opciones de medalla   Leave a comment

(publicado el 3 de agosto de 2012)

 

Miren que se lo decía yo hace unos días, que no tenemos remedio. Cada mañana muy tempranito nos desayunamos opciones de medalla, unas cuantas al día, tanto da que el deportista en cuestión se haya labrado un prestigio a lo largo de los años o que sea un recién llegado que bastante mérito tenga ya por el mero hecho de haber logrado participar en unos Juegos. Hoy tendremos opciones de medalla en judo, en la categoría de menos 48 kilos; hoy tendremos opciones de medalla en halterofilia, que nunca hemos ganado nada pero vamos a ver si suena la flauta para luego poder decir que ya lo dijimos; hoy tendremos opciones de medalla en tenis de mesa, que hay un tal Juanito con cara de chino que lleva una raqueta en la mano; hoy tendremos opciones de medalla en voley playa porque sí, porque rima… Algunos ni siquiera son tan precisos, se limitan a escribir hoy tendremos opciones de medalla en… y a partir de ahí ya te sueltan su menú del día en el que incluyen sin discriminación alguna a todo dios, créanme que anteayer hasta adjudicaron opciones de medalla a Luis León Sánchez en la prueba contrarreloj cuando cualquiera que entienda de ciclismo incluso tan poco como yo entiendo sabía perfectamente que las únicas posibilidades reales del Luisle pasaban por que se abriera la tierra y se tragara a todos los especialistas que salieron por detrás de él (hecho en absoluto deseable, por otra parte). Témome lo que sucederá en cuanto comience el atletismo (ahora mismo), témome que hasta nos venderán opciones de medalla en los cien metros lisos, incluso.

Claro está, luego pasa que la presunta opción de medalla sale a competir, cae a las primeras de cambio y a todos se nos queda cara de paisaje, como si hubiésemos asistido a otro capítulo más de nuestra particularserie de catastróficas desdichas, como si los demás no tuvieran también opciones de medalla (acaso bastante más sólidas que las nuestras), como si aquello no fuese lo más normal del mundo. O pasa que nuestra presunta opción de medalla sale a competir, lo hace muy dignamente, brillantemente incluso, queda cuarto o quinto y es una catástrofe aún más terrible si cabe, he ahí una de las más grandes paradojas del olimpismo (o de nuestra manera de entender el olimpismo), si quedas tercero eres dios pero si quedas cuarto eres una mierda, por increíble que resulte nos decepciona más un cuarto puesto que un trigesimonoveno pongamos por caso, será por aquello de lo que pudo haber sido y no fue. O pasa incluso (y más veces aún si cabe) que nuestra presunta opción de medalla sale a competir, pierde o no se clasifica y siempre tiene una excusa, otra cosa no pero las excusas se nos dan de cine, o acaso él no la tenga porque sea plenamente consciente de sus posibilidades reales y sus limitaciones pero no hay cuidado, ahí estaremos nosotros para dársela, será por excusas, que si el cambio de pista, que si el circuito, que si el sol, que si la lluvia, que si el viento, que si el empedrao en general, que si los árbitros, que si los jueces, cómo no, siempre los árbitros o jueces en medio de todo, siempre el contubernio judeo-masónico, pensábamos que habíamos evolucionado en los últimos cincuenta años pero al menos en esto seguimos exactamente igual que en los sesenta, encontrando fantasmas por doquier. Mourinhismo olímpico.

Ahora que eso sí, nuestra desfachatez no conoce límites ni fronteras, faltaría más. El periódico deportivo de mayor tirada de este país, ese de la eme grande, ya saben, regala en estos días una monísima camiseta roja en la que puede leerse ese socorrido eslogan repetido hasta la saciedad en estos últimos tiempos, soy español, ¿a qué quieres que te gane? Que bien podrían haberla sacado con la Eurocopa o con el Eurobasket o con el Roland Garros o con el desenlace del Mundial de Motos pero no, la sacan ahora, precisamente ahora, lo que mi madre llamaba tener el don de la oportunidad. Con dos cojones, soy español, ¿a qué quieres que te gane?, que uno se imagina al supuesto receptor de la pregunta (fuera del país que fuera) contestandopues mire, gáneme usted al judo, a la gimnasia, al bádminton, al tiro con carabina, al tiro con pistola, al tiro con arco, al tenis de mesa, a la esgrima, a la halterofilia, a la lucha libre, a los saltos de trampolín, al remo, al piragüismo, a lo que usted quiera pero gáneme a algo, hágame el favor, y si no es capaz de ganarme a nada de esto déjese casi mejor las chulerías en casa antes de venir. Los de la susodicha eme bien podrían haber mirado a su alrededor en estos días y tras atisbar someramente el panorama haber sacado una camiseta con el lema soy español, ¿a qué quieres que NO gane?, por supuesto no en rojo sino en negro (el negro que ustedes prefieran, negro minero, negro parado, negro funcionario, negro ciudadano de a pie…) que es el color que se lleva de verdad este verano, por si todavía no se habían dado cuenta.

Seamos serios, el deporte (en su versión olímpica) no es más que un mero reflejo de la realidad social y económica del país. El país entero se nos está yendo a la mierda y el deporte sigue sus pasos por el desagüe, tampoco podría ser de ninguna otra manera. Mal que bien aguantan los deportes colectivos porque se apoyan en una estructura de clubes que también se resquebraja pero que aún intenta sobrevivir a duras penas; pero los deportes individuales, los manifiestamente minoritarios, los que dependen de becas y adosse nos van al carajo sin remedio, porque los supuestos espónsores ya no están por la labor de patrocinar nada y porque el supuesto dinero público ya no está para estas cosas: si ya no hay para educación ni para sanidad ni para investigación (no digamos ya desarrollo) ni para dependencia ni para cultura, sería absurdo (e ingenuo, e injusto) pensar que pudiera haberlo para el deporte. Escribí por ahí abajo en un comentario que difícilmente pasaríamos de ocho o diez medallas, en vez de lamentarnos deberíamos disfrutarlas porque tal vez no nos volvamos a ver en otra semejante; en Río 2016 muy probablemente volvamos a nuestros prehistóricos (prehistéricos) números de los años ochenta, cuatro o cinco medallas a lo sumo, ya saben, la vela (que para el lujo no hay crisis) y acaso algún deporte de equipo, no precisamente el baloncesto que andará para entonces en plena época de transición. Pero no teman, no hay cuidado, en Río como en Londres o en Pekín nuestros medios volverán a vendernos opciones de medalla a chorros para desayunar, opciones que como de costumbre se nos diluirán, se nos indigestarán o se nos irán por las patas abajo apenas unas horas después. Opciones de medalla en Tontería, ahí sí que no tenemos rival, lástima que la estulticia no sea aún deporte olímpico.

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Publicado noviembre 5, 2012 por zaid en preHistoria, selecciones

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