evaluación continua   Leave a comment

(publicado el 22 de octubre de 2012)

 

La ACB se examina semana a semana. Me dirán que siempre fue así y es cierto, llevamos ya años y más años mirando las audiencias con lupa cada lunes y pensando que de su mayor o menor cuantía depende no ya la supervivencia de la competición sino la de todo nuestro baloncesto en general. Sí, siempre fue así pero este año es mucho más así que nunca si cabe. Este año los exámenes no generarán consecuencias más o menos etéreas a largo plazo sino que tendrán consecuencias muy concretas a corto/medio plazo: de su resultado dependerá que pasemos curso (en TVE1) o que repitamos, que nos vovamos a ver condenados a las catacumbas de Teledeporte. Y ojalá fueran exámenes a la antigua, ojalá nos bastara sacar buena nota en los parciales de febrero (Copa del Rey) y en los finales de junio (playoffs) para salvar el curso. No es el caso, somos mucho más modernos que todo eso, este año tenemos evaluación continua. Que todo puntúa, que cada semana cuenta, que nos sacan la media. Una media que por ahora es más bien calcetín (disculpen la analogía chorra), calcetín comido y tobillero y lleno de agujeros además.

Supongo que en la ACB viven instalados en el convencimiento de que cualquier partido del Madrid o del Barça, así lo juegue contra el Matalascabrillas del Monte, dará siempre más audiencia que el mejor partido posible entre los dos mejores equipos del mundo mundial que no se llamen Madrid o Barça. Supongo que el concienzudo estudio de las audiencias de todos estos años les habrá hecho llegar a semejante conclusión. Y será así, no digo yo que no pero siempre hay matices, como en casi todo en esta vida. Usted puede ser muy del Madrid o muy del Barça y repantingarse cómodamente en su sofá un domingo por la tarde para ver si gana el suyo o para ver si pierde el otro, que de todo hay, pero si luego ese partido está resuelto antes de acabar el primer cuarto es muy probable que se vaya usted a otro canal o a hacer cualquier otra cosa, aún por muy del Madrid o del Barça que sea. Claro que también puede suceder exactamente lo contrario, que si usted es muy del Madrid o muy del Barça no se siente ni de coña a ver un (pongamos por caso) Bilbao-Estudiantes, pero que en un momento dado usted se ponga a zapear cuando se aburra de la típica película dominical blandurria o del tiempo tan feliz y al final acabe cautivado por un espectáculo deportivo vibrante y emocionante aunque se le dé una higa cuál sea el ganador. Y sin embargo la ACB no concibe esa razón; donde esté un grande contra un pequeño que se quiten los medianos, mejor malo conocido que bueno por conocer.

Evidentemente ni el Fuenla ni el CAI son el Matalascabrillas del Monte. Evidentemente en la ACB no hay Matalascabrillas del Monte, afortunadamente tenemos aún una Liga en la que cualquiera puede ganar a cualquiera. Cada vez menos, es cierto, cada vez se abre más la brecha entre los pocos ricos y los muchos pobres (a imagen y semejanza del país) pero todavía quedan casos como el del Valladolid en la primera jornada o el CB Canarias ayer mismo (aunque no llegara a consumarse) que nos reconcilian con esta competición y con este deporte. No, definitivamente ni el Fuenla ni el CAI son el Matalascabrillas del Monte… pero sería bueno que además de no serlo tampoco lo parecieran. Puedo perdonar al Fuenla en su visita al Palacio de hace una semana: al fin y al cabo jugaban fuera, al fin y al cabo la diferencia presupuestaria es abismal, al fin y al cabo tiene muy poquita sustancia el equipo fuenlabreño esta temporada (me da la sensación), al fin y al cabo aguantaron casi cuarto y mitad antes de desmoronarse definitivamente. Puedo entender al Fuenla de hace una semana… pero me cuesta muchísimo entender al CAI de ayer.

No nos engañemos: de cada diez veces que se enfrenten Barça y CAI lo normal es que en ocho o nueve de ellas gane el Barça. Repito, lo normal, como lo normal sería que gane seis o siete de cada diez veces que se enfrente al Bilbao Basket (y me habré quedado corto) o 99 de cada cien veces que se enfrente al Blancos de Rueda Valladolid, por ejemplo. Y sin embargo esta temporada no sucedió ni una cosa ni la otra. Una cosa es que no sea probable que ganes y otra que no ganes, pero eso sí, para que ganes el primer paso será autoconvencerte de que puedes ganar. Es decir, yo no le exijo al CAI que gane al Barça, sólo faltaría; con que hubiera querido ganar ya me habría valido. No hace falta que gane pero por lo menos que lo intente, por lo menos que parezca que lo intenta. Puede que quienes asistieron al pabellón lo vieran de otra manera, pero a quienes lo vimos desde casa nos quedó una sensación como de caída de brazos generalizada desde el minuto 1. Una sensación que no se justifica (o que de ningún modo debería justificarse) en base a una ausencia, aún por grave e importante que ésta sea: si te falta Pablo Aguilar lo tendrás aún más difícil, qué duda cabe, pero eso en ningún caso te debería servir de coartada para salir ya con la derrota puesta del vestuario.

¿Exagero? El partido no duró ni hora y media, acabó exactamente a las 19:28, lo nunca visto, desde que no se jugaba a cuatro cuartos sino a dos mitades (y con dos tiempos muertos escasos por equipo y mitad) no recuerdo nada semejante, vamos que ni en partidos de pretemporada, ni en pachangas veraniegas siquiera. Y pensar que yo (ingenuo de mí) andaba preocupado por lo que pudiera suceder si el partido se enredaba, si había muchas faltas, si había prórroga(s), si había cualquier avería que obligara a un parón, qué haría entonces TVE cuando empezara el Especial Elecciones, si nos mandaría a Teledeporte o nos mandaría al carajo, qué sé yo. Y al final no es que no fueran justos de tiempo sino que difícilmente habrá otro partido en toda la temporada en el que les sobre tanto tiempo, difícilmente habrá otro partido que sea menos partidoque éste de ayer. Y menos mal que Comas e Itu nos salvaron el post-partido (en realidad todo fue post-partido, incluso el partido mismo) con chascarrillos y demás batallitas abuelocebolletianas… claro que para entonces ya sólo debíamos quedar escuchándoles Arsenio y yo.

Además, reconozcámoslo, tenemos el don de la oportunidad, no hay partido que no coincidamos con el equipo local de fútbol: Madrid-Unicaja mientras el Madrid recibe al Dépor, Bilbao-Barça mientras el Athletic recibe a Osasuna, CAI-Barça mientras el Real Zaragoza juega contra el Granada, tres de tres llevamos, cien por cien de efectividad. Podría entregarme al juanmorismo y echarle las culpas de todo a la ACB por no esperar a los horarios del fútbol para fijar los suyos (que sólo eso nos faltaba, esperar casi a la víspera para ver cuándo nos dejan jugar); o podría entregarme a la paranoia y pensar que la LFP lo está haciendo a propósito por el mero placer de jodernos (como si necesitara la LFP joder a alguien, como si no viniéramos ya nosotros suficientemente jodidos de serie). Y para colmo, la única jornada que no íbamos a coincidir con el equipo local de fútbol por la sencilla razón de que no había fútbol, va un señor y no teniendo nada mejor que hacer decide saltar desde la estratosfera justo ese mismo día y a esa misma hora, también es mala leche (o mala pócima energética, o lo que demonios sea eso); que podría entregarme de nuevo a la paranoia y pensar que todo es una rastrera maniobra de Red Bull para arruinar el patrocinio ACB de BiFrutas (pero creo que eso ya sería demasiada enajenación mental, incluso para mí…) Pues eso (chorradas al margen), que tenemos el don de la oportunidad… o no, o a lo peor es que hemos llegado ya a un punto en el que cualquier cosita nos resulta inoportuna. Estamos tan debilitados que no hace falta ya que soplen grandes vientos para derribarnos, una mínima brisa por leve que sea ya nos echa para atrás.

Total, que la media del curso la llevamos de suspenso pero eso con ser malo no es lo peor, lo peor es que ya no sabemos qué demonios hacer para subir nota. Nos queda la sensación de que pase lo que pase y se haga lo que se haga va a dar lo mismo, te puede salir un partido horrible como el de ayer o un partido bueno como el Madrid-Unicaja o uno extraordinario como el Bilbao-Barça que todo dará igual, al día siguiente sólo apareceremos los quinientosmil de costumbre (que los que lo ven grabado o por Internet siguen sin puntuar, que esa es otra). Lo único que nos queda por hacer es no hacer nada; no digo rendirnos (no se trata de eso) pero sí optar decididamente por la inacción: cruzarnos de brazos (aún más si cabe), dejar de obsesionarnos cada lunes con las calificaciones, seguir como si nada y esperar a que escampe: a que la coyuntura sea más favorable, a que lleguen tramos más decisivos de la temporada, a que salgan mejores partidos, a qué sé yo. Y si sale con barbas será San Antón y si no será la Purísima Concepción, frase que no tengo ni idea de lo que significa pero que queda muy socorrida en estos casos. Que sea lo que dios quiera, que pase lo que tenga que pasar, y si al final remontamos pues bienvenido sea, y si nos caemos con todo el equipo (que tiene toda la pinta) pues sólo nos quedará aceptar dignamente nuestra derrota y asumir el resultado con deportividad. O en este caso, con teledeportividad.

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Publicado noviembre 5, 2012 por zaid en ACB, medios, preHistoria

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