, comparando, mirando a ver qué me ofrecía la una y la otra, y me decanté finalmente por WordPress: muchos más formatos (temas, lo llaman ellos) para escoger, muchas más posibilidades, mucho más tuneable (o customizable, que supongo que es un término más adecuado) y sobre todo esa última cualidad que acabó por convencerme (ingenuo de mí), la posibilidad de migrar mi blog entero a través de una aplicación diseñada a tal efecto. O eso creía yo: cuando fui a hacerlo resultó que no había manera, que se ve que la herramienta vale para muchos tipos de blogs pero no para éste de La Comunidad, vaya por dios. Sí vale para Blogger, sí podría haber servido para llevarme lo que publiqué en aquel originario Blog de Zaid en SEDENA… pero tampoco, porque me pedía mi usuario de Gúguel y mi actual usuario nada tiene que ver con el que utilizaba en su día (han pasado ya más de tres años) para publicar en aquel blog, que ni lo creé yo ni recuerdo ya cuál era… Total, que me lo he tenido que importar todo a manubrio, lo de este Correcalles y lo de aquel Blog de Zaid, incluyendo (ya puestos) escritos que ya no estaban en Internet pero que al menos tuve la precaución de recopilar en su día. Un agotador proceso que ha estado a punto de acabar con mi resistencia física y no digamos ya con mi resistencia psicológica, pero que al menos me permitirá mantener casi todo lo escrito (el casi es porque he prescindido de unos cuantos posts meramente coyunturales, o bien sencillamente infumables) en un mismo lugar… o eso espero.

Aún me esperaba otro contratiempo: cuando fui a llamar al blog por su nombre, es decir Correcalles, descubrí con profunda sorpresa que no me dejaba, que contra todo pronóstico ese nombre ya estaba ocupado en WordPress (y no por mí, evidentemente). Sí, resulta que hay por el mundo otro blog (al menos) llamado Correcalles, que casualmente también trata de baloncesto y que está escrito por un tal Pablo Girón. Blog mucho más reciente y mucho menos prolífico que el mío, en cualquier caso: nació en junio de 2011 y desde diciembre de 2011 parece estar abandonado. Poco es, pero lo suficiente para no poder seguir llamándome como me venía llamando hasta ahora. Probé también en blogger y me sucedió tres cuartos de lo mismo, también estaba ya pillado el nombre… aunque pinchando en él me aparecía un blog en blanco, con apariencia de no haber sido ni estrenado siquiera. Fuera donde fuera, estaba claro que ya no iba a poder seguir llamándome como me llamaba…

Mi primera idea fue, digamos, continuista: trucar de alguna manera la dirección, añadirle alguna otra erre o ele (¿corrrrrecallllles?) o añadirle un artículo (¿elcorrecalles?), aunque en pantalla el nombre se siguiera viendo del mismo modo… No me gustó. Al fin y al cabo ya había (al menos) otro Correcalles por el mundo, no me apetecía seguir llamándome igual que otro blog ni aunque yo hubiera llegado primero (a la blogosfera, no a WordPress). Ergo ya sólo me quedaba otra opción, optar por la ruptura, ponerle otro nombre radicalmente distinto. Ya, ¿pero cuál, si casi todos los términos de baloncesto están pillados ya para nombres de blogs a estas alturas? Se me ocurrió que la única manera de ponerle un nombre que aún no estuviese ocupado (y de que no me lo fueran a ocupar después) era incluir mi nick en la denominación del blog. Pensé en llamarlo simplemente el Blog de Zaid (como aquel de SEDENA) pero lo descarté de inmediato por insustancial, porque nada había en ese título que lo identificara con el baloncesto. Pensé luego en llamarlo la Zona de Zaíd o simplemente Zona Zaíd, pero se me ocurrió guglearlo y cuál no sería mi sorpresa cuando me encontré con unos cuantos anuncios de venta de pisos, espectacular apartamento de dos dormitorios, reformado, soleado, zona del Zaíd, quién me iba a decir a mí que hubiera un barrio en Granada con ese nombre. Así que seguí dándole vueltas, pero muchas vueltas (ni se imaginan las vueltas que puedo llegar a darle a las cosas cuando me pongo a darle vueltas a las cosas) y finalmente encontré una combinación que me sonaba bien y que me parecía muy representativa de la filosofía de este blog: que es mi espacio de baloncesto, sí, pero también (y por supuesto) el suyo, el de todos aquellos que tengan a bien pasarse un rato (o muchos) por aquí. Señoras, señores, sean todos bienvenidos a zaid Arena. [Acotación al margen: reconozco que la tragedia del pasado jueves en el Madrid Arena me hizo replanteármelo, por lo inapropiado que pudiera resultar haber elegido precisamente este nombre en un momento así. Pero el nombre lleva puesto en realidad desde mediados de octubre (más o menos desde entonces llevo trasteando en el blog), como para pararme justo ahora a pensar en otro (con lo que me cuesta) sólo por un hecho meramente puntual… aún por muy desgraciado que éste fuera]

Así que esta es (o debería ser) mi penúltima entrada en Correcalles, aún dejaré una más (muchísimo más breve) en los próximos días simplemente a título informativo, para que todo aquel que se pase por allí sepa de inmediato a dónde tiene que ir para seguir leyendo el blog. Particularmente no me gustaría nada que este Correcalles muriera, me gustaría que siguiera existiendo aunque fuera en estado de hibernación; que aunque ya no vaya a escribir nunca más allí (o sí, quién sabe, vaya usted a saber las vueltas que puede dar la vida) permaneciera en el ciberespacio para poder volver de vez en cuando, para recuperar alguna cosa que se me hubiera olvidado rescatar, y sobre todo para que no se perdieran los comentarios (no podía llevármelo todo) o para que ustedes también pudieran pasarse si alguna vez les apeteciera recordar los viejos tiempos. Y en cualquier caso no me gustaría dejarlo sin expresar mi más sincero agradecimiento a toda la gente que haya trabajado en La Comunidad de El País durante todos estos años (y que espero que aún puedan seguir haciéndolo). Gracias a todos y muy especialmente a quien tomara la decisión de recuadrar mi blog (junto a otros) en la página de inicio de La Comunidad, supongo que porque les pareció que era digno de ser destacado. A pesar de todos los pesares, fue un placer.

Y esta es mi primera entrada verdaderamente nueva en zaid Arena, aunque por ahí abajo encontrarán también las seiscientas y pico anteriores como fruto de esa recopilación enfermiza que antes les conté. Verán que he optado por un diseño tirando a sobrio, sencillo o como dicen los de WordPress,minimalista (vamos, que tiene la mínima lista de cosas que puede tener un blog); pero al mismo tiempo he hecho todo lo posible para que resulte acogedor (todo lo acogedor que puede resultar un blog, entiéndase), para que todo aquel que venga a parar aquí se encuentre a gusto leyéndolo. Si hasta he ilustrado con fotografías y demás imágenes buena parte de las entradas anteriores (como igualmente procuraré seguir haciéndolo en las siguientes), vaya usted a saber si el día menos pensado no me atreveré incluso con algún vídeo… pero todo a su tiempo, no adelantemos acontecimientos todavía. Por ahora lo único que pretendo es que resulte más visual, que los textos no estén tan abigarrados, que la lectura de mis tochos (porque seguiré soltando tochos, de eso no les quepa la menor duda) les resulte menos cansina. Nada es definitivo en cualquier caso, no lo es ni lo será nunca, procuraré ir introduciendo periódicamente pequeños cambios para que sea un diseño vivo, no una única imagen de una vez y para siempre como sucedía en el anterior. Nada es definitivo porque además aún está en un estado un poco embrionario (llamémoslo así), verán que aún faltan cosas, que aún faltan por ejemplo los enlaces a otros blogs… pero en todo caso ahí/aquí tienen ya el resultado a su entera disposición, para lo que gusten mandar. Están ustedes en su casa.

Les espero a todos, por supuesto, que lo único que no me perdonaría jamás en todo este tránsito es que se me quedaran algunos de mis lectores habituales por el camino. Y mientras tanto gracias, muchísimas gracias: por su fidelidad, por su infinita paciencia (sobre todo si han aguantado leyendo hasta aquí) y por su atención, una vez más. Nos vemos en zaid Arena.

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Publicado noviembre 5, 2012 por zaid en varios

8 Respuestas a “en tránsito

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  1. Te seguire leyendo por aqui.
    Un Saludo

  2. Buenas,

    Ya hemos llegado a la nueva ubicación. En un tris, lo bueno del intelnes es que no hay distancias. Ahora a esperara un buen post de basket. 🙂

  3. Bienvenido a wordpress, seguire tu blog con mas facilidad ahora jejeje

  4. Pingback: INCUNABLES (I) – Connecticut-Syracuse (12/03/2009) | ZAID ARENA

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