la noche de las paradojas   Leave a comment

(publicado el 7 de junio de 2012)

¿Qué año sería? 1988 ó 1989, con toda certeza uno de los dos pero ahora mismo no sé cuál, me inclino por el 89 pero tampoco me hagan mucho caso, seguro que tendré por ahí guardado el partido en mi colección de imprescindibles pero apenas tengo tiempo de pararme a buscarlo. Recapitulemos, Barça-Madrid (o Madrid-Barça, tanto monta monta tanto), Final de Copa, una más, otra de tantas pero ésta muy especial, un partidazo cuyo desenlace quedó para la historia, Madrid ganando, última posesión blaugrana, Nacho Solozábal que recibe junto a la línea de (aún entonces) 6,25, que se levanta literalmente sobre la bocina, que la clava… Jamás olvidaré aquel partido por cómo acabo, pero también por lo que sucedió inmediatamente después: lo vi en casa de un amigo madridista que se agarró un cabreo descomunal anta la canasta en cuestión y que no encontró mejor manera de exteriorizarlo que pegándole una patada a la silla vacía que tenía a su lado, la cual fue a estamparse de lleno contra el televisor. Afortunadamente la cosa no pasó a mayores, el impacto no provocó daños de consideración, aquellas teles mamotréticas lo soportaban casi todo pero siempre recordaré el aullido de pavor que emitió su angustiada esposa ante la destemplada reacción de su cónyuge…

Ya imaginarán que ayer no pude evitar acordarme de todo esto, no pude evitar pensar en cuántos madridistas no estrellarían ayer una silla vacía (o cualquier otra cosa que tuvieran a mano) contra el televisor como si éste tuviera la culpa, con evidente riesgo además ya que las delgadísimas pantallas planas de hoy en día no creo que aguanten lo que aguantaban los armatostes de hace veintitantos años. Dicen (juraría que fue Lolo Sainz el primero que lo dijo, aunque tampoco me atrevería a asegurarlo) que lo malo no es perder sino la cara que se te queda, pero hay caras y caras. Si pierdes de treinta se te queda cara de anda y que les den, si pierdes de uno se te queda cara de hay que joderse, si pierdes de uno en la última décima de segundo tras haber ido ganando de diecisiete hace apenas diez minutos se te queda cara de cagarte en una serie de entes abstractos que no reproduciré aquí no vaya a ser tachado de blasfemo, que últimamente algunas sensibilidades andan muy a flor de piel. Si pierdes de esta manera se te queda cara de Cheska, los moscovitas bien podrán entender a los madridistas tras lo de anoche (y viceversa) aunque su caso fuera aún más grave, aunque aquella fuera Final a un solo partido, aunque no hubiera vuelta de hoja. En cambio lo del Madrid sí podría tener solución… lo cual no significa que vaya a tener solución.

Segundos después de la catástrofe ya estaban Laso y sus lasitos diciendo que no pasaba nada, que gajes del oficio, que el baloncesto es así, que se ha perdido una batalla pero no la guerra, que en playoffs cada partido es una historia y demás zarandajas que son exactamente las que tienen que decir, no van a salir diciendo pues sí señores, estamos hundidos, esto es una mierda, podemos dar la serie por perdida, la vida ya no tiene ningún sentido. No, ellos dijeron lo que tenían que decir, lo que se esperaba que dijeran; ya otra cosa es que se creyeran a sí mismos mientras lo decían. Perder así es devastador, no ya por la derrota en sí misma ni por las circunstancias en que se produjo sino porque provoca en sus protagonistas una sensación de absoluta inseguridad, no tendremos otra oportunidad así, si hoy no hemos ganado ya no vamos a ganar nunca, total qué más da lo que hagamos si al final nos la van a cascar de la misma manera… Dicen que no les afecta, están en su papel, pero están bien jodidos, mucho más que ante cualquier otra clase de derrota. No serían humanos si no lo estuvieran.

Lo cual no les exime de responsabilidad, por supuesto. No nos engañemos, el Madrid tiró el partido, sin querer por supuesto pero lo tiró por el sumidero, puso todo de su parte para echarlo a perder, por tembladera de pulso, por miedo a ganar, llámelo usted como quiera, se fue por las patas abajo hasta el bueno de Laso que a falta de dos o tres minutos no encontró mejor solución que sentar a lo mejor que tenía, sentar al Chacho ante la avalancha blaugrana pensando tal vez que lo que perdiera en ataque lo ganaría en defensa, craso error, Navarro, Lorbek y Mickeal estaban iluminados les pusieras lo que les pusieras. Y cuando se puso a arreglarlo ya dio igual, ya dio igual entre otras cosas porque pensaron que no hacía falta arreglar nada, que ya todo lo tenían arreglado, de 26 segundos que quedan 24 son nuestros, bastará casi con agotar la posesión, a ver qué van a hacer ellos en tan sólo dos segundos… Les salió una cosa muy parecida a aquella jugada de la que hablaron en un tiempo muerto ante el Baskonia, el aclarado de Llull, nada de particular si no fuera porque aquel aclarado de Llull estaba pensado para sorprender en muy pocos segundos y no para aguantar los 24. El aclarado quedó tan aclarado que Llull no encontró vías de penetración, podría haber atacado la canasta de igual manera para ver si sacaba una falta pero no se atrevió, se lo pensó varios segundos, se la tiró como quien se saca un problema de encima, acaso pensando total qué más da, aunque no la meta ellos ya no tendrán tiempo de reaccionar

Se le olvidó procesar el pequeño detalle de que el Barça estaba en trance, llevaba ya así varios minutos, acaso todo empezara con aquella técnica sagazmente provocada por Pascual sin que hubiera apenas motivos ni razones para ello, simplemente con la sana finalidad de invertir la tendencia; y no me refiero a la tendencia arbitral (que a mí tan normal me pareció el arbitraje antes como después) como a la dinámica del partido, a la adrenalina de sus jugadores, a la tensión competitiva que empezó a respirarse incluso desde una grada bastante mortecina hasta entonces. El cambio fue paulatino, empezó a sostenerse sobre sólo dos patas llamadas Navarro y Lorbek, equilibro ciertamente precario hasta que apareció Mickeal y ya fueron tres patas, ya más que suficientes para sustentar cualquier estructura. Fue definitivamente la noche de las paradojas: que el Barça (excepto puntualmente esas tres patas) jugara mal y ganara, que el Madrid (excepto esos últimos minutos) jugara bien y perdiera, que el Barça se suicidara no haciendo falta en aquella última posesión blanca y sin embargo le saliera bien, que recurriera Pascual a Eidson como base en los momentos culminantes y sin embargo el partido se lo acabara ganando un base, que ese base fuera Marcelinho Huertas que en toda la noche (en toda la temporada, casi) apenas había dado una a derechas, que esta entrada me esté quedando ya demasiado larga y sin embargo se me quede manifiestamente corta para procesar todo lo que sucedió…

En resumidas cuentas: un espectáculo superlativo, grandioso, un partido y un desenlace que quedará para la historia; así nos lo pareció a los neutrales, así se lo parecería aún más a los blaugranas, así debió parecérselo incluso a los blancos aunque eso ya sería bastante más tarde, una vez lograran recuperarse del disgusto. Una noche inolvidable para todos los que amamos este juego, pero un final que debió joder especialmente a alguno que no me consta que sea madridista (aunque probablemente lo sea) sino que más bien practica la filosofía del porculismo, que en este caso vendría a ser sinónimo de juanmorismoPascual no hacía más que rotar y rotar en busca de soluciones. Hasta doce cambios hizo en el tercer cuarto, con un parcial calamitoso: 17-23. ¿Sería casualidad que el cuarto donde Laso hizo más cambios también fuera el peor para su equipo? Once rotaciones y parcial de 27-14 en el último. Cuando los técnicos se apoderan del partido, pasa lo que pasa. Que desaparecen los jugadores y un gran partido se acaba jugando a cara o cruz. Una lástima. ¿Que los técnicos se apoderaron del partido, dice usted? (Otra historia ya es que estuvieran acertados o no en momentos puntuales) ¿Que desaparecieron los jugadores? ¿Que no vio a Navarro, a Mickeal, a Lorbek o antes al Chacho, a Tomic, a Singler, a Carroll?, ¿Que este final le pareció sólo eso, una lástima? Hace falta tener mucho vinagre en las venas para quedarse con esa conclusión después de un final así, por mucho que le jodiera dicho final. Probablemente usted sería mucho más feliz con un deporte en el que sólo se pudieran hacer tres cambios por equipo (y los sustituidos no pudieran volver a la cancha, claro) pero por ahora esto sigue siendo BA-LON-CES-TO (como dijo aquél) y del bueno, además. No tiene por qué gustarle, no es obligatorio, pero aquellos a los que sí nos gusta le agradeceríamos de todo corazón que nos dejara disfrutarlo en paz.

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Publicado noviembre 5, 2012 por zaid en ACB, preHistoria

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